La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Homenaje a Guardiola


En una semana en la que se ha hecho pública la primera charla de Pep, parece que sus jugadores hayan recordado al leerla los principios básicos de la misma. Unos principios que hablan de identidad, de implicación y de compromiso. Unos principios que se basan en una concepción fácil de lo que debe significar un buen partido de fútbol, que se reflejan en la última frase de la ahora ya, tan famosa disertación. “Cuando tengamos la pelota no hay que perderla, cuando la perdamos, hay que correr para recuperarla. Eso es todo básicamente”.

Y a esos se aplicaron en su último partido de Champions los jugadores azulgrana. Todavía recuerdo el impacto que me produjo ver las primeras evoluciones de aquel equipo, que hace ahora más de cuatro años empezaba a formar Guardiola. Una sinfonía de pases, de desmarques, de paredes. Una presión asfixiante que minimizaba espacios y que reducía las posibilidades de combinación de los rivales a la mínima expresión. Unos inicios de partidos demoledores que finiquitaban los encuentros convirtiendo en muchas ocasiones las segundas partes en meros trámites que había que cumplir.

Ante el Spartak, en una hora intempestiva e inusual de partido de Champions, con jugadores enfundados en maillots y guantes, y con un césped artificial al que dicen cuesta acostumbrarse, los de Tito Vilanova, ejecutaron los mejores cuarenta y cinco minutos de esta temporada. Cuarenta y cinco minutos llenos de detalles para enmarcar. No sólo los goles, tres para ser exactos merecen ser destacados. Sólo había que sentarse y mirar. Mirar las paredes y los triángulos, cuadrados y rombos que se formaban delante del balón. Mirar los regates preciosistas de Iniesta, que se marcó un baile digno del mejor ballet ruso en uno de las esquinas del campo. Desmarques al espacio de Pedro y Messi que interpretaban a la perfección el desequilibrio generado en la línea defensiva local. La presencia de Busquets, la jerarquía de Piqué, el mando de Xavi. Todo ayer parecía volver a estar en un orden ya establecido hace tiempo, y  que hasta este último partido parecía haber quedado olvidado en algún rincón de la memoria de este equipo.

Una primera parte sin apenas interrupciones dejaron gol de Alves a parte, dos nuevas muesca en ese revolver imaginario que parece llevar el diez azulgrana. Dos nuevas muescas, que suman ya ochenta, y que le encaminan  hacía el título del “mejor goleador de la historia”. Ciento tres años se han necesitado para igualar un registro de veinte y cinco goles en manos del hasta ayer desconocido Woodward, que recuperado del cajón de los recuerdos estos días por la prensa catalana, sabemos que se estableció en 1909. Menos hace, que el “Torpedo Müller”, estableció el suyo, y ahora éste debe estar contando los días y partidos que le quedan de reinado. También Van Nistelrooy fue ayer alcanzado como segundo goleador de la historia de la competición. Sólo Raúl resiste ahora los números de Messi, pero nadie duda ya que a su reinado le queda poco más de un año. ¿Alguien da más?

Y finalizado el primer acto, casi podríamos habernos levantado y apagar el televisor. Ya que a sabiendas del exigente diciembre que viene, el once azulgrana bajo sus revoluciones y estableció otro patrón de partido. Un patrón que habla de solidez, de sobriedad, de posesión infinita del esférico. Un once que dejó pasar los minutos sin apenas sobresaltos, y que consiguió dormir el encuentro en un insulso paso de minutos hasta su final. Un final con la portería a cero, que pareció recuperar esa seguridad defensiva perdida hasta la fecha con la presencia de Piqué, pero que a decir verdad, todavía le quedan mecanismos que recuperar sino quiere sufrir más de la cuenta. El poco acierto de los jugadores rusos fue tan determinante en ese cero como las buenas prestaciones del cuarteto defensivo titular.

Un once que presentó la ausencia de Villa, sacrificado por esa alternancia en esos puestos entre delantera y centro del campo que se está dando entre Iniesta y Cesc. Un once con Pedro, que interpreta como nadie el sentido de la frase con la que Pep acabó su discurso y que corre, corre y corre para poder servir nuevamente el balón a Xavi o a Busquets. Un once con Alves, que necesita ofrecer más minutos de calidad sino quiere verse relegado al banquillo por la nueva generación que ya aprieta, y a la que Tito mostró en los últimos minutos del choque, dando entrada a Deulofeu  y Montoya, y que enseña partido a partido un fondo de armario tan amplio, que no hace temer por la continuidad de esta historia, que ojala se torne interminable.

Un equipo, que por sexta temporada consecutiva acaba líder de su grupo, y que ya espera el sorteo de octavos con la esperanza de empezar a recorrer un largo camino que nos vuelva a llevar a Wembley, y escribir así la tercera parte de un idilio casi mágico entre un estadio y una historia coloreada en azul y grana. Un equipo que gestionado ahora por Tito, pareció recordar ayer las palabras de su anterior técnico, y que al menos a mi por primera vez esta temporada me hizo volver a disfrutar de un fútbol que creí que ya no volvería a presenciar. 

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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Un susto, una idea y un genio.


Se ponía el Barça en marcha en su deseo de reencontrarse con Wembley, un día después de que lo hiciera su máximo rival. Y el regreso a la competición, que parecía fácil y tranquilo empezó con sobresaltos, y a más de uno le dejó con un pequeño susto en el cuerpo. Y es que sentado frente al televisor, con el reloj acercándose al minuto 93, y un córner a favor de los rivales, la imagen de Thiago Silva de la temporada pasada, rematando una ocasión idéntica a escasos segundos del final se repitió en mi cabeza.

No había empezado el partido bien para los azulgrana, con la lesión de Piqué, que deja huérfana la defensa de sus más emblemáticas piezas para las próximas dos o tres semanas. Su sustituto, Song, que hasta el momento ha ofrecido buenas prestaciones en el medio centro, no pareció desenvolverse muy bien en esa posición. Lento, y con muchos metros a su espalda, las pasaba canutas en cada contra lanzada por el equipo ruso. Y mi cabeza, que ayer le daba por imaginar y recordar, veía el partido del próximo clásico, y al camerunés en ese puesto, y casi me daban ganas de desactivar el cerebro, imaginando el daño que por ahí pueden hacer las vertiginosas contras de los blancos. Tal vez Bartra, con menos experiencia, pero más velocidad sea la apuesta más factible para un puesto que durante el próximo mes ha quedado cojo. Será cuestión de observar cual es la configuración defensiva catalana estas dos próximas semanas.

Susto por un autogol. El primero de Alves en su carrera, que puso a los rusos en el partido, y que les permitió acabar la primera parte con empate a un gol sin haber tirado a puerta.

Y susto en la reanudación, con una nueva contra rusa que obligaba a remontar. Ya teníamos dibujado un escenario parecido al que los blancos se encontraron en el día anterior, pero con más de media hora por delante para ejecutar el plan de la remontada.

Para ello, el Barça necesitó aumentar las revoluciones del partido, y aplicar a su juego típico de toque y posesión, el arma del juego individual. Se había visto durante el partido, que atacar la defensa rival no era tarea fácil, y que el deambular de la pelota de banda a banda a una velocidad mínima, no era un arma efectiva con la que desbordarla. Para ello, se recuperó la idea que Guardiola aplicó en el curso pasado, y el 3-4-3 pasó a dibujarse en el campo. Y poco a poco, el equipo azulgrana, fue presentando en el campo a todos sus artilleros. Ahora Aléxis, ahora Villa. Y poco a poco, las revoluciones del juego aumentaban y el cerco al área rival se intensificaba.

Y aún sin desplegar un juego y ritmo vertiginoso, la remontada fue un hecho. Claro que todo es más fácil si en tus filas milita un genio llamado Messi. Un genio que convierte en gol todo lo que toca, y que necesita muy poco, apenas nada, para aumentar sus estratosféricos registros partido a partido. Sólo hace repasar el vídeo del partido de ayer, y comprobar que las prestaciones del argentino fueron casi mínimas. No hubo regates, no hubo fintas, no hubo combinaciones, apenas intervino en el juego maniatado por los defensas visitantes. Pero enganchó dos pelotas en el área, y éstas acabaron en gol. Es curioso observar los goles del diez azulgrana esta temporada. Todavía no se le ve fresco, todavía adolece de esa chispa de velocidad que lo hace único, pero aún y así, sus números superan los de cualquier año a base de goles al primer toque. Un desmarque, un toque y un gol. Se está reconvirtiendo Messi en un delantero centro nato, que hasta es capaz de solventar partidos rematando de cabeza un centro a la olla.

Y una vez hecho el trabajo, se constató el respeto que se le tiene a este equipo. Con tres a dos en el marcador y más de cinco minutos por jugar, el Barça congeló el balón, y los visitantes seguían agazapados en su área a la espera ves a saber de que. Diez siluetas rojas continuaban dibujando dos líneas paralelas frente a su portería, y contemplaban como los azulgrana volvían a mover el balón con autoridad. Da la sensación que nadie se atreve a salir a buscarlos, sabiendo que espacios abiertos de más de un metro suponen una autopista para la técnica de los culés. Y aún así, y de rebote, llegó ese corner final. Y mi recuerdo. Cerré los ojos… y escuche el pitido final. Un final que marcó  un inicio de periplo europeo con más sobresaltos de los deseados, y la constatación de que Messi parece tocado por la varita de los dioses.


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