Empate sin goles fue el resultado que registró el Barça en su encuentro de ida de la actual edición de la Champions.
Empate que deja a los dos equipos con sensaciones encontradas, y a su vez contradictorias.
Por lógica, aquel que actúa como local, interpreta la victoria como el único
resultado posible y satisfactorio, y es el visitante el que normalmente busca
un resultado digno que le permita dirimir el final del emparejamiento en su
propio estadio.
Desde este punto de vista, ayer, los rojinegros, deberían haber mostrado
disconformidad con el resultado obtenido, y a su vez los blaugrana deberían
pensar que les separa únicamente la victoria en un casi inexpugnable Camp Nou,
del paso a semifinales. Pero me resultó extraño comprobar cómo en el
seguimiento de declaraciones y opiniones del partido, las sensaciones son del
todo opuestas. Parecían los italianos haber alcanzado una victoria al no ser
derrotados por Messi y compañía.
Parecían los milanistas orgullosos de haber mantenido virgen su portería.
Mostraban los de Allegri y sus
pupilos un talante de optimismo visto lo acontecido en el encuentro. El juego y
el escenario planteado había dado como resultado el más típico de los
resultados cuando un equipo italiano entra en liza: los dos roscos.
Por el lado culé, sin embargo, después de dominar el balón, el campo, las
oportunidades, y cualquier concepto estadístico que se precie, marcar las
tablas precisamente en aquel que tiene más valor dejo un sabor agridulce. Un
sabor a trabajo inacabado y a oportunidad perdida. Oportunidad que se gestó en
unos primeros cuarenta y cinco minutos muy loables, y en los que Xavi, pudo
poner la estocada a un equipo, que contrariamente a las declaraciones de su
entrenador en las vísperas del partido, realzó un planteamiento al más puro
estilo Mourinho, cada vez que éste
ve delante al cuadro azulgrana.
Es tan grande el respeto que los azulgrana se han generado en Europa, que
ya nadie se atreve a plantear un partido de los que antaño se denominaban de
poder a poder. Ante el televisor, se podía apreciar como el segundo equipo con
más historial en cuanto a Copas de Europa se refiere, planteaba una estrategia
no muy diferente a las que el día anterior la cenicienta de estos cuartos de
final le propuso al Real Madrid. Dos
líneas muy juntas dejaban hacer a los azulgranas en tres cuartos de campo,
esperando que cualquier balón largo fuera recogido por Ibrahimovic, y éste pudiera aguantarlo hasta que el resto de sus
compañeros abandonara sus trincheras defensivas. Sólo la abismal diferencia de
calidad entre chipriotas e italianos hizo que el resultado fuera otro.
Es tan grande el respeto al Barça, que ya nadie propone un juego en un
terreno propicio para ello. Me recuerda cada visita azulgrana a aquellos años
de Copa Davis, en las que los
locales no tenían ningún tipo de impedimento a la hora de elegir el tipo de
pista en la que plantear las eliminatorias. Verdaderos esperpentos se veían en
cuanto al suelo escogido, rayando a veces lo absurdo. Tuvo que poner freno la FITA
a estos desmanes y homologar sólo una serie de superficies aptas para la
práctica correcta del tenis. Digo yo que algo deberá hacer la UEFA, la FIFA o a
quien corresponda, porqué de seguir así no será extraño ver en algún encuentro
de los azulgranas campos de minas como propuestas de juego. Así de paso igual
alguna estrella azulgrana se tuerce ella sola el tobillo y deja de ser un
inconveniente.
Es tan grande el respeto que se le tiene al Barça, y a su estrella Leo Messi, que parece que los partidos
se plantean con el único objetivo de que éste no marque. Lástima que esta
temporada los acompañantes del argentino en la línea de vanguardia no están lo
todo acertados que deberían, ya que de ser así podrían aprovechar el abandono
de sus marcadores, que se lanzan en ocasiones a unos cinco contra uno a la búsqueda
del diez azulgrana. Búsqueda que intenta acabar por todos los medios con su
juego sin importar las maneras. La
temporada pasada Eduardo Inda desde
su altavoz de director de Marca,
lanzó una frase que le hizo tristemente famoso. Había que parar a Messi “por lo civil o lo criminal”. Parece que poco a poco las formas
civilizadas se van abandonando y la criminalización de las entradas va en
aumento. Seguro que Inda en su
próximo video blog, muestra la entrada de Nesta
a la altura de la cintura, como un ejemplo práctico de forma efectiva de detener
al fenómeno azulgrana.
Queda esperar al martes, y con la incertidumbre que da siempre un empate
sin goles afrontar la vuelta con el optimismo de saberse superiores. Una
victoria separa a los azulgranas de su quinta semifinal consecutiva.
Semifinales, que siguiendo el patrón previsto ya tienen a sus otros tres integrantes definidos. Cuatro nombres históricos formaran un cuadro de lujo. Un
cuadro digno de esta competición que hasta la fecha ha tenido más parecidos con
la ya desparecida Copa de la UEFA que con la verdadera Copa de Europa. Bayern de Munich, Real Madrid, Chelsea,
y esperemos que el Barça configuraran
una simbólica final four. Esperemos que el fútbol acompañe a sus hermanos del
basket, que aunque no es el tema de este blog, hay que resaltar también que
esta semana se han ganado el acceso a su duodécima fase final. Ningún otro
equipo ha logrado una regularidad tan grande en Europa. Basket y fútbol también
van de la mano.
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