En una semana boba, en la que las bobadas han presidido la mayoría de
noticias deportivas, el Barça y el Madrid han pagado, en forma de perdida
de puntos, su intenso duelo de semifinales de Copa. Unos, los blancos, los cuales dan la sensación de dejarse ir
de los partidos, una vez éstos se complican. Otros, los azulgrana, con un once
tipo algo asfixiado, parecen atravesar por esa travesía anual de decaimiento,
que se les presenta cada vez que los meses de enero y febrero, aparecen en las
páginas de los calendarios que recién estrenamos.
Y es que si en algo se diferencia este equipo que ahora dirige Tito Vilanova, del de su predecesor en
el cargo, es que deja poco sitio para las sorpresas en las alineaciones. El año
pasado hablábamos de “loto Pep”, y de
lo difícil que podía ser adivinar el once con el que los catalanes saltarían al
campo. Incluso, parecía que Guardiola, leía la mayoría de apuestas, y parecía
burlarse de los aventurados “pitonisos”,
para poner en liza un once a cual más sorprendente. Eran las “guardioladas”
Era igual que el partido fuera grande, o una mera comparsa. Era
independiente estar jugándose una clasificación para una ronda inicial de Copa, o las mismas semifinales. Siempre
había sitio, para los Cuenca, o Tello, o Adriano.., y todo aquel que formaba parte de la plantilla.
Cualquiera parecía tener opción de disputar el siguiente partido. No hay que ir
muy lejos para recordar cómo recibió el Barça
al Real Madrid en el Camp Nou, en el
partido que tenía que ser decisivo para firmar el pasado campeonato. Todavía
dicen que se oyen los berridos de Messi
por los pasillos del estadio cuando se enteró cuales serían sus compañeros de
vanguardia. Tampoco hace falta recordar, el final de dicho envite.
Este año no. Este año a la que un partido huele a grande, no hace falta
pensar mucho que equipo aparecerá por la puerta del vestuario a disputarlo. Sólo
alguna licencia en el eje central defensivo se permiten los técnicos azulgrana,
donde Piqué, Puyol y Mascherano se
turnan de forma acompasada en un reparto casi equitativo de los minutos. El
resto, diez jugadores fijos, salvo Pinto
en Copa, son puestos en liza, una
vez y otra también para jugarse los momentos realmente importantes del año.
Y es ahora en enero, donde suele coincidir esa bajada de tono física
azulgrana, cuando se han dado más partidos de este calibre. Málaga en tres ocasiones, Real Madrid y Valencia han obligado al máximo a ese once que repetimos ya de
memoria igual que hacían nuestros padres y abuelos en sus años mozos. Sólo una
licencia en forma de amplia rotación se permitieron los azulgrana en su duelo
copero ante los andaluces, y ya sabemos cual fue el resultado, y la posterior
decisión de esos mismos técnicos para afrontar el choque de vuelta. No son de
extrañar por tanto, esos períodos de cierto desasosiego e incapacidad de
control que en ocasiones muestra el equipo.
Y ante tal clarividencia en definir cuales son los mejores, cabría pensar
en aquellos que no han entrado a formar parte de este grupo. Un Villa, que cada día que pasa, debe
pensar más en el final de temporada para aclarar un futuro, que aquí parece no
tener, ya que, por mucho que se le diga, los hechos le demuestran partido
grande sí, partido grande también que son otros los verdaderos protagonistas. O
Aléxis, el cual recibe también de
forma unánime elogios repetidos hacia su trabajo, pero que sabe a ciencia
cierta que está muy lejos de disputarles minutos a los actuales propietarios de
la línea atacante azulgrana.
Y que debe pensar Thiago, cuyas
aportaciones llegan sólo en minutos de refresco o reconocimiento para ese
cuarteto omnipresente de centrocampista. O Song,
que vino a darle minutos de descanso a Búsquets
y puede acabar como el jugador más descansado de la temporada.
Y que debe pasar por la cabeza de Tello,
que después de protagonizar la temporada pasada minutos decisivos, ahora ha
quedado postrado a las últimas posibilidades de una rotación que apenas llega O
Adriano, que de lateral ambidiestro,
ha acabado por ocupar un lugar fijo en la primera línea de banquillo.
Y no hablemos ya de Bartra, o Montoya o Dos Santos, los cuales, ya olvidados deben seguro ir plateándose
algún tipo de cesión en un futuro muy próximo.
Entiendo, que Tito al principio, y Roura ahora, cada uno en su nueva
situación cómo técnico, tenían como principal objetivo asegurar el tiro. Tito
sabía que poco se le iba a perdonar si presentaba un inicio titubeante, lejos
del que nos tenía acostumbrados su amigo Pep. Roura, sabe ahora, que la
ausencia de su jefe, le hace ser el foco de atención, y que cualquier traspiés,
más si éste es en forma de pérdida de un título puede abrir un debate en cuanto
a su figura en el banquillo, y la carga que supone la dirección de un equipo
sin su máximo representante. Ambas situaciones, obligan casi a poner en liza a
los mejores.
Pero también entiendo, que ahora, con la Liga casi casi ganada, y con partidos de menos renombre es hora de
echar una mirada hacia esas caras, que ya no disimulan su malestar, y darles la
oportunidad de sentirse importantes. Un plus de confianza que servirá como
primer chispazo, para avivar a un once que ahora necesita cierto tiempo en
reposo.
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