Desde que Vicente Del Bosque ha
accedido al cargo de seleccionador, ha vivido instalado en la crítica perenne.
Una crítica que le acusa de no saber conjugar con criterio las virtudes de sus
seleccionados, y que ven en sus planteamientos una forma rácana de entender
este deporte, basando más su estrategia en la contención que en el ataque.
Y cierto punto de razón llevan esas críticas, ya que su inamovible e
indiscutible, para él, doble pivote le aleja del concepto original de juego del
que mana este equipo. Un concepto de juego pensado para y por jugadores
acostumbrados a atacar y que están habituados a vivir en campo contrario y al límite
del área grande de su oponente. Una estrategia de juego que hace de la presión
en campo contrario su máxima virtud defensiva, y que busca la recuperación del
balón en las cercanías de la portería rival. Una concepción futbolística que se
basa en el continuo movimiento del balón
y en el apoyo y movimiento constante. En definitiva, una nueva evolución de
este deporte que lleva consigo una denominación de origen; la del F.C. Barcelona.
Por ello, sin duda alguna, sus seguidores se encuentran estafados ante la
propuesta del salamantino, que reniega de uno de los principios básicos de este
tipo de juego. Un único pivote defensivo, que conjuga toque y posicionamiento táctico
como principales virtudes y que consigue, arropado por el resto de
centrocampistas hacerse con el manejo del juego y del balón.
Por otro lado, y entendiendo que el modelo del equipo catalán se rompe con
ese planteamiento, los defensores del otro modelo ven en el “falso nueve” un
guiño hacía la filosofía blaugrana. Ese otro modelo habla de un delantero
centro nato, corpulento y que fija a los centrales cerca de su área, de forma
que, así, se generen espacios en el centro del campo, y se tenga una referencia
en la que apoyarse. El “falso nueve”, descubierto por Guardiola y llevado a su máxima expresión por la figura de Messi, busca todo lo contrario. Engañar
y distraer. Ir y venir. Movimiento e improvisación. El objetivo es crear dudas
en los marcadores entre ir o esperar. Seguir o flotar. Y así, busca sacar de su
espacio natural a los férreos defensores que allí tienen su hábitat, y generar
pasillos por los que colarse los interiores o laterales.
Y así, el debate entre unos y otros se abre. Unos desean un único pivote y
el falso nueve como modelo. Otros el doble pivote y un nueve nato. Los menos un
híbrido. Y casi nadie apuesta por el modelo mostrado, que es en definitiva el
que defiende el seleccionador.
Ayer con ese modelo, después de un Europeo un tanto pobre ofensivamente,
pero casi perfecto defensivamente, la selección española se salió. Y lo hizo
porque consiguió unir, al toque y al posicionamiento el concepto de
profundidad. Pases verticales y horizontales se conjugaron y propiciaron un
dinamismo en el juego no visto en todo el torneo.
Muchos veremos ahora, el sello azulgrana en la final de este Eurocopa. Yo
el primero. Y defenderemos la idea, abogando por ese juego de toque que sólo
hemos visto hacer a los azulgranas en su equipo. Un juego que les ha aupado a
las más grandes cotas y que ha hecho posible que muchos de los jugadores
portadores de la zamarra blaugrana, hayan conseguido en estos cuatro años todos
los títulos posibles en su profesión.
Otros sin embargo, huirán de esta idea, y defenderán las reminiscencias
madridistas en el juego de la selección. Y apoyaran su teoría en la portería,
en la que un Casillas
inconmensurable ha atajado cualquier atisbo de posible problema en aquellos
momentos en los que el juego decaía. Defenderán la presencia de ese doble
pivote, y de Xavi Alonso como
elemento discordante en esa manera de entender el juego. Sus desplazamientos
largos y cambios de orientación serán sus armas.
E incluso habrá algunos que anclados en el pasado, seguirán defendiendo la
furia y los “cojones” como el máximo valor del equipo. Y recordando a Pirri, como máximo exponente de una
generación ya casi olvidada, harán de Sergio
Ramos su bandera, y defenderán su manera de entender este juego. Potencia,
intimidación, valentía, y un punto de insensatez.
Y así, unos y otros llegaran al Mundial
del 2014 defendiendo estos mismos teoremas. Yo también tengo uno, y es
aquel que dice, que un equipo que conjugue a Iniesta y Xavi al máximo nivel es casi invencible. Y por suerte a
estos, los culés los vemos cada domingo vistiendo nuestros colores. Ya queda
menos para que comience la temporada y volvamos a ver juntos a nuestros “locos
bajitos”.
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