Ha pasado el clásico. Un
clásico más. Un nuevo capítulo de esos llamados partidos del siglo en el que el
mundo se paraliza y más de cuatrocientos millones de personas se sientan ante
el televisor.
Un partido que después
del resultado da para miles y miles de líneas desgranando cada acción, cada táctica,
cada movimiento. Cientos de artículos discuten y hablan hoy sobre Adriano y los centrales del Barça. Otros tantos se refieren a Busquets y su omnipresente presencia en
el centro del campo. La suplencia de Villa
no deja indiferente a nadie. La calculada rueda de prensa de Mourinho tampoco, aunque este, que
nadie lo dude, era su objetivo. Las palabras de Pepe… ¿qué va a decir Pepe?...
parafraseando a Vilanova.
Y encima de todos ellos Messi y Cristiano. Su empate técnico en cuanto a goles los coloca casi como
los dos principales candidatos a ese Balón
de Oro que tantas opiniones y debates sugiere.
Un clásico que según mi
particular visión me dejó un regusto amargo. Y si bien es cierto que tras media
hora titubeante los blancos tuvieron la oportunidad de sentenciar, también lo
es, que a partir de ahí, pareció que éstos se conformaran con su exigua renta y
lo fiaran todo, a su concepción defensiva y vertiginoso contragolpe, propiciando
así, que a partir de entonces el balón fuera azulgrana. Y falto poco, muy poco
para asestar un golpe casi definitivo a los de Mourinho. Y es que once puntos, son muchos puntos, demasiados, por
mucho que unos y otros repitan que la Liga
es muy larga y que queda todo por jugar.
Y el día siguiente del clásico,
leyendo y repasando la prensa del día,
no dejaba de pensar en esa oportunidad perdida, y en esa repetitiva situación
según la cual son contadas las ocasiones en las que el Barça sabe dar un golpe de autoridad sobre la mesa, y dejar patas
arriba a su oponente. Era la ocasión de un KO
técnico. Y cómo aquellos boxeadores que no saben ver la flaqueza de su rival y
se retiran al centro del cuadrilátero dejando respirar a su rival, ahora los
azulgrana han hecho lo mismo, y aunque el contendiente sigue tocado, se ha
perdido la ocasión de asestar el golpe definitivo.
Y seguía ese sensación de
disgusto, cuando cerrada ya la jornada laboral fui a ver el entrenamiento de mi
hija. Y fue llegar a la instalación y encontrarme con la foto que adjunto en
este post. La totalidad del equipo enfundado en diferentes diseños de la
camiseta azulgrana se preparaba para su primera sesión de la semana. Doce niñas
ya adolescentes habían pactado que la mejor forma de hacer equipo (habían
perdido en su debut en la Liga), era vestirse de azulgrana en homenaje a un
equipo que tanto nos ha dado.
![]() |
| Cadete A - Basquet Martinenc. |
Y se me pasó el disgusto.
Y es que desde que el Barça es el que
es, desde que el Barça muestra una
imagen de fútbol diferente, desde que el Barça
se ha convertido en un club ganador, su influencia es tan grande, y su poder de
atracción tan luminoso, que sólo así se comprende que incluso después de un clásico,
en el que el resultado no fue positivo, doce integrantes de un equipo de
baloncesto se enfunden sus colores, y decidan que quieren mostrarlos
independientemente de las circunstancias de un partido más o menos bueno. Y
ante eso no hay análisis posible.
La imagen de doce niñas
ejercitándose, y olvidando por un día los colores del club que las forma,
indica que el sentimiento azulgrana está calando en esta nueva generación que
sube, dando vida y constatando que el
lema del último clásico disputado en el Camp Nou la temporada pasada sigue
plenamente vigente… “Som i serem”… (Somos y seremos)
Tweet
https://twitter.com/jcarrasquet
Si te ha interesado este artículo, quizas quieras leer estos:







.jpg)
