La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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martes, 12 de febrero de 2013

El abuelo Cebolleta


Yo no he tenido la suerte de poder disfrutar mucho de mis abuelos. De hecho, apenas guardo recuerdo de tres de ellos. Mis abuelos maternos ya habían fallecido cuando yo nací, y de los paternos, apenas me quedan imágenes de mi “yayo” andando apoyado a un bastón, y pasando sus últimos años divagando entre sombras víctima de los achaques de un alzhéimer voraz. Pero lo que si recuerdo de él con nitidez era ese afán por contar historias. Historias de la guerra, la batalla del Ebro, los aviones sobrevolando Barcelona, y de cómo tuvieron que ingeniárselas para subsistir. Historias de mi padre, que cómo jugador del fútbol base azulgrana parecía despuntar con posibilidades en una carrera truncada por una lesión. Historias con un fondo de nostalgia. Ese sentimiento que según el filósofo Emil Michel se considera parte de “la obsesión del ser humano por superar su temporalidad y su finitud: el hombre no está satisfecho de ser hombre e intenta volver a la Itaca de sus orígenes”.

Pensando en mi abuelo, ahora que mis hijos se van haciendo mayores, el mayor ya ha alcanzado la mayoría de edad, me voy preparando para mi próximo papel en la vida. A veces, medio en broma, medio en serio, les hago saber que van a tener un serio problema conmigo, ya que, cuando pueda disfrutar de mis nietos, me voy a comportar cómo el peor de los abuelos posibles, con un objetivo claro: dar la tabarra y malcriar a las criaturas todo lo que sea posible. Ya me toca ahora ejercer de educador, y por tanto, será entonces, con más años y menos responsabilidades cuando me dediqué a dar rienda suelta a cualquier capricho que estoy seguro mis nietecillos me pedirán.

No sé si muchos os acordaréis del mítico “abuelo Cebolleta”, creado por el dibujante Manuel Vázquez, cuando a principios de los cincuenta creó la familia para el desaparecido DDT. Había detrás de aquel abuelo con barba , bufanda, bastón y pie vendado, un intentó de recordar hazañas pretéritas, refugiándose en un glorioso pasado. Yo estoy seguro, que cuando me toque ese rasgo nostálgico me definirá.

Y contaré historias. Muchas historias. Les hablaré a mis nietos de sus padres, de sus trastadas. De cómo su padre era un estudiante más bien vaguete pero sobresaliente. De cómo despuntó como portero en las categorías más modestas del fútbol regional catalán. O de cómo su madre tenía un carácter de mil demonios que apenas podía contener. O de cómo ese mismo carácter le hacía plantarse en una pista de basquet, y con apenas metro sesenta encarar la canasta por muchas torres que se le pusieran por delante. Y les hablaré del Barça, de la actual generación de jugadores que tanto nos está haciendo disfrutar.

Les hablaré de un mago, que con el ocho a la espalda, nunca se sabía si jugaba o bailaba. Les hablaré de un león en la defensa, al que había que poner un par de razones para intentar superar. Les hablaré de un dandy del centro del campo, que sin correr ni regatear fue capaz de dominar ese territorio casi de forma dictatorial. Les recordaré que teníamos una pantera en la portería, que parecía cansarse de tanto éxito y nos abandonó. También les hablaré de un medio centro que planeaba como un cóndor sobre el campo y que recogía cualquier balón que por allí se perdía. Y les hablaré del mejor jugador de todos los tiempos, el que llevaba el diez, el que marcaba partido sí partido también, el que decidía campeonatos, y coleccionaba distinciones individuales de tal forma que empequeñeció cualquier otra figura nunca vista.

Les pasaré vídeos, o cd’s, o cualquiera que sea el dispositivo que entonces se utilice con las mejores exhibiciones en blaugrana. Les enseñaré mi particular cinco a cero. O todavía mejor, les enseñaré cómo en una tarde de gloria fuimos capaces de meter seis goles en el Bernabeu. Les hablaré del sextete, de la magía del Camp Nou, de los rondos, del tiqui-taca.

Les mostraré los mejores goles, las mejores paradas, los partidos más importantes. Les compraré las camisetas del momento, con el diez a la espalda, que vete tú a saber por aquel entonces que diseño tendrán. Los llevaré al campo. Les compraré las chuches que quieran. O una bandera, o una bufanda.

Les hablaré de lo que ahora sentimos. De lo que este equipo ha representado para una generación que venía de vivir en la derrota y en el pesimismo. En fin, en resumidas cuentas, al igual que aquel abuelo del cómic, me convertiré en el típico arquetipo de aquel que tiende a ponerse pesado por lo mucho que tiene que contar.

Sólo espero que no me suceda como a él, al cual evitaba el resto de su familia, desde su yerno Rosendo a su nieto Diógenes, pasando por el loro Jeremías. Espero que no me convierta en un personaje sin auditorio. Y es que esta historia merece que haya multitud de oídos que la escuchen.

¿Y vosotros? ¿Tenéis algo que explicar?. Os ánimo a que me dejéis un comentario con vuestros anhelos e ilusiones. Gracias.


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lunes, 14 de enero de 2013

Un Barça coral


El coro es un ejercicio colectivo que históricamente nace en el momento en el que un grupo de personas se ponen a cantar juntas bajo unas mismas directrices marcadas por ellas mismos o por la personalidad de un director. Está formado por diferentes tipos de voces, agrupadas en cuerdas. Cada cuerda agrupa las voces en función del registro o tesitura de cada una. Y todas ellas al unísono interpretan obras escritas para el lucimiento de todas y cada una de ellas; las sinfonías corales.

Pues bien, viendo el último de los partidos azulgranas, no encuentro mejor metáfora que esta para explicar lo que se mostró en el césped de la Rosaleda. Once jugadores interpretando conjuntamente una pieza conocida hace ya tiempo, llevaron el juego a un nivel de excelencia, en el que cada uno, en su registro brillo con luz propia.

Es difícil destacar si el mejor fue Messi, cual soprano, está habituado interpretar la melodía principal, y que cómo suele ser habitual participó en todas las jugadas transcendentes del partido. O lo fue Iniesta, que podría interpretarse como el tenor de la sinfonía, ejecutando cabriolas y excelsos movimientos que le sitúan en la parte central del grupo. O Xavi, que cual contratenor se complementa de forma perfecta con el manchego. O el barítono, Busquets, que con ese registro medio entre la practicidad y el virtuosismo se perfila como el medio centro perfecto. O Tito Vilanova, que cual director de la orquesta ha llevado al grupo a un nivel rallando la excelencia, superando a día de hoy las prestaciones de su antecesor, el cual dejó un recuerdo que parecía más una losa que un legado.

Cada jugador, cada técnico forma parte de un todo, y el resultado final muestra en el terreno de juego una obra en la que no sólo importa el resultado final, si no que recoge multitud de detalles que dejan la finalización en gol como un detalle más, destinado a culminar una gran obra. Ahora una ruleta, ahora un regate impensable, ahora un rondo infinito, dan al partido una visión global, que va mucho más allá de un simple ir en busca de la portería contraria. Y ante ello, el espectador disfruta, y mantiene la atención en cualquier fase del campo y del partido. Ilustrativa es la frase del central argentino Demichellis al concluir el choque, en la que en el mayor elogio que pueda hacer un contrario reconoció que tuvo ganas, en momentos puntuales de la segunda parte, de pararse y ponerse a aplaudir.

Este es el Barça actual. Un conjunto que finalizada la primera vuelta del campeonato, muestra unos números casi perfectos, y que con toda una vuelta por delante, casi puede empezar a guardar sitio en el Museo del club, a un título liguero más. Una primera vuelta de récord, de puntos y de goles. Una primera vuelta que ha mostrado un equipo, con un concepto futbolístico, que hoy por hoy queda muy lejos de alcanzar por sus rivales.

Un equipo, que empezó el campeonato con dudas. Eran los meses de septiembre y octubre, y los puntos conseguidos superaban al juego exhibido. No parecían encontrar los jugadores su lugar en el campo. La presión parecía llegar tarde, y la defensa sufría más de lo acostumbrado. Las bajas de Piqué y Puyol, la baja forma de Alves, y las locas subidas de Alba propiciaban un continuo vivir al borde de un ataque de nervios, que llegó incluso a poner en jaque la confianza y seguridad de Valdes. Ahora, unos meses más tarde, parece sacrílego pensar mal de este cuarteto (sexteto si sumamos a Mascherano y Adriano), que puesto ya en forma se muestra casi infranqueable.

Fueron meses, en los que la puntería de Messi alcanzó grados sublimes llevándole a cerrar el año con los mejores registros nunca vistos. Meses en los que, pese a los resultados conseguidos los debates comparativos entre este y aquel otro Barça se repetían tras cada actuación. En definitiva, meses de transición y puesta a punto, que culminaron es ese último partido ante el Málaga, con la interpretación de la mejor versión de un conjunto que está haciendo historia.

Y si además, a todo ello añadimos, que nuestro máximo rival, el Real Madrid, acaba este periodo competitivo a unos abismales dieciocho puntos de diferencia, podemos concluir que a día de hoy, aficionados y seguidores azulgrana estamos viviendo una temporada idílica, en la que, finalizados los partidos, miramos el calendario para ver cual es la siguiente cita del equipo, y hacer un hueco en nuestra agenda, marcando en rojo esas dos horas como un acontecimiento al que no podemos faltar.

Ahora el reto siguiente, se llama Copa del Rey, y en un mes de enero muy exigente, en el que, los azulgrana acostumbran a desfondarse. Un mes que puede llevar a una semifinal de Copa ante los blancos y Mourinho. Pero ese es otro capítulo de esta historia, y una obra con diferente guión. Veremos cual será el resultado.

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lunes, 12 de noviembre de 2012

El Barça de las contradicciones


La verdad es que después de ver el partido ante el Mallorca no sé que imagen es la del Barça actual. Un Barça que recoge unos números estratosféricos y que va camino de igualar cualquier registro conocido en Liga, pero a su vez un Barça que presenta unas lagunas en su juego, que le está llevando a encajar en esos mismos partidos idéntico número de goles que el colista de la Liga.

Un equipo que sólo necesita de veinte minutos de inspiración para instaurar un casi definitivos cero a tres en el marcador. Pero a su vez, un equipo que necesita de la mitad del tiempo para echar por la borda casi toda esa ventaja. Un equipo que en los primeros veinte y cinco minutos del encuentro apenas encuentra vías de penetración hacía la portería de su rival, pero que una vez desencallado convierte cualquier pequeño hueco en un amplio pasadizo por el que colarse.

Un equipo que hace de la posesión su mejor arma ofensiva, y del control de juego su estrategia inamovible e indiscutible, pero que a su vez, convierte algunas fases del partido en un carrusel de perdidas de balón y distribución sin sentido del mismo. Un once que durante fases del encuentro se mantiene junto y presionando de forma unánime, pero que en otras se estira y afloja, dejando anchas líneas de pase y espacios por las cuales el contrario se envalentona a infiltrarse.

Un equipo que tiene a Messi, la máxima estrella conocida en la Historia del Fútbol, el cual es capaz en uno de loa peores partidos que se le recuerdan, de acabar con un doblete de goles en casi las dos únicas acciones de interés que protagoniza, y que le permiten batir registros goleadores de los años cincuenta, cuando este mismo deporte se jugaba con más delanteros que defensas, y las goleadas abundaban partido a partido. Un argentino que ha dejado atrás los registros de un brasileño, con lo que esto significa en el contexto de rivalidad de ambos países en cuanto a fútbol se refiere.

Un Messi, que es capaz de perder balón tras balón, y que parece que se desinterese por lo que sucede en el césped en muchas fases del juego, caminando por la línea de ataque azulgrana, pero que se convierte en segundos en el jugador más decisivo de la jornada, al desatascar una situación que se había vuelto muy comprometida.

Un Barça con una línea defensiva que paga con el máximo castigo cada uno de los despistes o desajustes que sufre. Que ha probado hasta quince parejas de centrales diferentes ante la plaga de lesiones que se ha cebado en sus integrantes. Una línea defensiva que tiembla en cada balón aéreo, tanto por la falta de envergadura de los que lo componen, cómo por la falta de seguridad de su portero en el arte de las salidas. Una línea defensiva, que ha girado hacía la izquierda, y que ahora dispone de dos laterales muy profundos. Tanto, que en ocasiones, una de esas pérdidas que se vuelven recurrentes los encuentra casi en la línea de fondo del contrario, impidiéndoles tapar los huecos a sus espaldas.

En definitiva, un equipo que vive para el gol, para la posesión y el control del juego, y que en ocasiones se desmenuza y se hace vulnerable al máximo. Un once que vive de Messi, y su acierto, y de la infinita calidad de Xavi y Busquets que apuran y apuran sus toques y pases desquiciando a cuantos le marcan. Pero a su vez, un once que todavía no ha encontrado la forma de sentenciar los partidos sin pasar por esas fases que lo convierten en vulgar.

Y llegados a este punto, y viendo el transcurrir de la temporada, me da miedo pensar que sucedería si la evolución que se le supone no se produce, y se llega a los meses decisivos de abril y mayo en el mismo estado de contradicción. ¿Será entonces capaz el once azulgrana de deshacerse de los grandes nombres de Europa con la misma facilidad que sus resultados dictan ahora?

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martes, 25 de septiembre de 2012

Un Barça algo perezoso


Mi hijo, que acaba de empezar estudios universitarios hace apenas una semana, tiene una facilidad innata para el estudio. No le requiere esfuerzo colocarse delante de un libro, y memorizar o sintetizar, en menos de una hora el conjunto de páginas y conceptos que requiere para sacar adelante los exámenes. Así ha ido pasando los cursos. Primaria, la ESO, Bachillerato y por fin la Selectividad.

Pero a menudo tenemos ciertas bronquitas en casa por esa dejadez que presenta en épocas en los que los exámenes no están presentes. El mínimo esfuerzo que le requiere superar las pruebas, hace que deje todas sus tareas para el último día, y así, justo antes de cada examen, se encierra en su habitación, y en menos tiempo del que yo desearía cierra el libro y… hasta el próximo. Él conoce sus posibilidades, y sabe medir que esfuerzo le supone cada trabajo, cada presentación, cada prueba.

Yo en cambio, le intento hacer ver que esa técnica de estudio, por llamarla de alguna manera, algún día le dará un disgusto. Un dolor de cabeza ese último día puede dar al traste con esa hora de concentración que requiere. Una avería eléctrica puede dejarle sin posibilidades de realizar el próximo trabajo. La confianza en sus posibilidades, y ese dejarse ir cuando  la situación no requiere el máximo esfuerzo pueden ser las claves de algún que otro fracaso. Pero claro, a él que le vas a explicar a punto de cumplir los dieciocho. Sus frentes de batalla son varios, los entrenos, los amigos, el facebook, y los estudios. Y a todos ellos ha de prestar atención.

Pues este fin de semana, viendo juntos el último partido azulgrana ante el Granada, le comentaba que el actual Barça me recuerda mucho a él. Empiezan los partidos como acomodados, e incluso parece que con algo de hastío. Debe ser salir al campo, y ver a los once tíos del equipo contrario metidos a las primeras de cambio en el balcón del área, y es cómo si una especie de pereza se apoderará del juego blaugrana. Y así, en una sinfonía de pases horizontales, y en un ir y venir insulso de la pelota el partido se torna aburrido. Ya apretaremos, deben pensar. Queda tiempo. En una de éstas, llegamos y marcamos el primero. Y así transcurren los minutos, y la nada se apodera del juego.

Y en las segundas partes, con el marcador igualado, parece que se toca a arrebato, y entonces paulatinamente, y a medida que el reloj se acerca al minuto noventa, las revoluciones, en el campo, y en el banquillo suben, y entonces sí, el ritmo se convierte en frenético en la búsqueda del gol que no acaba de llegar. Hasta que llega, y el trabajo se da por realizado. Bien está lo que bien acaba.

Y es que hasta ahora, el resultado es óptimo. Y al igual que mi hijo, que resuelve sus pruebas con calificaciones entre el notable y el sobresaliente, los azulgrana han conseguido todos los puntos en liza. Pero las sensaciones, son, que cualquier día, un dolor de cabeza puede aquejar al equipo. Un cortocircuito puede desactivar la conexión entre Xavi, Iniesta y Messi, y entonces estaremos lamentándonos por las horas largas de partidos en los que los nuestros dejaron transcurrir el reloj sin apenas presencia.

Yo preferiría, que tal cómo sucedía en las primeras temporadas de Guardiola, el equipo saliera al campo, a realizar su trabajo de la mejor forma posible. Atrincherar de verdad al contrario es su área, e intentar finiquitar los encuentros en los primeros cuarenta y cinco minutos. Así, de la misma forma, que el buen estudiante utiliza los últimos días antes de sus pruebas para repasar y asentar conocimientos, los azulgrana, podrían utilizar las segundas partes para gestionar cambios, realizar probaturas, y dar minutos a jugadores necesitados de ellos.

Ya sé que puede parecer algo sacrílego criticar ahora al equipo, cuando precisamente hoy, todos los periódicos de mi ciudad me han despertado con titulares sobre la magnificencia de los puntos conseguidos, y sobre la supremacía europea del equipo. Nadie en el continente lleva una trayectoria como la nuestra. Nadie nos puede hacer sombra. Y nuevamente me acuerdo de Marc, mi hijo. El también me dice que me calle, y que hasta que no suspenda deje de darle la tabarra. Pero claro, cuando suspenda, ¿de que servirá la bronca que le pueda pegar? El suspenso ya será un hecho, no?

Aunque debo reconocer, que debe ser cansino a su vez, disputar partido tras partido tratando de superar una y otra vez la misma situación. Once jugadores esperando, bien cerraditos en el centro, y rezando para que una contra ponga contra las cuerdas a los culés. Me hizo gracia en este último encuentro la lectura de mi hija pequeña, que viendo a los andaluces distribuidos de esa forma me pregunto; “Papa, pero eso vale?”


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viernes, 7 de septiembre de 2012

Thiago / Cesc. Segunda parte


Esta semana, sin fútbol de clubs, el ruido mediático en torno a éstos aumenta, ya que ante la falta de competición las noticias escasean y los nombres se hacer recurrentes en el papel y en la red. Así, hemos leído y escuchado múltiples versiones y opiniones sobre Ronaldo y su amarga tristeza. Y a la vez, aquí, también andamos detrás de Cesc Fábregas, al cual, no se le ve desbordante de alegría que digamos.

Los que sois asiduos seguidores de este espacio, sabréis de mi predilección por este jugador. La temporada pasada, cuando se planteaba su fichaje, y se hacía desde la diatriba de escoger entre él y Thiago como apuestas alternativas al lujoso centro del campo azulgrana, mi posición fue a favor del de Arenys. Al final, después del enésimo culebrón del verano, éste aterrizó aquí, y su llegada, no propició la marcha del hispano-brasileño como así se parecía intuir.

Y así, al mejor centro del campo del mundo, formado por Busquets, Xavi e Iniesta, se incorporaron dos piezas que garantizaban relevos con garantías en las posibles rotaciones del equipo.

Pero no todo ocurrió según lo planificado, y las aportaciones de uno y otro quedaron por debajo del listón de las expectativas. Pero en la comparación, Cesc, fichaje de renombre y fichado a precio de superestrella sale perdiendo. Thiago es un canterano, de nulo coste y amplia proyección al que no se le puede pedir que irrumpa en el equipo de forma fulgurante. En cambio, el ex del Arsenal llegaba con la vitola de superclase, capitán de los gunners, portento físico, madurez competitiva y conocedor de la escuela y forma de juego blaugrana. Y lo que pareció un inicio fulgurante, en forma de conexión casi divina con Messi, se fue diluyendo hasta quedar en la nada con los últimos estertores de la pasada temporada. Y en esas estamos todavía.

Ambos, Thiago y Cesc, aunque cada uno desde diferentes perspectivas se enfrentan a la misma situación. Descabalgar del puesto de titular indiscutible a la mejor combinación de centrocampistas que yo haya visto nunca en un terreno de juego. Y sí, es cierto, que una temporada da minutos para todos, pero es indiscutible, que aunque el ansía de participar haga que se desee estar presente en cada uno de ellos, la verdadera gloria llega cuando se aparece en la foto de los encuentros decisivos. Y en ellos, la presencia de la trilogía azulgrana es constante, dejando a sus compañeros la disputa de esos “otros” minutos que, en ocasiones dan hasta pereza jugar.

Y ahí Cesc sale perdiendo. Thiago es joven y sabe que le llegará su oportunidad. La vida de Xavi en el equipo no irá más allá del próximo Mundial, fecha que pillará al mayor de los Alcántara con apenas veintitrés años de edad. En cambio, el cuatro azulgrana, está en la plenitud de su carrera, y ve como su nombre y prestigio, ganado a pulso en su trayectoria inglesa va decayendo. Menos mal que en la pasada Eurocopa supo aprovechar su oportunidad y lució fuera de esos puestos del centro del campo, que como era de suponer, también quedaron en manos de sus compañeros.

Pero en el Barça esa posición tiene dueño. Y si en las restantes, hay minutos de reparto, en esta la aportación de Messi es dictatorial. Todo lo juega, lo importante, lo superfluo y hasta casi lo intrascendente.  

Y así, tal y cómo confesaba el otro día el mismo Fábregas, éste se encuentra luchando por un puesto de titular contra compañeros que hace apenas una temporada coparon la designación para el Balón de Oro. No es fácil su situación. No es fácil saber que aun a tu máximo nivel, las prestaciones de tus compañeros te superan. No es fácil, jugar hoy de interior, mañana de organizador y al siguiente de falso delantero. No es fácil no saberse titular y con un puesto y rol fijo en el equipo. Y Cesc lo sufre.

Intuyo sus cábalas. Debe repasar cada posición y lo que él puede aportar, y al final la conclusión siempre es al misma. Hay alguien mejor que yo. Y aún siendo uno de los diez mejores centrocampistas del mundo, él y el resto de ellos, deberían conformarse de momento, con asistir a la sinfonía de pases que partido a partido nos regalan lo que se han denominado “esos locos bajitos”.

A veces no se pueden tener todos los cromos. Una situación parecida a la actual se vivió el año de la eclosión de Busquets, y la suplencia de Toure Yayá. El marfileño no supo digerir aquella situación, y su pérdida de peso y valor en el equipo le hicieron buscar otras alternativas. La vida no se acaba de azulgrana, debió pensar. Esperemos, que las raíces blaugrana de ambos centrocampistas haga que ese pensamiento no aflore, y que la paciencia y el saber estar, sean las virtudes que nos permitan ver en un par de temporadas una nueva versión de la actual trilogía que ahora manda en el concierto futbolístico mundial. 


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lunes, 3 de septiembre de 2012

Lo ordinario y lo extraordinario


El poder del Barça en estos últimos años, ha sido hacer de la excepción el hábito. Conseguir título tras título, goleada tras goleada ha generado en la afición culé, y porqué no decirlo, en gran parte del universo futbolístico un halo de imbatibilidad hacia este equipo.

La semana pasada perdido entre el zapeo televisivo, y la pereza de la vuelta de las vacaciones, me quedé anclado ante el televisor viendo una entrevista a Sánchez Jara. Èste, fue un jugador de la Masía, de no mucho renombre, pero que por aquellas causas del destino, y los golpes de suerte que en ocasiones se producen sin saber muy bien la razón, pasó de jugar en Segunda B a la primera plantilla azulgrana, a las órdenes de Johan Cruyff y su idolatrado Dream Team. Ahora ya retirado, y lejos del fútbol, se declaraba adicto a cualquier retransmisión televisiva que tuviera como razón un partido de fútbol. Le era indiferente la categoría, el nivel de los rivales, la posición de éstos en la tabla. Manifestaba que cualquier partido le generaba expectación…. hasta la llegada del actual Barça.

Algo empezó a cambiar en su gusto con esta nueva forma de jugar. El resto se volvía vulgar, indolente, previsible y monótono. Un ir y venir del balón sin apenas sentido y toque. El fútbol, el otro fútbol le aburría, y su máxima atención sólo se disparaba cuando los azulgranas se ponían en juego.

Esta situación, creo que no es única. En casa,  nunca hubiera imaginado que mi hija, por ejemplo, siguiera un partido de fútbol con expectación. Y eso que juega a basket!!.  A ella no le gusta el deporte televisado, le gusta jugarlo, en la pista o en el banquillo, pero disfruta con la inmediatez del momento y de la competición. Baste decir, que son raras las veces, y extraordinaria la ocasión en la que se sienta a ver un partido de baloncesto en el sofá. Sólo en estas últimas Olimpiadas, la final disputada entre EEUU y España recabó su atención. Sabía que estaba ante algo diferente y que valía la pena sentarse un rato a mirar. Y la igualdad y tensión del partido la retuvo allí, lejos de su ordenador, del Facebook, del WhatsApp, y de todas las nuevas formas de comunicación que controla como nadie.

Y de la misma forma, es acercarse la hora del partido, el del Barça, e independientemente que sea de Copa, Champions o Liga, abandona sus herramientas habituales y el desenlace del partido se convierte en prioridad. Y allí se plantifica, no esperando únicamente que ganemos. Eso lo da por hecho. Su única duda es saber por cuanto lo haremos, y cuantos goles marcará Messi. La derrota también ha pasado a ser un hecho extraordinario.

Pues bien, esta temporada, y a pesar del juego correcto de los azulgrana parece que esa sensación se va diluyendo. En un inicio algo tristón y gris, el colorido de las actuaciones culés ha bajado su tonalidad, y se van pareciendo al del resto de los equipos. No se puede decir que jueguen mal. No se puede criticar su falta de implicación. No se puede hablar de desidia, pero si que se nota que el juego ha caído, y que en ciertas ocasiones se hace monótono y, en un adjetivo hace poco impensable, aburrido.

La presión de los jugadores es correcta. El juego de toque es correcto. La seguridad defensiva es correcta. La alineaciones son correctas. Pero, falta algo. Falta vivacidad, chispa, alegría. Le falta a Valdés, que parece algo acongojado en cada balón que vuela hacia portería, y hasta diría que obsesionado por mostrar su juego de pies. Les falta a los laterales, que suben sí.., pero no llegan a hacer trizas a las bandas contrarias. Les falta a la media, que si bien llega a superar la mayoría de veces el setenta por ciento de posesión, pecan de excesiva lentitud y de horizontalidad en las acciones, obviando uno de los principios básicos del juego de ataque; la profundidad entre líneas. Y le falta a la delantera, que anda huérfana de gol, supeditada cada vez más a un Messi, también contagiado por este formalismo del juego. Cumple, sí, pero sin extravagancias.

Ante el Valencia, se pudo ver un ejemplo de este tipo de juego. Victoria y tres puntos más sería el titular del encuentro. Nada destacable a excepción del gol Sólo momentos puntuales de calidad individual, como un caño de tacón de Xavi. Únicamente expectación por ver las evoluciones de un Song que parece encajar de momento a la perfección. El resto, un correcto partido de fútbol, que hizo que a mediados de la segunda parte llegará a mis oídos el repetitivo y molesto tecleo de las teclas del móvil de mi hija, enfrascada en sus cientos de conversaciones on-line. El partido, Barça y Messi, habían dejado de ser ayer una prioridad. Lo extraordinario se le hizo ordinario.


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jueves, 23 de agosto de 2012

El Bernabéu dictará sentencia.


En el primer clásico de la temporada, el técnico blanco, autobautizado “el único” no hace muchas semanas, parece que ha recuperado y copiado la vetusta  táctica del autobús inventada por Maguregui. Así, en una primera parte anodina por parte de los jugadores blancos, el único recurso ha sido encerrarse en su campo a la espera de un voraz contragolpe ,que aprovechando el adelanto progresivo de la última línea azulgrana les permitiera aproximarse al área de un casi inédito Valdés en los primeros cuarenta y cinco minutos.

Unos minutos en los que el Barça se ha presentado tal cual es. Juego de toque y posición para intentar sortear la infinidad de obstáculos hacia la portería de Casillas. Casi nada nuevo con respecto a estos años precedentes. Aunque es cierto, que si que se han observado algunos tics diferentes que parecen intuir alguna nueva consigna desde el banquillo.

Por un lado la posición de Xavi, más adelanta de lo que es habitual, y en muchas ocasiones ofreciéndose como el verdadero punta del equipo. Se entiende que con el egarense dentro del área se intenta aprovechar su clarividencia en el pase allí donde nadie es capaz de ejecutarlo. Por otro lado, se ha observado una mayor tendencia a intentar lanzar disparos desde fuera del área. No se si es casualidad o si es una consigna clara. Es interesante esta nueva forma de intentar acabar las jugadas de ataque, con un recurso que genera dudas a los defensas haciéndoles salir del área a tapar los posibles disparos de los delanteros rivales. Así, de esa forma se generan huecos a la espalda que pueden ser aprovechados para crear pases en profundidad. Por último, la presión. Una presión que es un sello de identidad de este equipo, pero que parece que se ha recuperado con mayor virulencia e incluso se han ganado metros en la primera línea que la ejecuta.

Con este esquema han discurrido los primeros cuarenta y cinco minutos de partido. Un Barça preciso y al toque, y un Madrid cómodo instalado en sus posiciones defensivas.

En la reanudación los locales han salido con lentitud, y en sólo diez minutos y de la única forma que podía llegar, Cristiano Ronaldo, que parece abonado a su cita con el gol contra los catalanes, y a la salida de un córner ha inaugurado el marcador en el único disparo a puerta de su equipo hasta entonces. Ha parecido activar ese gol a los azulgrana, que en menos de un minuto ha igualado el choque con un renacido Pedro en tareas goleadoras este inicio de temporada. Con la llegada de los goles el partido ha entrado en otra dimensión y se ha desordenado.

Han sido estos unos minutos de dominio blanco, que parecía ver los espacios que dejaba la defensa local. Pero cuando mejor estaban jugando los visitantes, los azulgrana han conseguido hilvanar jugadas de ataque con más facilidad que en la primera parte. Y ha sido en una de esas combinaciones cuando un claro penalti sobre Iniesta  ha permitido a Messi volver a batir a Casillas, en una cita habitual del argentino con la red blanca. El Barça había conseguido rehacerse.

Y con el fuelle de la remontada, y bajo la batuta de un inconmensurable Busquets, los locales parecían querer sentenciar al eliminatoria. Y con un Madrid tocado, Iniesta y Xavi se han encontrado en ataque y han puesto el tercer gol en el marcador. Y con un cuarto de hora por delante parecía que los azulgrana marchaban hacía una nueva gesta en el Camp Nou.

Pero ha llegado el fatídico minuto cuarenta de la segunda parte, y aquí los nombres de Casillas y Valdés han marcado el partido y la eliminatoria. Uno en positivo, evitando la sentencia del título con un paradón a bocajarro a los pies de Messi. El rival en negativo, cuando en un incompresible y repetitivo fallo en su juego de pies, ha intentado driblar a Di Maria en el área y ante la presión de éste ha perdido el esférico dejando en bandeja la resurrección blanca. Y así, un encuentro que parecía decidido se ha tornado incierto.

Y así, con mínima y tensa victoria azulgrana, con los jugadores exhaustos y las ideas agotadas se ha llegado al final de este primer clásico de la temporada. El Bernabéu dictará sentencia.




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sábado, 4 de agosto de 2012

Buenas sensaciones


Se ha impuesto el Barça en el trofeo Ciudad  de Paris, después de empatar a dos la disputa de los noventa minutos reglamentarios, y decidir de forma impecable el triunfo desde los once metros. Ha sido el tercer partido de la pretemporada azulgrana un claro ejemplo de lo que nos va a deparar este equipo a lo largo del año.

Un equipo, que con Tito Vilanova al frente, demuestra que las novedades tácticas son las mínimas y que  conservará todo aquello que lo ha hecho grande. Presión en zona de ataque, y buen trato y combinación del balón son las virtudes que ha mostrado hoy el fosforescente equipo catalán, que ha lucido en el Parque de los Príncipes su segunda  equpaciòn,  como novedad más destacada en este periodo estival, ante la falta de fichajes que mostrar.

El partido ha mostrado dos partes claramente diferenciadas. Una primera con más ritmo y velocidad el balón, atendiendo a la mejor forma física del once que se presentaba. Y una segunda, que aunque teniendo el noventa por ciento de los seguros titulares en el campo, se ha caracterizado por jugarse al tran-tran. Todavía, los Xavi, Cesc,  Iniesta, Pedro o Piqué no muestran el tono físico propicio para la disputa de un partido de este nivel.

Atendiendo a estos condicionantes son varias las lecturas del partido en todas sus líneas. En defensa, queda claro de momento, que la disputa de los puestos de central tiene un titular indiscutible en la figura de Mascherano. Velocidad, anticipación, contundencia, pase en corto o en largo ha sido el repertorio mostrado por el catorce azulgrana. Difícil lo van a tener Puyol y Piqué para reditar su dupla en el centro de la zaga. Y a la espera, Bartra, que en los minutos disputados ha mostrado sus virtudes y defectos. Virtudes que hablan de velocidad y facilidad en la salida del balón. Y defectos, que se han visto en esa falta de contundencia en la marca del empate de los parisinos, en una mala marca al hombre. Parece que nuevamente el juego por alto va a ser este año el talón de Aquiles de la defensa azulgrana.

En el centro del campo, un descubrimiento, o mejor dicho una reivindicación; Sergi Roberto. Si alguien guardaba en alguna caja fuerte cuarenta millones de euros destinados al fichaje de Javi Martínez, ya puede ir pensando en ellos para darles otro destino. Y es que el canterano ha mostrado unas maneras que dejan pequeñas las prestaciones del navarro. Qué más se puede pedir a un centrocampista que pase, contundencia en el corte, recorrido  y profundidad. Este chaval esta llamado a mandar dentro de poco en esa zona del campo. Una zona, que en esos primeros cuarenta y cinco minutos ha visto aparecer a Messi con frecuencia, ofreciéndose en apoyo en la salida del balón y asistiendo a los dos puntas del equipo. Parece que el argentino consciente de que ante la ausencia de Xavi en esa zona, su responsabilidad aumenta en el juego. Puede que en estos fogonazos estemos viendo la posible ubicación del rosarino, cuando con el paso de los años, su velocidad mengüé, y deba explotar sus virtudes en otras zonas del terreno. Tal vez el relevo de Xavi esté en la figura más insospechada.

Y en la delantera, apenas hay cambios. Si alguien tenía dudas del trato que Tito le iba a dar a Messi esta temporada, y si con el cambio de entrenador  la dosificación del argentino podría ser una de las aportaciones del nuevo “mister”, hoy hemos tenido la prueba que la historia continuará de la misma forma que acabo la pasada temporada, y así, Leo ha sido el único jugador en disputar la totalidad del partido. Los otros integrantes de esa línea de vanguardia no han estado hoy del todo brillantes, aunque se vislumbra una necesidad de entendimiento entre Aléxis y el diez azulgrana. Seguro que el equipo saldrá ganando si estos dos jugadores se encuentran con asiduidad en el campo. Siguen a su vez los jugadores obviando el disparo lejano como un recurso para marcar. Sólo la aparición de Cesc en vanguardia ha mostrado este arte.

Está siendo positiva esta pretemporada azulgrana. Una pretemporada sin giras, sin equipos estrambóticos y con buenas dosis de entrenamientos puros. Una pretemporada con partidos de verdad, ante jugadores conocidos y con horarios reconocibles. Una pretemporada que espera el próximo miércoles con otro partidazo, y una nueva piedra de toque que permita confirmar todo lo que de momento muestra el equipo en positivo.  Y si de paso los pequeños defectos que parecen perennes se van mejorando, podemos estar tranquilos ante las prestaciones que veremos esta temporada. Qué poco falta para que empiece lo bueno!!


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viernes, 6 de julio de 2012

Eliminemos el Balón de Oro.


Hablaba en mi último artículo sobre el debate generado en esa carrera alocada por conceder el Balón de Oro. Y apoyándome en mis criterios finalizaba mí escrito con el nombre del que para mí debería ser el ganador sin excepción: Leo Messi.

Pero uno de los comentarios recibidos en este mismo espacio me hizo reflexionar y plantearme escribir nuevamente sobre ello. Dicho comentario abogaba por la eliminación de cualquier premio de carácter individual en  un deporte de equipo. Defendía el comentario que el éxito siempre debería ser de un equipo, y que el juicio de la importancia de un jugador respecto a otro es harto complicado, debido a que sus prestaciones siempre vendrán condicionadas por el resto de jugadores que le acompañan. Finalizaba su participación con una frase lapidaria en la que apuntaba que los deportes de equipo son la más clara demostración que “el todo siempre es más grande que la suma de sus individualidades”.

¿Cómo evaluar quien es mejor? ¿Qué criterio se sigue? El Balón de Oro es la prueba principal de lo variable que resultan los méritos del ganador. En épocas no muy lejanas hubo verdaderas aberraciones en el nombre del ganador. Y es que los años de Mundial y Eurocopa hacían que éste fuera siempre un integrante de la selección ganadora, dejándolo todo a expensas de siete partidos. De esta forma, jugadores con temporadas gloriosas quedaban al margen por un mal papel de la selección que representaban. No hace falta recordar nombres, pero así a bote pronto, Sammer o Cannavaro son los principales ejemplos. O Owen, que descabalgó al mejor Raúl en el último momento, haciéndole además así la competencia en su equipo, en aquella época en la que el Real Madrid fichaba según la tasación del valor del Oro.

A raíz de este comentario, me fui fijando en muchas de los argumentos que diferentes opiniones daban en diferentes medios, y muy pocos hablaban de calidades individuales como criterios para conceder tan deseado premio. Qué si la conquista de la Liga, hoy según Florentino Pérez la mejor de la historia. Qué si la Eurocopa debería pesar más que cualquier otro título. Qué si Messi fuera del Barça era un jugador mediocre que no aportaba nada a su selección, y que sus prestaciones en blaugrana tenían mucho que ver más con la calidad de Xavi e Iniesta que con las suyas propias. Y así, entre unas opiniones coherentes, otras dudosas y otras totalmente demenciales, cada vez me acordaba de mi “Anónimo” particular y le tenía que dar la razón. Eliminemos ese premio!!!

Para los premios individuales ya existe la Bota de Oro, el Zamora, el Pichichi y todos aquellos que se basan en datos plenamente objetivos. Nadie puede dudar que este año Messi es Pichichi y Bota de Oro, y nadie puede decir que Victor Valdés no merece el Zamora. Aquí no hay discusión. Ahora, sería plantear quien es el merecedor del Guante de Oro, y seguro que aquí ya empieza el debate.

Por ello creo que se debería empezar a plantear la entrega de tan prestigioso trofeo a nivel de equipos, y así al final de cada año, y de acuerdo a un criterio de puntos, establecer el mejor equipo del año, y otorgar un Balón de Oro gigantesco al mismo. Puntos que se podrían dar en función de la participación en todas las competiciones estableciendo valores diferentes según se consigan.

Así, y teniendo en cuenta este criterio, el F.C. Barcelona y Real Madrid se encontrarían en la disputa de este nuevo premio que ahora defiendo. Con un título cada uno, y con la Liga merengue con más peso que la Copa del Rey azulgrana, y habiendo alcanzado ambos equipos las seminales de Champions, los próximos seis meses serían apasionantes para ver quien se hacía con la SuperCopa y el máximo número de puntos en Liga. De esta forma, cada partido contaría en una competición paralela en un todos contra todos ficticio, que al final del año premiaría al mejor, y con ello, a los jugadores que lo han hecho posible.

Sería esta la forma de valorar de forma justa quien es el mejor, contando los Balones de Oro conseguidos a partir de los triunfos de los equipos en los que ha participado. Claro que así, se acabaría el debate, y a veces, sólo a veces, es tan bonito discutir….


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lunes, 2 de julio de 2012

Un debate continuo.


Desde que Vicente Del Bosque ha accedido al cargo de seleccionador, ha vivido instalado en la crítica perenne. Una crítica que le acusa de no saber conjugar con criterio las virtudes de sus seleccionados, y que ven en sus planteamientos una forma rácana de entender este deporte, basando más su estrategia en la contención que en el ataque.  

Y cierto punto de razón llevan esas críticas, ya que su inamovible e indiscutible, para él, doble pivote le aleja del concepto original de juego del que mana este equipo. Un concepto de juego pensado para y por jugadores acostumbrados a atacar y que están habituados a vivir en campo contrario y al límite del área grande de su oponente. Una estrategia de juego que hace de la presión en campo contrario su máxima virtud defensiva, y que busca la recuperación del balón en las cercanías de la portería rival. Una concepción futbolística que se basa  en el continuo movimiento del balón y en el apoyo y movimiento constante. En definitiva, una nueva evolución de este deporte que lleva consigo una denominación de origen; la del F.C. Barcelona.

Por ello, sin duda alguna, sus seguidores se encuentran estafados ante la propuesta del salamantino, que reniega de uno de los principios básicos de este tipo de juego. Un único pivote defensivo, que conjuga toque y posicionamiento táctico como principales virtudes y que consigue, arropado por el resto de centrocampistas hacerse con el manejo del juego y del balón.

Por otro lado, y entendiendo que el modelo del equipo catalán se rompe con ese planteamiento, los defensores del otro modelo ven en el “falso nueve” un guiño hacía la filosofía blaugrana. Ese otro modelo habla de un delantero centro nato, corpulento y que fija a los centrales cerca de su área, de forma que, así, se generen espacios en el centro del campo, y se tenga una referencia en la que apoyarse. El “falso nueve”, descubierto por Guardiola y llevado a su máxima expresión por la figura de Messi, busca todo lo contrario. Engañar y distraer. Ir y venir. Movimiento e improvisación. El objetivo es crear dudas en los marcadores entre ir o esperar. Seguir o flotar. Y así, busca sacar de su espacio natural a los férreos defensores que allí tienen su hábitat, y generar pasillos por los que colarse los interiores o laterales.

Y así, el debate entre unos y otros se abre. Unos desean un único pivote y el falso nueve como modelo. Otros el doble pivote y un nueve nato. Los menos un híbrido. Y casi nadie apuesta por el modelo mostrado, que es en definitiva el que defiende el seleccionador.

Ayer con ese modelo, después de un Europeo un tanto pobre ofensivamente, pero casi perfecto defensivamente, la selección española se salió. Y lo hizo porque consiguió unir, al toque y al posicionamiento el concepto de profundidad. Pases verticales y horizontales se conjugaron y propiciaron un dinamismo en el juego no visto en todo el torneo.

Muchos veremos ahora, el sello azulgrana en la final de este Eurocopa. Yo el primero. Y defenderemos la idea, abogando por ese juego de toque que sólo hemos visto hacer a los azulgranas en su equipo. Un juego que les ha aupado a las más grandes cotas y que ha hecho posible que muchos de los jugadores portadores de la zamarra blaugrana, hayan conseguido en estos cuatro años todos los títulos posibles en su profesión.
Otros sin embargo, huirán de esta idea, y defenderán las reminiscencias madridistas en el juego de la selección. Y apoyaran su teoría en la portería, en la que un Casillas inconmensurable ha atajado cualquier atisbo de posible problema en aquellos momentos en los que el juego decaía. Defenderán la presencia de ese doble pivote, y de Xavi Alonso como elemento discordante en esa manera de entender el juego. Sus desplazamientos largos y cambios de orientación serán sus armas.

E incluso habrá algunos que anclados en el pasado, seguirán defendiendo la furia y los “cojones” como el máximo valor del equipo. Y recordando a Pirri, como máximo exponente de una generación ya casi olvidada, harán de Sergio Ramos su bandera, y defenderán su manera de entender este juego. Potencia, intimidación, valentía, y un punto de insensatez.

Y así, unos y otros llegaran al Mundial del 2014 defendiendo estos mismos teoremas. Yo también tengo uno, y es aquel que dice, que un equipo que conjugue a Iniesta y Xavi al máximo nivel es casi invencible. Y por suerte a estos, los culés los vemos cada domingo vistiendo nuestros colores. Ya queda menos para que comience la temporada y volvamos a ver juntos a nuestros “locos bajitos”.


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martes, 10 de abril de 2012

Jugar con doce

Normalmente esta expresión es utilizada por aficiones y medios para justificar la derrota de un equipo frente al rival, abogando por el favoritismo arbitral que el vencedor ha recibido, y que hace del árbitro el duodécimo integrante de la alineación del equipo.

En el último partido de los azulgrana disputado en el Camp Nou, por suerte, no hubo lugar para la polémica, y por fin, después de un partido de los azulgrana la red social Twitter tuvo su descanso, y el hastag #roboalgetafe perdió su sentido. No, contra los madrileños los azulgranas no jugaron con doce por los favores arbitrables. Lo hicieron porqué además de formar con un once casi de gala, el equipo salió al campo con un integrante de más, intangible pero eficaz: la intimidación.

Ver Luis Garcia, el técnico visitante, la alineación azulgrana en la pizarra y dar por finiquitado el partido fue todo uno. La rueda de prensa dada por el entrenador rival fue uno de los máximos elogios recibidos por el equipo esta temporada. Y es que tal como reconoció, la presencia de los Xavi, Iniesta, Busquets y Messi le hizo ver la imposibilidad de sacar nada positivo en su visita a Barcelona. “Con esos once es imposible hacer nada”, “El ritmo del balón es infernal”, “No hemos llegado a dar ni patadas”, “Mis jugadores están extenuados de correr detrás de un balón que no paraba de moverse”, “Este once es imbatible”, “Al resto sólo nos queda la opción de no mojar el césped”…, fueron frases repetidas durante su comparecencia ante los medios, en la que puede ser la mayor loa de un entrenador rival esta temporada. “Con estos, no es lo mismo, no es lo mismo….”, no cesaba de repetir.

Y claro, con esa mentalidad, el equipo cerró filas ante su portero, y con una técnica más propia del balonmano que del fútbol, espero pacientemente a que la circulación del balón de los azulgranas no fuera lo fluida que acostumbra. Supongo que Guardiola habrá tenido alguna charla con Xavi Pascual, técnico de la sección de handball del equipo, ya que la táctica utilizada fue similar a las de ese deporte. Dos extremos abiertos, circulación de balón de lado a lado por fuera de los nueve hombres que se acumulaban en la parte central de área, abertura del campo y pases interiores a los “pivotes”.

Y así, uno tras otro, fueron generándose las ocasiones y los goles. Así, pacientemente el equipo puso una piedra de toque más en una remontada que hace poco a algunos, entre los que me incluyo, nos parecía una utopía, y que hoy, nos hará sentarnos delante de la televisión a ver el derby madrileño con una sonrisa en los labios. Así, con una exhibición de controles, fintas, pases, cortes, anticipación, desborde, regates, el equipo dio su particular homenaje a su número veintidós, que en ese momento estaba sometiéndose a su particular desafió. Así, se cerró un partido, con once jugadores, más ese intangible, que hace que verlos salir por el túnel de vestuarios, haga que los rivales piensen que los noventa minutos van a ser muy, pero que muy largos.

El Barça, además juega con doce, porqué tiene jugadores que aunque llevan un único dorsal en la espalda, parece que lleven dos.

Puyol, que igual que defiende, ataca. Igual que sella la banda, cierra el centro de la defensa en apoyo a su central. Qué corre igual en el minuto uno que en el noventa. Que le da lo mismo si el resultado es ajustado u holgado. Puyol, un lateral / central que abarca más campo el sólo que el resto de jugadores de su zona.

Busquets, que con la táctica del 3-4-3 actúa de perfecta ancla, y que se sitúa en esa zona indefinida entre la defensa y el centro del campo. Qué igual que organiza, destruye. Qué igual que dibuja pases milimétricos, es contundente en el repliegue. Qué igual que asiste, corta. Qué igual que dirige, corrige. Es un medio / central que acapara más minutos de posesión del balón, que el resto de los diez integrantes del equipo contrario.

Y Messi, que ante el Getafe no formó tripleta atacante. Jugó de…., lo que le dio la gana. Ahora entre líneas, buscando al último defensor en espera del último pase. Ahora retrasado, en ayuda de los tres centrocampistas azulgranas y como un elemento más en la distribución del balón. Ahora en banda, en la izquierda, en la derecha. Ahora asistente, ahora goleador…, y al final malabarista. Madre mía si entre el último intento de jugada del argentino. Debió ser el recuerdo de su gol estratosférico de hace cinco años, y la necesidad de superarlo. Messi, ese medio / delantero / extremo que requiere toda la atención de las líneas defensivas, y que condiciona cualquier estrategia de sus rivales. Messi, una leyenda de veinticuatro años a un paso de convertirse en el mayor goleador que una temporada ha dado. Müller está preparándose para bajar de ese trono.

Ahora quedan seis partidos, seis finales en las que sólo un resultado es posible. Ganar. No hay lugar para la especulación, no hay sitio para relajarse. Seis partidos a todo trapo, que en caso de conseguirse pondrán muy, muy cerca aquello que Guardiola, y la mayoría de aficionados culés,  hace más de un mes decíamos que era imposible. Pero jugando con doce es más fácil. Espero que nadie impugne por ese motivo los partidos de los blaugranas. Nos vamos a divertir!!!!
  
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martes, 3 de abril de 2012

La noche de Guardiola

En el día posterior al hito de llegar a la disputa de la quinta semifinal consecutiva en Champions, los jugadores azulgranas coparán la mayoría de comentarios y calificativos. Se hablará de Messi, y de sus cincuenta y ocho goles en la temporada, se hablará de Xavi y Cesc, que aguantaron un centro del campo azulgrana después de un período de convalecencia, se hablará de Mascherano, pletórico, de Busquets, omnipresente y de Iniesta, otra vez talismán. Todos ellos, fueron protagonistas, pero para mí, esta vez, la persona más influyente en la eliminación de los italianos, no estaba en el césped vestida de corto. Se encontraba en la banda, y desde allí dirigió con maestría el destino del equipo: Pep Guardiola.

Y es que su discurso ya fue profético antes de iniciarse el choque, augurando un Milán más ofensivo del que se preveía, y la necesidad de salir con todo en ataque para contrarrestar el posible gol que los italianos pudieran marcar. Y tal como Pep debió imaginarse el partido en su pizarra, se desarrolló.

Son muchas las veces que se discute la influencia que tienen el entrenador en un partido. Se le suele cuestionar en la derrota y minimizar en la victoria. Incluso los mismos entrenadores, salvo excepciones, suelen admitir su culpa cuando un planteamiento no ha dado el resultado esperado. También los “misters”, salvo las mismas excepciones, ponen la cara de sus jugadores delante de la suya ante los éxitos conseguidos. Pues bien, ayer el planteamiento de Guardiola durante el partido, rayó la perfección, y pareció seguir unos parámetros claramente definidos.

Parámetros que pintaban un equipo abierto a las bandas, con Cuenca y Dani Alves como extremos, de forma que los laterales italianos debieran abrirse, y dejar huecos en los pasillos interiores por los que circulara el balón. Parámetros que definían un centro del campo lleno de jugadores tocadores, que posibilitaban la posesión del esférico ante la acumulación de jugadores milanistas en esa zona. Parámetros que configuraban una línea defensiva de tres, dando a entender al equipo, que esa noche la consigna era sólo una: atacar.

Y así fue de inició, porqué en menos tiempo del que se tarda en contarlo, Messi, que como siempre acaparaba la totalidad del juego de ataque, tuvo dos claras ocasiones de gol antes de que en el minuto 10, él también, robará el balón por dos veces y se generará el primer penalty de la noche.

Tan bien iban las cosas, que aplicando el popular dicho que insta a no tocar aquello que funciona, Pep, que ya había roto el partido con esa salida en tromba, decidió seguir con la misma línea de actuación, esperando que un segundo gol sellara casi definitivamente la eliminatoria. Sin embargo, no sucedió de esa forma, y el Milan, que atesora una gran calidad en sus jugadores de vanguardia, supo sacudirse la presión azulgrana y empezó a generar peligro. Cada robo del balón ponía el “ay” en la defensa azulgrana, que veía como sus oponentes llegaban en superioridad numérica a los límites del área. Sólo en buen hacer y la agresividad de la línea defensiva azulgrana, posibilitaba que el último de los pases no tuviera su efecto. Y no lo tuvo, hasta que rayando la media hora de juego, Ibra conectará con Nocerino dejando al Barça por momentos fuera de Europa.

Pero si de algo debemos sentirnos orgullosos los culés, es de seguir a un equipo que nunca baja los brazos. Y así, sabiéndose con una hora de juego por delante se volvió a la carga para poner las cosas en el sitio que la calidad y situación del partido merecían.

Fue ponerse el Barça por delante, y esta vez, sí, esta vez Pep concluyó que ya bastaba de alegrías ofensivas. Recuperar la línea de cuatro defensas, y volver al esquema básico del equipo dio la sensación de seguridad que durante veinte minutos de juego se había perdido.

La segunda parte fue algo más pausada, con más toque y posesión, y con menos idas y venidas alocadas de campo a campo. Busquets fue clave en ese período, ya que a medida que transcurrían los minutos fue quedándose como el mariscal del centro del campo. También gestionó Guardiola de forma perfecta los cambios de los centrocampistas de creación azulgrana, dando a medida que pasaban los minutos más empaque y fuerza física a la línea de tres del centro del campo azulgrana.

Y casi sin darnos cuenta, Iniesta, otra vez él, certificó el pase a unas semifinales que esperan el regreso a Standford Bridge del manchego, esperando poner al equipo en la rampa de lanzamiento de lo que supondría un hito histórico en la competición: repetir título.

Y como apunte final, me gustaría darle, por una vez, y sin que sirva de precedente  la razón a Mourinho. Porqué si en una eliminatoria en la que el Barcelona supera los treinta chutes a portería, por los menos de diez de su rival, alcanza casi el setenta por ciento de la posesión en su totalidad., juega las tres cuartas partes del tiempo total de juego en terreno contrario, convierte a Abbiati, para más señas portero rival, en uno de sus jugadores más destacados y falla hasta tres unos contra unos cantados, el hecho más comentado es que en la red social Twitter el trending topic de la noche fuera #roboalmilan, es que tal como dijo el año pasado el portugués, dedicarse a veces a vivir de este mundillo debe dar un poco de asco.

 
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