Siempre me han fascinado las historias
de magia y aventuras que rodean las islas británicas. Desde las leyendas del Rey Arturo y su invencible espada Excalibur, pasando por las peripecias
de uno de sus caballeros más valientes y audaz, el Principe Valiente, o los ya más reales relatos de los últimos
coletazos del Imperio Romano, en
todas ellas, la magia y los poderes sobrenaturales han tenido un protagonismo
destacado. Magos y brujas configuraban unos elementos indispensables en las
andanzas de estos ya míticos caballeros, que enfundados en sus armaduras, y
atesorando una fuerza de voluntad y destreza guerrera sin igual, eran capaces
de sobrevivir a las más horrendas amenazas.
Pues bien, parece que el Barça, en cada una de sus visitas a las Islas está condenado a luchar no sólo
contra once mortales jugadores de fútbol, sino contra un halo mágico de
protección que los hace invencibles. Y es que sólo así se puede explicar, cómo
ayer, otra vez, y después de noventa minutos de asedio, disparos, despejes,
paradas, postes e imposibles combinaciones en el área rival, los azulgranas
salieron derrotados del Celtic Park.
Fue este último partido una
repetición de la infausta semifinal de Champions
de la temporada pasada. Partidos que se repiten cada vez con más frecuencia y
que hacen que los rivales con muy poco juego ofensivo consigan llevarse los
puntos en disputa. Y es que ayer, poco hubiera cambiado, si en lugar de Valdés un jugador de campo hubiera
ocupado la portería visitante. Da hasta un poco de rabia ver cómo con tan poco
se consiguen dos goles, después de observar cómo durante todo el choque los
nuestros cercaron e intentaron múltiples formas de batir al portero rival, el
cual además, pareció convertirse en un discípulo del legendario mago Merlín, y ahuyentar con paradas
imposibles todas las acciones de la delantera azulgrana.
Pero de regreso al mundo real y viendo el partido, casi me
entraron ganas de llamar a Valero Rivera, el mítico entrenador que llevo a los
más grandes éxitos a nuestro equipo de balonmano, y pedirle que táctica
utilizaría para tirar abajo este tipo de defensas. Y es que no me negaréis que
cada vez, los encuentros de los de Tito, se asemejan más a ese deporte que al fútbol
en sí. Por eso, creo que deberíamos optar entonces por adoptar soluciones
paralelas.
Soluciones que pasan, por
incrustar en el centro del ataque un auténtico tanque del área. Un jugador
grande, que sepa proteger el balón de espaldas a la portería, y que a semejanza
de los pivotes del handball, atraigan para si a más de un defensor, y permitan
dejar el balón de cara a los lanzadores. O un gigantón que sea capaz de
aprovechar el buen movimiento del balón a las bandas, y que de cómo alternativa
de ataque un centro alto. Son muchas las ocasiones en las que los laterales
azulgrana tienes esta posibilidad, pero apenas la utilizan ante la inutilidad
que supone elevar mucho el balón del césped. No están hechos nuestros
delanteros para buscar este tipo de soluciones.
Otra solución más original sería
estudiar a los grandes estrategas de la historia. Estos días, repasando
Historia de Roma, he podido aprender como el temido general cartaginés Aníbal, puso en un brete a las hasta
entonces casi invencibles legiones romanas con una táctica basada en el engaño.
Se basaba en mostrar debilidad ante la fuerza imponente de su adversario, y
organizar una retirada organizada, generando así confianza en su rival, que se
lanzaba al ataque, sin darse cuenta que mientras tanto era rodeado por los
flancos hasta caer asfixiado por los ataques en todos los frentes. Sería esa
una buena forma de poner fin a estas defensas tan cerradas, y aunque significará
renunciar a nuestro marcado estilo de juego, tal vez, en este tipo de partidos,
deberíamos optar por retrasar nuestras líneas de presión, y dar la iniciativa
del juego al equipo rival. Invitarle a jugar y a salir de su campo. Dejar que
avancen y que sumen jugadores por delante del balón, y así, fuera de su sitio y
envalentonados por el repliegue, los azulgranas podrían robar el esférico en su
zona de construcción, quedando así, pasillos abiertos por donde poder
aprovechar la velocidad y calidad del juego del Barça..
Pero no hace falta ir tan lejos
para ver una estrategia parecida. Ayer no dejaba de acordarme de la infausta
final de Atenas, en la que Capello, realizó una estrategia similar, tapando el
juego de los constructores de juego azulgrana, y dejando al “Chapi” Ferrer cómo
único defensa libre para la subida del balón. Entendía el entrenador milanista
que éste era el menos dotado para el tipo de juego que proponía el Barça, y al
el dirigía la presión de sus hombres una vez recibía el balón. Y no hace falta
recordar aquí el resultado de aquella táctica, verdad?
Creo que ha llegado la hora de
innovar, de buscar soluciones diferentes, de probar algo nuevo. Hemos sido tan
admirados, y a la vez tan estudiados, que los guiones de los partidos azulgranas
están ya escritos de aquí al final de la temporada. Es momento de sorprender y
apostar por alguna variante que genere dudas en el estratega rival.
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