La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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lunes, 4 de febrero de 2013

Un Barça sin chispa.


En una semana boba, en la que las bobadas han presidido la mayoría de noticias deportivas, el Barça y el Madrid han pagado, en forma de perdida de puntos, su intenso duelo de semifinales de Copa. Unos, los blancos, los cuales dan la sensación de dejarse ir de los partidos, una vez éstos se complican. Otros, los azulgrana, con un once tipo algo asfixiado, parecen atravesar por esa travesía anual de decaimiento, que se les presenta cada vez que los meses de enero y febrero, aparecen en las páginas de los calendarios que recién estrenamos.

Y es que si en algo se diferencia este equipo que ahora dirige Tito Vilanova, del de su predecesor en el cargo, es que deja poco sitio para las sorpresas en las alineaciones. El año pasado hablábamos de “loto Pep”, y de lo difícil que podía ser adivinar el once con el que los catalanes saltarían al campo. Incluso, parecía que Guardiola, leía la mayoría de apuestas, y parecía burlarse de los aventurados “pitonisos”, para poner en liza un once a cual más sorprendente. Eran las “guardioladas”

Era igual que el partido fuera grande, o una mera comparsa. Era independiente estar jugándose una clasificación para una ronda inicial de Copa, o las mismas semifinales. Siempre había sitio, para los Cuenca, o Tello, o Adriano.., y todo aquel que formaba parte de la plantilla. Cualquiera parecía tener opción de disputar el siguiente partido. No hay que ir muy lejos para recordar cómo recibió el Barça al Real Madrid en el Camp Nou, en el partido que tenía que ser decisivo para firmar el pasado campeonato. Todavía dicen que se oyen los berridos de Messi por los pasillos del estadio cuando se enteró cuales serían sus compañeros de vanguardia. Tampoco hace falta recordar, el final de dicho envite.

Este año no. Este año a la que un partido huele a grande, no hace falta pensar mucho que equipo aparecerá por la puerta del vestuario a disputarlo. Sólo alguna licencia en el eje central defensivo se permiten los técnicos azulgrana, donde Piqué, Puyol y Mascherano se turnan de forma acompasada en un reparto casi equitativo de los minutos. El resto, diez jugadores fijos, salvo Pinto en Copa, son puestos en liza, una vez y otra también para jugarse los momentos realmente importantes del año.

Y es ahora en enero, donde suele coincidir esa bajada de tono física azulgrana, cuando se han dado más partidos de este calibre. Málaga en tres ocasiones, Real Madrid y Valencia han obligado al máximo a ese once que repetimos ya de memoria igual que hacían nuestros padres y abuelos en sus años mozos. Sólo una licencia en forma de amplia rotación se permitieron los azulgrana en su duelo copero ante los andaluces, y ya sabemos cual fue el resultado, y la posterior decisión de esos mismos técnicos para afrontar el choque de vuelta. No son de extrañar por tanto, esos períodos de cierto desasosiego e incapacidad de control que en ocasiones muestra el equipo.

Y ante tal clarividencia en definir cuales son los mejores, cabría pensar en aquellos que no han entrado a formar parte de este grupo. Un Villa, que cada día que pasa, debe pensar más en el final de temporada para aclarar un futuro, que aquí parece no tener, ya que, por mucho que se le diga, los hechos le demuestran partido grande sí, partido grande también que son otros los verdaderos protagonistas. O Aléxis, el cual recibe también de forma unánime elogios repetidos hacia su trabajo, pero que sabe a ciencia cierta que está muy lejos de disputarles minutos a los actuales propietarios de la línea atacante azulgrana.  

Y que debe pensar Thiago, cuyas aportaciones llegan sólo en minutos de refresco o reconocimiento para ese cuarteto omnipresente de centrocampista. O Song, que vino a darle minutos de descanso a Búsquets y puede acabar como el jugador más descansado de la temporada.

Y que debe pasar por la cabeza de Tello, que después de protagonizar la temporada pasada minutos decisivos, ahora ha quedado postrado a las últimas posibilidades de una rotación que apenas llega O Adriano, que de lateral ambidiestro, ha acabado por ocupar un lugar fijo en la primera línea de banquillo.

Y no hablemos ya de Bartra, o Montoya o Dos Santos, los cuales, ya olvidados deben seguro ir plateándose algún tipo de cesión en un futuro muy próximo.

Entiendo, que Tito al principio, y Roura ahora, cada uno en su nueva situación cómo técnico, tenían como principal objetivo asegurar el tiro. Tito sabía que poco se le iba a perdonar si presentaba un inicio titubeante, lejos del que nos tenía acostumbrados su amigo Pep. Roura, sabe ahora, que la ausencia de su jefe, le hace ser el foco de atención, y que cualquier traspiés, más si éste es en forma de pérdida de un título puede abrir un debate en cuanto a su figura en el banquillo, y la carga que supone la dirección de un equipo sin su máximo representante. Ambas situaciones, obligan casi a poner en liza a los mejores.

Pero también entiendo, que ahora, con la Liga casi casi ganada, y con partidos de menos renombre es hora de echar una mirada hacia esas caras, que ya no disimulan su malestar, y darles la oportunidad de sentirse importantes. Un plus de confianza que servirá como primer chispazo, para avivar a un once que ahora necesita cierto tiempo en reposo.


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jueves, 24 de enero de 2013

Papa, ¿y este quien es?


Esa fue la pregunta que ayer me lanzó mi hija Marta, cuando, viendo el canal de deportes de TV3, vio el resumen de la rueda de prensa del segundo entrenador azulgrana. Está inquieta mi hija con el partido de esta noche. Tan nerviosa está, que aunque coincidiendo el partido con una de sus series favoritas, El Barco, la cual no acabo de entender, me ha dicho, que no me preocupe. Qué hoy el televisor es mío, y que puedo disponer tranquilamente de él. Qué a ella también le interesa el partido, y que se sentará conmigo en el sofá para verlo.

Y ese mensaje indica que estamos ante un partido grande. Un partido que significa una auténtica final. Un partido con MAYÚSCULAS. Y es que ya sabéis los asiduos a este blog, que mi hija pequeña tiene una particular manera de ver los partidos. Sólo centra su atención en aquellos que son importantes, y únicamente vigila las acciones de su ídolo, Messi.

Por eso, ayer, delante del televisor, la imagen de Roura le chocó. Y es que si ya de por sí, el cambio de Tito por Pep, ha hecho que su nivel de interés hacía lo que dice el entrenador azulgrana bajará bastante, la imagen de alguien totalmente desconocido, le llevó incluso a plantearse la importancia que tiene el entrenador en el actual equipo azulgrana.

-         Papa, si mañana me pongo en el banquillo, el Barça, si juega bien, también gana.

Si hasta me dio la alineación (Pinto, Alves, Puyol, Piqué, Alba, Busquets, Cesc, Xavi, Iniesta, Pedro y Messi). Y se acabó. Que salgan, jueguen, y ganen!!!.. No es lo que hacen siempre?.

¿La táctica?. Simple también.

-         Qué le den la pelota a Messi. Y ya está. Yo me sentaría en el banquillo, vería como juegan, y cuando “mi niño” metiera un gol, que viniera a celebrarlo allí.

Así de simple, así de fácil. Para ella, los jugadores azulgranas son tan y tan buenos, que no necesitan apenas entrenador en este tipo de partidos. Para estos partidos se reservan los mejores, y los mejores los tiene claros.

Me hizo gracia su planteamiento, precisamente en estos días, en los que, después de la goleada blanca en Valencia, han salido a escena mensajes de autogestión en el vestuario blanco. Me hace gracia, ver, cómo con planteamientos simples, se basa la fuerza del equipoen los jugadores, dejando la figura del entrenador en un segundo plano. Me hace gracia observar, cómo hoy, donde la figura del entrenador ha alcanzado niveles casi endiosados, la mente de mi hija ve un partido de fútbol de la misma forma que yo lo hacía en mi niñez. En aquella época los buenos eran Cruyff, o Neeskens, o Asensi. Ya más grande Krankl, Schuster y Maradona. O Carrasco, Marcos. Incluso Archibald me parecía bueno. De los entrenadores apenas tengo recuerdos. Puede que Michels, por lo que leí después. O Venables, por aquella Liga largamente esperada.

Ahora, en un mundo, donde parece que nada es importante sin una marca registrada que lo identifique, estamos obsesionados en definir a los equipos empezando por aquellos que los entrenan. Que sí el Pep Team, que si el Real Madrid de Mou, el Atlético de Simeone. A mi me gustaban más epítetos cómo el Dream Team o la Quinta del Buitre. Epítetos que hacían referencia a los jugadores, que al fin y al cabo, y tal cómo dice mi hija, son los verdaderos artífices de los éxitos y fracasos.

Así que hoy, si Marta acierta, y ante una final, el Barça parte coomo favorito. Y lo es, estando en el banquillo Pep, Tito o Roura. Incluso, diría yo que lo sería, estando Marta en el banquillo. O no?

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miércoles, 16 de enero de 2013

Llanuras del tránsito

Ha finalizado la primera vuelta de una Liga sorprendente, en la que más de un cule, incluido el autor de estas líneas, sospechaba que el traspaso del legado de Guardiola iba a ser más caótico y complicado de lo que estamos viendo. No ya por pesimismo, pero sin por sentido común, y aplicando una cierta memoria historia, vemos como, a cualquier época de “vacas gordas”, le llega sin remisión su final, y períodos de crisis cíclicos aparecen a la espera de una nueva recuperación que permita el resurgir.

No hace falta recordar a nadie la actual crisis económica en la que estamos sumergidos, después de haber vivido los años más prósperos que se recuerden. Pues bien, en el fútbol, que se suele mover por idénticos parámetros, no es extraño que el final de los ciclos de éxito acaben de forma  abrupta, y que éstos queden concatenados a períodos negros con estrepitosos fracasos que recordar. Yo, muy a mi pesar, no puedo dejar de pensar en aquellos cinco años en blanco, en las que mis visitas al Camp Nou eran frecuentes, y que acababan en ocasiones con mi deserción al medio tiempo de los partidos, o con una cabezadita en la butaca a la espera del pitido final.

Puede que esa experiencia negativa influya en mi percepción de las cosas, y temía, que la marcha del mayor icono conocido hasta la fecha, dejará una nostalgia tal, que incapaces de substraernos de la influencia de Pep y su capacidad de gobierno, hiciera que el equipo quedará aletargado a la espera de un tiempo mejor. Imaginaba un escenario con un Madrid lanzado, más después de la Liga conquistada, y con la necesidad de hacer ver a sus seguidores que el primer paso del derrumbamiento culé era un hecho.

Esperaba como mal menor, un transcurrir placentero en una especie de llanura. Un transcurrir algo anodino después de la vorágine vivida, en la que la que cual cordillera montañosa, un pico superaba al siguiente, y un momento de emoción sustituía al anterior sin apenas tiempo a disfrutar de los éxitos vividos. Un éxito, otro más, una victoria redonda, una paliza en campo contrario, un trofeo soñado, un título sin paliativos, un reconocimiento colectivo y un sin fin de galardones individuales parecían gestas insuperables. Esperaba un transcurrir sin sobresaltos, cómo esas etapas de transición tan propias del ciclismo, que sirven de descanso entre épicas hazañas en busca de esas carreteras que a más de uno se le atragantan incluso al volante de un vehículo a motor.

Incrementaba mi percepción de época anodina, la figura de Tito Vilanova, el cual parecía la antítesis de su antecesor. Vivo, comunicador, inquieto, social, uno… apocado, con aire tristón, melancólico, y hasta algo soso, el otro. Tal y cómo él dijo en su presentación, partía con desventaja en su particular viaje. El peso de su mochila era tan grande que parecía tarea inhumana afrontar el próximo pico, la próxima cumbre. Una carga tan voluminosa presagiaba un transporte por terrenos sin dificultades, con kilómetros y kilómetros sin emoción, a la espera que el paso del tiempo hiciera disminuir el equipaje, y permitiera a sus portadores recuperar fuerzas para atacar de nuevo las más altas cumbres.

Pero ante mi sorpresa, y creo que la de la mayoría, ese transito ha sido tan breve, que nuevamente hoy nos encontramos sumidos en una vorágines de partidos excelsos, de loas infinitas y de expectativas sin límites. A dieciocho puntos de los blancos y firmando la mejor primera vuelta nunca vista, el equipo azulgrana ha acabado incluso con el debate.

Ni el propio seguidor del Real Madrid, en contra de lo que sucedía en años anteriores es capaz de poner un pero a la hasta ahora dictatorial hegemonía culé en la Liga. Y no sólo por la diferencia de puntos, si no incluso por la sensación de imbatibilidad que denota un equipo, que lejos de mostrarse agotado, parece haber resurgido todavía con más fuerza para poder así, transitar a velocidad de vértigo con ese pesado equipaje con la que empezó su actual periplo.

Una equpaje, pero, transportada entre menos manos que con Guardiola. Y es que esa es una de las principales variantes que Tito ha aplicado al modelo. La “loto Pep” ha pasado a la historia, y las “Guardioladas” son un recuerdo. Esperemos que esos catorce o quince jugadores que están soportando todo el peso de este viaje, lleguen con fuerza al final del trayecto, y logren subir esa mochila al más alto pico. 


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lunes, 14 de enero de 2013

Un Barça coral


El coro es un ejercicio colectivo que históricamente nace en el momento en el que un grupo de personas se ponen a cantar juntas bajo unas mismas directrices marcadas por ellas mismos o por la personalidad de un director. Está formado por diferentes tipos de voces, agrupadas en cuerdas. Cada cuerda agrupa las voces en función del registro o tesitura de cada una. Y todas ellas al unísono interpretan obras escritas para el lucimiento de todas y cada una de ellas; las sinfonías corales.

Pues bien, viendo el último de los partidos azulgranas, no encuentro mejor metáfora que esta para explicar lo que se mostró en el césped de la Rosaleda. Once jugadores interpretando conjuntamente una pieza conocida hace ya tiempo, llevaron el juego a un nivel de excelencia, en el que cada uno, en su registro brillo con luz propia.

Es difícil destacar si el mejor fue Messi, cual soprano, está habituado interpretar la melodía principal, y que cómo suele ser habitual participó en todas las jugadas transcendentes del partido. O lo fue Iniesta, que podría interpretarse como el tenor de la sinfonía, ejecutando cabriolas y excelsos movimientos que le sitúan en la parte central del grupo. O Xavi, que cual contratenor se complementa de forma perfecta con el manchego. O el barítono, Busquets, que con ese registro medio entre la practicidad y el virtuosismo se perfila como el medio centro perfecto. O Tito Vilanova, que cual director de la orquesta ha llevado al grupo a un nivel rallando la excelencia, superando a día de hoy las prestaciones de su antecesor, el cual dejó un recuerdo que parecía más una losa que un legado.

Cada jugador, cada técnico forma parte de un todo, y el resultado final muestra en el terreno de juego una obra en la que no sólo importa el resultado final, si no que recoge multitud de detalles que dejan la finalización en gol como un detalle más, destinado a culminar una gran obra. Ahora una ruleta, ahora un regate impensable, ahora un rondo infinito, dan al partido una visión global, que va mucho más allá de un simple ir en busca de la portería contraria. Y ante ello, el espectador disfruta, y mantiene la atención en cualquier fase del campo y del partido. Ilustrativa es la frase del central argentino Demichellis al concluir el choque, en la que en el mayor elogio que pueda hacer un contrario reconoció que tuvo ganas, en momentos puntuales de la segunda parte, de pararse y ponerse a aplaudir.

Este es el Barça actual. Un conjunto que finalizada la primera vuelta del campeonato, muestra unos números casi perfectos, y que con toda una vuelta por delante, casi puede empezar a guardar sitio en el Museo del club, a un título liguero más. Una primera vuelta de récord, de puntos y de goles. Una primera vuelta que ha mostrado un equipo, con un concepto futbolístico, que hoy por hoy queda muy lejos de alcanzar por sus rivales.

Un equipo, que empezó el campeonato con dudas. Eran los meses de septiembre y octubre, y los puntos conseguidos superaban al juego exhibido. No parecían encontrar los jugadores su lugar en el campo. La presión parecía llegar tarde, y la defensa sufría más de lo acostumbrado. Las bajas de Piqué y Puyol, la baja forma de Alves, y las locas subidas de Alba propiciaban un continuo vivir al borde de un ataque de nervios, que llegó incluso a poner en jaque la confianza y seguridad de Valdes. Ahora, unos meses más tarde, parece sacrílego pensar mal de este cuarteto (sexteto si sumamos a Mascherano y Adriano), que puesto ya en forma se muestra casi infranqueable.

Fueron meses, en los que la puntería de Messi alcanzó grados sublimes llevándole a cerrar el año con los mejores registros nunca vistos. Meses en los que, pese a los resultados conseguidos los debates comparativos entre este y aquel otro Barça se repetían tras cada actuación. En definitiva, meses de transición y puesta a punto, que culminaron es ese último partido ante el Málaga, con la interpretación de la mejor versión de un conjunto que está haciendo historia.

Y si además, a todo ello añadimos, que nuestro máximo rival, el Real Madrid, acaba este periodo competitivo a unos abismales dieciocho puntos de diferencia, podemos concluir que a día de hoy, aficionados y seguidores azulgrana estamos viviendo una temporada idílica, en la que, finalizados los partidos, miramos el calendario para ver cual es la siguiente cita del equipo, y hacer un hueco en nuestra agenda, marcando en rojo esas dos horas como un acontecimiento al que no podemos faltar.

Ahora el reto siguiente, se llama Copa del Rey, y en un mes de enero muy exigente, en el que, los azulgrana acostumbran a desfondarse. Un mes que puede llevar a una semifinal de Copa ante los blancos y Mourinho. Pero ese es otro capítulo de esta historia, y una obra con diferente guión. Veremos cual será el resultado.

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Los Otros.


La famosa película de Alejandro Amenábar daba lugar a profundas reflexiones más allá de las que la crítica cinéfila  podía provocar. La principal y resumida la recoge este párrafo.

“La diferencia entre los muertos y los vivos no es solamente ésa, la más obvia, la que separa un sustantivo de otro, delimitándolos en los infranqueables territorios de los opuestos.. En Los Otros, película que desde el título anuncia su vocación de misterio, y no sólo de "thriller", se exploran ambas diferencias, se juega con seres que están en uno y otro mundo, con muertos que ignoran que lo están, y con muertos que lo saben, y que tienen por misión revelarles esa verdad.”

En esa dualidad entre dos mundos, se juega con el papel indefinido entre lo real y lo espiritual, entre lo mundano y lo fantasmagórico. Dos mundos tan opuestos, que aunque obligados a convivir como parte de una misma existencia, marca tantas diferencias que los hace antagonistas. Unos los vivos, prevalecen, los otros, que han dejado de existir, caen en el olvido. Una dualidad que trasladada al fútbol y a la gestión de un banquillo marca la existencia de dos roles cuya sola mención delimita claramente su papel y su posición. Unos, los titulares, reservados para los grandes logros y gestas, y los otros, los suplentes, recambios de urgencia o recursos para el descanso de su rival en el once. Unos saben y se sienten protagonistas de este mundo, los otros, intentan salir de la penumbra y ver la luz del túnel que les conduce al campo, en la formación inicial. Dos mundos dentro de un mismo equipo.

Ahora en el Barça, después de casi una vuelta liguera disputada, una liguilla de Champions concluida, y un par de eliminatorias de Copa del Rey ante equipos de menos nombre, vemos claramente esos papeles. Titulares fijos que forman la columna vertebral del equipo y que se saben claves en la temporada. Son nueve nombres fijos (Valdés, Piqué, Puyol, Alba, Busquets, Xavi, Iniesta, Cesc y Messi), casi once si incluimos a Alves y Pedro, que dejan sin espacio la incorporación de esos otros jugadores que ven peligran su estatus. Y entre esas victimas, nombres ilustres como Villa, Aléxis, Mascherano, Adriano o Thiago ven reducidos sus minutos a la espera de lesiones o rotaciones en partidos de menos trascendencia.

Y es que tal cómo ayer reconoció Tito Vilanova en rueda de prensa al ser preguntado por el ostracismo de Villa en la formación titular,  “no caben todos”, y la gestión de los estatus parece convertirse ahora en su mayor problema, vista la trayectoria deportiva casi inmaculada del equipo.

Fácil parece la gestión defensiva, donde con Alves por debajo de su nivel y Puyol con más achaques de los previsibles, parece que los minutos pueden ser repartidos de forma que Adriano y Mascherano se sientan cómodos en su participación. Incluso hasta Montoya y Bartra parecen conformarse con ese rol de aprendiz que este año les toca vivir.

Ya no lo es tanto en el centro del campo, donde la mejor trilogía de centrocampistas que la historia de este deporte ha dado (Busquets, Iniesta y Xavi), deja sin espacio a cualquiera que quiera discutir su hegemonía. Sólo el movimiento de Iniesta a otras zonas del campo más próximas a portería ha permitido incluir a Cesc en esa línea de centrocampistas que de trío pasa a cuarteto, y que bautizada con el nombre de “los cuatro fantásticos”, ocupa casi el cien por cien de los minutos del juego. Abre ahora la lesión de Cesc un periodo en el que desde la sombra del banquillo alguien deberá cambiar su rol.

Y aquí tiene Tito su dilema. Siendo Pedro casi fijo y Messi inamovible sólo un nombre podrá acceder a ese puesto. Aléxis, atendiendo a su utilización en el último partido parece el mejor colocado, aunque sus números y desenvoltura con el balón en el juego de conjunto no parecen ayudarle a ser considerado un titular. Por otro lado Villa, que está viviendo una situación única en su carrera, y que tras su lesión no ha logrado recuperar ese puesto en ese mundo de los vivos, que desde uno de los extremos de la delantera daba nombre a una de las siglas del famoso MVP. Villa, que no juega apenas en Liga, Villa que apenas participa en Champions, ha sido relegado a esos partidos destinados a dar descanso a los realmente importantes. Villa, uno de los otros que reniega de su condición e intenta regresar a ese otro mundo del que una oportuna lesión le apartó. Villa ante un dilema. ¿Cuál es mi mundo? ¿Los vivos o lo muertos? ¿Lo que fui lo que soy?



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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Homenaje a Guardiola


En una semana en la que se ha hecho pública la primera charla de Pep, parece que sus jugadores hayan recordado al leerla los principios básicos de la misma. Unos principios que hablan de identidad, de implicación y de compromiso. Unos principios que se basan en una concepción fácil de lo que debe significar un buen partido de fútbol, que se reflejan en la última frase de la ahora ya, tan famosa disertación. “Cuando tengamos la pelota no hay que perderla, cuando la perdamos, hay que correr para recuperarla. Eso es todo básicamente”.

Y a esos se aplicaron en su último partido de Champions los jugadores azulgrana. Todavía recuerdo el impacto que me produjo ver las primeras evoluciones de aquel equipo, que hace ahora más de cuatro años empezaba a formar Guardiola. Una sinfonía de pases, de desmarques, de paredes. Una presión asfixiante que minimizaba espacios y que reducía las posibilidades de combinación de los rivales a la mínima expresión. Unos inicios de partidos demoledores que finiquitaban los encuentros convirtiendo en muchas ocasiones las segundas partes en meros trámites que había que cumplir.

Ante el Spartak, en una hora intempestiva e inusual de partido de Champions, con jugadores enfundados en maillots y guantes, y con un césped artificial al que dicen cuesta acostumbrarse, los de Tito Vilanova, ejecutaron los mejores cuarenta y cinco minutos de esta temporada. Cuarenta y cinco minutos llenos de detalles para enmarcar. No sólo los goles, tres para ser exactos merecen ser destacados. Sólo había que sentarse y mirar. Mirar las paredes y los triángulos, cuadrados y rombos que se formaban delante del balón. Mirar los regates preciosistas de Iniesta, que se marcó un baile digno del mejor ballet ruso en uno de las esquinas del campo. Desmarques al espacio de Pedro y Messi que interpretaban a la perfección el desequilibrio generado en la línea defensiva local. La presencia de Busquets, la jerarquía de Piqué, el mando de Xavi. Todo ayer parecía volver a estar en un orden ya establecido hace tiempo, y  que hasta este último partido parecía haber quedado olvidado en algún rincón de la memoria de este equipo.

Una primera parte sin apenas interrupciones dejaron gol de Alves a parte, dos nuevas muesca en ese revolver imaginario que parece llevar el diez azulgrana. Dos nuevas muescas, que suman ya ochenta, y que le encaminan  hacía el título del “mejor goleador de la historia”. Ciento tres años se han necesitado para igualar un registro de veinte y cinco goles en manos del hasta ayer desconocido Woodward, que recuperado del cajón de los recuerdos estos días por la prensa catalana, sabemos que se estableció en 1909. Menos hace, que el “Torpedo Müller”, estableció el suyo, y ahora éste debe estar contando los días y partidos que le quedan de reinado. También Van Nistelrooy fue ayer alcanzado como segundo goleador de la historia de la competición. Sólo Raúl resiste ahora los números de Messi, pero nadie duda ya que a su reinado le queda poco más de un año. ¿Alguien da más?

Y finalizado el primer acto, casi podríamos habernos levantado y apagar el televisor. Ya que a sabiendas del exigente diciembre que viene, el once azulgrana bajo sus revoluciones y estableció otro patrón de partido. Un patrón que habla de solidez, de sobriedad, de posesión infinita del esférico. Un once que dejó pasar los minutos sin apenas sobresaltos, y que consiguió dormir el encuentro en un insulso paso de minutos hasta su final. Un final con la portería a cero, que pareció recuperar esa seguridad defensiva perdida hasta la fecha con la presencia de Piqué, pero que a decir verdad, todavía le quedan mecanismos que recuperar sino quiere sufrir más de la cuenta. El poco acierto de los jugadores rusos fue tan determinante en ese cero como las buenas prestaciones del cuarteto defensivo titular.

Un once que presentó la ausencia de Villa, sacrificado por esa alternancia en esos puestos entre delantera y centro del campo que se está dando entre Iniesta y Cesc. Un once con Pedro, que interpreta como nadie el sentido de la frase con la que Pep acabó su discurso y que corre, corre y corre para poder servir nuevamente el balón a Xavi o a Busquets. Un once con Alves, que necesita ofrecer más minutos de calidad sino quiere verse relegado al banquillo por la nueva generación que ya aprieta, y a la que Tito mostró en los últimos minutos del choque, dando entrada a Deulofeu  y Montoya, y que enseña partido a partido un fondo de armario tan amplio, que no hace temer por la continuidad de esta historia, que ojala se torne interminable.

Un equipo, que por sexta temporada consecutiva acaba líder de su grupo, y que ya espera el sorteo de octavos con la esperanza de empezar a recorrer un largo camino que nos vuelva a llevar a Wembley, y escribir así la tercera parte de un idilio casi mágico entre un estadio y una historia coloreada en azul y grana. Un equipo que gestionado ahora por Tito, pareció recordar ayer las palabras de su anterior técnico, y que al menos a mi por primera vez esta temporada me hizo volver a disfrutar de un fútbol que creí que ya no volvería a presenciar. 

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jueves, 8 de noviembre de 2012

Momento de innovar.


Siempre me han fascinado las historias de magia y aventuras que rodean las islas británicas. Desde las leyendas del Rey Arturo y su invencible espada Excalibur, pasando por las peripecias de uno de sus caballeros más valientes y audaz, el Principe Valiente, o los ya más reales relatos de los últimos coletazos del Imperio Romano, en todas ellas, la magia y los poderes sobrenaturales han tenido un protagonismo destacado. Magos y brujas configuraban unos elementos indispensables en las andanzas de estos ya míticos caballeros, que enfundados en sus armaduras, y atesorando una fuerza de voluntad y destreza guerrera sin igual, eran capaces de sobrevivir a las más horrendas amenazas.

Pues bien, parece que el Barça, en cada una de sus visitas a las Islas está condenado a luchar no sólo contra once mortales jugadores de fútbol, sino contra un halo mágico de protección que los hace invencibles. Y es que sólo así se puede explicar, cómo ayer, otra vez, y después de noventa minutos de asedio, disparos, despejes, paradas, postes e imposibles combinaciones en el área rival, los azulgranas salieron derrotados del Celtic Park.

Fue este último partido una repetición de la infausta semifinal de Champions de la temporada pasada. Partidos que se repiten cada vez con más frecuencia y que hacen que los rivales con muy poco juego ofensivo consigan llevarse los puntos en disputa. Y es que ayer, poco hubiera cambiado, si en lugar de Valdés un jugador de campo hubiera ocupado la portería visitante. Da hasta un poco de rabia ver cómo con tan poco se consiguen dos goles, después de observar cómo durante todo el choque los nuestros cercaron e intentaron múltiples formas de batir al portero rival, el cual además, pareció convertirse en un discípulo del legendario mago Merlín, y ahuyentar con paradas imposibles todas las acciones de la delantera azulgrana.

Pero de regreso al mundo real y viendo el partido, casi me entraron ganas de llamar a Valero Rivera, el mítico entrenador que llevo a los más grandes éxitos a nuestro equipo de balonmano, y pedirle que táctica utilizaría para tirar abajo este tipo de defensas. Y es que no me negaréis que cada vez, los encuentros de los de Tito, se asemejan más a ese deporte que al fútbol en sí. Por eso, creo que deberíamos optar entonces por adoptar soluciones paralelas.

Soluciones que pasan, por incrustar en el centro del ataque un auténtico tanque del área. Un jugador grande, que sepa proteger el balón de espaldas a la portería, y que a semejanza de los pivotes del handball, atraigan para si a más de un defensor, y permitan dejar el balón de cara a los lanzadores. O un gigantón que sea capaz de aprovechar el buen movimiento del balón a las bandas, y que de cómo alternativa de ataque un centro alto. Son muchas las ocasiones en las que los laterales azulgrana tienes esta posibilidad, pero apenas la utilizan ante la inutilidad que supone elevar mucho el balón del césped. No están hechos nuestros delanteros para buscar este tipo de soluciones.

Otra solución más original sería estudiar a los grandes estrategas de la historia. Estos días, repasando Historia de Roma, he podido aprender como el temido general cartaginés Aníbal, puso en un brete a las hasta entonces casi invencibles legiones romanas con una táctica basada en el engaño. Se basaba en mostrar debilidad ante la fuerza imponente de su adversario, y organizar una retirada organizada, generando así confianza en su rival, que se lanzaba al ataque, sin darse cuenta que mientras tanto era rodeado por los flancos hasta caer asfixiado por los ataques en todos los frentes. Sería esa una buena forma de poner fin a estas defensas tan cerradas, y aunque significará renunciar a nuestro marcado estilo de juego, tal vez, en este tipo de partidos, deberíamos optar por retrasar nuestras líneas de presión, y dar la iniciativa del juego al equipo rival. Invitarle a jugar y a salir de su campo. Dejar que avancen y que sumen jugadores por delante del balón, y así, fuera de su sitio y envalentonados por el repliegue, los azulgranas podrían robar el esférico en su zona de construcción, quedando así, pasillos abiertos por donde poder aprovechar la velocidad y calidad del juego del Barça..

Pero no hace falta ir tan lejos para ver una estrategia parecida. Ayer no dejaba de acordarme de la infausta final de Atenas, en la que Capello, realizó una estrategia similar, tapando el juego de los constructores de juego azulgrana, y dejando al “Chapi” Ferrer cómo único defensa libre para la subida del balón. Entendía el entrenador milanista que éste era el menos dotado para el tipo de juego que proponía el Barça, y al el dirigía la presión de sus hombres una vez recibía el balón. Y no hace falta recordar aquí el resultado de aquella táctica, verdad?

Creo que ha llegado la hora de innovar, de buscar soluciones diferentes, de probar algo nuevo. Hemos sido tan admirados, y a la vez tan estudiados, que los guiones de los partidos azulgranas están ya escritos de aquí al final de la temporada. Es momento de sorprender y apostar por alguna variante que genere dudas en el estratega rival.

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martes, 6 de noviembre de 2012

¿Añoranza de Guardiola?


“Efectivament” es un programa nocturno del canal Esport3 que se emite como contrapogramación a las tertulias de “Punto Pelota” y “Futboloeros”. Cómo contrapunto culé, dicho programa se basa en el mismo formato que los anteriores, pero sin un debate y confrontación continua entre los tertulianos, ya que todos los invitados tienen como denominador común, en la mayoría de las ocasiones, su pasión por los colores blaugrana.

Anoche, se lanzó una pregunta, que me hizo recordar el post que no hacía ni veinte horas que había publicado. ¿Añora el Barça a Guardiola? Y allí se lanzaron los tertulianos a debatir los pros y contras de esta etapa. Los valores de Tito como entrenador, el continuismo de una filosofía triunfante y el ambiente crispado en el Real Madrid, que contrasta con la balsa de aceite que se ha convertido el equipo azulgrana esta temporada, fueron las teorías más defendidas.

Pero una destacó por encima de todas. Era aquella que defendía que con un equipo con apenas cambios, les había llegado la hora a los jugadores de demostrar que los éxitos, más allá de la mano de Pep, que indudablemente la hubo, llegaron por sus méritos. Unos méritos que habla de una calidad contrastada, y muy por encima de sus rivales. Unos méritos que hace de este equipo un grupo humano casi invencible independientemente de quien este al mando. Es la hora de demostrar quien es el verdadero artífice de este ciclo.

En el otro lado del sofá, se sentaba Marta, enfrascada en sus deberes de física, y sus conversaciones de WathsApp. Ya se sabe, ahora los niños son multitarea, y son capaces de atender a diferentes centros de interés de forma simultanea. En un mundo cambiante están adquiriendo habilidades totalmente desconocidas para los que ya hemos superado una cierta edad. Y así, de repente, y con la voz chillona que le caracteriza, y casi enfadada soltó… ¿Perdona?... ¿Están diciendo estos tíos que el Barça ha ganado por Guardiola?... Y empezó su disertación.

¿Cómo en un equipo que juegan Messi, Xavi, Iniesta Pique, Puyol, Busquets le pueden dar el mérito al entrenador? Pero si sólo tiene que poner a los jugadores en el campo y decirles que salgan y jueguen!!!. Pero si sólo tiene que decirle a Xavi que busque a Messi y ya está. Le das la pelota a Messi, miras que hace, y se acabo el partido…

Yo me reía, y casi se me lanza al cuello por mi cara burlona. Y seguía. A ver papa, si yo me pongo en el banquillo de tus niños el sábado pasado (ganamos 1-9), el resultado hubiera sido diferente?. Ganan igual!!!  Pues eso pasa en el Barça de ahora. Son tan buenos, hay tanta diferencia con el resto que sólo hay que decirles la hora del partido y donde se juega!! Y seguía enfadada, diría que ofendida sólo por el hecho de que alguien formulara esa pregunta. Y la tendrías que ver cuando se cabrea, eh?.. Mejor no estar cerca.

Yo le intentaba explicar que cuando llegó Pep se encontró con un equipo viciado y acomodado. Un equipo con grandes estrellas que no rendían, y con muchos de los jugadores que ahora tiene en estado casi de melancolía. Un equipo que también tenía a Messi, tenía a Iniesta, a Xavi, e incluso a Eto’o. Un equipo que configuró a su manera dejando fuera a Ronaldinho y Deco. Un equipo que puso a jugar cómo nunca antes se había visto jugar al fútbol. Ese es el mérito de Pep. Y me sonreía viendo como ella se defendía.

Vale papa, Guardiola tiene algo de mérito. Pero Tito?...  Lo único que tiene que hacer es no estropear lo que ya estaba hecho. Sólo tiene que decirle a Messi que siga jugando igual y ya está. Este equipo no es el equipo de Guardiola, ni de Tito, ni de la cantera, ni de nada. Este es el equipo de Messi y punto!!!!. Y no había quien la hiciera bajar del burro en el que anoche se subió. Y con esos prontos a los que ya me he acostumbrado, me quitó el mando de la tele, cambió de canal, y con rotundidad dio por finalizada la discusión:

-         Para oír tonterías, mejor ponemos “La que se avecina”, que así al menos me reiré”…

Y aquí paz, y después gloria. No sé que diría Tito Vilanova si tuviera una hija como la mía…;-)

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lunes, 5 de noviembre de 2012

Encefalograma plano


Hace poco recibí una crítica sobre la calidad de mis últimos post. Hablaba de que me había vuelto algo repetitivo y fanático en cuanto a mis valoraciones de la dupla Barça y Madrid, y que había perdido la objetividad en algunos de mis comentarios. Concretamente se me criticaba cierta fijación, a la vez que crispación en el momento de opinar sobre Mourinho y su compatriota Cristiano Ronaldo.

Repasando los post publicados el mes de octubre, y los escritos desde el inicio de esta Liga, puede que el lector que me hizo llegar ese comentario tenga parte de razón, en cuanto a la primera de sus afirmaciones. Y es que uno de los motivos que me llevo a abrir este espacio, a parte de un experimento profesional ya finalizado, fue el subidón que me producía cada partido del equipo que creo Josep Guardiola.

Un equipo que, en sus primeras tres temporadas llegó a practicar un fútbol cómo ya jamás había creído que se podía jugar. Era indiferente el rival, no importaba la competición, daba igual la clasificación. Cada partido azulgrana era una exhibición de precisión, pase y control, presión, y acciones espectaculares que hacía que la agenda del fin de semana se moviera en función del horario del partido del Barça.

Ahora, he de reconocer que esa pasión ha disminuido, y que con la marcha de Pep, y el inicio de Tito Vilanova como entrenador me ha dejado huérfano de esas ansías por sentarme delante del televisor. Sólo un buen post es posible, si éste se realiza desde la pasión y la necesidad de comentar algo insólito. Sólo un buen relato nace, después de haber observado y vivido algo único. Ahora, después de dos meses de competición, y con el mejor arranque liguero del Barça en toda su historia, a pesar de los números, no logro enchufarme al equipo ni a los partidos.

Supongo que cualquiera que haya llegado hasta aquí en la lectura de este artículo me tachará de pesimista o de sacrílego. ¿Pero que está diciendo este tío? Líderes absolutos de la competición liguera, con un pie en los octavos de final de la Champions, y solventado con crédito el primer duelo copero, y va y nos cuenta que el Barça no le pone. A ocho puntos del Madrid, viendo como Messi se dirige con paso firme hacía los mejores números de la historia que un goleador haya registrado jamás. Observando como partido a partido el equipo parece hacerse casi invencible, y va y este tío nos cuenta que la pasión le desaparece….

Pues sí, y es que exceptuando el primer partido de los azulgranas ante la Real Sociedad, todavía no he podido ver en acción aquel equipo explosivo que no hace tanto me hacía disfrutar en grado sumo. Ahora observo los partidos como trámites, que de noventa minutos en noventa minutos transcurren cual tedioso día en la oficina. Partidos casi repetidos ante las arcaicas tácticas defensivas que los rivales presentan, siendo ya independiente si el encuentro es en el Camp Nou o en cualquiera de los feudos visitantes. Partidos con ciertos minutos de presión y vivacidad, que dejan paso a largos minutos de control y juego horizontal sin apenas nada que reseñar. Partidos que se solucionan a base de chispazos y genialidades que dejan con la boca abierta, pero que adolecen de esa continuidad que te hacia quedarte enganchado al sofá, dejando cualquier otra necesidad física para el descanso o el pitido final, no fuera que en ese lapsus de tiempo hiciera que te perdieras algo de lo que arrepentirte.

A todo ello contribuyen también los rivales, y es que exceptuando el Atlético de Madrid, que este fin de semana ha caído en el primer choque verdaderamente exigente, tampoco parece que hoy por hoy el Real Madrid esté para lanzar cohetes precisamente. Perdidos en guerras internas y en ruedas de prensa que poco hacen por analizar el juego del equipo, los blancos, tras un pobre inicio, parecen haber recuperado algo el ritmo de la competición, pero quedan lejos, muy lejos del equipo guerrero y veloz de la temporada pasada. La mejor prueba es su último partido liguero, en el que el balón estuvo en poder de forma casi permanente en los pies de los jugadores zaragocistas, que adolecieron de aquello que todavía perdura en las botas de los merengues: el acierto ante el gol.

Y así, este sábado, después de casi ciento ochenta minutos de fútbol, casi me atrevo a decir que perdí la tarde delante del televisor sin apenas nada que reseñar con notoriedad. Con sólo decir que las portadas del día siguiente estaban el cien por cien dedicadas al nuevo hijo de Messi está dicho todo. Nunca hasta ese día periodismo deportivo y de corazón estuvieron tan conectados. Del resto, el golazo de Villa, los laterales azulgrana, el fallo de Messi, y los goles blancos. Nada que un buen resumen de apenas diez minutos no pudiera incluir.

Y claro, escribir así es mucho más difícil. Y el centro de atención gira hacía otros focos más luminosos, como es esas continuas guerras que tanto les gusta provocar a los portugueses, que parece que se aburren si los periodos de paz se alargan en demasía. Y así, en esa pertinaz propaganda por aupar al siete blanco a unas cotas que para mi le están vedadas, puede que sí, que haya centrado mi atención en demasía hacía un tema algo repetitivo, y que también carece de emoción, cómo es discutir quien es el mejor futbolista del momento. Intentaré corregirme y centrarme en lo futbolístico.

Para ello espero que Tito me saque de este sopor que me ha entrado. Para ello me hace falta ver noventa minutos de auténtica intensidad. Noventa minutos de asedio. Noventa minutos de ritmo desenfrenado. Noventa minutos que vuelvan a activar mi cerebro, y lo alejen de esa especie de letargo que haga que los partidos transcurran de forma somnolienta y sin apenas alteraciones rítmicas. Noventa minutos de encefalograma plano.

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martes, 23 de octubre de 2012

El heredero respondón


Desde que Guardiola inició su periplo cómo entrenador azulgrana una bocanada de aire fresco irrumpió en un vestuario viciado por los coletazos de autocomplacencia de una época que se cerraba. La llegada de Pep al banquillo del Camp Nou ofreció a los culés la posibilidad de vivir un sueño nunca visto. Un sueño que culminó con títulos jamás soñados, que además fue acompañado por un juego que despertó admiración en casi todo el orbe futbolístico.

Pero si algo definió a Pep, además de su buen hacer en el campo, fue su intachable discurso, y sus formas de comportarse en las ruedas de prensa. Un discurso fluido, educado y sin apenas estridencias. Un discurso diferente, que desde este mismo sitio analicé en un artículo titulado el discurso del Rey.

Y el final del reinado de Guardiola se vivió de igual manera que todo su periplo azulgrana. Un relevo sin traumas, sin apenas ruido y con pocas noticias que resaltar dio paso al heredero de ese trono, y cual príncipe coronado Tito Vilanova se presentó en sociedad. 

Los primeros pasos de Tito fueron cautelosos, y apenas enfundado en ese traje que sustituyo al eterno chándal que le acompañaba, ofreció sus primeras ruedas de prensa y dirigió los primeros escarceos en el césped. Y pocos cambios se observaban. Incluso una de las primeras frases de Tito fue que si en algo saldría perdiendo seguro sería en la comparación con su antecesor. El poder de convocatoria de Pep fue tal que su presencia en cualquier comparecencia pública llenaba el aforo con sus palabras, y aún a riesgo de ser tachado de “falso humilde” no se apartó casi nunca de su línea de moderación.

Pero vete aquí, que de un tiempo a esta parte, Tito da muestras de no estar satisfecho con  esa línea de sosiego marcada. Y es que el segundo azulgrana imagino que ha tenido que tragar bilis con alguno de los acontecimientos vividos en los últimos años. No hay que echar mucho la vista atrás para recordar el episodio del famoso dedo en el ojo, y las consecuencias que éste produjo. Y me da la sensación, que a pesar de las palabras vertidas intentado pasar de puntillas por el recuerdo de este hecho, éste y otros eventos han quedado grabados en la memoria de Vilanova.

Un Vilanova que pasadas las primeras semanas ha dejado de mostrarse cauto y va envalentonándose a medida que a fuerza de acostumbrarse, va sintiéndose cómodo en el estrado. Intuyo que el ahora primero azulgrana no estaba muy de acuerdo con esa ley del silencio que defendía Guardiola. Imagino que viendo los ataques que a éste le generó este tipo de discurso, él ahora ha optado por pasar al ataque y responder cualquier velada acusación que se realice desde otros foros futbolísticos. Me da que pensar, que puesto a ser atacado, prefiere que estos ataques lleguen por las cosas que realmente dice, que no por las suponían en el mesurado y estratégico discurso del de Santpedor.

Y así, ahora, ante la mínima insinuación de crítica, Tito sale a la palestra y defiende su posición sin tapujos. Qué Pepe se queja de Iniesta y sus piscinazo, falta tiempo para recordarle al central su hoja de servicios a espaldas de la deportividad. Qué Mourinho apela a la hegemonía del Madrid y del Chelsea en España y Europa respectivamente, tarda poco en elaborar una respuesta recordando el título Mundial de clubs que todavía ostentan los azulgranas. Qué desde el rival se hace continua propaganda a CR7 para conseguir votos para el Balón de Oro, pues nada mejor que decir que a Messi no le hace falta ningún tipo de campaña, ya que éste la hace por si sólo mostrando sus habilidades en cada intervención en un campo. Qué nadie habla de los árbitros y el calendario, pues Tito recuerda polémicas pasadas, y es él el que pone el tema en el candelero antes que le pisen la primicia.

Y es que estando de acuerdo en la imagen pausada, educada y elegante de Pep, a veces creo, tal y como me enseño mi profesor Alfredo Álvarez de Lengua y Literatura en mis años de BUP y COU, que en según que situaciones es conveniente ponerse a la altura de tu interlocutor para que este te entienda. Y que en ocasiones, una frase cortante, un insulto conciso, un reproche soez tiene más y mejor efecto que un discurso elaborado. Y creo que hasta ahora, Tito ha sabido sacar ese punto de ironía y saber estar que ha sorprendido a más de uno. Seguro que asistiremos este año a curiosas respuestas y razonamientos que pondrán en bandeja el ataque más acérrimo de cierto tipo de prensa. El alumno ha salido respondón, pero a veces…, que a gusto te quedas después de decir según que, verdad?


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lunes, 17 de septiembre de 2012

Un Barça "sin".


En una época de recortes, en la que la ciudadanía nos estamos acostumbrando a vivir “sin” todo aquello que hasta hace poco parecía de uso común. En un tiempo en la que nos hemos acostumbrado a beber “sin” alcohol, a comer “sin” calorías, a viajar “sin” pasaporte, y en la que a más de uno le gustaría dejarnos “sin” capacidad de raciocinio,  el Barça, el nuevo Barça de Tito Vilnova, presentó en un último partido de Liga ante el Getafe, su versión ligth, y ante la sorpresa de todos, alineó un once con casi pleno de canteranos y con la ausencia de sus máximas estrellas. Fue el Barça “sin”.

Un Barça “sin” Dani Alves, al que sustituyó Montoya, que parece que poco a poco va ganándose el estatus de jugador del primer equipo. Un Alves que ha iniciado la temporada algo renqueante, y con pocos minutos de juego en sus piernas. Pequeños percances y molestias le han impedido jugar todo lo que está acostumbrado. Pequeños percances y molestias, que sin embargo no han impedido que con Brasil, juegue de forma completa los bolos de preparación de “su” Mundial. El jet lag de tanta ida y vuelta, y el aviso de Tito, pueden hacerle ver al brasileño, que este año, será mejor centrase en su puesto de titular, y no olvidar que ahora, parece tener un suplente de garantías.

Un Barça “sin” Jordi Alba, que enfermo, y también obligado a jugar un compromiso internacional sin estar en plenas condiciones, ve, cómo Adriano le va arañando minutos, en lo que parecía el puesto de titular más fijo de este equipo. Después de su impresionante Eurocopa, en la que destacó y nominó como el mejor lateral izquierdo del continente, está viendo, en su inicial periplo azulgrana, cómo otro brasileño, también ansioso por disputar “su” Mundial, defiende, ataca, y marca. Está pagando Alba el esfuerzo físico de este verano, y a día de hoy parece que el ex-sevillista le lleva ventaja en las prioridades del entrenador.

Un Barça “sin” Iniesta, también renqueante de su periplo internacional. Una baja, que propició la entrada de Thiago cuatro meses después de su lesión, y que acompañó a Xavi y Busquets en el centro del campo.

Y sorprendentemente un Barça “SIN” Messi. Y es que en un partido en el que también se iba a jugar “sin” Aléxis, y “sin” Villa, si algo parecía claro era que el argentino ocuparía el eje de la delantera. Y para sorpresa de todos, el tridente atacante contó con unas siglas poco habituales y de difícil combinación. Y es que Tello, Cesc y Pedro no tienen unas iniciales que propicien la mediática definición que las conjugue.

Y ante la sorpresa general, ese Barça tan poco azucarado y edulcorado ofreció el partido más completo desde que se inició la temporada. Y ante un equipo madrileño que optó por repetir el planteamiento de la temporada pasada, supo leer de forma espléndida el partido, y cerrarlo con un marcador que no dejó lugar a dudas. Eso sí, lo fue haciendo a medida que se incorporaron al campo ingredientes que dieron algo más de sabor al juego del equipo. Y ya “CON” Messi primero, que logró dos goles en menos tiempo de lo que aquí tardaría en narrarlos, y “con” Villa, a modo de ingrediente que da el toque final, cerró un marcador muy favorable, y certificó una victoria que, refugiándonos en la estadística, casi certifica el alirón azulgrana. Y es que desde que el Getafe inició su andadura en la Primera División, año que los azulgrana consiguen salir victoriosos del  Coliseo Alfonso Pérez, año que la visita a Canaletas, y la rua ciudadana está garantizada.

Está siendo un inicio de temporada muy efectivo el de los azulgrana. Cos su última victoria, han logrado superar cualquiera de los arranques del añorado Guardiola. Nunca consiguió éste un inicio tan arrollador, dejando así una pequeña posibilidad a su sucesor de superarle en algunos de los estratosféricos resultados estadísticos que consiguió..

Este, y la diferencia de ocho puntos respecto al Real Madrid, son los datos más significativos de un campeonato que apenas se ha puesto en marcha, y que visto lo visto, puede quedar reducido a la nada a poco de iniciarse. Es pronto, muy pronto, y las campanas no han de sonar de forma oficial, pero nadie puede negar a día de hoy, que a poco que los blancos no reaccionen, los azulgrana también se quedarán “sin” rival.


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jueves, 30 de agosto de 2012

El orgullo de perder.


De un tiempo a esta parte, llevo observando que se está siendo muy magnánimo en el trato de la derrota azulgrana. En ocasiones, lo puedo entender, e incluso lo encuentro justificado. Todavía recuerdo una eliminación de la Copa del Rey ante el Sevilla, con un partido para babear en el Sánchez Pizjuan, en el que Palop, creo que realizó el mejor partido nunca visto a un portero. Fue una derrota dulce y soportable. O la eliminación ante el Chelsea de la Champions pasada, que aunque lejos de hacerme sentir orgulloso, si que, a mi juicio, se debió a una especia de conjura astral que parecía tener escrito el nombre del equipo “blue” de antemano en el palmarés de la competición.

Somos los catalanes muy proclives a la celebración de la derrota. Si incluso nuestra fiesta nacional, El Día Once de Septiembre (Diada de l'Onze de Setembre, Diada Nacional de Catalunya, o simplemente Diada). conmemoramos la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas al mando del duque de Berwick durante la Guerra de Sucesión Española el 11 de septiembre de 1714, tras catorce meses de sitio.

Y ahora, en esas estamos, en definir la última pérdida cule, en forma de trofeo de SuperCopa, como una derrota con orgullo. La verdad, es que después del partido apagué el televisor. No me apetecía quedarme en el campo a ver como los blancos recogían el trofeo. No tenía ganas de escuchar los análisis post-partido y las diferentes opiniones. No necesitaba que nadie me explicara que había sucedido. Lo había visto yo mismo. Y había visto, que en una primera parte vergonzante, nuestro máximo rival nos pintó la cara. Así, tal cual, sin rodeos. Más intensidad, más fuelle, más ganas, más ansias. Atributos que nada tienen que ver con el acierto o la efectividad. Porqué si encima hubiera sido así, el varapalo que nos hubieran infringido hubiera sido de los que después sirven de excusa para editar un DVD conmemorativo.

Por eso, al día siguiente, cuando leí la prensa, los comentarios y los análisis del partido, ya más calmado, volví a indignarme, si cabe aún más que cuando estuve delante del televisor. Ante frases cómo “es la vez que más orgulloso me siento de este equipo” pronunciada por Tito Vilanova. O, “sólo llegaban mediante pelotazos” también pronunciada por el técnico blaugrana. O “nos han dicho en el vestuario que en la segunda parte hemos dado una lección de fútbol” dicha por Piqué. O “salimos fríos al partido y el Madrid lo aprovecho con balones largos” enunciada por Xavi. O “esfuerzo sin premio” o “El Madrid acabo pidiendo la hora”  fueron titulares de algunos de los diarios catalanes.

¿Orgulloso del equipo?... Pues no atisbo a saber muy bien la razón de este orgullo, si me refiero al partido de ayer.. ¿Orgulloso por salir al campo de forma tan relajada que permite al contrario, nuestro máximo rival, dolido y vilipendiado hasta la extenuación estos últimos años, la posibilidad de devolvernos todas las afrentas en un solo bofetón?  ¿Orgullos por no caer vilipendiados jugando con diez?. Habrá que recordar que la expulsión de Adriano fue justa, y que el diez de la formación azulgrana se debió una vez más a es a nula intensidad de nuestro medio campo en la presión, que facilitaba cualquier pase a los delanteros blancos. Menos mal que el brasileño optó por la expulsión, ya que de no ser así, y siendo CR7, el receptor del pase, el tercer gol estaba cantado, y entonces sí que la autopista hacia la masacre estaba servida. Fue la acción más inteligente de la defensa azulgrana en la primera parte.

¿Pelotazos?. Pues yo vi otro partido, eh?. Si que es cierto, que los dos goles fueron precisamente en jugadas así descritas, pero, el resto de los minutos de pelotazos nada. Hubo presión, fuerza, intensidad y juego directo. Hubo balones en profundidad entre líneas aprovechando espacios y autopistas infinitas hacia Valdés. Hubo estrategia en la búsqueda de faltas laterales, sabiendo la precariedad azulgrana en el juego aéreo. Hubo, en definitiva, aquello que definió Rosell en su día como baño.

¿Lección de fútbol?.. Hombre, sí. En la segunda parte se mejoró. Bastante. Lo cual no era muy complicado viendo el papelón de los primeros cuarenta y cinco minutos. Sólo hacía falta salir algo más ordenaditos y con ganas de jugar el partido. Parafraseando a Xavi, sólo se necesitaba salir un poco más caliente al campo. Pero lección de fútbol no se puede catalogar una parte en la que el contrario dispuso de hasta cuatro claras ocasiones de gol, y en una de ellas Kedhira, que no se caracteriza precisamente por su endiablada rapidez y regate, fue capaz de plantarse ante Valdés después de deshacerse de seis, si seis, rivales azulgrana.

¿Fríos al campo? Pues si un clásico, en el que te juegas un título, sí, un título, te deja frío, es que algo empieza a fallar por dentro. Porqué esa sensación de frialdad fue la que provocó que la hinchada culé se pusiera a cien, y con un calentón que a mi todavía me dura.

Ahora podría decir que estamos a principio de temporada, que es una derrota para aprender, que nos servirá de lección, que es intrascendente y no nos afectará… Podría repetir todos los tópicos que también ayer leía en boca de los integrantes del equipo. Pero no puedo evitar sentirme rabioso, pensando, en que lo más destacado del partido de ayer fue que mi equipo se quedó en el campo esperando a la entrega del trofeo a los merengues. Acto muy deportivo, sí, pero es que yo la imagen que quería ver era a mi equipo recogiendo el trofeo en ese mismo feudo merengue. En ese caso si que me hubiera sentido orgulloso.


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