Cuantas veces hemos oído esta expresión. Una expresión que viene de lejos a
raíz de una visión que tuvo el rey Nabucodonosor,
que se veía a si mismo inmortalizado en una estatua, fuerte, de metal, de
bronce, de hierro, pero que en su base tenía los pies de barro. Pies de barro
en señal de una debilidad esencial que había en su reino y en el de sus
descendientes. Así, por extensión pies de barro, a través de la historia ha quedado
como una forma lingüística de expresar una debilidad en alguien fuerte y casi
invencible. Alguien que posee infinidad de virtudes que le hacen casi
inalcanzable para el resto, pero que a su vez muestra una debilidad, un
defecto, una falla esencial, una imperfección que le convierte en débil. La
leyenda de Aquiles y su frágil talón, sería la perfecta ilustración de cómo
desde el descubrimiento de un punto débil se puede acabar con un mito.
Y ahora el Barça me recuerda al
apolíneo Aquiles. Un héroe
invencible, luchador nato, ofensivo y con las técnicas de guerra y ataque más
depuradas. La fuerza brutal del famoso guerrero griego está representada en el
actual Barça por su casi invencible
estrategia de ataque. Una estrategia que permite conjugar toque y verticalidad.
Control y fantasía. Una línea ofensiva configurada por seis integrantes, que en
su mayoría ocupan las listas de cualquier once ideal europeo y mundial. Una línea
que es capaz de marcar en campo contrario cinco goles de diversas facturas, y
que posee como punta de lanza al mayor virtuoso jamás visto. A un ser que día a
día deja sin epítetos a los cronistas. Un jugador llamado a ser leyenda en
busca de batir marcas que parecían imposibles de alcanzar. Un pequeño argentino
que cual Rey Midas convierte en Oro todo aquello que toca, y para el
que no existe la palabra trámite en su vocabulario.
Estamos asistiendo al inicio de temporada más explosivo de Leo Messi, que a la chita callando, y
con sólo hechos, deja sin argumentos a sus detractores. Detractores, que a
semejanza del irreductible poblado galo de Astérix
y Obélix, sólo existen en una ínfima parte del planeta futbolístico
conquistado por el diez azulgrana. Veremos si Leo tiene más suerte que el caricaturizado Julio Cesar, y también logra conquistar esa plaza. Aunque mucho me
temo que la pócima mágica de Panorámix ha sido modificada, y en lugar de fuerza hercúlea ha generado otro tipo de
efecto mucho menos confortante.
Pero al igual que la estatua del rey babilonio, el equipo azulgrana también
parece frágil en su base. Una base cristalina que amenazada por las continuas
lesiones de sus pilares genera dudas partido tras partido. Y es que once goles
con apenas ocho jornadas ligueras son demasiados en un equipo que hasta hoy
nadie ha sido capaz de vencer. No está bien el sistema defensivo azulgrana.
Presenta lagunas no propias de un equipo de estas hechuras.
Empezando por Valdés, la columna
principal del eje y finalizando por Jordi
Alba, las imprecisiones son constantes. El portero de Gavá, se muestra inseguro y hasta torpón. Parece casi un pecado
dudar de él después de la colección de Zamoras que ostenta, pero es de recibo
decir que transmite desconfianza y ningún tipo de seguridad. Y ya no sólo bajo
palos, sino incluso en aquello que le hacía diferente y único para defender la
portería azulgrana. Su juego de pies. Un juego de pies que ahora se basa en el
balonazo a seguir, y que regala una y otra vez la posesión al rival, ante la
escasa envergadura de los receptores azulgrana. La pausa y atrevimiento de
antaño han dejado paso a una rifa del balón desde que Di María nos dio el mayor disgusto de esta temporada que todavía
está en sus inicios.
Lo mismo ocurre en los laterales. Alves
parece haber perdido aquel fuelle e intensidad que le convirtió en el mejor del
mundo en su zona, y hasta su lesión no ha mostrado todavía una imagen acorde al
resto de sus temporadas. Y lo mismo ocurre con Jordi Alba, que obsesionado con el ataque y las subidas por banda,
olvida que en ocasiones la tarea principal de un defensor es precisamente la
que define su nombre; defender.
Pero la verdadera debilidad del equipo se encuentra en su eje central. Un
eje central que con la ausencia de verdaderos especialistas descubre sus
carencias y deja en evidencia la única carencia de este equipo. Un eje que
clama por la recuperación de sus piezas titulares para que vuelva esa seguridad y presión ahora algo olvidada.
Esperando esta recuperación esperemos que en las próximas batallas el
guerrero azulgrana siga mostrando su opulencia en ataque, y no encuentre en su
oponente a un certero Paris, que a
semejanza del príncipe troyano sea capaz de encontrar nuestra debilidad y certificar
la primera derrota de hasta ahora casi invulnerable equipo azulgrana.







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