La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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lunes, 2 de julio de 2012

Un debate continuo.


Desde que Vicente Del Bosque ha accedido al cargo de seleccionador, ha vivido instalado en la crítica perenne. Una crítica que le acusa de no saber conjugar con criterio las virtudes de sus seleccionados, y que ven en sus planteamientos una forma rácana de entender este deporte, basando más su estrategia en la contención que en el ataque.  

Y cierto punto de razón llevan esas críticas, ya que su inamovible e indiscutible, para él, doble pivote le aleja del concepto original de juego del que mana este equipo. Un concepto de juego pensado para y por jugadores acostumbrados a atacar y que están habituados a vivir en campo contrario y al límite del área grande de su oponente. Una estrategia de juego que hace de la presión en campo contrario su máxima virtud defensiva, y que busca la recuperación del balón en las cercanías de la portería rival. Una concepción futbolística que se basa  en el continuo movimiento del balón y en el apoyo y movimiento constante. En definitiva, una nueva evolución de este deporte que lleva consigo una denominación de origen; la del F.C. Barcelona.

Por ello, sin duda alguna, sus seguidores se encuentran estafados ante la propuesta del salamantino, que reniega de uno de los principios básicos de este tipo de juego. Un único pivote defensivo, que conjuga toque y posicionamiento táctico como principales virtudes y que consigue, arropado por el resto de centrocampistas hacerse con el manejo del juego y del balón.

Por otro lado, y entendiendo que el modelo del equipo catalán se rompe con ese planteamiento, los defensores del otro modelo ven en el “falso nueve” un guiño hacía la filosofía blaugrana. Ese otro modelo habla de un delantero centro nato, corpulento y que fija a los centrales cerca de su área, de forma que, así, se generen espacios en el centro del campo, y se tenga una referencia en la que apoyarse. El “falso nueve”, descubierto por Guardiola y llevado a su máxima expresión por la figura de Messi, busca todo lo contrario. Engañar y distraer. Ir y venir. Movimiento e improvisación. El objetivo es crear dudas en los marcadores entre ir o esperar. Seguir o flotar. Y así, busca sacar de su espacio natural a los férreos defensores que allí tienen su hábitat, y generar pasillos por los que colarse los interiores o laterales.

Y así, el debate entre unos y otros se abre. Unos desean un único pivote y el falso nueve como modelo. Otros el doble pivote y un nueve nato. Los menos un híbrido. Y casi nadie apuesta por el modelo mostrado, que es en definitiva el que defiende el seleccionador.

Ayer con ese modelo, después de un Europeo un tanto pobre ofensivamente, pero casi perfecto defensivamente, la selección española se salió. Y lo hizo porque consiguió unir, al toque y al posicionamiento el concepto de profundidad. Pases verticales y horizontales se conjugaron y propiciaron un dinamismo en el juego no visto en todo el torneo.

Muchos veremos ahora, el sello azulgrana en la final de este Eurocopa. Yo el primero. Y defenderemos la idea, abogando por ese juego de toque que sólo hemos visto hacer a los azulgranas en su equipo. Un juego que les ha aupado a las más grandes cotas y que ha hecho posible que muchos de los jugadores portadores de la zamarra blaugrana, hayan conseguido en estos cuatro años todos los títulos posibles en su profesión.
Otros sin embargo, huirán de esta idea, y defenderán las reminiscencias madridistas en el juego de la selección. Y apoyaran su teoría en la portería, en la que un Casillas inconmensurable ha atajado cualquier atisbo de posible problema en aquellos momentos en los que el juego decaía. Defenderán la presencia de ese doble pivote, y de Xavi Alonso como elemento discordante en esa manera de entender el juego. Sus desplazamientos largos y cambios de orientación serán sus armas.

E incluso habrá algunos que anclados en el pasado, seguirán defendiendo la furia y los “cojones” como el máximo valor del equipo. Y recordando a Pirri, como máximo exponente de una generación ya casi olvidada, harán de Sergio Ramos su bandera, y defenderán su manera de entender este juego. Potencia, intimidación, valentía, y un punto de insensatez.

Y así, unos y otros llegaran al Mundial del 2014 defendiendo estos mismos teoremas. Yo también tengo uno, y es aquel que dice, que un equipo que conjugue a Iniesta y Xavi al máximo nivel es casi invencible. Y por suerte a estos, los culés los vemos cada domingo vistiendo nuestros colores. Ya queda menos para que comience la temporada y volvamos a ver juntos a nuestros “locos bajitos”.


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miércoles, 27 de junio de 2012

¿Tener o ser?


Erich Fromm es un famoso sociólogo alemán que con un estilo simple y directo analiza las patologías producidas por la obsesión de tener, y propone priorizar una orientación al ser. 
 
Tener o ser son dos disposiciones que engloban cada una de las circunstancias que rodean a un ser humano, y si bien es cierto, que nadie está totalmente entregado a uno de estos polos, sí que en cada individuo puede identificarse cierta predilección por cada uno de ellos, así como una clara orientación general del global de la sociedad hacia el lado del tener. En general la valoración de lo que tenemos, adquiere más importancia de lo que realmente somos..
 
Estos dos modos, tener o ser, traspasan todas las esferas de la vida en sociedad, no reduciéndose a la problemática de la propiedad privada: el aprendizaje, la memoria, la conversación, la lectura, el ejercicio de la autoridad, la fe, el amor, son todas esferas en las cuales una persona puede orientarse por tener o por ser. No todo se reduce a tener objetos, a tener posesiones; se pueden tener hijos u optar por ser padres, se pueden tener amigos (miles de ellos en facebook) u optar por ser cómplice de unos pocos, se puede tener un título de nobleza, o por el contrario ser noble.
 
Cómo veis esa disyuntiva esta presente en todos los ámbitos de la sociedad, y el deporte no escapa a ello. Ahora, en plena disputa de la Eurocopa,  asisto con incredulidad al debate continúo generado por el juego de la selección española y la táctica de su entrenador.
 
España, es una selección que se ha caracterizado, al menos desde que yo tengo uso de razón, por la obsesión de TENER grandes títulos. El objetivo era conseguir algo que la hiciera referente, y que aupará al deporte rey a la más altas cotas, consiguiendo el reconocimiento de todos. Un título europeo en blanco y negro era un bagaje demasiado pobre para sacarle brillo a un palmarés.
 
En ese camino en busca de la gloria, que yo recuerde, las gestas no han sido muchas. En mi memoria está una hipnótica goleada a Malta, que ante lo insólito del hecho congregó a familias enteras ante el televisor mientras José Ángel de la Casa se desgarraba la voz cantando cada uno de los goles. O una Eurocopa con Arconada, para mi el mejor portero nunca visto, héroe y villano a la vez, que permitió ver por primera vez a mi generación, a la ahora llamada Roja en una final. O una remontada épica en dos minutos ante Yugoslavia en el Mundial de Corea, que nos ofreció la imagen de dos figuras totalmente contrapuestas en todos los sentidos, como Camacho y Guardiola abrazados en éxtasis ante lo inesperado del hecho. 
 
El resto, si mi memoria no me falla, desilusiones, eliminaciones prematuras, y el paso infranqueable de los cuartos de final. Y así, año a año, lustro a lustro, decenio a decenio la inquietud por TENER aumentaba, y la ansiedad de los combinados que se presentaban a los grandes eventos hacía que su nivel de competitividad bajara con respecto a las prestaciones habituales de los jugadores en sus equipos de origen. No había un patrón definido, no había un estilo de juega, no había una filosofía establecida. No ERAN un equipo.
 
Con la llegada de la Eurocopa del 2008, y después de desterrar por fin la “furia” como el elemento principal de identificación, se empezó a gestar una forma de interpretar el juego. Forma que poco a poco fue haciéndose petrea, y que acabó adoptando, como los buenos vinos, una denominación de origen: el ”tiki-taka”.
 
Con ese estilo, el actual seleccionador, Del Bosque, ha llevado al equipo español a cotas que muchos pensaban que ya no verían. Y a parte de la victoria en el pasado Mundial de Sudáfrica 2010, si la memoria no me falla, creo recordar que únicamente tiene dos derrotas en su palmarés. Un equipo con un sello propio, y que lo identifica en el campo. Todas las selecciones saben lo que ES este equipo.
 
Pero ahora, en un giro incomprensible, parece que no es suficiente con SER. Parece que, al igual que en otros ámbitos se ansía más el TENER. No gusta lo que se ES, y el único objetivo es volver a hacerse con el título en juego y así TENER una Copa más que haga a esta selección única, al ser la primera que encadena dos Europeos y un Mundial. Anda algo disgustado el seleccionador con todo este debate, y creo que no le falta razón.
 
Fromm pronosticaba que el ansía del TENER era la verdadera causa  de la crisis de la sociedad occidental, sus malestares y el posible camino que terminará con la vida humana en este planeta. Puede que ese sea el camino que han elegido algunos para su selección.


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lunes, 25 de junio de 2012

A vueltas con la posesión.


“Si tú tienes el balón, el rival no lo tiene” Esta frase tan obvia es el paradigma principal que resume el fútbol según Cruyff. El holandés hizo de ella su lema y la llevó hasta sus últimas consecuencias. Tan simple como se ve a simple vista, va más allá de lo que parece. Lleno está el fútbol de frases tópicas que analizan en un solo predicado el fin de una táctica. “La mejor defensa es un buen ataque”, “Marcar un gol más que el contrario” son ejemplos de ellas. Con esta simple aseveración la filosofía de Cruyff dice que si un equipo tiene el balón, como sólo hay uno, no recibirás ocasiones ni goles en contra, ya que el contrario se encuentra sin posibilidades de ello. La mejor defensa es tener el balón, y el mejor ataque también. El balón es el centro de todo, y el que rige los movimientos del equipo.
 
Muchos son los técnicos que basan su concepción del partido en función del rival. Lo estudian, lo analizan hasta sus últimas consecuencias e intentan preveer cuales serán sus movimientos. En función de todos esos gráficos, informes, variables, y condicionantes elaboran una estrategia de juego. Con Cruyff, y sus posteriores herederos, todo parece mucho más simple. Yo tengo la pelota, la muevo, la vuelvo a mover y genero situaciones de superioridad en una zona del campo, que me permita así llegar en pases cortos y triangulaciones a la portería contraria. Toque, toque y toque hasta aburrir al rival.
 
Y para que este tipo de juego sea efectivo necesita un ingrediente fundamental. La velocidad en la circulación del balón. Piernas frescas y mente ágil son los fundamentos básicos en la ejecución de los pases. “Si tocas una vez, juegas muy bien. Si tocas dos, bien. Si tocas tres, mal” era otro de los axiomas que Johan incorporaba a su particular decálogo futbolístico. 
 
El dominio azulgrana en estos últimos cuatro años, ha hecho que muchos equipos hayan volcado sus miradas hacia ese tipo de juego, que encandilando a Europa ha generado escuela. Y así, las cuatro selecciones semifinalistas en esta edición de la Eurocopa se han postulado de forma clara a favor de esta táctica. Alemania, con una generación de jugadores técnicos y jóvenes demostró ante Grecia como romper una cerrada defensa. Italía, ante el arquetipo de juego totalmente inverso presentado por los ingleses, demostró que a pesar del empate si alguien estuvo cerca de la victoria fueron ellos. Portugal, es un híbrido que mezcla velocidad en la transición, con la ya histórica pausa del juego luso. Y España, que comandada por los centrocampistas azulgrana no sabe jugar de forma diferente a la que presenta.

Y es precisamente, esta última selección la que despierta más debates en cuanto a su forma de juego. Parece contradictorio que sea precisamente la selección  compuesta por mayor número de jugadores del F.C. Barcelona, a la que se le discuta esta manera de afrontar la competición. Epítetos como “aburrido”, “anodino”, “previsible” y “lento” se pueden leer estos días en muchos de los diarios de la prensa deportiva y en muchos de los debates que genera un evento de estas características.

Y es que muchos parecen haber olvidado otro de los principales paradigmas de este deporte “El fútbol es un juego al que se juega con el cerebro”. Y el cerebro dice que la mayoría de los integrantes del once español han llegado a esta competición con miles de minutos en sus piernas. Han llegado a junio habiendo disputado todos los títulos de la temporada y con una sobrecarga emocional y física importante. Han llegado al límite, y faltos de frescura, hacen del “saber hacer” y de la competitividad sus mejores argumentos. 
 
Del Bosque, consciente de ello, ha optado por tener el balón. Sin más. No aspira a un movimiento rápido del mismo. No pretende llegar de forma rápida al área contraria. No desea un ritmo vertiginoso. Posición y posesión se conjugan y en un campo de treinta metros de largo disputa su partido. Sin prisas, lento. Sabe que sus jugadores no están para grandes despliegues. Y se aferra a la inmensa táctica de éstos, con el objetivo de dejar pasar la mayoría de los minutos en una especie de descanso activo, que permita disputar veinte o treinta minutos de riesgo en los que espera decidir sus partidos. Y así, a minutos de alto ritmo, pocos, le suceden minutos de tedio y pausa, que además de aburrir al contrario, aburren al espectador.
 
Y en las ganas de menospreciar un modelo triunfador que identifica los éxitos de este equipo con la filosofía azulgrana, el debate se torna agrio en torno a este juego de posesión, que si que es cierto, no brilla como en el modelo original. Será curioso leer y escuchar las crónicas después del próximo partido, donde el clásico de la Liga BBVA se traslada a Kiev.


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martes, 19 de junio de 2012

Ignorancia y fanatismo.


Hace pocos días leía una noticia impactante a la vez reveladora de nuestro tiempo, ya que combina ignorancia y fanatismo, que dan lugar a ira y rabia, todos ellos elementos muy presentes en la sociedad de hoy en día. El hecho sucedió en un Hospital Lok Nayak Jai Prakash de Nueva Delhi, donde un grupo de 6 médicos fue atacado por 25 personas mientras intentaban salvar la vida de una chica de 16 años.

Puede parecer increíble, pero el hecho de que estos médicos procedieran con el R.C.P.(Reanimación cardiopulmonar) y con la respiración boca a boca con la chica que había sufrido el arresto cardíaco, fue interpretada por familiares y amigos allí presentes como un mal comportamiento con la paciente y un intento de aprovecharse de ella al quitarle la ropa para proceder con el masaje cardíaco. La cosa empeoró cuando los médicos no consiguieron salvar a la chica, ya que esas mismas 25 personas los acusaron de haberla matado y ni siquiera los guardias allí presentes lograron contener la ira y la rabia contra los médicos, teniendo que llamar refuerzos para contener los ataques de vandalismo y agresión contra los doctores.

La ignorancia y la falta de criterio son directamente proporcionales al grado de fanatismo. Y así desde posiciones limítrofes es cuando observamos enjuiciamientos que poco o nada tienen que ver con la realidad. Me sirve este ejemplo que nada tiene que ver con el deporte rey para enjuiciar las reacciones que leo hoy en la prensa, sobre todo madrileña, una vez finalizada la primera fase de la Eurocopa.

El fútbol como tal, tiene asociado como elemento principal la pasión, y ésta desbocada y sin control lleva a la falta de raciocinio y a la defensa de posturas sin sentido. Y lo más preocupante es que este hecho,  lejos de producirse únicamente en los más altos niveles de profesionalización,  ocurre de la misma forma en el fútbol de cualquier nivel. Allí donde se disputa un partido, allí donde se juntan veintidós jugadores se crea un ambiente propicio para el desahogo. Poco importa si los jugadores tienen cinco, doce, veinte o treinta años. Nada tiene que ver si el fútbol es una actividad profesional o lúdica. Poco importa si el deporte se practica en etapas de formación o en niveles de mayor responsabilidad.

No hay nada más dañino para el análisis de los hechos que hacerlos desde una posición prefijada y un desconocimiento de los hechos. En mis años de experiencia como entrenador de fútbol base he podido constatar de qué forma se viven los partidos, y la visión que cada progenitor tiene del mismo. Un hecho marca fundamentalmente el éxito o el fracaso de un planteamiento, de una estrategia, de una concepción del juego; la presencia del hijo en la alineación, el protagonismo del nieto en el partido o la visibilidad del sobrino en la preparación de la estrategia. Y a partir de ahí, y sin tener en cuenta la globalidad de un conjunto, cada una analiza el juego desde una perspectiva individual.

Y así, con veinte individualidades en el campo, el entrenador que únicamente ve el conjunto es su globalidad se encuentra en la posición de ser siempre discutido. Discutido por el planteamiento, discutido por la alineación y discutido por la estrategia.

Del Boque hoy me recuerda a cualquier entrenador rodeado de una veintena de padres pidiendo explicaciones. Explicaciones de porque juega este o aquel. Explicaciones por el cupo de jugadores de tal o cual equipo. Explicaciones por la estrategia y el planteamiento. Explicaciones de porque juega con nueve. O porqué lo hace sin él. Explicaciones de los porques de acumulaciones de hombres en el centro. Explicaciones del porque del juego pausado. Pobre Del Bosque, no sabe la que le está tocando lidiar.

Y así al final de cada partido se encuentra rodeado por los “papas” de cada uno de sus jugadores. Después del empate con Italia, estaban aquellos que intentando eliminar cualquier influencia azulgrana abogaban como responsable del empate ante toda una tetra campeona mundial, la no presencia de un nueve puro, y no pararon en su acoso al “mister” hasta conseguir el objetivo de eliminar a ese “niño” que molestaba. Niño, llamado Cesc, que hasta la fecha lleva marcados dos goles, y fue el autor de la asistencia definitiva en el último agónico partido de clasificación.

“Papas” que lo idolatraron después de que el Marqués recapacitará e incluyera un nuevo “niño” en el once titular. Ya jugábamos con el soñado nueve. Y el equipo lo note. Y cómo!!!. Claro, que en ese análisis nada tiene que ver el paupérrimo nivel de un rival que apenas podía hacer sombra a cualquier de los integrantes, no ya del once titular presentado, sino de cualquier once presentado en uno de los muchos equipos que componen la Liga BBVA y Adelante.

Y “papas”, que nuevamente vuelven al ataque, y que parecen descontentos por una victoria al límite. Y ya no basta con que su “niño” haya vuelto a jugar. Ahora hay que jugar más rápido, más directo, más profundo… Cómo lo hace ese entrenador del equipo de al lado. Poco tiene que ver que el equipo haya sido pensado y configurado para jugar de una determinada forma. Nada tiene que ver que es el tercer partido en apenas diez días con unos jugadores que llegan al límite de sus fuerzas, después de una temporada en la que han jugado todos los partidos posibles. Nada tiene que ver que la concepción del equipo pase por una columna vertebral en la que sus “hijos” tienen un papel secundario. Esos “papas” quieren ver jugar a sus niños, y además quieren que tengan un papel protagonista.

Y así desde esas posiciones fanáticas, que no entienden del significado del bien común, y que sólo miran por su interés individual, puede que se consiga que al igual que le ocurrió a esa niña en la India, la presión en la ejecución de un trabajo haga que éste se vaya al garete, y se certifique así el final de un ciclo de victorias. Entonces, llegará el linchamiento. ¿Apostáis conmigo quien será el objetivo?


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miércoles, 13 de junio de 2012

Dejar huella.


Sinceramente, cuando empecé a ver jugar al Barça ya hace cuatro largos años, en la pretemporada que por aquel entonces se realizaba en Escocia, ya intuía algo diferente. No sabría explicar muy bien que era. Era el dinamismo del juego, el cambio constante de posición, la presión infinita, y una ansiedad por estar cerca del la portería contraría.

Lo comentaba entre mis amigos, y la mayoría, con buen criterio, me hablaban de una conclusión prematura, de unos rivales endebles y de una posible puesta a punto antes de lo debido. Las ganas de agradar a un nuevo técnico, Josep Guardiola pudiera ser la causa de aquel exceso de revoluciones que yo apreciaba en el campo. Me daba la sensación que desde el minuto uno, el equipo jugara como si de los últimos diez minutos de partido se tratara y tuviera la imperiosa necesidad de marcar.

Todavía guardo una entrevista a Xavi y Puyol, que recién conquistada la Eurocopa del 2008 se incorporaron de forma tardía a aquel equipo. Comentaba Xavi, que lo primero que apreció en los entrenamientos sólo llegar a la concentración, fue un grado de intensidad superior a lo vivido. Y Puyol corroboraba esas palabras asintiendo y percibiendo un no sé que en el ambiente. Algo diferente se estaba gestando. Y lo que no sabíamos, es que esa diferencia, cambiaría la forma de ver el fútbol, al menos para el que escribe estas líneas.

Nunca imaginé que se pudiera jugar así a este deporte. Y una vez vista esta manera de jugar, he de reconocer que ese otro fútbol, el que había visto hasta entonces, y el que observo fuera de la escuela azulgrana, me aburre. Es como cuando vemos un partido de los años setenta. ¿Alguién se ha sentado a ver alguna vez la final del Mundial del 74?. Aquel Alemanía - Holanda era lo máximo en aquella época. Jugaban Cruyff, Bekenbauer, Muller, Neskeens, Rep… Era la naranja mecánica!! La máxima expresión de juego de conjunto. Y ahora, te pones el video y…. casi te cuesta reconocer que ese deporte sea el actual.

Y es que la evolución en el deporte es una constante, y en todos los ámbitos. Hace cuatro días, mi hijo, portero de “profesión” y  tenista de vocación, me preguntaba por el mejor partido de la historia del tenis. Yo le hablaba de un Borg-McEnroe en Wimbledon, y él me disputaba la hegemonía con un Nadal-Federer en la misma pista central del London England Club. Nos pusimos manos a la obra y bajamos de Internet la susodicha final. Ahí estaba McEnroe con su cinta, sus rizos. Ahí estaba Borg con su melena y esa sensación de sobrado. Y esas raquetas, que sólo verlas casi hacen que mi hijo se descoyuntara de la risa. Y se ponían a jugar…. ¿Y qué era aquello?.. Pero.., si iban a dos por hora!!.. Saque volea, saque volea… y apenas tres toques de raqueta. Dos juegos aguantamos aquel tostón que yo recordaba como el mejor partido nunca visto. ¿Pero cómo podías ver esto? se cachondeaba Marc.

Pues esa misma sensación me produce a mí ver cualquier otro partido que no sea uno disputado por los azulgrana. Puede que me llamen la atención veinte, o al sumo treinta minutos. Puede que mis sentidos capten cuatro jugadas relevantes, dos combinaciones, un control o cuatro paredes. Pero encuentro a faltar ese constante ir y venir de jugadores en continuo movimiento. Ese ballet alrededor de la pelota. El giro de Xavi, los controles de Iniesta, la pausa de Busquets, la salida de Piqué, y la magia indescifrable de Messi.

Estos días de Eurocopa, he seguido algunos de los partidos y realmente exceptuando chispazos puntuales y algún que otro arreón final poca cosa puedo destacar. Ayer un golazo de Chequia, o un control de Arshavin. Una cantada de Cesch, que el tío bien la podría haber tenido hace un mes, no?. La presencia de Ibra en la delantera sueca, o las formas del nueve polaco: Levandosky. Pero poco más.

He visto jugar a España, pero tampoco es lo mismo. Le falta fluidez, algo más de precisión y algunas piezas por encajar. Y le falta, Messi. claro. Todavía alucinó con el tercer gol que le marcó a Brasil en el amistoso de este fin de semana. Vaya forma de acabar la temporada!!!

Ahora que ha finalizado el ciclo estamos viviendo los últimos coletazos de la era Pep, y estamos asistiendo a los flecos de su despedida. Un no sé que de nostalgia nos invade a todos los culés, que internamente pensamos que estos cuatro años han supuesto el punto álgido de nuestra historia, y que probablemente será imposible volver a ver de forma tan repetida y constante esa sardana triunfal en el centro del campo.


Decía Xavi el otro día, en esa entrevista que de forma pausada va aflorando, y que saca a relucir cada día una frase para la polémica, que Mourinho no pasaría a la historia del fútbol, ya que nada había aportado. No entraré a valorar esas palabras, porqué no he visto la entrevista completa ni el contexto en el que se dijo esa frase. Pero si que diré, que en una comparativa, y pasados los años, puede que los palmarés y números de ambos técnicos estén igualados, pero dudo mucho, que la huella dejada por Pep en cuanto a definición, concepción y evolución de este deporte quede tapada por la del técnico portugués. Pero para eso, tendremos que esperar unos años. Puede que entonces nos bajemos un vídeo del Pep Team de Internet y alguno de mis nietos se parta de risa viendo la forma de entender el fútbol actual. Yo casi lo hago ahora viendo jugar al resto.


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