No
hay buen western que se precie sin esa típica escena duelista, con los antagonistas
del film prestos a desenfundar y a dirimir la supremacía del más rápido. El
bueno y el malo ante la mirada de todo el pueblo. El bueno y el malo separados
por más de cincuenta metros en una calle polvorienta. El bueno y el malo con
las piernas abiertas y el revolver a tocar las puntas de los dedos en espera de
la señal que marque el inicio de la acción de disparo. Una música de fondo…., y
un resultado incierto, que en las buenas pelis que se precien casi nunca acaba
en empate. Y es que ya se sabe, el bien prevalece.
Pues
bien, en el último clásico disputado de nuestra Liga, Messi y Cristiano Ronaldo,
emulando a Charles Bronson o Henry Fonda, ejercieron de pistoleros y
dirimieron su particular duelo. Y es que no me negaréis que la pose del siete
madridista a cada una de las faltas lanzadas no se asemeja a la de unos de
estos malévolos forajidos a punto de dar cuenta de su próxima rival en espera
de añadir una muesca más a su revolver, que indique la peligrosidad de su
portador.
Y
ayer, ambos añadieron dos más a esa interminable lista de balazos que perforan
las redes contrarias. Disparo primero el portugués, que parece haberle cogido
el gusto a marcar en el Camp Nou, y ha dejado ya para la historia sus negros registros
en los enfrentamientos con los blaugrana. Ahora, casi podemos contar por seguro
el gol del siete madridista cuando enfrente tiene a Víctor Valdés.
Repasando
el partido del extremo blanco, no se puede decir que cuajara un gran encuentro.
Sus intervenciones en el juego fueron más bien escasas. Apenas interviene en el
juego de combinación, pero es intuir un pasillo entre las líneas defensivas
rivales, y encarar la portería rival a tal velocidad, que apenas da tiempo al
repliegue defensivo rival. Y más si se tiene en cuenta que la defensa azulgrana
de este último partido era un compendio de laterales y jugadores reciclados. Qué
lejos queda en la memoria aquel cuarteto que recitábamos de memoria los culés y
que hablaba de Alves, Puyol, Piqué y
Abidal como un infranqueable muro defensivo, que compaginaba fuerza y
anticipación como sus mejores armas. Nos dicen hace un año que Montoya, Mascherano, Adriano y Jordi Alba
iba a ser la última línea defensiva azulgrana en cualquier partido más o menos
serio, y habríamos tachado al autor de tal profecía de “iluminado”.
Y
ante esa defensa, CR7, supo ver los
huecos, y ante la lógica desincronización de todos sus integrantes supo colarse
y ejecutar esos dos acertados disparos, que casi dejan a uno de los
protagonistas del duelo desangrado a poco de iniciarse el mismo.
Pero
los azulgranas tienen en sus filas al más rápido del Oeste, al mejor y más
determinante jugador de fútbol que jamás haya visto. Un argentino que juega a
su aire, que se mueve con soltura y desparpajo, que busca cualquier zona del
campo para combinar, y que picado por la efectividad de su rival parece cada día
empeñado en demostrarle que sus prestaciones no paran de mejorar. Y éste llegó
al rescate para desenfundar su fusil y poner orden y tranquilidad en el caos
que se habían convertido los primeros veinte minutos del juego azulgrana.
Y
es que Messi ayer ofreció el partido
más completo de lo que llevamos de temporada. Se movió por todo el campo. En
cada zona del terreno de juego tenía un repertorio a ofrecer. Una combinación,
un toque, una finta, un dribling, una asistencia… y una falta. Y es en este último
apartado donde parece que esta temporada está alcanzado un nivel nuevo para él.
Y está siendo tan efectivo como en el resto de artes que ejecuta. Fue el de
ayer un nuevo fogonazo a la moral de Casillas.
Ni tiempo tuvo a sacar los brazos en su inútil vuelo para atajar el segundo gol
azulgrana que ponía la Liga casi imposible para los blancos.
Es
espectacular ver al diez azulgrana, pararse en el campo, con el balón delante
de sus pies, y arrancar a derecha o izquierda de su rival, e ir sorteando
rivales con una facilidad pasmosa. Un recorte, un caño, un pase en profundidad,
una pausa, un sprint. Y un gol tras otro que hace que con apenas veinticinco
años, este pequeño jugador esté devorando la historia de los clásicos, y
dejando en nada unos registos que hasta la fecha hablaban en blanco. A un solo gol
queda ya de la Saeta Rubia, y supera
ya a Raúl en sus registros
goleadores. Poco a poco, partido a partido, temporada a temporada, el nombre de
Messi aupa todas las estadísticas.
Estoy convencido que de aquí al final de su carrera, cualquiera de ellas sólo
tendrá un nombre escrito en el número uno. La historia del fútbol pasada, y la
actual, deberán inclinarse ante un fenómeno que cómo ayer recordó Vilanova en rueda de prensa creo que no
volveremos a ver.
Y
una vez dirimido el primer clásico de la temporada, queda la sensación que
ambos contendientes parecieron dar por bueno el resultado. Unos, porqué poco se
podían imaginar que estarían a ocho puntos de distancia con sólo siete jornadas
ligueras disputadas. Otros, porqué ven como la diferencia no ha aumentado y
esperan que el devenir de la temporada les permita recortar una renta que ahora
casi parece abismal, y que ya casi podría haber sido definitiva si hubiera
incorporado los dos dígitos en sus guarismos.
A
todo ello, y como cualquier buen western, un nuevo escenario ha entrado en
liza. Y es que los “indios”, parecen
reclamar su territorio, y bajando de las colinas en las que se encontraban
aislados, reclaman su parte de reconocimiento y gloria perdidos con el paso de
los años. Su nuevo gran jefe, Simeone,
y su mejor guerrero Falcao, parecen haber dado con la tecla de la
autoestima. Nadie había contado con ellos en este escenario, y los gritos y las
pinturas de guerra se empiezan a oír en la lejanía. Habrá que estar atentos y
atender a este nuevo frente imprevisto.
Tweet
https://twitter.com/jcarrasquet
Si te ha interesado este artículo, quizas quieras leer estos:







.jpg)