La Línea Maginot fue una línea de fortificación y defensa construida por Francia a lo largo de su frontera con Alemania e Italia, después del fin de la Primera Guerra Mundial. El objetivo
era doble, por un lado tapar los huecos generados en la frontera durante la
citada guerra, y por otro facilitar los movimientos de la vanguardia francesa
de las líneas más avanzadas.
Según esta definición no queda
muy lejos la concepción defensiva con la que habitualmente se están encontrando
las huestes azulgranas. Y es que desde que el Sevilla de Marcelino
aterrizara mas o menos por estas fechas en el Camp Nou, y enseñara al mundo
futbolístico cuales eran las pautas principales de un sistema defensivo capaz
de parar a los azulgrana, han sido muchos los equipos que han copiado la idea
del “mister” hispalense de aquel entonces, y en una concepción bastante arcaica
del fútbol han recuperado el denostado “autocar” que en su día hizo celebre Maguregui.
La concepción es sencilla, y se
basa en cerrar todos los espacios posibles hacia la propia portería, y cual defensa
fronteriza, montar dos líneas de cinco componentes, intentando que la separación
entre cada uno de los componentes que forman dichas paralelas sea lo mínima
posible. De esta forma se anula, o al menos se intenta, el valor principal del
ataque azulgrana, que hace del control y pase, y de la continua movilidad de
sus hombres de vanguardia, la principal arma de ataque.
Y poco a poco, después de aquella
tarde-noche memorable de Jesús Varás
se ha ido creando la idea de que sólo así es posible parar a los azulgrana. Y
lo que en un principio fue una apuesta novedosa ha creado escuela, y va
adquiriendo visos de perpetuidad, convirtiendo así los partidos entre
azulgranas y cualquier rival una película continuamente repetida.
Y no es que la solución haya dado
a los equipos que la han adoptado resultados altamente satisfactorios. Y es que
resulta harto complicado aguantar la concentración de forma sistemática durante
los largos noventa minutos que se está a merced del rival, y así, más tarde o más
temprano una disfunción o un despiste acaba abriendo la brecha por la cual se
cuelan los delanteros azulgranas generando múltiples ocasiones de gol. Sólo con
actuaciones casi milagrosas como la del citado Varas, que casi logra repetir el granadino Toño, o partidos increíbles como el de Standford Bridge pueden relatar un triunfo o un pírrico empate.
Aún y así, la apuesta sigue
vigente, y a la idea inicial creada se han ido añadiendo variantes que la
perfeccionan. Una, la primordial es sujetar al elemento más desequilibrante con
el que se enfrentan, que de forma constante, partido a partido lograba
infiltrarse en las líneas enemigas y armarles un taco partido a partido,
batiendo cualquier registro goleador existente hasta la fecha. Estoy hablando
de Messi, claro. Ahora, en una
aplicación cercana a la zona mixta aplicada en baloncesto, las dos perfectas líneas
se deforman y buscan su punto de conexión en un único integrante: el argentino.
Ya no es sólo importante distribuirse de forma uniforme a lo largo del balcón
del área. Ahora también esa distribución a de tener su punto álgido en torno a
la figura del diez azulgrana, de forma, que recibiendo éste el balón, se
encuentre siempre rodeado entre tres o cuatro contrarios.
Tapando los huecos, se busca la
desesperación atacante, que armado de paciencia busca y busca como infiltrarse.
Y así, en esa ofuscación por buscar el camino directo hacia la portería la
pequeña descuida sus posiciones defensivas y se facilitan los movimientos de
los escasos elementos atacantes del rival. Y es que en ocasiones un pelotazo
cual obús es arma suficiente para desmontar esa concentración de jugadores. Sólo
hace falta recordar el gol que certifico la eliminación de la última Champions, o la jugada que casi cuesta
los tres puntos en el último partido de Liga ante el Granada.
La línea no evitó la derrota de
Francia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1940. Por el contrario, las divisiones alemanas la rodearon y
atacaron en la región de Sedán, en su extremidad
occidental, de forma que los ejércitos aliados fueron
cortados en dos. El error estratégico francés se basaba en la experiencia de la guerra de trincheras, que había forjado un paradigma bélico de grandes
frentes de batalla estáticos. La introducción de nuevos elementos en el
escenario, como las unidades acorazadas o la aviación de
guerra, así como el uso
de nuevas tácticas, hicieron que la línea
Maginot pasase a la historia como uno de los fracasos estratégicos más
costosos e inútiles.
Y en eso está ahora el Barça en buscar soluciones. Una como los
alemanes en su día es dotar de amplitud al ataque e intentar rodear al
contrario llegando por los extremos. Otro, la introducción de variantes tácticas
como el disparo lejano, que obligue a adelanta al menos a ciertos elementos
defensivos para intentar tapar esos disparos. Y otro, la heroicidad, en forma
de hazaña individual. Y así, Iniesta
y Messi, como baluartes del juego
del regate se convierten en decisivos en la mayoría de los choques. Y es por
aquí donde creo que el Barça debe
buscar sus refuerzos. Jugadores fuertes en el uno contra uno, con desborde, y
capacidad innata para el regate en corto. Perfiles tipo Ribery, Muniaín o Neymar creo que serían como aquellos acorazados o
aviación alemanas y harían pasar a la historia esta aburrida forma de juego.
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