La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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viernes, 8 de marzo de 2013

Turbulencias.

Parecía un viaje de placer. Un despegue algo brusco, y con cierto aire en contra hizo que el inicio fuera algo lento. Pero sorteados los primeros impedimentos, con viento a favor, y un ambiente del todo despejado, el avión puso rumbo a velocidad de crucero hacia su destino. Un destino que parecía iba a ser alcanzado con mucha antelación versus el horario previsto.

El pasaje viajaba confiado. Entre risas y bromas parecía que lo que acostumbraba a ser una larga travesía plagada de dificultades, iba a ser esta vez una anodina aventura con final feliz. El piloto, que debutaba como comandante de la nave, parecía solvente, incluso en ocasiones más que su antecesor. Su copiloto, al igual que él en anteriores travesías, permanecía en segundo plano, apoyando en las tareas que se le requerían.

Y en mitad de la travesía un giro inesperado en forma de enfermedad del comandante, pareció distorsionar el placentero trayecto. Pero sin nubes ni tormentas, el avión seguía su curso de forma anodina, y parecía que incluso en modo “piloto automático” sería capaz la compañía de cumplir con los horarios previstos

Pero cómo en cualquier viaje de larga duración el tiempo cambió, y las nubes se tornaron negras, el aire sopló violentamente en contra, y el avión entra en una gran tormenta, que llena de turbulentas le hace vibrar. Y así, aquello que hasta entonces se había transcurrido sin sobresaltos se convierte en un suplico para la nave azul y grana, ahora ya en manos del segundo, viendo que la indisposición del comandante ha ido a más.

El pasaje, acostumbrado a los parabienes de las horas previas, no parece darle demasiado importancia a los primeros vaivenes, intuyendo que éstos serán ocasionales, confiando plenamente tanto en lo magnánimo del tiempo, que hasta el momento había ofrecido dificultades, cómo en la capacidad del nuevo piloto y su equipo. La calma se instala a la espera del transcurrir de la tormenta.

Pero esta no finaliza, y lo que parecía la antesala de una ligera vibración, es ahora un vuelo lleno de dificultades que amenaza no ya sólo los pronósticos iniciales que hablaban de un éxito antes de tiempo, si no incluso se habla de una posible debacle en forma de aterrizaje de emergencia. Parece que son pocos los que confían en el nuevo comandante y su equipo, y ya se oyen voces al fondo del inmenso aparato que auguran la tragedia.

Es el momento de la calma. Es el momento en que todos apoyen al que guía la nave. Es el momento en que piloto, equipo y pasaje confíen en sus propias posibilidades y dejen de escuchar las órdenes, que con toda la buena intención les envían desde una lejana torre de control. Sólo “in situ” se sabe la magnitud de la tormenta, se aprecian las acometidas del aire y las necesidades de tomar las decisiones de forma directa y no diferida.

Sólo así, confiando en el que actualmente está al mando, el runrún continuo que todavía se oye de fondo desaparecerá. Ya habrá tiempo, cuando el titular del aparato se recupere, que éste tome el mando. No convirtamos un estupendo viaje en un tortuoso camino. Y recordemos que en cualquier travesía lo importante es llegar.
Sentémonos todos en nuestra butaca y otorguemos nuestra tranquilidad a los que comandan este inmenso aparato. No nos movamos, chillemos y gritemos dificultando así las maniobras que permitirán salir al aparato con el morro alzado de las nubes negras que le rodean.

El parte meteorológico habla de una nueva tormenta que se acerca desde Italia, con viento de Levante, y presagia nuevas ventiscas de cara. Sólo entrando en ella a todo trapo, y conduciendo con firmeza se podrá superar. Una vez hecho, parece, y digo parece, que el panorama se aclara, y el pasaje podrá volver a disfrutar de la travesía. Seguro que los negros nubarrones se aclaran y el sol vuelve a lucir. La primavera está próxima.




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martes, 22 de mayo de 2012

¿La mejor Liga del mundo?


Me hace gracia ver como en un intento publicitario de promocionar el espectáculo de la Liga BBVA, ésta se califica como “la mejor Liga del mundo”. Y me hace gracia porque si observo los datos de la recientemente finalizada edición, éstos me dicen que estamos muy, pero que muy lejos de este eslogan.

Para mi, la mejor de las ligas debe cumplir un requisito principal Ha de ser emocionante, ha de ser disputada, y ha de dar partidos de alto nivel semana tras semana. Como seguidor culé, obviamente sigo todos los partidos de mi equipo, y si puedo, intento estar al tanto y observar las evoluciones de nuestros máximos rivales, que en este caso, y desde hace ya casi un lustro se limitan a un único adversario: el Real Madrid.

Resulta descorazonador, y muy aburrido sentarse ante la pantalla del televisor con la ilusión de ver un partido disputado, y observar como a las primeras de cambio, e independientemente del rival al que se enfrentan los dos grandes, los encuentros quedan dilucidados en apenas media hora de juego. Son pocas las ocasiones en las que la disputa del partido me ha tenido en tensión durante los noventa minutos. Son mínimas las veces en las que he dudado de la victoria de cualquiera de los dos equipos. Son escasas las oportunidades en que se han podido contemplar partidos en un auténtico “tú a tú”.

Es cierto que ambos equipos tienen en sus filas a los siete u ocho de los diez mejores jugadores del mundo, que con una calidad contrastada nos ofrecen pinceladas y lujos al alcance de muy pocos. Una filigrana de Messi, un disparo estratosférico de Ronaldo, la magia de Iniesta, la visión de Xavi, un paradón de Casillas o un corte in extremis de Puyol nos despiertan a veces del letargo en el que a veces caen muchos de los partidos.

Es cierto que los números presentados por los dos máximos artilleros de la Liga son estratosféricos, son lo nunca vistos, y parecen que van a perdurar en el tiempo. Pero yo a su vez me pregunto, si estos números son así por la verdadera valía de quienes los consigue, o por la debilidad defensiva que muestran en ocasiones sus rivales. No pongo en duda la calidad ni de Messi, ni de Cristiano Ronaldo, para mí, dos superclases a la hora de definir, pero si que creo que los restantes equipos a los que se enfrentan tienen un bagaje defensivo muy pobre.

Y sólo hace falta remitirme a unos datos que deberían hacer reflexionar, y hacernos ver que algo ha de cambiar:

  • Más de treinta puntos de diferencia entre el primer y cuarto clasificado. No olvidemos que el cuarto clasificado tiene derecho a disputar la Champions, y que en las últimas ediciones, éste ha caído ya en la fase previa. No hablemos ya del papel del Villarreal este año, que no ha conseguido ni una sola victoria en la liguilla preliminar. No existe nivel para la máxima competición europea más allá de los dos grandes.
  • Apenas veinte puntos de diferencia entre el cuarto clasificado y la lucha por el descenso. Es la otra Liga, la de la emoción, la de los partidos igualados, pero que por el contrario adolece de la calidad necesaria para llamar la atención del espectador neutral.
  • Con estos números y esta diferencia, Barça y Real Madrid podrían empezar a disputar el campeonato en la jornada diez, y aún así seguirían optando a las dos primeras posiciones. ¿Qué pasaría si en cualquier Liga Europea un equipo iniciara el campeonato con -30 en el casillero?. El descenso estaría asegurado. En la Liga BBVA sería campeón.
  • Los registros de Messi y Ronaldo superan a los de más de la mitad de los equipos. Cómo ya he dicho antes, este dato, que dice mucho a favor de los dos delanteros, dice más bien poco a favor del resto de delanteras.
  • Y el resto de equipos, exceptuando el Valencia, han marcado menos de la mitad de goles que los dos grandes. Así, no es de extrañar que las manitas, los hat-tricks, los poker y demás registros escandalosos sean de uso común cada fin de semana, alejándolos de la excepcionalidad.

Por todo ello, creo que a pesar de haber disfrutado de un campeonato mediático, polémico e intenso, hemos estado muy lejos de vibrar con él. O al menos yo lo he visto así. Y la sensación final que me queda es la de aburrimiento. Y cómo consecuencia, la falta de atención a lo que sucede en el campo, hace girar en ocasiones el interés informativo hacía otras parcelas de los equipos, buscando en ellas la atención del lector y el espectador, que cada fin de semana lee unas crónicas que a tenor de la repetición de los guarismos, se vuelven repetitivas.

Y lo que más me preocupa es que creo que esta situación lleva camino de perpetuarse e incrementarse. No estamos muy lejos de aquellos años en los que las Ligas de baloncesto se decidían en un doble enfrentamiento entre catalanes y madrileños, convirtiendo el resto del campeonato en un mero trámite. La salida, para mi, es globalizar la competición, y al igual que surgió la Unión Europea, el mapa futbolístico ha de seguir unas pautas parecidas. Aunque utilizar esta comparación a día de hoy puede que no sea el momento más oportuno, ¿verdad?. Al menos, si se diera, casi podríamos asegurar que la victoria no siempre sonreiría a los alemanes, ¿no?


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jueves, 3 de mayo de 2012

Colorín colorado.

Con la contundente victoria de ayer en “La Catedral” el Real Madrid sella su trigésimo segundo título de campeón y pone fin a este cuento que empezó ya hace unos lejanos ocho meses. Con este triunfo el equipo merengue deja de lado ese estigma azulgrana que le atenazaba, y que le hacía verse inferior ante la superioridad en juego y títulos que su principal rival había demostrado en temporadas precedentes.

Ahora, destronados los azulgrana de ese pódium ganado por derecho, los blancos, que han vivido esta temporada sumidos en la confrontación continua y el estrés, puede que alcancen ese punto de tranquilidad que a veces les pierde. Ha sido una Liga tensa, muy tensa. Ha sido la Liga de la presión al colectivo arbitral, la Liga de la pegada, la Liga más bipolar que nunca se haya dado, la Liga de Mourinho, la Liga del fin de Guardiola, la Liga de los récords de Messi, la Liga de los silencios, la Liga de los récords blancos, la Liga de los penaltys, la Liga de las manos.

Desde el lado culé en el que me encuentro, da rabia la victoria blanca. No creo que ese sentimiento sea muy diferente al que siente cualquier aficionado por la victoria de su máximo rival. Tenía la sensación a principios de temporada que el título liguero era uno de los más seguros para los azulgrana. La superioridad del juego, y la hegemonía de estos jugadores en los años precedentes así me lo hacían ver. Y no pensaba que en la disputa de treinta y ocho jornadas nadie nos pudiera hacer sombra. Y no ha sido así.

No ha sido así por varios factores. Uno de ellos atribuible al mismo equipo azulgrana. Parecía que el campeonato se ponía a sus pies en las primeras diez jornadas, cuando aprovechando los tropiezos blancos contra el Levante y el Racing de Santander el equipo se encaramó a la primera posición dejando a su rival en una situación alarmante. La crispación se adueño del territorio blanco y parecía que el fin de Mourinho podía estar próximo a poco que las cosas fueran mal dadas. Pero no fue así, y entre tropiezos propios y aciertos ajenos los blancos se recuperaron y pusieron tierra de por medio. Y a mediados de febrero pusieron tanta que parecía imposible poder recuperarla.

El Barça este año no ha tenido el punto de frescura de temporadas precedentes. Le ha costado imponerse fuera de su estadio, y el empate ha sido cosecha común en sus visitas. Y en una Liga a la escocesa, en la que los rivales apenas tienen armas que oponer a los dos grandes, los resultados negativos se pagan. Y vaya como se pagan. En los últimos partidos, y ya con todo decidido parece que aquel equipo vivaz ha vuelto. Parece que las piernas hayan soltado lastre y se ha recuperado la rapidez en la transición y en la circulación del balón. Y aunque algo tarde, parece que el equipo llegará con fuerzas a la disputa del último título de la era Pep, haciendo posible un 14 de 18 antológico.

Decía que ha sido la Liga de la pegada. Para mi otro de los factores determinantes. Sin un juego tan elaborado ni preciosista como el azulgrana, los blancos necesitan muy pocas cosas para cerrar un partido. Un robo de balón, una salida fulgurante por el medio, apertura a las alas, centro y gol puede ser la reseña de un alto tanto por ciento de los goles conseguidos esta temporada. Goles que han superado todos los récords y que les han llevado a lo más alto. Un estilo de juego, si se quiere, lejos del arquetipo de los llamados equipos grandes. Un estilo de juego basado en las contras, y más asociado a equipos de un perfil más bajo. Pero un estilo de juego que les ha llevado a superar situaciones complejas con facilidad y contundencia. Allí donde los culés pensábamos que podía llegar un tropiezo blanco, más era la contundencia del resultado a favor de éstos. El último partido que certificó el alirón es una muestra.

Ha sido la Liga de los silencios. El de Mourinho, autoimpuesto por aun no sé muy bien porqué. En una confrontación contra todo y contra todos, parece empeñado el portugués en hacerse notar. Ahora hablo, ahora no hablo, en un constante duelo dialéctico con la prensa contraria, la afín, y hasta con la afición. Es la del técnico portugués una posición que no acierto a entender. Ese rictus de cabreo constante, esa manera de enfrentarse, ese constante recuerdo a su rival. Esa perenne manía de la queja. Ha sido volver a los micrófonos, y volver a acordarse de Messi, de Guardiola. Ha sido volver a la sala de prensa y volver a hablar de sus éxitos y victorias en un repaso sistemático de su currículum. Ha sido verse ganador y lanzar un toque de atención a su propia afición. No entiendo a Mourinho.

Y silencio de Guardiola tal y como él mismo reconoció ayer. Silencio que ha tapado desde la sala de prensa culé otro de los temas estrellas de esta temporada: la polémica arbitral. Polémica que viene heredada por la constante puesta en duda de los éxitos de los azulgrana en estos últimos años, y que ponen a Villar y Platini como a los verdaderos artífices de los triunfos culés. Villaratos y Platinatos han sido las palabras más repetidas en estos tres últimos años, y parece que la presión ha surtido el efecto esperado. Pocas han sido las referencias de Pep y su equipo a este tema, pero si que es cierto que existe entre la afición blaugrana y el equipo la sensación de que el trato por parte del estamento arbitral podría haber sido diferente. Errores puntuales en situaciones límites han puesto alguna que otra piedra en el camino culé. Y ante unos resultados más ajustados que en temporadas precedentes, alguna de ellas han dado lugar a tropiezos inesperados.

Ahora, con el fin de este cuento, que no ha tenido final feliz para las huestes azulgrana, sólo queda felicitar al rival, y esperar ganar el título que nos falta. Espero ya con ansia la continuación de esta historia, y que el capítulo vivido sólo sea un periodo de bajón del cual resurgir con más fuerza que antaño. El próximo cuento no tardará mucho en publicarse.


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martes, 17 de enero de 2012

Un toque inimitable.

Ayer se presentó en primicia el nuevo anuncio de uno de los principales patrocinadores del equipo azulgrana, que hace del buen gusto y la originalidad la bandera de cada una de sus mini-producciones.
En esta nueva entrega, se hace hincapié en el carácter único del club, y de cómo éste se ha convertido en una pieza única e inimitable en el concierto futbolístico mundial. Y todo ello girando alrededor de tres vértices de un perfecto triángulo equilátero sobre el que se apoyan las bases de su concepción: afición, cantera y equipo.

En el primero de los vértices, en una de las bases, como uno de los pilares en los que se sustenta todo se encuentra la afición. Una afición dotada de una idiosincrasia especial,  que hace del barcelonismo su bandera y una forma de vida. Una afición que vive los partidos de su equipo como una de las partes más importantes de la semana, y que aupa a los altares o destierra a los infiernos, sin encontrar el término medio, cualquier acontecimiento. Una afición, a la que años de triste historia, cada mal resultado le hace revivir épocas pasadas no tan gloriosas, y temerosa, no vive tranquila, esperando que las luces actuales no se apaguen y los tiempos oscuros vuelvan a invadir el Camp Nou. Pero una afición entusiasta, plural, orgullosa de ser quien es, en la que todos caben, y que espera ilusionada que cada fin de semana el Barça, su Barça, le regale una nueva exhibición de juego.

En la parte opuesta de la base, y en el vértice contrario, se apoya la cantera. Una cantera que también ayer firmó con la Generalitat un acuerdo que permite potenciar la cultura entre los jóvenes de La Masía. A veces olvidamos los jugadores, sólo enfrascados en la búsqueda del éxito y las luces, que la cultura ha de ser el eje principal sobre el que hacer girar nuestros actos. Cultura y educación van unidos a la par y nos desarrollan como individuos. Un futbolista no puede estar ajeno a estos dos pilares de sustentación del desarrollo humano. Un futbolista en formación no debe olvidar que su consagración como estrella puede no llegar nunca, y que sólo el no haber descuidado su formación le llevará al éxito en otros ámbitos profesionales. Un futbolista en formación, no debe olvidar, que en el caso de triunfar, será es espejo en el que, como él ahora, se miren el resto de sus fans, y que su imagen será el reflejo de la formación referida.

La cantera, es la transmisión de valores y la formación de las personas que se acercan al deporte. Más adelante serán los encargados de transmitir sus vivencias y experiencias a otros como entrenadores, se convertirán en aficionados, o usaran lo que han aprendido en su vida privada y profesional . Es la cantera la base sobre la que ha ido creciendo el equipo que ahora deslumbra. Poco a poco, desde que hace treinta años Josep Lluís Núñez abrió la puerta de la primera Masia la idea del fútbol formativo ha ido calando en la institución hasta forma el equipo que ahora le representa..

Y por último, en el último de los vértices, en lo alto, en aquel en el que tanto afición y canteranos ponen sus ojos, está el equipo. Equipo que ha ido creciendo desde los años noventa con una misma filosofía. El toque y la posesión del balón. Una forma de juego que identifica a cualquier once azulgrana de estas dos últimas décadas. Una concepción futbolística que basa en el pase y el movimiento continúo la principal virtud de los jugadores. Una distribución táctica, que prescindiendo de esquemas fijos en el terreno de juego, busca la asociación continua de sus integrantes. 
Y así, con un esquema de juego atrayente, en el cual la afición se ve representada, y que sirve como base para la formación de los jóvenes valores, el club se ha consolidado con una imagen única que sirve de espejo al que todos miran intentando copiar aquello que le hace único, pero, hasta el momento todavía nadie ha encontrado la forma de hacer suya su principal virtud: el toque inimitable.

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