En unos días marcados por la
masiva manifestación de la Diada de
Catalunya, se han unido en un solo hito, noticias de carácter político y
deportivo, y en ellas, el centro de atención ha puesto sus miradas por un lado, en la
propuesta de nueva equipación para la próxima temporada, según la cual, los
azulgrana substituirán sus colores habituales por los de la senyera, y por otro, en la
presencia de la institución azulgrana en los actos de la citada Diada.
En el tema de la camiseta, podríamos hablar de temas estéticos,
y opinar sobre la combinación de los colores rojo y amarillo y el impacto visual que tales colores producen. Cómo dice el refrán “contra
gustos no hay disputas”, y por lo tanto, allí cada cual con la estética y
sus preferencias. A mi particularmente, me gusta, y así como me compré la
camiseta amarillo fosforescente de la época de Ronaldinho, y probablemente este año me decida por adquirir la surrealista
segunda indumentaria, no me quedan dudas que también la nueva propuesta pasará
a formar parte de mi colección. La combinación de colores me atrae, y así,
cualquier propuesta estridente me resulta impactante.
Pero en cambio, el discurso no va
por esos caminos. El debate se centra en lo que esa camiseta representa, en su
significado. Y es que no entiendo muy bien los porqués de la ofensa que puede
suscitar el hecho, de que un club, catalán para más señas, se muestre orgulloso
de su origen, y lo luzca en aquello que le hace más visible: su camiseta. Què
hay de malo en ello?. El Barça es catalán, se expresa en catalán, vive en catalán,
sus socios, aquellos que acuden en masa al campo lo son en una amplia mayoría, y por lo tanto, es
obvio que en los signos que representan a la entidad se muestre el catalanismo
como tal.
Es normal que un japonés, por
ejemplo, desconozca estas señas de identidad del Barça y lo que le llega es simplemente que es un club de España que últimamente gana muchos
títulos con un juego ofensivo, donde juegan Messi, Xavi o Iniesta, etc. La relación que los
seguidores tienen con un club es algo personal e intransferible. El Barça tampoco pretende hacer separatismo,
esto no es una secta a la que hay que someterse para formar parte de su masa de
aficionados. La adscripción es voluntaria y no se hacen distinciones, ya
sabéis, “tant se val d'on venim”…
“es igual de donde venimos”.
Pero también es cierto que a poco que ciertos aficionados se interesan por el club descubren sus particularidades, así como las de la sociedad catalana a la que van ligadas, como la lengua catalana, cuya existencia seguro que muchos extranjeros desconocían y ahora, al menos, saben que existe y es una lengua viva. Así mismo, no son tan raros estos últimos años los reportajes en medios de comunicación extranjeros sobre el Barça en que se explican estos aspectos. Ya es un clásico oír a los de ESPN hablar del club catalán, del motorcito de Terrassa, etc. Eso no sólo es un activo para el Barça sino también para Catalunya, no en vano el museo del Barça es el museo más visitado de Catalunya (cosa que por otra parte no nos deja en buen lugar...) y el tercero de todo el Estado, sólo por detrás del Prado y el Reina Sofía.
Y esa catalanidad inherente del
club, cómo he dicho antes no deja fuera a nadie. Pero lo también lo es, que en
este y en cualquier otro ámbito la adaptación ha de ser de las personas que se
adhieren a un club, y no al revés. En mi caso, por ejemplo, me resulta
simpático desde muy joven el Betis,
y no por ello pondré el grito en el cielo porqué luzcan los colores de la
bandera andaluza en su primera equipación. O no sé las razones de mi devoción
por el Liverpool, y tampoco me
inmiscuyó en su rivalidad con el Everton
y sus posibles piques y disputas ciudadanas. Faltaría más, cualquier equipo
tiene su idiosincrasia, su historia, su tradición, su forma de ser, y mi
afiliación o simpatía por él, no ha de suponer ningún cambio en este sentido.
Es cómo si ahora, por poner un ejemplo, y que nadie se me enfade, el club
tuviera que cambiar y adaptarse a la nueva legión de seguidores chilenos atraídos
por la presencia de Aléxis Sánchez.
Sería una incongruencia, no?. Mas, cuando es sabido, que la mayoría cambiaran
de indumentaria al día siguiente de la marcha de su estrella, si se produce, a
un nuevo equipo.
Yo entiendo la nuevo camiseta
como un guiño al público local. Cómo una oportunidad de unir en un mismo gesto
dos sentimientos. Ser culé y catalán. Y es que en definitiva es lo que soy. Culé
por tradición y catalán por nacimiento. Y no creo que nadie me pueda discutir
ninguna de las dos aseveraciones. O si?
Tweet
https://twitter.com/jcarrasquet
Si te ha interesado este artículo, quizas quieras leer estos:







