“Si
tú tienes el balón, el rival no lo tiene” Esta frase tan obvia es el
paradigma principal que resume el fútbol según Cruyff. El holandés hizo de ella su
lema y la llevó hasta sus últimas consecuencias. Tan simple como se ve a simple
vista, va más allá de lo que parece. Lleno está el fútbol de frases tópicas que
analizan en un solo predicado el fin de una táctica. “La mejor defensa es un buen ataque”, “Marcar un gol más que el contrario” son ejemplos de ellas. Con esta
simple aseveración la filosofía de Cruyff
dice que si un equipo tiene el balón, como sólo hay uno, no recibirás
ocasiones ni goles en contra, ya que el contrario se encuentra sin
posibilidades de ello. La mejor defensa es tener el balón, y el mejor ataque también.
El balón es el centro de todo, y el que rige los movimientos del equipo.
Muchos son los técnicos que basan su concepción
del partido en función del rival. Lo estudian, lo analizan hasta sus últimas
consecuencias e intentan preveer cuales serán sus movimientos. En función de
todos esos gráficos, informes, variables, y condicionantes elaboran una
estrategia de juego. Con Cruyff, y
sus posteriores herederos, todo parece mucho más simple. Yo tengo la pelota, la
muevo, la vuelvo a mover y genero situaciones de superioridad en una zona del
campo, que me permita así llegar en pases cortos y triangulaciones a la
portería contraria. Toque, toque y toque hasta aburrir al rival.
Y para que este tipo de juego sea efectivo necesita
un ingrediente fundamental. La velocidad en la circulación del balón. Piernas
frescas y mente ágil son los fundamentos básicos en la ejecución de los pases.
“Si tocas una vez, juegas muy
bien. Si tocas dos, bien. Si tocas tres, mal” era otro de los axiomas
que Johan incorporaba a su particular decálogo futbolístico.
El dominio azulgrana en estos últimos cuatro años,
ha hecho que muchos equipos hayan volcado sus miradas hacia ese tipo de juego,
que encandilando a Europa ha generado escuela. Y así, las cuatro selecciones
semifinalistas en esta edición de la Eurocopa se han postulado de forma clara a
favor de esta táctica. Alemania, con una generación de jugadores técnicos y
jóvenes demostró ante Grecia como romper una cerrada defensa. Italía, ante el arquetipo de
juego totalmente inverso presentado por los ingleses, demostró que a pesar del
empate si alguien estuvo cerca de la victoria fueron ellos. Portugal, es un híbrido que mezcla
velocidad en la transición, con la ya histórica pausa del juego luso. Y España, que comandada por los
centrocampistas azulgrana no sabe jugar de forma diferente a la que presenta.
Y es precisamente, esta última selección la que
despierta más debates en cuanto a su forma de juego. Parece contradictorio que
sea precisamente la selección compuesta
por mayor número de jugadores del F.C. Barcelona, a la que se le discuta
esta manera de afrontar la competición. Epítetos como “aburrido”, “anodino”,
“previsible” y “lento” se pueden leer estos días en muchos de los diarios de la
prensa deportiva y en muchos de los debates que genera un evento de estas
características.
Y es que muchos parecen haber olvidado otro de los principales paradigmas
de este deporte “El fútbol es un juego al que se juega con el cerebro”. Y el cerebro dice
que la mayoría de los integrantes del once español han llegado a esta
competición con miles de minutos en sus piernas. Han llegado a junio habiendo
disputado todos los títulos de la temporada y con una sobrecarga emocional y
física importante. Han llegado al límite, y faltos de frescura, hacen del
“saber hacer” y de la competitividad sus mejores argumentos.
Del Bosque, consciente de ello, ha optado por tener el balón. Sin
más. No aspira a un movimiento rápido del mismo. No pretende llegar de forma
rápida al área contraria. No desea un ritmo vertiginoso. Posición y posesión se
conjugan y en un campo de treinta metros de largo disputa su partido. Sin
prisas, lento. Sabe que sus jugadores no están para grandes despliegues. Y se
aferra a la inmensa táctica de éstos, con el objetivo de dejar pasar la mayoría
de los minutos en una especie de descanso activo, que permita disputar veinte o
treinta minutos de riesgo en los que espera decidir sus partidos. Y así, a
minutos de alto ritmo, pocos, le suceden minutos de tedio y pausa, que además
de aburrir al contrario, aburren al espectador.
Y en las ganas de menospreciar un
modelo triunfador que identifica los éxitos de este equipo con la filosofía
azulgrana, el debate se torna agrio en torno a este juego de posesión, que si
que es cierto, no brilla como en el modelo original. Será curioso leer y
escuchar las crónicas después del próximo partido, donde el clásico de la Liga
BBVA se traslada a Kiev.
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