La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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miércoles, 19 de febrero de 2014

Caminando en sentido contrario

Parece que casi, casi tenemos asegurado el pase a la siguiente fase de esta edición de la Champions. Parece que nuevamente, estaremos entre los mejores. Parece que por fin el equipo, después de los vaivenes de hace unas semanas ha establecido una línea de juego. Parece  que un “diez” tipo ya se ha implantado como el equipo titular que nos ha de llevar a un nuevo carrusel de conquistas (el undécimo integrante baila todavía entre las piernas de Pedro, Alexis y Neymar). Parece que el momento cumbre de la temporada, este año sí, llega con todos los integrantes a tope. Parece…

Y es que después de ver el partido de ayer, y leer y releer los comentarios de prensa especializada, queda la sensación que el Barça, se ha instalado en una rampa de lanzamiento y ha alcanzado una forma de juego óptima.  Y a mí, y todavía no sé muy bien la razón, sigue sin “ponerme” lo que veo. Y es que casi me da vergüenza llevar la contraria, ya que soy de los que piensa que si andando por una calle voy tropezando con lo que vienen de cara, el que está tomando el camino equivocada soy yo. ¿Me estará pasando lo mismo? ¿Me estaré volviendo demasiado exigente?

Transformar Messi el penalti después de encarar Demichelis el camino hacia los vestuarios, y pensar que el partido iba a convertirse en un acoso y derribo a la portería de Hart fue todo uno.  Y más después de constatar que los “blues”, olvidando las precauciones que hasta el momento habían tomado, intentaban adelantar sus líneas en busca de un gol que igualará la eliminatoria. Ahora sí, pensé, ahora con espacios la agarra Messi y adiós muy buenas City.

Y para mi sorpresa, los azulgrana pasaron más apuros en esa media hora final que en la hora precedente, en la que en un confrontación once para once, se definía un partido típico de cualquier equipo ante el nuestro.  
Esperaba que cualquier robo de balón diera lugar a pases verticales, a la búsqueda incansable de esas terroríficas arrancadas del diez argentino en busca de unos centrales que reculaban asustados a proteger a su portero. Esperaba más presión, más rapidez en la circulación de balón, más profundidad por ambas bandas, más ocasiones de gol.

Es cierto, que dispusimos de hasta cuatro o cinco, y que con una efectividad algo mayor tal vez algún otro tanto hubiera subido al marcador (que subió injustamente anulado), pero, me daba la sensación, que eran fruto de arranques puntuales de intensidad, y no de una constante del juego. La constante era otra, pasar el balón y no perderlo parecía la estrategia a definir. Pasar el balón en zonas insulsas del campo reteniendo en ocasiones las diagonales que tiraban un aislado Aléxis, y un por instantes desubicado Messi.

Y pasaban los minutos, y el marcador seguía bajo mínimos. Qué oportunidad estamos perdiendo, pensaba. Qué oportunidad de olvidarnos ya de esta eliminatoria. Acabemos hoy aquí, dejémosles sin aire para el regreso. Hagamos que piensen que la Champions ya es historia este año para ellos.  

Y mis nervios aumentaban cada vez que veía un pase atrás, o un pequeño rondo en el centro del campo. Ni la salida de Neymar me pareció que se imprimiera una marcha más al partido. Y se acercaba el minuto final, y sí, ganábamos, al igual que lo hacíamos en Anoeta no hace mucho. Y  marcó Alves. Y los brasileños bailaron en la banda. Y me relajé, y creí que ahora sí, que ya estaba hecho.  Y llegó el pitido final, justo en otro anodino rondo de toque y toque entre jugadores azulgrana.

Y nuevamente me entró esa sensación de que había presenciado un trabajo a medio hacer. Un trabajo satisfactorio, pero no excelente. Un trabajo que consigue un objetivo como un trámite más a cumplir.  Y después, he leído, he escuchado, he repasado las crónicas, y todo el mundo no puede estar equivocado, así que, probablemente allá cogido el sentido inverso de la calle y todo sea cuestión de volver al carril que corresponde. ¿Alguien más caminaba en mi misma dirección?




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viernes, 8 de marzo de 2013

Turbulencias.

Parecía un viaje de placer. Un despegue algo brusco, y con cierto aire en contra hizo que el inicio fuera algo lento. Pero sorteados los primeros impedimentos, con viento a favor, y un ambiente del todo despejado, el avión puso rumbo a velocidad de crucero hacia su destino. Un destino que parecía iba a ser alcanzado con mucha antelación versus el horario previsto.

El pasaje viajaba confiado. Entre risas y bromas parecía que lo que acostumbraba a ser una larga travesía plagada de dificultades, iba a ser esta vez una anodina aventura con final feliz. El piloto, que debutaba como comandante de la nave, parecía solvente, incluso en ocasiones más que su antecesor. Su copiloto, al igual que él en anteriores travesías, permanecía en segundo plano, apoyando en las tareas que se le requerían.

Y en mitad de la travesía un giro inesperado en forma de enfermedad del comandante, pareció distorsionar el placentero trayecto. Pero sin nubes ni tormentas, el avión seguía su curso de forma anodina, y parecía que incluso en modo “piloto automático” sería capaz la compañía de cumplir con los horarios previstos

Pero cómo en cualquier viaje de larga duración el tiempo cambió, y las nubes se tornaron negras, el aire sopló violentamente en contra, y el avión entra en una gran tormenta, que llena de turbulentas le hace vibrar. Y así, aquello que hasta entonces se había transcurrido sin sobresaltos se convierte en un suplico para la nave azul y grana, ahora ya en manos del segundo, viendo que la indisposición del comandante ha ido a más.

El pasaje, acostumbrado a los parabienes de las horas previas, no parece darle demasiado importancia a los primeros vaivenes, intuyendo que éstos serán ocasionales, confiando plenamente tanto en lo magnánimo del tiempo, que hasta el momento había ofrecido dificultades, cómo en la capacidad del nuevo piloto y su equipo. La calma se instala a la espera del transcurrir de la tormenta.

Pero esta no finaliza, y lo que parecía la antesala de una ligera vibración, es ahora un vuelo lleno de dificultades que amenaza no ya sólo los pronósticos iniciales que hablaban de un éxito antes de tiempo, si no incluso se habla de una posible debacle en forma de aterrizaje de emergencia. Parece que son pocos los que confían en el nuevo comandante y su equipo, y ya se oyen voces al fondo del inmenso aparato que auguran la tragedia.

Es el momento de la calma. Es el momento en que todos apoyen al que guía la nave. Es el momento en que piloto, equipo y pasaje confíen en sus propias posibilidades y dejen de escuchar las órdenes, que con toda la buena intención les envían desde una lejana torre de control. Sólo “in situ” se sabe la magnitud de la tormenta, se aprecian las acometidas del aire y las necesidades de tomar las decisiones de forma directa y no diferida.

Sólo así, confiando en el que actualmente está al mando, el runrún continuo que todavía se oye de fondo desaparecerá. Ya habrá tiempo, cuando el titular del aparato se recupere, que éste tome el mando. No convirtamos un estupendo viaje en un tortuoso camino. Y recordemos que en cualquier travesía lo importante es llegar.
Sentémonos todos en nuestra butaca y otorguemos nuestra tranquilidad a los que comandan este inmenso aparato. No nos movamos, chillemos y gritemos dificultando así las maniobras que permitirán salir al aparato con el morro alzado de las nubes negras que le rodean.

El parte meteorológico habla de una nueva tormenta que se acerca desde Italia, con viento de Levante, y presagia nuevas ventiscas de cara. Sólo entrando en ella a todo trapo, y conduciendo con firmeza se podrá superar. Una vez hecho, parece, y digo parece, que el panorama se aclara, y el pasaje podrá volver a disfrutar de la travesía. Seguro que los negros nubarrones se aclaran y el sol vuelve a lucir. La primavera está próxima.




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viernes, 22 de febrero de 2013

Pit i collons


"Seny, pit i collons". Con esta inscripción saltaron los jugadores azulgrana al Nuevo Zorrilla, cuando se supo el nuevo mal trance que debía pasar el ahora técnico azulgrana Tito Vilanova, en forma de enfermedad. Una frase, que según dicen es el axioma del propio técnico, a la cual recurre en momentos de puntual emergencia.

Una frase que resume en tres sencillas palabras cómo se han de afrontar las adversidades. Pasión, coraje, y algo tan nuestro como el sentido común y la templanza, parecen ser las claves para superar los más grandes retos. Y parece que Tito, ahora en la distancia, en Nueva York, lo va a conseguir, y según cuentan, está a punto de superar esa nueva piedra que ha supuesto un tropezón en su trayectoria vital, pero que no le ha impedido volver a levantarse para ponerse al frente del mayor de sus retos; triunfar en el banquillo azulgrana.

Superado parece este trance, es ahora el equipo el que se encuentra en una situación límite en la máxima competición. Una situación que después de una mala tarde en San Siro, lo ha dejado en las puertas de la eliminación en sus fases preliminares. Un reto en el que para superarlo ya se oyen retumbar los tambores que anuncian la tan ansiada remontada.

“Seny, pit i collins” debe ser el lema de ese partido. Aunque visto cómo le ha ido al Barça en estos años, precisamente en aquellos partidos que necesitaban de épica, creo que si alguna palabra hemos de desechar de este lema es la de “seny”. Dejémonos de paciencia, dejémonos de cálculos, y vayamos con todo. Arriesguemos y pensemos en alguna variante táctica que sorprenda. El tan manido plan B debe entrar en escena. Un plan B que tiene detractores, que defienden la inutilidad de contratar jugadores únicamente para su ejecución

Y es que ya se sabe que este plan es aquel que habla sobre cómo se debe comportar el equipo ante defensas cómo la que el pasado miércoles nos mostró el Milan. Defensas cerradas, en la que los extremos rivales se convierten en laterales. Defensas sin apenas espacios en los últimos treinta metros, que hacen de esa zona del campo un espacio parecido a cualquier andén de estación de ferrocarril en hora punta. Defensas que apenas dejan sitio para la combinación, el regate o la profundidad.

Y ante ellas, el Barça, en ocasiones se encalla. Se encalla dicen, por no disponer de un jugador capaz de fijar a los centrales y ofrecer otro tipo de juego diferente al ya conocido por todos. Se encalla porqué en un intento de penetrar por el centro no encuentra los huecos necesarios para llegar a la portería. Se encalla porqué una vez encontrados espacios en los extremos, éstos apenas tienen posibilidad de ejecutar centros a la olla ante la poca efectividad rematadora por alto de nuestros exquisitos puntas.

Y ante la desesperación el Barça y su cuerpo técnico, en ocasiones, y cómo última estrategia de riesgo, suele colocar a Piqué en punta de ataque para intentar recoger de forma desesperada ese otro tipo de juego , en el que el balón deja de rasear el césped y empieza a volar.

Y he aquí mi dónde yo hago mi propuesta, y dejando el “seny” a parte me planteo si no podría ser éste, no un planteamiento de emergencia, si no el principal plan de ataque. Una defensa de cuatro, con Alvés, Puyol, Mascherano y Alba, una línea de tres centrocampistas en los que Búsquets, Xavi y Cesc marcaran la línea, y una delantera que aune la fantasía de Messi, Iniesta con la apuesta arriesgada de  PIQUÉ. Piqué como elemento sorpresa. Piqué fijando a los centrales. Piqué en la búsqueda de esos centros sin destino. Pit i collons. Coraje y valentía podría ser ese plan B para un partido diferente.

Dejemos por un día el manual en el vestuario. Dejemos esa noche la cordura en casa y volvámonos locos. Inventemos por un día. Conjuguemos toque y balonazo. Sorprendamos. Innovemos. Apabullemos al rival con un juego por un día diferente.Qué vuelvan por un día las famosas Guardioladas

Ahora una pared, ahora una larga circulación, ahora un sinfín de centros. Chutemos desde fuera, centremos desde la banda. Seamos por un día diferentes. La empresa vale la pena. PIT I COLLONS!!!!!



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jueves, 21 de febrero de 2013

No hay rosas sin espinas.


Las rosas son símbolo de finalidad, de logro y de perfección, aunque cómo reza una frase anónima “no hay rosas sin espinas”. Y es que para alcanzar cualquier logro se debe pasar primero por varios desafíos, sufrimientos y hasta pinchazos como los de las espinas. La rosa es en sí la mejor metáfora para transmitir este mismo mensaje. Será por eso que es la flor más famosa, además de su extrema belleza y perfección. Su tallo espinoso, representa la dificultad de acceder a sus pétalos, los cuales representan los mayores parabienes.

Pues bien, ayer el Barça, se topó con su primera espina, y se la clavó de forma tan profunda que la hemorragia producida puede impedirle el acceso al mejor ejemplar del jardín.

Siempre ha sido una constante en este ciclo azulgrana, que el rendimiento del equipo baje enteros en los meses iniciales del año. Enero y febrero acostumbra a ser un período de transición, en el cual los culés acostumbramos a ver a nuestro equipo con menos revoluciones de lo que es habitual.

Pero el calendario es el que es, y es justo en estos dos meses cuando se dirimen dos de las tres competiciones a las que siempre optamos. Semifinales de Copa y octavos de final de Champions son partidos claves que hay que superar y que no admiten error o relajación. Y ayer, en la ida de la máxima competición en San Siro, el Barça tuvo su mal día y pinchó.

Un mal día que se tradujo en uno de esos partidos feos, en los que los catalanes salen al campo maniatados por la agresividad defensiva del rival de turno. Constantes ayudas defensivas, acoso y derribo a las puntas azul y granas, y balonazo como principal arma de ataque, parecen ser las armas de destrucción masiva con las que los catalanes deben luchar.

Y contra esas armas, en según que momentos parece no haber remedio. El juego se convierte en un ir y venir insulso del balón entre los centrales y centrocampistas, sin ninguna posibilidad de hacerlo llegar a los delanteros. Un toma y dame hacía adelante y atrás. Un toca y mueve de izquierda a derecha no parecen en ocasiones suficiente para saltar según que estrategias defensivas, puestas en acción con una intensidad muy diferente a la de la competición local.

Y es que, aunque sea fácil decirlo ahora, puede que esa escasa dificultad con la que el Barça se deshace semana a semana de sus rivales en Liga, pueda ser una de las causas de ese pobre rendimiento en el día de ayer. Acostumbrados a jugar casi a placer, y sin apenas espinas que impidan su paso, son pocos son los partidos en los que el equipo debe “partirse la cara” para llevarse los puntos en disputa. Apenas los partidos ante el Real Madrid, y visitas complicadas a Mestalla, el Sánchez Pizjuán o el Calderón suponen choques de auténtica exigencia para un equipo que aplasta a sus rivales con pasmosa facilidad y que convierten su andadura en la competición doméstica en un “camino de rosas”.

Han sido estos octavos un desastre en general para los equipos de la Liga BBVA. Tres derrotas y un empate es el pobre bagaje recogido en la ida de esta primera eliminatoria. Tres derrotas y un empate que ponen en alto riesgo la clasificación de cualquiera de los equipos implicados. Tres derrotas y un empate que dejan en entredicho el tan manido lema de que aquí se disputa “la mejor liga del mundo”. Tres derrotas y un empate que pueden dejar a esa liga huérfana de representantes sólo empezar, lo que Johan Cruyff, denominaba la verdadera Champions.

Y es que la sucesión de éxitos anodinos, de partidos sin apenas rival, y de encuentros que apenas obligan al máximo, sirven de deleite al espectador, pero como contrapunto aflojan el nivel de tensión con el que los jugadores afrontan el siguiente partido. Y ante equipos cómo el de ayer, italiano, glamoroso, y con una capacidad defensiva infinitamente superior a lo que aquí podemos encontrar, pareció que a los Messi y compañía les faltaba algo más que la simple posesión del balón.

Porqué los transalpinos demostraron que sin él también se puede jugar a este deporte. Tres disparos a puerta, sin apenas conducción, sin apenas elaboración, y casi sin apenas juego, les dieron un resultado que noventa minutos antes ni siquiera soñaban. Fue como un regreso a un pasado ya olvidado, en el que cualquier equipo italiano te hacía un roto con apenas juego de ataque. En mis tiempos aquello se llamaba oficio, y de él tiraron ayer los rojo y negros.

Oficio que ahora deberemos demostrar aquí en la vuelta. Con nuestras armas. Las de siempre. Pero a una mayor velocidad de ejecución. Con el balón y sin él. Presionando, robando y enfilando portería apenas se generen pasillos de penetración. Sólo haciéndoles sentir que la sola disposición defensiva no es suficiente, dará el equipo el primer paso para superar un envite, en el que a día de hoy estamos más fuera que dentro.

Y en medio, seguiremos con esta insulsa Liga, en la que al menos ahora vienen rivales y encuentros de interés. Puede que así el equipo despierte, y con el fin de mes, y la llegada del primaveral marzo, resurjamos, y al igual que en la estación de las flores, las espinas que hoy nos pinchan, se conviertan en pétalos de rosa que mañana nos acaricien.



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viernes, 15 de febrero de 2013

El dedo acusador.


Han pasado ya un par de días después de esta primera jornada de octavos de final Champions, la cual ha dejado a un Real Madrid en una situación harto complicada. Jugarse la temporada en las plazas del Camp Nou y Old Trafford, seguro que no era la visión que la entidad merengue tenía, cuando en el pasado verano la temporada se puso en marcha.

Una visión que tenía como objetivo dar la puntilla al dominio culé en el último lustro, y poder certificar así el ansiado final de un ciclo azulgrana, que con la marcha de su entrenador, parecía entrar debilitado en el nuevo año futbolístico. Una visión que tenía de nuevo la consecución de  “La Décima”, cómo el máximo hito, convirtiendo así a la institución casi en leyenda, al alcanzar los dobles dígitos en la más laureada de las competiciones. Una visión que debía confirmar que los récords y estadísticas de hace poco más de medio año no quedaran en simplemente eso; hitos perecederos.

Sin embargo, la realidad está siendo muy diferente, y ahora, todo va a quedar supeditado a las prestaciones del equipo en apenas siete días de competición. Siete días al todo o nada. Siete días de máximo riesgo.

Un riesgo que además parece afectar al máximo responsable del equipo, el cual parece no estar satisfecho con el rendimiento de su plantilla, y aprovecha la mínima oportunidad para lanzar mensajes de crítica individuales. Al técnico del Real Madrid se le está haciendo muy dura la primera mitad de la temporada. Los resultados no son los esperados y el equipo no encuentra soluciones ante rivales que saben plantearle una defensa cerrada. No hay problemas cuando funciona la pegada de Cristiano Ronaldo o la magia de Özil o cuando el rival ofrece campo para jugar a la contra. Pero cuando las cosas no salen el técnico siempre alude a un mismo culpable: la falta de actitud o a los fallos individuales de sus jugadores.

«Hay jugadores que me han decepcionado», dijo tras el partido ante el Celta. Y añadió que algunos de los deportistas con más talento y mejor pagados del mundo «no querían jugar porque hacía frío, llovía y era un partido de Copa».

Derrotado en Getafe, el entrenador luso culpó a algunos de sus jugadores de «no cumplir su misión»; cuando perdió ante el Sevilla dijo que no tenía «equipo», y después de verse superado por el Betis acusó a los futbolistas de no darlo todo. «No me digas que una persona de 23, 24 o 25 años no puede jugar en Manchester y el sábado contra el Betis», dijo entonces.

Ahora, con un nuevo traspié en forma de empate en el Bernabeu ante el campeón inglés, ha sido Ramos el damnificado. En una exposición larga, y con una pose cariacontecida, se quejaba Mourinho que todo su trabajo de preparación se viene abajo si en una guerra particular uno de sus jugadores pierde la partida. Y puede que tenga razón. Ya puedes preparar un partido, ya puedes pensar en estrategias y posicionamientos individuales, que al final, son los propios jugadores, los cuales con sus decisiones individuales ejecutan cada una de las acciones.

Y es que la excusa de Mourinho, igual se podía servir a su rival, Ferguson, el cual vio cómo en un salto individual de uno contra uno, Ronaldo superaba a su par, el cual apenas puso oposición en el salto. ¿Es ese gol fruto de la estrategia de ataque merengue? ¿Se había trabajado durante la semana?, o por el contrario, ¿es un acierto individual de Cristiano al ejecutar de forma magistral un centro desde la banda? ¿Es acierto de Mourinho ese gol?

El fútbol es un deporte en el que intervienen multitud de variables, y en el que todas las piezas son móviles. Los partidos en los deportes de equipo son una manifestación de interacciones con un cierto grado de incertidumbre, creatividad y dramatismo entre estructuras sistémicas que son más o menos conocidas, y que determinan acontecimientos singulares e irrepetibles con efectos (resultados) altamente impredecibles. A veces una pequeña causa dentro del juego (una falta, un regate) determina un efecto considerable en la competición; a veces, grandes acontecimientos (un gol, una expulsión) resultan poco importantes para el comportamiento de los jugadores

Por eso, si bien es cierto que la preparación de un partido es importante, también lo es que una vez puesta en ejecución, no se puede esperar ver la reproducción exacta de lo que se ha practicado durante la semana. Un despiste, un fallo individual, una acción brillante del contrario puede cambiar cualquier parámetro previamente establecido. Y escuchando a Mourinho, parece que él ya ha ganado cada partido antes de jugarlo. Y sólo son sus jugadores los que se lo harán perder. No sé si esa es la mejor de las tácticas para mantener la cohesión de un grupo, que este año se ha visto ya en muchas ocasiones apuntado por un dedo que dejará su sello en la institución.


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viernes, 8 de febrero de 2013

Ronaldo dependencia


Más o menos durante estas fechas de la temporada pasada, me planteaba la necesidad de disponer de Cristiano Ronaldo en la plantilla blanca. Basaba mi análisis en la famosa “pegada” de un equipo que lucía en su delantera a otros integrantes, que sumados y puestos a disposición de centrocampistas con visión de juego y profundidad, podían masacrar la mayoría de defensas del continente.

A favor de ese argumento esgrimía otra teoría, según la cual, el montante total de un traspaso del astro portugués podría ir destinado a la contratación de centrocampistas de mayor técnica y capacidad de creación de juego, que acortará las diferencias, que todavía hoy se pueden observar entre el centro del campo azulgrana, para mi el mejor del mundo, y un línea merengue que parece únicamente sostenida por el poder de conducción de Xabi Alonso.

Así, según mi teoría, el Real Madrid, con una línea defensiva contundente, no exenta de salida de balón en algunos de sus integrantes, un centro del campo de creación y una línea ofensiva con Benzemá y Higuaín como puntas, sería un conjunto compensado en todas sus líneas.

Ha pasado un año, y sinceramente a día de hoy creo que mi teoría no se sostiene, visto el rendimiento que están dando esos “otros” jugadores de la vanguardia merengue. Parece que sólo la estrella portuguesa es consciente del sacrificio continuo que supone estar siempre arriba. Es él, y sólo él quien aguanta a día de hoy a un equipo que parece haber desistido de la lucha continua, y que guarda sus fuerzas para enfrentamientos de corta duración en forma de eliminatoria.

Se habla desde la posición antagonista blanca, que el equipo culé depende en demasía de Messi, y que sin su aportación otras serían las prestaciones de ese once que tantas alegrías nos está dando. Está claro, que nada sería igual sin el diez azulgrana, y que incluso el diseño del juego del actual Barça sería diferente. Pero hablando de dependencias no tengo yo tan claro, si los blancos, no están todavía más atados a su siete, el cual partido a partido, se desvive por mantener el nivel de un equipo, que un año después de realizar una gran temporada, parece instalado en una pendiente difícil de remontar.

Desde la línea culé, desde la que escribo, en muchas ocasiones hemos criticado los gestos o  palabras de Cristiano. Y he de decir, que también en este aspecto el jugador este año nos está dando pocos motivos de queja. Yo por mi parte, no puedo dejar de admirar ese afán de lucha y de superación que cada día muestra en el campo. Muchas veces, sólo él es el encargado de levantar un partido. Sólo él recorre el campo a velocidad endiablada en busca de balones por los que otros optan únicamente por mirar. Sólo el parece destinado a aprovechar las asistencias profundas de Ozil en unas diagonales imparables.

Y aunque para mi, Messi sigue comiendo a parte, con unas prestaciones en definición y creación de juego que lo hacen único, hoy veo al Real Madrid dependiendo totalmente de su siete, recogiendo así éste el testigo de otros jugadores legendarios que lucieron ese dorsal. El siete blanco y el diez azulgrana son la máxima representación de ambos equipos en el césped, y nunca hasta hoy se ha visto tan clara esa dupla de protagonismo en ambos equipos.

Llegado a este punto de la temporada, en la que comienzan los duelos decisivos, bien harían los responsables merengues en asegurarse, al igual que ha hecho el Barça esta semana con Messi, que su estrella encuentre el reconocimiento que tanto busca. Sólo con CR7 al máximo rendimiento tienen ahora posibilidades de superar unas eliminatorias, que en caso de pérdida, dejarían la temporada finalizada mucho antes de lo esperado. 




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jueves, 22 de noviembre de 2012

Mourinho. Retrato de una obsesión


Este pasado verano, el director de As, Alfredo Relaño, escribía un artículo a raíz de las reacciones que habían provocado en la cúpula blaugrana el indulto al entrenador del Real Madrid, Jose Mourinho, por el vandálico acto de intentar poner el dedo en el ojo a su homónimo azulgrana Tito Vilanova (entonces Pito) en una Supercopa de desagradable recuerdo para los merengues. Titulaba el artículo con un contundente “La obsesión del Barça con Mourinho” y en uno de sus párrafos más significativos escenificaba un escenario casi enfermizo de la entidad blaugrana hacia el entrenador luso con las siguientes palabras:.

“La vieja madriditis del barcelonismo, cuya causa fueron tantos años de derrotas ante el Madrid, tiene un último vestigio, ahora que las victorias culés han llegado y en cuantía nunca soñada: Mourinho. Todo se proyecta sobre él. Más de un madridista con el que he comentado los defectos de Mourinho (en sus actitudes, porque como entrenador siempre valoré su excelencia) me ha dicho que basta ver cómo de nervioso se pone el Barça con él para saber cuánto le conviene al Madrid tenerle”

Pues según lo acontecido desde que se redactó el citado artículo hasta hoy, parece que la vieja madriditis azulgrana ha mutado hacía barcelonitis blanca, y lo ha hecho en su forma más virulenta en el cuerpo de su entrenador, el cual no deja pasar oportunidad para recordar de forma continua a su rival en cuantas apariciones públicas realiza, venga o no al caso hacer referencia a ellos.

Y así, sólo comenzar la temporada en cualquier entrevista insta a su interlocutor a no loar más a los catalanes, ya que ve legitimado que sea ahora su equipo la referencia futbolística mundial, al haber conseguido arrebatar por fin el título liguero al equipo de su antagónico Guardiola. No cae en la cuenta el luso que la excelencia y el reconocimiento se ganan, y que pedirlo es el primer paso para no recibirlo.

Y constantemente el Barça sale a la palestra en cada comparecencia, en el camino hacia la deseada y obsesiva Décima. Y ya no produce extrañeza escuchar, si el Real Madrid pierde o empata contra el Borussia Dortmund, que la rueda de prensa posterior al partido, no se base en el análisis de los porqués (palabra ya mítica en el vocabulario del luso) de esos inesperados resultados, sino en el recuerdo de “otros grupos” de la competición a los que se desprecia su potencial. Potencial, que por ejemplo, no se tuvo en cuenta cuando no hace ahora un año se llegó a semifinales dejando por el camino a potencias futbolísticas como los rusos del CSKA o el representante del fútbol chipriota de cuyo nombre ahora mismo no logro acordarme.

Y ahora, en lugar de celebrar el pase a octavos de final, en un grupo realmente exigente, o en lugar de recrearse en ser el técnico que más joven ha llegado al centenar de partidos de la máxima competición disputada, nuevamente tras un partido difícil y no demasiado brillante, hila una expulsión y penalty de dudosa sentencia, con hechos que van más allá de un bienio. Y nuevamente sale y se desempolva aquella entrada de Pepe a Alves, y una victoria azulgrana en el Bernabeu, que parece que el luso no pueda quitarse de la cabeza, y que se ha tomado como una afrenta personal a su ego y trayectoria.

Da la sensación Mourinho de no ser feliz con lo que tiene. Da la sensación de vivir de forma perenne en el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue. Da la sensación de rabia contenida en cada una de sus apariciones. Y el foco siempre va dirigido en la misma dirección: el equipo azulgrana.

Poco importa si se le pregunta o no por él. Poco importa que el partido de los catalanes tenga incidencia en el propio partido de los blancos. Qué más da si el Real Madrid se ha clasificado, o ha jugado un buen partido. Siempre quedará esa puya hacia esa obsesión que ya viene de lejos, y que hace que la frase que un día pronunció el técnico luso en el balcón del Palau de la Generalitat de Catalunya cobre sentido. “Ahora y siempre el Barça en mi corazón”.

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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Homenaje a Guardiola


En una semana en la que se ha hecho pública la primera charla de Pep, parece que sus jugadores hayan recordado al leerla los principios básicos de la misma. Unos principios que hablan de identidad, de implicación y de compromiso. Unos principios que se basan en una concepción fácil de lo que debe significar un buen partido de fútbol, que se reflejan en la última frase de la ahora ya, tan famosa disertación. “Cuando tengamos la pelota no hay que perderla, cuando la perdamos, hay que correr para recuperarla. Eso es todo básicamente”.

Y a esos se aplicaron en su último partido de Champions los jugadores azulgrana. Todavía recuerdo el impacto que me produjo ver las primeras evoluciones de aquel equipo, que hace ahora más de cuatro años empezaba a formar Guardiola. Una sinfonía de pases, de desmarques, de paredes. Una presión asfixiante que minimizaba espacios y que reducía las posibilidades de combinación de los rivales a la mínima expresión. Unos inicios de partidos demoledores que finiquitaban los encuentros convirtiendo en muchas ocasiones las segundas partes en meros trámites que había que cumplir.

Ante el Spartak, en una hora intempestiva e inusual de partido de Champions, con jugadores enfundados en maillots y guantes, y con un césped artificial al que dicen cuesta acostumbrarse, los de Tito Vilanova, ejecutaron los mejores cuarenta y cinco minutos de esta temporada. Cuarenta y cinco minutos llenos de detalles para enmarcar. No sólo los goles, tres para ser exactos merecen ser destacados. Sólo había que sentarse y mirar. Mirar las paredes y los triángulos, cuadrados y rombos que se formaban delante del balón. Mirar los regates preciosistas de Iniesta, que se marcó un baile digno del mejor ballet ruso en uno de las esquinas del campo. Desmarques al espacio de Pedro y Messi que interpretaban a la perfección el desequilibrio generado en la línea defensiva local. La presencia de Busquets, la jerarquía de Piqué, el mando de Xavi. Todo ayer parecía volver a estar en un orden ya establecido hace tiempo, y  que hasta este último partido parecía haber quedado olvidado en algún rincón de la memoria de este equipo.

Una primera parte sin apenas interrupciones dejaron gol de Alves a parte, dos nuevas muesca en ese revolver imaginario que parece llevar el diez azulgrana. Dos nuevas muescas, que suman ya ochenta, y que le encaminan  hacía el título del “mejor goleador de la historia”. Ciento tres años se han necesitado para igualar un registro de veinte y cinco goles en manos del hasta ayer desconocido Woodward, que recuperado del cajón de los recuerdos estos días por la prensa catalana, sabemos que se estableció en 1909. Menos hace, que el “Torpedo Müller”, estableció el suyo, y ahora éste debe estar contando los días y partidos que le quedan de reinado. También Van Nistelrooy fue ayer alcanzado como segundo goleador de la historia de la competición. Sólo Raúl resiste ahora los números de Messi, pero nadie duda ya que a su reinado le queda poco más de un año. ¿Alguien da más?

Y finalizado el primer acto, casi podríamos habernos levantado y apagar el televisor. Ya que a sabiendas del exigente diciembre que viene, el once azulgrana bajo sus revoluciones y estableció otro patrón de partido. Un patrón que habla de solidez, de sobriedad, de posesión infinita del esférico. Un once que dejó pasar los minutos sin apenas sobresaltos, y que consiguió dormir el encuentro en un insulso paso de minutos hasta su final. Un final con la portería a cero, que pareció recuperar esa seguridad defensiva perdida hasta la fecha con la presencia de Piqué, pero que a decir verdad, todavía le quedan mecanismos que recuperar sino quiere sufrir más de la cuenta. El poco acierto de los jugadores rusos fue tan determinante en ese cero como las buenas prestaciones del cuarteto defensivo titular.

Un once que presentó la ausencia de Villa, sacrificado por esa alternancia en esos puestos entre delantera y centro del campo que se está dando entre Iniesta y Cesc. Un once con Pedro, que interpreta como nadie el sentido de la frase con la que Pep acabó su discurso y que corre, corre y corre para poder servir nuevamente el balón a Xavi o a Busquets. Un once con Alves, que necesita ofrecer más minutos de calidad sino quiere verse relegado al banquillo por la nueva generación que ya aprieta, y a la que Tito mostró en los últimos minutos del choque, dando entrada a Deulofeu  y Montoya, y que enseña partido a partido un fondo de armario tan amplio, que no hace temer por la continuidad de esta historia, que ojala se torne interminable.

Un equipo, que por sexta temporada consecutiva acaba líder de su grupo, y que ya espera el sorteo de octavos con la esperanza de empezar a recorrer un largo camino que nos vuelva a llevar a Wembley, y escribir así la tercera parte de un idilio casi mágico entre un estadio y una historia coloreada en azul y grana. Un equipo que gestionado ahora por Tito, pareció recordar ayer las palabras de su anterior técnico, y que al menos a mi por primera vez esta temporada me hizo volver a disfrutar de un fútbol que creí que ya no volvería a presenciar. 

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jueves, 8 de noviembre de 2012

Momento de innovar.


Siempre me han fascinado las historias de magia y aventuras que rodean las islas británicas. Desde las leyendas del Rey Arturo y su invencible espada Excalibur, pasando por las peripecias de uno de sus caballeros más valientes y audaz, el Principe Valiente, o los ya más reales relatos de los últimos coletazos del Imperio Romano, en todas ellas, la magia y los poderes sobrenaturales han tenido un protagonismo destacado. Magos y brujas configuraban unos elementos indispensables en las andanzas de estos ya míticos caballeros, que enfundados en sus armaduras, y atesorando una fuerza de voluntad y destreza guerrera sin igual, eran capaces de sobrevivir a las más horrendas amenazas.

Pues bien, parece que el Barça, en cada una de sus visitas a las Islas está condenado a luchar no sólo contra once mortales jugadores de fútbol, sino contra un halo mágico de protección que los hace invencibles. Y es que sólo así se puede explicar, cómo ayer, otra vez, y después de noventa minutos de asedio, disparos, despejes, paradas, postes e imposibles combinaciones en el área rival, los azulgranas salieron derrotados del Celtic Park.

Fue este último partido una repetición de la infausta semifinal de Champions de la temporada pasada. Partidos que se repiten cada vez con más frecuencia y que hacen que los rivales con muy poco juego ofensivo consigan llevarse los puntos en disputa. Y es que ayer, poco hubiera cambiado, si en lugar de Valdés un jugador de campo hubiera ocupado la portería visitante. Da hasta un poco de rabia ver cómo con tan poco se consiguen dos goles, después de observar cómo durante todo el choque los nuestros cercaron e intentaron múltiples formas de batir al portero rival, el cual además, pareció convertirse en un discípulo del legendario mago Merlín, y ahuyentar con paradas imposibles todas las acciones de la delantera azulgrana.

Pero de regreso al mundo real y viendo el partido, casi me entraron ganas de llamar a Valero Rivera, el mítico entrenador que llevo a los más grandes éxitos a nuestro equipo de balonmano, y pedirle que táctica utilizaría para tirar abajo este tipo de defensas. Y es que no me negaréis que cada vez, los encuentros de los de Tito, se asemejan más a ese deporte que al fútbol en sí. Por eso, creo que deberíamos optar entonces por adoptar soluciones paralelas.

Soluciones que pasan, por incrustar en el centro del ataque un auténtico tanque del área. Un jugador grande, que sepa proteger el balón de espaldas a la portería, y que a semejanza de los pivotes del handball, atraigan para si a más de un defensor, y permitan dejar el balón de cara a los lanzadores. O un gigantón que sea capaz de aprovechar el buen movimiento del balón a las bandas, y que de cómo alternativa de ataque un centro alto. Son muchas las ocasiones en las que los laterales azulgrana tienes esta posibilidad, pero apenas la utilizan ante la inutilidad que supone elevar mucho el balón del césped. No están hechos nuestros delanteros para buscar este tipo de soluciones.

Otra solución más original sería estudiar a los grandes estrategas de la historia. Estos días, repasando Historia de Roma, he podido aprender como el temido general cartaginés Aníbal, puso en un brete a las hasta entonces casi invencibles legiones romanas con una táctica basada en el engaño. Se basaba en mostrar debilidad ante la fuerza imponente de su adversario, y organizar una retirada organizada, generando así confianza en su rival, que se lanzaba al ataque, sin darse cuenta que mientras tanto era rodeado por los flancos hasta caer asfixiado por los ataques en todos los frentes. Sería esa una buena forma de poner fin a estas defensas tan cerradas, y aunque significará renunciar a nuestro marcado estilo de juego, tal vez, en este tipo de partidos, deberíamos optar por retrasar nuestras líneas de presión, y dar la iniciativa del juego al equipo rival. Invitarle a jugar y a salir de su campo. Dejar que avancen y que sumen jugadores por delante del balón, y así, fuera de su sitio y envalentonados por el repliegue, los azulgranas podrían robar el esférico en su zona de construcción, quedando así, pasillos abiertos por donde poder aprovechar la velocidad y calidad del juego del Barça..

Pero no hace falta ir tan lejos para ver una estrategia parecida. Ayer no dejaba de acordarme de la infausta final de Atenas, en la que Capello, realizó una estrategia similar, tapando el juego de los constructores de juego azulgrana, y dejando al “Chapi” Ferrer cómo único defensa libre para la subida del balón. Entendía el entrenador milanista que éste era el menos dotado para el tipo de juego que proponía el Barça, y al el dirigía la presión de sus hombres una vez recibía el balón. Y no hace falta recordar aquí el resultado de aquella táctica, verdad?

Creo que ha llegado la hora de innovar, de buscar soluciones diferentes, de probar algo nuevo. Hemos sido tan admirados, y a la vez tan estudiados, que los guiones de los partidos azulgranas están ya escritos de aquí al final de la temporada. Es momento de sorprender y apostar por alguna variante que genere dudas en el estratega rival.

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miércoles, 3 de octubre de 2012

Luces y sombras


Sigue su periplo intratable el equipo azulgrana bajo las órdenes de Tito Vilanova. No se conoce rival que haya podido doblegar a los catalanes, y cada partido de éstos se cuenta como victoria. Una racha imparable de resultados, hacen que el próximo clásico se vea desde la tranquilidad del que se sabe arriba y con poco que perder, ya que una nueva victoria, además de batir todos los registros históricos de la entidad en cuanto a puntuación en un arranque liguero, supondría un lastre de once puntos muy difícil de superar para los blancos. Es una de esas típicas situaciones propicias para “hacer sangre” en el rival y dejarlo realmente tocado. Y ya sabéis los que leéis estos artículos cual es mi visión del comportamiento del Barça en estas situaciones. Ojala me equivoque.

Estamos viviendo una situación casi idílica, con remontadas en los últimos segundos de partido que hacen que hasta las victorias sepan mejor. Los éxitos con sufrimiento parece que lo son más. El vestuario, parece, por sus palabras y gestos, realmente enchufado para revalidar todo aquello que perdió el año pasado, y en cada partido se nos ofrecen detalles y secuencias que certifican a estos jugadores como los mejores. Messi parece cabalgar hacia su cuarto Balón de Oro consecutivo, en otro hito hasta ahora no repetido en la historia del fútbol. Cesc recupera su olfato goleador y su presencia en el área, y nos cuentan que su binomio con el argentino casi es una conexión sideral. Aléxis, autocrítico esta semana, y con un gran número de detractores ya entre la afición, pareció en Lisboa recuperar aquello por lo cual se le fichó, y ofrecernos su mejor versión de la temporada.

Así, que puede parecer hasta sacrílego escribir estas líneas argumentando los motivos por lo cuales esta serie de resultados intachable me tienen algo preocupado. Y es que, el Barça ofrece su mejor versión sólo en fases del partido. Fases en las que domina el juego, en las que duerme a sus rivales, y en las que la subida de revoluciones hace que el rival quede ninguneado. Sólo hay que ver cómo el Benfica se tomó el rondo final azulgrana. La impotencia fue tal que el único recurso que les quedó fue ir a la caza directa de los jugadores blaugranas. Pero fuera de esas fases que enamoran, el juego del equipo deja bastantes dudas.

Por un lado en la portería se ve un Valdés inseguro. Desde aquel error de la Supercopa parece que su moral ha quedado tocada, y muestra nervios en la portería. Es cierto que ha sacado balones importantes, pero no lo es menos que también comete fallos a los que no nos tiene acostumbrados. Además, huye del juego con los pies, y son pocas las ocasiones en las que juega ya con sus defensas. Fue sintomática ayer, una acción de Cesc, pidiéndole tranquilidad en un balón franco al área, instándole a un pase en corto, en lugar de a los múltiples balones aéreos que nos regaló.

Tampoco la defensa se presenta contundente, sobre todo en el juego en estático. Si se supera la presión inicial, y el equipo contrario llega a las inmediaciones del área, la defensa posicionada azulgrana presenta huecos y lagunas que son fácilmente desbordadas por los rivales. Cada aproximación contraria ocasiona una ocasión o disparo. Están acostumbrados los zagueros blaugrana al juego de anticipación y presión, y se muestran confusos en otro tipo de situaciones defensivas.

Situaciones defensivas que llegan por una presión menos asfixiante de los centrocampistas en esas fases de juego. Con Cesc y Messi en el campo, alternándose entre las posiciones de punta y centrocampista, parece que la presión queda reducida a Xavi y Busquets, y superada la línea de delanteros azulgrana, la diferencia numérica entre los rivales y los dos centrocampistas azulgrana, hace que la recuperación sea casi imposible, con lo que el repliegue se hace necesario. Y ahí, repito, el Barça parece que no sabe aplicar los automatismos y concentración que requiere ese tipo de juego.

Con la reentre de Iniesta puede que este problema quede solucionado, y que cada uno adopte su papel. Messi haga de él, y participe en zonas más cercanas al área. Ahora es el argentino, el que se encarga de llevar hasta allí el balón y ofrecer asistencias de lujo. Y perder también algún que otro balón comprometido.Ya se encargará el manchego de hacer llegar allí los balones. Y Messi, a lo suyo… a rematar la faena.

El clásico es la próxima parada. Un clásico sin Puyol, que nuevamente se ha lesionado, y esta vez con más gravedad que las anteriores. No está teniendo suerte el central esta temporada, aunque cómo un día le dijo Guardiola a Aléxis, alguien le debería hacer ver a Puyi, que con falta de centrales, con un clásico en puertas, y con el marcador ya cerrado, la cabeza debería estar más fría, y guardar esos ataques de furia y rabia para encuentros donde sean más necesarios. Esperemos que como nos tiene acostumbrados recorte sus tiempos de recuperación y pronto esté presente en el once titular.


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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Un susto, una idea y un genio.


Se ponía el Barça en marcha en su deseo de reencontrarse con Wembley, un día después de que lo hiciera su máximo rival. Y el regreso a la competición, que parecía fácil y tranquilo empezó con sobresaltos, y a más de uno le dejó con un pequeño susto en el cuerpo. Y es que sentado frente al televisor, con el reloj acercándose al minuto 93, y un córner a favor de los rivales, la imagen de Thiago Silva de la temporada pasada, rematando una ocasión idéntica a escasos segundos del final se repitió en mi cabeza.

No había empezado el partido bien para los azulgrana, con la lesión de Piqué, que deja huérfana la defensa de sus más emblemáticas piezas para las próximas dos o tres semanas. Su sustituto, Song, que hasta el momento ha ofrecido buenas prestaciones en el medio centro, no pareció desenvolverse muy bien en esa posición. Lento, y con muchos metros a su espalda, las pasaba canutas en cada contra lanzada por el equipo ruso. Y mi cabeza, que ayer le daba por imaginar y recordar, veía el partido del próximo clásico, y al camerunés en ese puesto, y casi me daban ganas de desactivar el cerebro, imaginando el daño que por ahí pueden hacer las vertiginosas contras de los blancos. Tal vez Bartra, con menos experiencia, pero más velocidad sea la apuesta más factible para un puesto que durante el próximo mes ha quedado cojo. Será cuestión de observar cual es la configuración defensiva catalana estas dos próximas semanas.

Susto por un autogol. El primero de Alves en su carrera, que puso a los rusos en el partido, y que les permitió acabar la primera parte con empate a un gol sin haber tirado a puerta.

Y susto en la reanudación, con una nueva contra rusa que obligaba a remontar. Ya teníamos dibujado un escenario parecido al que los blancos se encontraron en el día anterior, pero con más de media hora por delante para ejecutar el plan de la remontada.

Para ello, el Barça necesitó aumentar las revoluciones del partido, y aplicar a su juego típico de toque y posesión, el arma del juego individual. Se había visto durante el partido, que atacar la defensa rival no era tarea fácil, y que el deambular de la pelota de banda a banda a una velocidad mínima, no era un arma efectiva con la que desbordarla. Para ello, se recuperó la idea que Guardiola aplicó en el curso pasado, y el 3-4-3 pasó a dibujarse en el campo. Y poco a poco, el equipo azulgrana, fue presentando en el campo a todos sus artilleros. Ahora Aléxis, ahora Villa. Y poco a poco, las revoluciones del juego aumentaban y el cerco al área rival se intensificaba.

Y aún sin desplegar un juego y ritmo vertiginoso, la remontada fue un hecho. Claro que todo es más fácil si en tus filas milita un genio llamado Messi. Un genio que convierte en gol todo lo que toca, y que necesita muy poco, apenas nada, para aumentar sus estratosféricos registros partido a partido. Sólo hace repasar el vídeo del partido de ayer, y comprobar que las prestaciones del argentino fueron casi mínimas. No hubo regates, no hubo fintas, no hubo combinaciones, apenas intervino en el juego maniatado por los defensas visitantes. Pero enganchó dos pelotas en el área, y éstas acabaron en gol. Es curioso observar los goles del diez azulgrana esta temporada. Todavía no se le ve fresco, todavía adolece de esa chispa de velocidad que lo hace único, pero aún y así, sus números superan los de cualquier año a base de goles al primer toque. Un desmarque, un toque y un gol. Se está reconvirtiendo Messi en un delantero centro nato, que hasta es capaz de solventar partidos rematando de cabeza un centro a la olla.

Y una vez hecho el trabajo, se constató el respeto que se le tiene a este equipo. Con tres a dos en el marcador y más de cinco minutos por jugar, el Barça congeló el balón, y los visitantes seguían agazapados en su área a la espera ves a saber de que. Diez siluetas rojas continuaban dibujando dos líneas paralelas frente a su portería, y contemplaban como los azulgrana volvían a mover el balón con autoridad. Da la sensación que nadie se atreve a salir a buscarlos, sabiendo que espacios abiertos de más de un metro suponen una autopista para la técnica de los culés. Y aún así, y de rebote, llegó ese corner final. Y mi recuerdo. Cerré los ojos… y escuche el pitido final. Un final que marcó  un inicio de periplo europeo con más sobresaltos de los deseados, y la constatación de que Messi parece tocado por la varita de los dioses.


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Bomberos, arquitectos y un pirómano.


La épica victoria blanca en su debut en Champions, aunque viendo la reacción final de Mourinho, parecían estar jugándose ya el título más grande jamás logrado, puede haber alejado de forma paulatina la crisis generada por el titubeante inicio liguero. Pero aún así, el desarrollo del encuentro, marcado por la sorpresiva alineación inicial y por un final apoteósico no despejan las dudas sobre el diseño que quiere implantar el técnico luso.

Esta crisis de indefinición es un juego a tres bandas en la que se pueden establecer tres perfiles diferentes: bomberos, arquitectos y pirómanos. El objetivo de los bomberos es apagar las llamas, evitar el contagio y llevar el barco a puerto, todo ello sin preocuparse mucho de qué aspecto tendrá el edificio una vez concluida la crisis ni de qué pensaran los inquilinos que lo habitan. A la hora de adoptar una solución, los bomberos se guían por la efectividad: ¿taponará la brecha? ¿servirá de cortafuegos? ¿salvará vidas? Un bombero tiene que saber trabajar bajo presión y, en lugar de lamentarse por la falta de instrumentos o planes de contingencia, saber improvisar una solución recurriendo a lo primero que tenga mano. A los bomberos no les importa construir una explicación, rendir cuentas ni como se dice hoy, construir un relato. Su relato son los hechos: había un problema y se ha solucionado. En este apartado, se encuentras los rescatadores blancos en forma de delanteros, que ayer, apoyados en la floja línea defensiva rival, pudieron internarse casi sin problemas entre sus líneas para aplicar sus remedios sin casi oposición. Sólo había un reducto que parecía indestructible en forma de portero inconmensurable; Hart.  Cristiano Ronaldo, Benzemá, Marcelo, Higuaín, y todo aquel que dejaban deambular por la primera línea del fuego actuaban sin contemplaciones contra él, y atacaban con fuerza su base. Y poco a poco, las grandes llamas generadas por un extraño desarrollo del partido fueron apagándose hasta la extinción total, cuando ya todo parecía perdido. La solución aplicada no tuvo grandes florituras. Hacer llegar el balón a la frontal del área y disparar. Una y otra vez. Cómo los chorros de agua que atacan la base de las llamas. Y así, poco a poco, las fuerza del fuego fue amainando.

Los arquitectos, por el contrario, necesitan calcular hasta el último detalle, no dejando nada a la improvisación, que es su peor enemiga. Quieren diseñar sus edificios con tiempo, prever todas las alternativas, saber exactamente qué presupuesto tienen, qué peso soportará, qué función cumplirá y quién lo usará. También quieren planes de emergencia, rutas de evacuación y un programa de mantenimiento con revisiones periódicas. Si algo les aterra es un cliente indeciso, que no sabe lo que quiere ni para qué lo quiere. Y si de algo adoleció ayer el equipo blanco fue precisamente de ese tipo de perfil en el campo. Con una alineación algo extraña, y un trivote exagerado, el patrón del juego blanco en sus inicios pareció no quedar afectado por ese elemento pensador. Pero a medida que pasaron los minutos, y a la vez que el City  conseguía poco a poco salir de su escondite, fruto de las cabalgadas portentosas de Toure Yaya, la necesidad de ese juego entre líneas se hacía indispensable. Más cuando se veía, la nula capacidad de la estructura defensiva inglesa para contrarrestar ese tipo de juego. Cualquier jugador blanco que recibiera un balón entre líneas tenía facilidad para girarse, encarar, driblar y chutar. Era cuestión de tiempo que se pudiera apagar el fuego provocado por un sorpresivo gol inglés. Con veinte minutos por jugar arquitectos y bomberos parecían haber cercado el problema, y estaban prestos a aplicar una solución.

Finalmente están los pirómanos. De éstos los hay de tres tipos: los desequilibrados que encuentran satisfacción en ver las cosas arder; los que actúan de mala fe esperando obtener un beneficio económico; y los que con su comportamiento negligente provocan los incendios, no hacen nada para detenerlos o impiden las tareas de extinción. Y en este papel identifico claramente a Mourinho, aunque no sé muy bien en que grupo catalogarlo. El tercero queda descartado, ya que consciente de que se podía quemar, puso remedió y actuó echando mano de sus mejores soluciones, y dando las órdenes precisas para llevar las tareas de extinción del incendio a buen puerto. Incendio que el mismo había creado. Y es que no contento con el frente abierto durante la semana, pareció ayer que le echaba un pulso a su plantilla, o a parte de ella, avivando así un nuevo frente que podría haber provocado un fuego de características catastróficas.  Puede haber establecido Mou una nueva categoría en la definición de este tipo de sujetos: aquellos que crean su propio fuego, y encuentran placentero apagarlo por ellos mismos.

Solventado el fuego, veremos cómo trascurre el devenir de los próximos partidos. Queda la duda de si Mourinho seguirá ejerciendo su función pirotécnica. De ser así, su cuerpo de bomberos puede quedarse sin herramientas para atacar tantos frentes y verse desbordados. Porqué desde fuera, y sin un conocimiento de causa muy profundo: mientras bomberos y arquitectos luchan y pelean, el pirómano les llevan la delantera.


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