La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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lunes, 24 de febrero de 2014

Una montaña rusa de sensaciones

Supongo que todos en alguna ocasión os habéis montado en una montaña rusa, y a su vez, experimentado el vaivén de sensaciones que, ahora arriba, ahora abajo,  producen los continuos cambios gravitatorios por los que se caracterizan este tipo de atracciones. A la placidez de la subida inicial, escuchando el traqueteo de las vagonetas, y el runrún del motor de arrastre, se une un cosquilleo en el estómago antes de la inminente bajada. La tranquilidad y el placer de un paisaje en el horizonte, dejará paso a la convulsión de un sinfín de bucles y maniobras, que hacen que a nuestro cerebro le sea difícil interpretar en que situación nos encontramos. A la euforia de observar la primera de las rampas, se le sucede el vértigo y la incertidumbre del que se enfrenta por primera vez a un trayecto vertiginoso y sin control. Arriba y abajo, euforia y vértigo, miedo y tensión se suceden sin apenas dar tiempo a la pausa entre cada una de estas sensaciones.

Y en eso estamos los culés, un día arriba, observándolo todo desde las alturas, Desde una posición de privilegio que nos permite observar a nuestros rivales desde la placidez del saber que todo está dominado. Líderes durante una sucesión récord de jornadas, pronosticaban un campeonato liguero sin apenas sobresaltos, esperando la llegada de las fuertes emociones que nos depararía la Champions. Y otros días abajo, en los que un revolcón por un giro inesperado, nos mete el miedo en el cuerpo, y hace que se tambaleen todos aquellos conceptos que apenas momentos atrás creíamos tan seguros.

Un día la euforia se instala en todos los medios y círculos culés, pensando que el equipo y su cuerpo técnico han dado con la tecla adecuada en la confección de un once de garantías, y una táctica de juego. Y al siguiente, unas rotaciones, que hasta el momento se habían constituido cómo la mejor de las apuestas, para garantizar llegar al tramo final de la temporada con todos los integrantes al máximo de su fuerzas, se convierten en un arma en contra a tenor del revolcón de nuestro último partido de Liga en Anoeta. Revolcón que se une a una fase ya general de desconcierto que hace que en este 2014 que apenas comienza el equipo se haya dejado por el camino la nada despreciable suma de diez puntos, y que en una hipotética Liga anual le colocaría en una tercera posición harto compartida, y alejado a una distancia casi insalvable de ocho puntos con el máximo rival, generando el vértigo usual que este tipo de situación nos provoca.

Hay momentos en el que el equipo es reconocible, y nos muestra su mejor versión apabullando al rival de turno. Pero hay otros en los que desaparece y muestra signos de debilidad que creíamos ya desterrados. Hay fases de la temporada en las que no hemos sentido imbatibles, y otros, como la actual, en la que parece que cualquier balón que ronda las inmediaciones de nuestra área es sinónimo de gol. Y si ese balón dibuja una estela en forma de centro, la sensación de vértigo se acrecienta, y ya casi es mejor cerrar los ojos a la espera del desenlace final de la jugada.

Aunque en mi opinión, un denominador común se extiende en cada una de las actuaciones del equipo, independientemente del resultado. Y es la falta de intensidad. Parecen los azulgrana todavía afectados por el rapapolvo alemán de finales de la temporada pasada, en las que un equipo fundido se las tuvo que ver con la mayor de las amenazas en esa fase del campeonato. No hará falta recordar aquí el resultado, pero parece, que en el subconsciente de cada uno de los integrantes de este plantel ha quedado grabado ese momento, y ya sea mediante la aplicación de la dosificación de esfuerzos en el once titular, ya sea mediante el ahorro de fuerzas en los mismos partidos, el equipo hoy por hoy no se encuentra del todo preparado para una confrontación física del máximo nivel.

Y así, con un equipo mucho más estirado de lo habitual, y con un centro del campo obligado a correr muchos más metros entre la separación que existe entre defensas y atacantes, los azulgrana sufren en cuanto el rival tiene el balón. Sufre en esa franja que oscila entre el treinta y treinta y cinco por ciento de porcentaje en la que hay que defender, en la que hay que presionar, en la que hay que ser solidario. Y parece que, proveyendo que lo mejor está por llegar, se rebaja el listón de exigencia en cada uno de los esfuerzos individuales. Se relajan las marcas, se rebaja el índice de presión, y se basa todo a los veinte o veinte cinco minutos en los que los jugadores se “ponen las pilas”, y deciden que ese es el momento del partido. Partidos de apenas media hora, diluyendo el resto en puro trámite.

Esperemos que el final de este trayecto de altos y bajos nos conduzca a un final, que al igual que en la famosa atracción, una vez puestos los pies en el suelo, y con la pausa de la parada, nos permita apreciar la realidad del momento, y que a pesar de los sinsabores sufridos, las sensaciones finales de emoción e incertidumbre nos dejen el recuerdo de que al a la postre, todo ha valido la pena.




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viernes, 8 de marzo de 2013

Turbulencias.

Parecía un viaje de placer. Un despegue algo brusco, y con cierto aire en contra hizo que el inicio fuera algo lento. Pero sorteados los primeros impedimentos, con viento a favor, y un ambiente del todo despejado, el avión puso rumbo a velocidad de crucero hacia su destino. Un destino que parecía iba a ser alcanzado con mucha antelación versus el horario previsto.

El pasaje viajaba confiado. Entre risas y bromas parecía que lo que acostumbraba a ser una larga travesía plagada de dificultades, iba a ser esta vez una anodina aventura con final feliz. El piloto, que debutaba como comandante de la nave, parecía solvente, incluso en ocasiones más que su antecesor. Su copiloto, al igual que él en anteriores travesías, permanecía en segundo plano, apoyando en las tareas que se le requerían.

Y en mitad de la travesía un giro inesperado en forma de enfermedad del comandante, pareció distorsionar el placentero trayecto. Pero sin nubes ni tormentas, el avión seguía su curso de forma anodina, y parecía que incluso en modo “piloto automático” sería capaz la compañía de cumplir con los horarios previstos

Pero cómo en cualquier viaje de larga duración el tiempo cambió, y las nubes se tornaron negras, el aire sopló violentamente en contra, y el avión entra en una gran tormenta, que llena de turbulentas le hace vibrar. Y así, aquello que hasta entonces se había transcurrido sin sobresaltos se convierte en un suplico para la nave azul y grana, ahora ya en manos del segundo, viendo que la indisposición del comandante ha ido a más.

El pasaje, acostumbrado a los parabienes de las horas previas, no parece darle demasiado importancia a los primeros vaivenes, intuyendo que éstos serán ocasionales, confiando plenamente tanto en lo magnánimo del tiempo, que hasta el momento había ofrecido dificultades, cómo en la capacidad del nuevo piloto y su equipo. La calma se instala a la espera del transcurrir de la tormenta.

Pero esta no finaliza, y lo que parecía la antesala de una ligera vibración, es ahora un vuelo lleno de dificultades que amenaza no ya sólo los pronósticos iniciales que hablaban de un éxito antes de tiempo, si no incluso se habla de una posible debacle en forma de aterrizaje de emergencia. Parece que son pocos los que confían en el nuevo comandante y su equipo, y ya se oyen voces al fondo del inmenso aparato que auguran la tragedia.

Es el momento de la calma. Es el momento en que todos apoyen al que guía la nave. Es el momento en que piloto, equipo y pasaje confíen en sus propias posibilidades y dejen de escuchar las órdenes, que con toda la buena intención les envían desde una lejana torre de control. Sólo “in situ” se sabe la magnitud de la tormenta, se aprecian las acometidas del aire y las necesidades de tomar las decisiones de forma directa y no diferida.

Sólo así, confiando en el que actualmente está al mando, el runrún continuo que todavía se oye de fondo desaparecerá. Ya habrá tiempo, cuando el titular del aparato se recupere, que éste tome el mando. No convirtamos un estupendo viaje en un tortuoso camino. Y recordemos que en cualquier travesía lo importante es llegar.
Sentémonos todos en nuestra butaca y otorguemos nuestra tranquilidad a los que comandan este inmenso aparato. No nos movamos, chillemos y gritemos dificultando así las maniobras que permitirán salir al aparato con el morro alzado de las nubes negras que le rodean.

El parte meteorológico habla de una nueva tormenta que se acerca desde Italia, con viento de Levante, y presagia nuevas ventiscas de cara. Sólo entrando en ella a todo trapo, y conduciendo con firmeza se podrá superar. Una vez hecho, parece, y digo parece, que el panorama se aclara, y el pasaje podrá volver a disfrutar de la travesía. Seguro que los negros nubarrones se aclaran y el sol vuelve a lucir. La primavera está próxima.




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lunes, 4 de marzo de 2013

Un campeón groggy.


La verdad es que después de presenciar las evoluciones del Barça en el último clásico, el desánimo fue el principal de mis sentimientos. Observar a un equipo casi diría que indolente, deambular al son de una versión B del Real Madrid, y ver cómo con la salida de los refuerzos blancos, el cambio de ritmo del partido hizo que los nuestros se vieran ya casi derrotados ante las primeras arrancadas, del ahora, omnipresente Cristiano Ronaldo, me dejó en un estado de estupor, y casi sin capacidad de reacción ante el espectáculo ofrecido.

Ni la excusa de un penalty no señalado, que lo fue, y además clarísimo me servía como argumento para defender, que tal vez, el empate pudo haber llegado en aquellos instantes finales. Las caras de los jugadores, en la que apenas se aprecia tensión, las imágenes de Roura, animando con gestos ostensibles a ritmo de “vamos”,  sin saber éste muy bien hacia donde dirigir a sus jugadores, los tweets leídos con posterioridad dudando ya de todo o casi todo, las protestas finales buscando en esa última decisión que no nos beneficiaba la principal causa de la derrota,  me parecieron devolver a un escenario ya lejano.

Un escenario el cual apenas conoce los más veteranos de la plantilla, acostumbrados el resto a nadar en las aguas del continuo éxito. Un escenario que habla de malos momentos, de baches, de pobre juego y partidos difíciles de levantar. Un escenario que deja la excelencia fuera del guión, con un juego insulso sin apenas nada que destacar, y que deja el equipo al borde del KO.

Porqué si a algo se asemeja hoy este equipo, es a aquel boxeador que después de dominar el ring, recibe un golpe muy duro, y queda groggy a merced de su rival. El puñetazo en pleno rostro vino desde Italia, y sin capacidad de reacción, los blancos han aprovechado el aturdimiento del gran campeón, para asestar don nuevos ganchos, que están haciendo, que en estos momentos el once azulgrana deambule por ese cuadrilátero ficticio, a la espera de que suene la campana reparadora, que le permita respirar en su esquina  atendiendo las órdenes oportunas.

Unas órdenes, que no sé si es por el aturdimiento reseñado, ahora parecen llegar tarde y mal. Aunque tampoco me parece justo la forma en la que es criticado y vilipendiado Roura hasta límites que rayan lo soez. Y es que si hasta hace unos días todos hablaban del gran despliegue técnico de las instalaciones azulgranas, posibilitando el seguimiento del equipo desde nueve mil kilómetros de distancia. Si hasta hace unos días la comunicación vía móvil y whatsapp era los más de lo más, y la prueba fehaciente del trabajo bien hecho. Si hasta hace unos días, la profesionalidad de los jugadores y la instauración de un modelo hacían de la figura del entrenador algo así como un ente abstracto que sólo debía preocuparse en conservar y perdurar lo ya creado, ahora no puede ser que sea el último de los responsables, el principal artífice de esa falta de reacción.

No hace mucho defendía yo mismo la casi nula incidencia de un técnico de prestigio en el banquillo, ante la gran capacidad técnica y táctica de casi todo el grupo. Pero ha bastado un golpe, para hacerme ver, que ante momentos de zozobra es necesario saber que hay alguien que analizando desde una posición diferente, es capaz de sacarte del atolladero. Y es en este punto donde, según mi visión está fallando el equipo y el cuerpo técnico en general. Se siguen utilizando las mismas armas, los mismos conceptos, las mismas estrategias, y los mismos patrones de juego desde el minuto cero al noventa, y apenas hay variaciones, independientemente del partido que se juegue.

Siguiendo con el símil boxístico, tal vez hubiera sido momento, después de ese mal asalto italiano, de recogerse, de buscar las esquinas del ring y bailar alrededor de nuestro rival y esperar. Tal vez era momento de que la defensa fuera nuestra arma, y dejar pasar estos momentos dejando la iniciativa al otro. Tal vez no fuera el momento de buscar aire, descansar en campo propio, y con las fuerzas en su justo límite intentar golpear en momentos puntuales.

Tal vex sea el momento de jugar de otra manera, a la espera de que pase esa sensación de aturdimiento. Un par de malos asaltos los tiene cualquiera. Saber salir de ellos con el mínimo daño es clave. No dejemos que la cuenta llegue al diez. El KO absoluto sería un mal final para un combate el cual llevábamos tan bien encaminado. 

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lunes, 18 de febrero de 2013

Convivir con Messi.


En el último partido liguero, Messi, volvió a hacerse centenario, y con ya más de trescientos goles, atesora unos números que temporada a temporada lo convierten en el jugador más decisivo que jamás ha existido. Golea y asiste. Genera juego y finaliza. Igual está para un rechazo del portero que para ejecutar una falta de forma magistral. Cada año sus números se agrandan, convirtiendo su carrera en una sucesión de hitos, que serán difíciles de alcanzar por cualquier otro jugador.

Casi todo es Messi en la delantera azulgrana. Aglutina tanto juego, que como un foco deslumbrante atrae hacia sí todos los movimientos de ataque. Atrae a sus defensores, que en ocasiones se lanzan contra él en oleadas, olvidando que existen más camisetas azulgrana más allá del que luce el diez a la espalda. Y atrae a sus compañeros, que ven en él la tabla de salvación, de aquellos partidos en los que el balón se enreda en circulaciones sin fin en el centro del campo, que sólo el astro argentino es capaz de desactivar a base de asistencias y regates inverosímiles.

Pero mientras Messi triunfa, el resto de sus compañeros de vanguardia parecen diluirse entre sombras. Y el caso más significativo es Aléxis. Un jugador que vino para sentar defensas, y del que apenas hemos podido contabilizar cuatro o cinco jugadas de nivel. Un jugador nos decían, que hacía del uno contra uno su principal arma, y de las asistencias su mejor bagaje, pero que, una vez puesto en acción sólo vemos como un punta que necesita metros por delante, con una buena capacidad para el desmarque.

Hablan sus defensores de su capacidad de lucha, de sus buenos desmarques y como éstos abren espacios que el resto pueden aprovechar. Pero la realidad, por más que nos pese, es que nos encontramos con un jugador, que parece bloqueado, y que está empezando a agotar todo su crédito. Controles nulos, disparos sin sentido, pases sin rumbo, pérdidas casi irrisorias y remates al limbo, están constituyendo semana tras semana la definición de su juego. Un juego, que para su desgracia ya no provoca ni ira en el aficionado. Un juego que le convierte en una caricatura del jugador que creímos fichas, y que ya provoca incluso hilaridad en aquellos que lo observan.

Tampoco es que Villa salga mucho mejor parado en esa banda izquierda a la que todos acaban desplazados. Eto’o, Ibra, Bojan, y ahora la dupla Alexis / Villa no acaban de sentirse cómodos en una posición secundaria de ataque. En el caso del asturiano, éste añora protagonismo en el juego, y echa de menos ser el referente de ataque. También se le ve al Guaje cariacontecido en ocasiones, sin brillo, y algo aislado en una zona del campo en la no luce cómo lo ha hecho a lo largo de toda su carrera. Sin espacios, sin posibilidades de conducción, aquel jugador del Valencia se ha tenido que redefinir, y en ese proceso de nueva creación, parece que ha perdido el vigor que le caracterizaba.

Parece que sólo Iniesta es capaz de convivir con soltura en esa zona del campo. El manchego no es un jugador nacido para golear. No vive pensando en la portería, y sus necesidades no pasan por presentar un determinado número de dígitos en su marcador particular. Iniesta no vive en el extremo. Aparece y desaparece. Baja a otras zonas del campo, ayuda a la construcción. Finta, regatea, asiste, toca. Y llega a la línea de fondo para desde allí buscar un pase al área, en busca de un diez que espera colocado para finiquitar la jugada  

Se habla este año de un posible refuerzo para la próxima temporada en forma de delantero. Y Neymar parece el mejor situado. También, y viendo la progresión de Deulofeu en el equipo filial, parece éste un candidato a subir el año que viene al primer equipo como un integrante más de ese trio atacante. Neymar, Messi y Deulofeu son tres jugadores de diferentes perfiles, pero con un idéntico objetivo; convertirse en el mejor. No sé si ante el poder y la jerarquía del argentino, éste será capaz de asumir el reparto de papeles y protagonismo.

¿Habrá suficiente balón para los tres?  


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lunes, 11 de febrero de 2013

La primera vez


Hay momentos de nuestra existencia que guardamos de forma permanente en nuestra memoria. Son aquellas ocasiones únicas, en las que emocionados por la novedad, o marcados para siempre por su trascendencia, significan un antes y un después en nuestro periplo vital. Así, no es de extrañar que siempre tengamos presente aquel primer beso que dimos, o nos dieron de forma fugaz, o recordemos la primera de aquellas novias de verano en unas vacaciones ya muy lejanas. O nuestro primer día de colegio, o nuestro primer trabajo, o si sois aficionados al fútbol, el primer día que visitasteis el estadio de vuestro equipo favorito.

Yo todavía recuerdo con nitidez mi primera visita al Camp Nou. Fue en 1977 y en un equipo comandado por Johan Cruyff, mi padre me hizo debutar en la grada ante el Racing de Santander. Recuerdo mi llegada al estadio. El olor a césped, a cigarros recién encendidos. Todavía estoy viendo a los jugadores calentar, y como disfruté de cada uno de los minutos del partido. Mi padre a la derecha, y el Sr. Guillem, mi vecino de arriba a la izquierda, hicieron de perfectos cicerones, y me ponían al día de todo lo que allí sucedía

Fue mi mejor regalo de cumpleaños. Llegué con casi dos horas de antelación a las butacas que teníamos reservadas. Poder ver de cerca de aquellos jugadores, que por aquel entonces veía muy de tanto en tanto por televisión era los máximo. Los años setenta no eran los actuales, y no podíamos ver a nuestro equipo partido a partido. Sólo algún que otra tarde de sábado, y los resúmenes de los lunes en el mítico Estudio Estadio nos permitían seguir la actualidad de nuestros ídolos. El mío era Neeskens, luchador, indómito, potente. Aunque también Migueli, el incombustible “Tarzán” estaba dentro de mis preferidos. No he sido yo nunca un jugador muy técnico, y por eso supongo que hacía míos aquellos jugadores que hacían de la fuerza y el poderío físico su máximo valor.

Pues bien, hoy, ya muy entrado en siglo XXI, seguro que muchos niños, ayer en el Camp Nou, tuvieron una experiencia muy similar a la mía. Un Camp Nou mucho más grande que el que yo vi. Un Camp Nou lleno a rebosar y con unos jugadores que están casi rozando la perfección de este deporte cada fin de semana. Seguro que muchos de los niños, recordaran dentro de muchos años esa primera visita. Y así, recordaran a Iniesta, que desde su zona natural del centro del campo, ofreció un recital de controles, pases, regates, conducciones y asistencias, en un repertorio de jugadas difíciles de superar.

También recordaran a Puyol, feroz, melena al viento, y marcando una línea que hace de él una copia mejorada de aquel “Tarzán” que yo disfruté en mi niñez. Recordaran su primer gol en el Estadi, marcado por un chileno, Aléxis, el cual, seguro que les han explicado, no debe estar pasando por sus mejores momentos. Y recordarán como no a Messi, el mejor jugador de todos los tiempos, que actuando como imán, atrae a tantos defensores hacía sí, que genera miles de huecos y pasillos por los cuales pueden penetrar sus compañeros. Recordaran media docena de goles, cientos de paredes, y la constatación de estar viendo una de las mejores formas de presentar este deporte.

En un horario curioso ayer cientos de padres madres, abuelos y abuelas dieron la alternativa a hijos y nietos, haciéndoles partícipes de esa fiesta que cada fin de semana los culés podemos disfrutar. Una fiesta que está llevando al equipo a la conquista de un nuevo título de Liga, en el que apenas quedan ya nueve estaciones para su celebración.

Seguro que dentro de unos años, esos niños de hoy, adultos de mañana,  seguirán teniendo en su memoria un recuerdo fresco de muchas de las acciones ayer vistas. Frescas como las mías, en las que aún me parece estar viendo a Asensi rematar a bocajarro un centro de Cruyff desde la banda. Porqué si un resultado tengo claro y recuerdo con nitidez fue aquel que se produjo un ya lejano nueve de octubre de mil novecientos setenta y siete. Tres cero ganó mi equipo. Y con ese trío de goles regresé a mi casa sabiendo que el fútbol formaría una parte importante de mis experiencias. Seguro que ayer, muchos de los presentes tuvieron esa misma sensación.




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viernes, 8 de febrero de 2013

Ronaldo dependencia


Más o menos durante estas fechas de la temporada pasada, me planteaba la necesidad de disponer de Cristiano Ronaldo en la plantilla blanca. Basaba mi análisis en la famosa “pegada” de un equipo que lucía en su delantera a otros integrantes, que sumados y puestos a disposición de centrocampistas con visión de juego y profundidad, podían masacrar la mayoría de defensas del continente.

A favor de ese argumento esgrimía otra teoría, según la cual, el montante total de un traspaso del astro portugués podría ir destinado a la contratación de centrocampistas de mayor técnica y capacidad de creación de juego, que acortará las diferencias, que todavía hoy se pueden observar entre el centro del campo azulgrana, para mi el mejor del mundo, y un línea merengue que parece únicamente sostenida por el poder de conducción de Xabi Alonso.

Así, según mi teoría, el Real Madrid, con una línea defensiva contundente, no exenta de salida de balón en algunos de sus integrantes, un centro del campo de creación y una línea ofensiva con Benzemá y Higuaín como puntas, sería un conjunto compensado en todas sus líneas.

Ha pasado un año, y sinceramente a día de hoy creo que mi teoría no se sostiene, visto el rendimiento que están dando esos “otros” jugadores de la vanguardia merengue. Parece que sólo la estrella portuguesa es consciente del sacrificio continuo que supone estar siempre arriba. Es él, y sólo él quien aguanta a día de hoy a un equipo que parece haber desistido de la lucha continua, y que guarda sus fuerzas para enfrentamientos de corta duración en forma de eliminatoria.

Se habla desde la posición antagonista blanca, que el equipo culé depende en demasía de Messi, y que sin su aportación otras serían las prestaciones de ese once que tantas alegrías nos está dando. Está claro, que nada sería igual sin el diez azulgrana, y que incluso el diseño del juego del actual Barça sería diferente. Pero hablando de dependencias no tengo yo tan claro, si los blancos, no están todavía más atados a su siete, el cual partido a partido, se desvive por mantener el nivel de un equipo, que un año después de realizar una gran temporada, parece instalado en una pendiente difícil de remontar.

Desde la línea culé, desde la que escribo, en muchas ocasiones hemos criticado los gestos o  palabras de Cristiano. Y he de decir, que también en este aspecto el jugador este año nos está dando pocos motivos de queja. Yo por mi parte, no puedo dejar de admirar ese afán de lucha y de superación que cada día muestra en el campo. Muchas veces, sólo él es el encargado de levantar un partido. Sólo él recorre el campo a velocidad endiablada en busca de balones por los que otros optan únicamente por mirar. Sólo el parece destinado a aprovechar las asistencias profundas de Ozil en unas diagonales imparables.

Y aunque para mi, Messi sigue comiendo a parte, con unas prestaciones en definición y creación de juego que lo hacen único, hoy veo al Real Madrid dependiendo totalmente de su siete, recogiendo así éste el testigo de otros jugadores legendarios que lucieron ese dorsal. El siete blanco y el diez azulgrana son la máxima representación de ambos equipos en el césped, y nunca hasta hoy se ha visto tan clara esa dupla de protagonismo en ambos equipos.

Llegado a este punto de la temporada, en la que comienzan los duelos decisivos, bien harían los responsables merengues en asegurarse, al igual que ha hecho el Barça esta semana con Messi, que su estrella encuentre el reconocimiento que tanto busca. Sólo con CR7 al máximo rendimiento tienen ahora posibilidades de superar unas eliminatorias, que en caso de pérdida, dejarían la temporada finalizada mucho antes de lo esperado. 




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lunes, 4 de febrero de 2013

Un Barça sin chispa.


En una semana boba, en la que las bobadas han presidido la mayoría de noticias deportivas, el Barça y el Madrid han pagado, en forma de perdida de puntos, su intenso duelo de semifinales de Copa. Unos, los blancos, los cuales dan la sensación de dejarse ir de los partidos, una vez éstos se complican. Otros, los azulgrana, con un once tipo algo asfixiado, parecen atravesar por esa travesía anual de decaimiento, que se les presenta cada vez que los meses de enero y febrero, aparecen en las páginas de los calendarios que recién estrenamos.

Y es que si en algo se diferencia este equipo que ahora dirige Tito Vilanova, del de su predecesor en el cargo, es que deja poco sitio para las sorpresas en las alineaciones. El año pasado hablábamos de “loto Pep”, y de lo difícil que podía ser adivinar el once con el que los catalanes saltarían al campo. Incluso, parecía que Guardiola, leía la mayoría de apuestas, y parecía burlarse de los aventurados “pitonisos”, para poner en liza un once a cual más sorprendente. Eran las “guardioladas”

Era igual que el partido fuera grande, o una mera comparsa. Era independiente estar jugándose una clasificación para una ronda inicial de Copa, o las mismas semifinales. Siempre había sitio, para los Cuenca, o Tello, o Adriano.., y todo aquel que formaba parte de la plantilla. Cualquiera parecía tener opción de disputar el siguiente partido. No hay que ir muy lejos para recordar cómo recibió el Barça al Real Madrid en el Camp Nou, en el partido que tenía que ser decisivo para firmar el pasado campeonato. Todavía dicen que se oyen los berridos de Messi por los pasillos del estadio cuando se enteró cuales serían sus compañeros de vanguardia. Tampoco hace falta recordar, el final de dicho envite.

Este año no. Este año a la que un partido huele a grande, no hace falta pensar mucho que equipo aparecerá por la puerta del vestuario a disputarlo. Sólo alguna licencia en el eje central defensivo se permiten los técnicos azulgrana, donde Piqué, Puyol y Mascherano se turnan de forma acompasada en un reparto casi equitativo de los minutos. El resto, diez jugadores fijos, salvo Pinto en Copa, son puestos en liza, una vez y otra también para jugarse los momentos realmente importantes del año.

Y es ahora en enero, donde suele coincidir esa bajada de tono física azulgrana, cuando se han dado más partidos de este calibre. Málaga en tres ocasiones, Real Madrid y Valencia han obligado al máximo a ese once que repetimos ya de memoria igual que hacían nuestros padres y abuelos en sus años mozos. Sólo una licencia en forma de amplia rotación se permitieron los azulgrana en su duelo copero ante los andaluces, y ya sabemos cual fue el resultado, y la posterior decisión de esos mismos técnicos para afrontar el choque de vuelta. No son de extrañar por tanto, esos períodos de cierto desasosiego e incapacidad de control que en ocasiones muestra el equipo.

Y ante tal clarividencia en definir cuales son los mejores, cabría pensar en aquellos que no han entrado a formar parte de este grupo. Un Villa, que cada día que pasa, debe pensar más en el final de temporada para aclarar un futuro, que aquí parece no tener, ya que, por mucho que se le diga, los hechos le demuestran partido grande sí, partido grande también que son otros los verdaderos protagonistas. O Aléxis, el cual recibe también de forma unánime elogios repetidos hacia su trabajo, pero que sabe a ciencia cierta que está muy lejos de disputarles minutos a los actuales propietarios de la línea atacante azulgrana.  

Y que debe pensar Thiago, cuyas aportaciones llegan sólo en minutos de refresco o reconocimiento para ese cuarteto omnipresente de centrocampista. O Song, que vino a darle minutos de descanso a Búsquets y puede acabar como el jugador más descansado de la temporada.

Y que debe pasar por la cabeza de Tello, que después de protagonizar la temporada pasada minutos decisivos, ahora ha quedado postrado a las últimas posibilidades de una rotación que apenas llega O Adriano, que de lateral ambidiestro, ha acabado por ocupar un lugar fijo en la primera línea de banquillo.

Y no hablemos ya de Bartra, o Montoya o Dos Santos, los cuales, ya olvidados deben seguro ir plateándose algún tipo de cesión en un futuro muy próximo.

Entiendo, que Tito al principio, y Roura ahora, cada uno en su nueva situación cómo técnico, tenían como principal objetivo asegurar el tiro. Tito sabía que poco se le iba a perdonar si presentaba un inicio titubeante, lejos del que nos tenía acostumbrados su amigo Pep. Roura, sabe ahora, que la ausencia de su jefe, le hace ser el foco de atención, y que cualquier traspiés, más si éste es en forma de pérdida de un título puede abrir un debate en cuanto a su figura en el banquillo, y la carga que supone la dirección de un equipo sin su máximo representante. Ambas situaciones, obligan casi a poner en liza a los mejores.

Pero también entiendo, que ahora, con la Liga casi casi ganada, y con partidos de menos renombre es hora de echar una mirada hacia esas caras, que ya no disimulan su malestar, y darles la oportunidad de sentirse importantes. Un plus de confianza que servirá como primer chispazo, para avivar a un once que ahora necesita cierto tiempo en reposo.


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lunes, 28 de enero de 2013

Coser y cantar.


"Coser y cantar" es una expresión que indica la soltura con que se hace una cosa. Cuando una cosa es muy fácil de hacer o tiene una solución que no es muy complicada se dice que "es coser y cantar." 

El origen de esta expresión proviene las modistas. Después de la Guerra Civil española, durante la etapa de la posguerra, España quedó aislada internacionalmente en 1947, aislando su economía en la más paralizante autarquía, incluyendo la moda. Muchas mujeres de la clase obrera decidieron ganarse la vida ejerciendo de modistas. Copiaban los diseños que veían en las revistas o películas para poder tener ese tipo de prendas para venderlas. Durante su rutina de trabajo, estas modistas mataban el tiempo cantando canciones que escuchaban en la radio, sobretodo "zarzuelas". De ahí, como para ellas coser era una cosa a la que estaban acostumbradas y les era fácil, junto con el hecho de cantar mientras cosían, surgió la expresión "coser y cantar". 

Yo no sé si Messi sabrá coser, o si canta mientras deambula a ratos por el campo observando como ausente el devenir del juego. Pero lo que si sé, es la pasmosa facilidad que tiene para hilvanar y tejer combinaciones a un ritmo frenético justamente en el espacio del terreno de juego donde más difícil es conseguirlo. Una finta, una apertura a banda, unos cuantos toques de filigrana, una pared a velocidad de vértigo y en apenas dos toques, un nuevo gol sube al marcador. Así de fácil parece.

Hoy leemos portados hablando nuevamente del poder realizador de este argentino, que parece obsesionado con escribir cada temporada nuevos registros en el libro de los récords. Picado o no, por la aportación matutina de Cristiano Ronaldo, algo auguraba que Osasuna iba a ser terreno propicio para un nueva exhibición del rosarino. Y es que los precedentes entre los rojillos y azulgranas en el Camp Nou hablan de goleadas de escándalo en estos últimos años. Y claro, hablando de goles, difícil es que no sea Messi el autor de la mayoría de los registrados.

Me hizo gracia, sólo finalizar el partido, una pregunta de mi hijo, el cual, metido en plena época de exámenes universitarios no vio el encuentro. Y es que sólo conocer el registro de Messi la pregunta fue;

-         Pero, ¿ha jugado o sólo ha metido goles?

La verdad es que la pregunta me chocó, y me hizo pensar, que en ocasiones, y puede que el partido de ayer sea una de ellas, el diez azulgrana se dedica exclusivamente a la última parte de la pregunta de mi hijo. A meter goles.

Y lo hace con tan pasmosa facilidad, que parece insultante ver, como otros en las mismas situaciones son incapaces de resolver aquello que para él es algo tan simple. Encarar a un portero y ver el hueco entre éste y el fondo de la portería. Saber estar y hacerse ver entre una maraña de defensas, que supongo salen aleccionados para posar todos los ojos en él. Saber encontrar el tiempo justo de acción, el espacio del campo idóneo, la velocidad justa de ejecución, para con simples toques de balón alcanzar unas cotas de efectividad nunca vistas.

Apenas ya le hacen falta acciones individuales. O carreras vertiginosas sorteando rivales. Simplemente se retrasa, atrae hacia si a los defensas, abre el balón a banda, y va en busca del pase al área que le tiene como principal objetivo..

Coser y cantar. Pasar y rematar. Dos acciones parejas, que hilvanadas y ejecutadas al unísono, dieron, la primera, la posibilidad de subsistir a una gran parte de una generación. La otra, está dando los mejores años que un culé pueda recordar.


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lunes, 21 de enero de 2013

El entorno


Son varias las aportaciones lingüísticas de Johan Cruyff, las cuales, aún sin ser aceptadas por la Real Academia Española de la Lengua (RAE), siguen frescas en la memoria del aficionadazo culé. Quien no recuerda todavía términos como "peloto", "gallina de piel" o “un palomo no hace verano”.

Sin embargo, fue otra la palabra, esta ya sí incluida en el diccionario, la que alcanzó mayor repercusión, y por la cual es tanto a o más recordado que por el enorme legado futbolístico que dejó al Barça. Nació en Praga, el día 1 de abril de 1992, y en la posterior rueda de prensa al partido, el genio holandés dictaminó cual cirujano, las razones de las causas de una derrota inesperada, y ante la sorpresa de todos, no culpo a los jugadores empleados, ni al nivel o la motivación del rival, ni a su propia táctica. No, nada de eso influyo, el dictamen fue otro, y este decía que el partido lo había perdido “el entorno”.

Hoy, con más de dos décadas transcurridas nos encontramos diseccionando las razones del primer descalabro culé en la Liga. Ha tenido que pasar toda una primera vuelta para narrar una derrota, y poder explicar sus causas. Nada preocupante, si se tiene en cuenta que todavía el colchón con nuestros más próximos perseguidores nos tiene permitido echar una cabezadita reponiendo fuerzas ante batallas más trascendentes. Pero como toda derrota escuece, más después de un período en el que el equipo se mostraba casi invencible.

Después de la última exhibición en Málaga, mensajes y más mensajes externos al equipo hablaban de equipo mayúsculo. Nos regodeábamos en lo buenos que somos. Nos jactábamos de tener a los mejores, y de alcanzar tal nivel que apenas nadie osaba a poner en duda el paseo triunfal, que de aquí al mes de mayo se iba a dar el equipo en la Liga.

Llegaron las portadas de France Football en la que nos hemos recreado con los parabienes a cada uno de los principales integrantes de esta plantilla de ensueño. Llegaron las portadas incendiarias de los principales medios barceloneses que, haciendo sangre entre la idílica situación culé, y la casi ruinosa estampa blanca, se cebaban en un equipo, del que si algo hemos aprendido los de mi generación, es que nunca se puede dar por muerto.

Llegaron a su vez posts, artículos de opinión, y demás mensajes digitales destinados a la masacre de Mourinho y sus secuaces. Es curiosos analizar, cómo de un tiempo a esta parte cualquier análisis que se hace desde una óptica azulgrana tiene el éxito asegurado con sólo nombrar al técnico portugués y hacer menosprecio de su labor. Es terreno abonado para alcanzar el top-ten en la red, juntar párrafos y líneas hablando de nuestro máximo rival de forma despectiva. Es estrategia de marketing con éxito asegurado mezclar insultos y menoscabo hacia la plantilla merengue. No vale sólo ya con la loa de los nuestros. No estamos ya a gusto únicamente observando las continuas delicatessen que partido a partido nos ofrece nuestra plantilla. Parece que la digestión no es completa, si no añadimos al menú unas gotas de picante que pongan patas arriba todo aquello que tiene que ver con la blanca institución.

Llegó también el mensaje de Valdés, el cual, según mi opinión, aunque respetable y lícito se ha hecho de la peor forma posible. Llegó a su vez, la reacción posterior, en forma de aclaraciones. Llegaron los análisis de cada uno de los porteros que ahora despuntan en Europa.

Y después de todos esos mensajes, llegó el fútbol, el de verdad. El que se juega en el césped. Y llegó el Málaga, y con una imagen sobria puso en jaque la primera de las competiciones en las que el Barça se juega seguir vivo este mes de enero. Y volvió la Liga, y entre mensajes de optimismo, rotaciones, porteros volubles y sensación de dominio absoluto, los donostiarras nos hicieron ver, que el fútbol no entiende de nada más que de aciertos y errores. Y de estos últimos. los azulgrana han cometido bastantes esta semana.

Los ha cometido el equipo, que ha encajado cinco goles en dos partidos, en unas estadísticas impropias de un grande. Los ha cometido Valdés, que a partir de ahora hará de cada partido un plebiscito generándose una presión añadida, a la que ya de por si sufre el habitante de la portería culé. Los ha cometido la prensa y el mundo digital, que apenas ha prestado atención a lo que ahora tocaba, y se ha perdido en batallas y palos sin sentido. Y los hemos cometido los aficionados, los cuales, viéndonos tan y tan arriba, estamos vendiendo ya los títulos mucho antes de que éstos se disputen.

Porque, por extraño que parezca, dentro y fuera del club, todo es entorno. Y el entorno juega, y esta semana lo ha hecho en nuestra contra.
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miércoles, 2 de enero de 2013

El ciclo continua


Recién empieza un nuevo año, que deja atrás un 2012 con menos lustre que los años precedentes, las sensaciones son altamente positivas, y las premoniciones agoreras que pronosticaban el fin de una era, parece que de momento deberán ser enterradas a la espera de un tiempo más propicio para ello. Decía Napoleón en una de sus frases más celebres que “la victoria pertenece al más perseverante”, y nadie hasta el momento representa tan bien esa frase como el equipo azulgrana.

Ha sido algo convulso este último año, en el que parecía que la Liga ganada por el Real Madrid sería el disparo de salida para un cambio de reinado en el concierto futbolístico actual. Un año en el que los azulgranas no hemos podido celebrar títulos grandes, y hemos recogido aquellos otros títulos que ahora, gracias al gran currículum que ha escrito este equipo en los últimos tiempos, nos parecen menores. Qué lejos quedan aquellos tiempos en los que la celebración y la conquista de uno de estos trofeos suponían un estallido de alegría y la excusa perfecta para lanzarse a las más desaforadas celebraciones. Y que cerca están, a su vez, esas mismas imágenes, antes teñidas de azulgrana, y ahora mutadas a blanco, dónde una Copa del Rey se aclama cómo el “trofeo de los trofeos”, y se equipara a logros de mucha más trascendencia.

Ha sido un año que ha puesto en prueba la madurez de una entidad, que no ha perdido los papeles por la puesta en duda de su hegemonía. Guardiola nos dejó, y lo que se suponía el principio del fin, ha supuesto un nuevo impulso que, después de unos inicios dubitativos tiene instalado de nuevo al equipo en los más alto, a un nivel estratosférico y muy, muy lejos del que muestran sus rivales. Parecía que la salida de Pep, dejaría el camino libre a Mourinho para reinar por siempre jamás en el territorio de la Liga,  pero al contrario de lo que se pronosticaba las consecuencias catastróficas que vaticinaban el fin de ciclo culé, se han tornado en Apocalipsis blanca, y han dejado al equipo merengue a una distancia sideral de su rival, en lo que cabe suponer, si la ansiada décima no lo remedia, los últimos coletazos de un técnico, que la historia blanca puede, y digo puede, recuerde cómo uno de los personajes más dañinos que han desfilado por su banquillo.

Ha sido el año de los récords. La Liga de los cien puntos y los ciento veinte y un goles han dejado el listón de exigencia en un nivel, que hoy por hoy, actúa como acicate para los jugadores azulgrana. Un estímulo simular al del ya casi mitológico diez azulgrana, que enfrascado en su particular duelo de números con CR7 en particular, y con el mundo en general, ha dejado hechos trizas todos los registros goleadores establecidos hasta la fecha. Goles y asistencias que han aupado a Messi a un nivel, que por mucho que se quiera desprestigiar, le convierte en un jugador único, muy lejos en prestaciones de cualquier otro que con él cohabite. El cuarto Balón de Oro consecutivo lo espera cómo prueba fehaciente de esa diferencia.

Ha sido un año de reconocimiento. Reconocimiento al juego de posesión, al Tiki-taka, o a cómo se le quiera denominar. Un juego que hipnotiza y asombra. Un juego que va más allá del simple objetivo de marcar un gol. Un control, un regate, una pared, una combinación infinita de pases. En cualquier lugar del campo aparece el espectáculo. Y en ese jugar casi bailando han encontrado los azulgranas el calor de la grada. La suya propia y la rival. Jugadores aplaudidos, aficiones entregadas, entrenadores postrados y rivales impotentes son el legado de estos primeros meses de temporada.

Por todo ello, sólo queda esperar que la reanudación de la competición siga mostrando a ese equipo casi imbatible que despidió el pasado mes de diciembre. Sólo queda esperar que no existan más contratiempos que los meramente competitivos, y que se dejen atrás esos otros sobresaltos que sacuden al vestuario. Sólo queda esperar, que los difíciles meses de enero y febrero, lleven al equipo indemne a la primavera, y una vez allí, nos dispongamos al asalto de aquellos títulos que la temporada pasada no pudimos celebrar.

Y así, mientras otros pelean y se debilitan en luchas que desde mi posición me cuesta entender, nosotros seguimos disfrutando de algo, que cuando nació, a muchos nos pareció algo efímero, que hoy por hoy, lleva paso de convertirse en eterno.

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lunes, 17 de diciembre de 2012

Nosotros te queremos, Mourinho quédate.


Con ese grito se arrancó ayer la grada del Camp Nou, una vez respiró y vio como se certificaba una victoria por goleada ante el más próximo de sus perseguidores. Victoria que dejaba al Barça a nueve puntos de los colchoneros y a trece de su máximo rival y oponente, el Real Madrid. Victoria que además dibujaba en el rostro de los jugadores azulgrana una disimulada sonrisa ante un hecho de todo inesperado, que ni el más optimista de los culés podía imaginar cuando arrancó la competición entre las dudas que generaba el cambio en el banquillo catalán.

Un grito que liberaba la tensión producida en un choque que a decir verdad llegó al descanso con un resultado de lo más inesperado viendo el devenir del juego en los primeros cuarenta y cinco minutos. Un grito, en resumidas cuentas que representa las ganas que la afición catalana le tiene al propietario del banquillo del Bernabeu.

El protagonismo de Mourinho es tal, que ha dejado en segundo plano otros tipos de gritos y apoyos que hasta hace no mucho eran auténticos hits de la grada. Desde el famoso “Madrid.. c.. saluda al campeón”, que Eto’o utilizó para ponerse a todo un enfervorizado estadio en el bolsillo, pasando por el archirepetido “Madrid, se quema, se quema Madrid”, los cánticos nunca habían tenido un destinatario tan personal.

El ego de Mou lo ha absorbido todo y ahora parece que hasta el propio Real Madrid como institución ha quedado por debajo de la arrolladora presencia del de Setúbal Todo lo absorbe Mourinho y su clan portugués. Cada palabra, cada declaración, cada frase tiene un destinatario, y es él, Mou, el objeto de todas ellas. Desde el famoso “vete al teatro, Mourinho, vete al teatro” o “sal del banquillo, Mourinho sal del banquillo”, hasta el nuevo éxito que ayer vio a la luz, parece que el acicate de la presencia lusa en La Castellana sirve como motivación a una plantilla que no desiste en este viaje histórico que nos está tocando vivir a los culés.

Y es que lejos de pensar en un equipo que se diluya y se relaje pensando en lo hecho, parece que el actual Barça va en busca de todos aquellos récords de los que ahora presume Mourinho. Ya no basta con ganar una Liga, el objetivo es otro y mucho más ambicioso. Algo me dice que los jugadores quieren enterrar la memoria del luso, y desterrar su nombre de cualquier registro por el que pueda ser recordado. Los amantes de la historia de Roma recordarán como algunos de los tiranos que llegaron a ser emperadores intentaron ser borrados de la Historia cómo si jamás hubieran existido, entendiendo que el olvido es la mayor afrenta posible ante aquellos que tienen cómo máximo objetivo el ser recordados

Ahora, el técnico blanco se encuentra cerca de pasar por una situación parecida. Si Mourinho no consigue este año la preciada Décima, y pone fin a su etapa blanca, su currículum de su paso por una institución como la madrileña no pasará de anecdótico, y ante la ausencia de títulos de gran prestigio su nombre se perderá entre la mediocridad de aquellos otros que sí coparon de éxitos las vitrinas del museo blanco. No son la Copa del Rey y una Liga tarjetas de presentación muy lustrosas ante otros éxitos de antiguos ocupantes de ese mismo cargo, que con mucho menos ruido y diferentes maneras dejaron mejor recuerdo.

Pero ¿le conviene al Barça un cambio en el banquillo blanco? ¿Saldría fortalecida la entidad azulgrana por el fin de la era portuguesa en Madrid? En mi opinión la marcha de los portugueses del Madrid podría tener un sinfín de consecuencias que podrían debilitar al Barça. Por un lado destensaría a unos jugadores que con el objetivo cumplido, habrían derrotado ya no a su máximo rival, sino al que ahora se erige cómo máximo representante. Por otro, la escandalosa aportación goleadora de Messi podría verse frenada ante la escasa competencia que tendría en este apartado. Hay que recordar que los números de Messi empiezan a crecer desde la llegada de Cristiano Ronaldo, y que se vuelven de otro mundo a partir de que queda relegado a la segunda posición en la tabla de goleadores hace ya dos temporadas. ¿Una Liga sin Ronaldo frenaría la hambruna del argentino por demostrar que es el mejor?.

“Nosotros te queremos, Mourinho quédate” fue un grito espontáneo e improvisado que pulsa el estado de ánimo de una afición que preparada para una temporada a la expectativa ve que llega la Navidad, y que, en vistas de los augurios económicos para el próximo año dificultan encontrar motivos reales de brindis, encuentran un deseo claro para él. 



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viernes, 30 de noviembre de 2012

Y tú ¿con quien vas?... ¿Madrid o Atlético?


Llega el derby madrileño, y a los culés como yo les pilla sin saber muy bien a donde mirar. La cabeza me dice que, siempre y cuando el Barça consiga una victoria ante el Atlhetic, que supondría además firmar el mejor inicio liguero de la historia de la competición, el mejor resultado sería una victoria blanca, ya que de esta forma los dos máximos rivales para la conquista de la Liga quedarían a los once puntos ya establecidos con los de Mourinho, y a seis de los de Simeone, que de forma sorprendente están aguantando el tirón de este inicio demoledor de los de Vilanova.

Pero la cabeza intenta razonar lo lógico, y el sentimiento me puede. Desear que gane el Madrid va contra natura. Sin ánimo de ofender, y entendiendo el fútbol desde la sana rivalidad, el máximo aliciente de un culé, después de ver a su equipo ganar, es ver una derrota merengue. No creo que sea muy diferente en la afición blanca. Por eso, una derrota en el Bernabéu, ante unos colchoneros, que ya ni recuerdan cual fue la última vez que lograron vencer en un derby, traería consigo, además de ya casi una insalvable diferencia de catorce puntos, que a todas luces dictaría casi sentencia en el campeonato,  una vorágine de dudas e histerias en el vestuario e institución blanca, que podría poner fin al ciclo de Mourinho en el banquillo de La Castellana. Y no me negaréis, que después de oír y leer de forma machacona la palabra “fin de ciclo” aplicada a esta etapa que ningún culé había jamás soñado vivir, no tendría gracia ver cómo tan famoso estribillo se aplica precisamente allí donde surgió.

Por otro lado, el próximo visitante del Camp Nou son precisamente los blanquirrojos, así que, si también somos de capaces de vencerlos aquí, ya tendríamos esos seis puntos de diferencia que una victoria blanca nos podría otorgar de forma anticipada. 

Un empate sería un mal menor, que también daría sus frutos en cuanto a diferencia de puntos en la clasificación, pero a mí entender, creo que no tendría el efecto catastrófico antes reseñado en caso de derrota. Nos quedaríamos en una situación a medio camino entre el desastre y la resurrección, y si algo teme el culé, al menos el que suscribe estas líneas, es un Madrid con posibilidades. Dijo Cruyff un día en uno de sus famosos discursos que la mejor situación para conseguir un Barcelona enchufado, es tener al Madrid detrás en la clasificación, pero a no mucha diferencia. La proximidad obliga a no bajar la atención y rendir al cien por cien. Qué queréis que os diga…., a mi el Madrid contra más lejos mejor. No sea que le de por agarrarse a estos típicos clavos que le dotan de poderes casi sobrenaturales y nos de un susto a finales de mayo. Todavía veo fotos de Tamudo y la remontada blanca en una de las Ligas de Rickjaard y mejor no transcribir aquí lo que salió por mi boquita aquel día.

Es verdad que los tiempos han cambiado y parece que este equipo está por encima de estas circunstancias. Pero soy culé que ha vivido la final de Sevilla, el desastre del Metz, la Liga perdida ante la Real Sociedad cuando los partidos valían dos puntos y llevamos ocho de ventaja a siete jornadas del final. He dejado de creer en la Liga en Navidad ya ni recuerdo cuantas veces…, así que, oye, si esto se queda en un "tete a tete" con el Atlético, mucho mejor. ¿No dicen que dos son compañía y tres multitud?... Pues eso, que el tercero quede fuera!!

¿Y los aficionados del Madrid? ¿Quieren ganar el derby? Supongo que alguno también hace le mismo razonamiento lógico  que yo me hago, y ve la victoria blanca como un favor a los azulgrana. Y claro, con el mismo fervor que yo deseo verlos lejos, supongo que allí el tema de hacernos favores tampoco debe ser una de sus primordiales prioridades., no?

Además, también, en ocasiones y en eso os puedo asegurar que aquí, en el otro lado, tenemos experiencia en este tipo de situaciones, se desea que explote todo de forma definitiva y se cambie de rumbo de forma inminente. Para qué las medias tintas.No han sido pocas las veces, que en el estadio azulgrana se han jaleado las victorias y goles visitantes esperando el fin de una era. Gaspart podría hablar y no callar sobre los plebiscitos que vivió como presidente de la entidad.

Veremos que ofrece el devenir de esta jornada, que dicho sea de paso, los culés afrontamos con tranquilidad, viviendo casi una situación idílica. Qué nos dure!!!!



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