Sigue su periplo intratable el equipo azulgrana bajo las órdenes de Tito Vilanova. No se conoce rival que
haya podido doblegar a los catalanes, y cada partido de éstos se cuenta como
victoria. Una racha imparable de resultados, hacen que el próximo clásico se
vea desde la tranquilidad del que se sabe arriba y con poco que perder, ya que
una nueva victoria, además de batir todos los registros históricos de la
entidad en cuanto a puntuación en un arranque liguero, supondría un lastre de
once puntos muy difícil de superar para los blancos. Es una de esas típicas
situaciones propicias para “hacer sangre” en el rival y dejarlo realmente
tocado. Y ya sabéis los que leéis estos artículos cual es mi visión del
comportamiento del Barça en estas
situaciones. Ojala me equivoque.
Estamos viviendo una situación casi idílica, con remontadas en los últimos
segundos de partido que hacen que hasta las victorias sepan mejor. Los éxitos
con sufrimiento parece que lo son más. El vestuario, parece, por sus palabras y
gestos, realmente enchufado para revalidar todo aquello que perdió el año
pasado, y en cada partido se nos ofrecen detalles y secuencias que certifican a
estos jugadores como los mejores. Messi
parece cabalgar hacia su cuarto Balón de
Oro consecutivo, en otro hito hasta ahora no repetido en la historia del fútbol.
Cesc recupera su olfato goleador y
su presencia en el área, y nos cuentan que su binomio con el argentino casi es
una conexión sideral. Aléxis, autocrítico
esta semana, y con un gran número de detractores ya entre la afición, pareció
en Lisboa recuperar aquello por lo
cual se le fichó, y ofrecernos su mejor versión de la temporada.
Así, que puede parecer hasta sacrílego escribir estas líneas argumentando
los motivos por lo cuales esta serie de resultados intachable me tienen algo
preocupado. Y es que, el Barça ofrece
su mejor versión sólo en fases del partido. Fases en las que domina el juego,
en las que duerme a sus rivales, y en las que la subida de revoluciones hace
que el rival quede ninguneado. Sólo hay que ver cómo el Benfica se tomó el rondo final azulgrana. La impotencia fue tal que
el único recurso que les quedó fue ir a la caza directa de los jugadores
blaugranas. Pero fuera de esas fases que enamoran, el juego del equipo deja bastantes
dudas.
Por un lado en la portería se ve un Valdés
inseguro. Desde aquel error de la Supercopa
parece que su moral ha quedado tocada, y muestra nervios en la portería. Es
cierto que ha sacado balones importantes, pero no lo es menos que también
comete fallos a los que no nos tiene acostumbrados. Además, huye del juego con
los pies, y son pocas las ocasiones en las que juega ya con sus defensas. Fue
sintomática ayer, una acción de Cesc,
pidiéndole tranquilidad en un balón franco al área, instándole a un pase en
corto, en lugar de a los múltiples balones aéreos que nos regaló.
Tampoco la defensa se presenta contundente, sobre todo en el juego en estático.
Si se supera la presión inicial, y el equipo contrario llega a las
inmediaciones del área, la defensa posicionada azulgrana presenta huecos y
lagunas que son fácilmente desbordadas por los rivales. Cada aproximación
contraria ocasiona una ocasión o disparo. Están acostumbrados los zagueros blaugrana
al juego de anticipación y presión, y se muestran confusos en otro tipo de
situaciones defensivas.
Situaciones defensivas que llegan por una presión menos asfixiante de los
centrocampistas en esas fases de juego. Con Cesc y Messi en el
campo, alternándose entre las posiciones de punta y centrocampista, parece que
la presión queda reducida a Xavi y Busquets, y superada la línea de
delanteros azulgrana, la diferencia numérica entre los rivales y los dos
centrocampistas azulgrana, hace que la recuperación sea casi imposible, con lo
que el repliegue se hace necesario. Y ahí, repito, el Barça parece que no sabe aplicar los automatismos y concentración
que requiere ese tipo de juego.
Con la reentre de Iniesta puede
que este problema quede solucionado, y que cada uno adopte su papel. Messi haga de él, y participe en zonas
más cercanas al área. Ahora es el argentino, el que se encarga de llevar hasta
allí el balón y ofrecer asistencias de lujo. Y perder también algún que otro
balón comprometido.Ya se encargará el manchego de hacer llegar allí los
balones. Y Messi, a lo suyo… a
rematar la faena.
El clásico es la próxima parada. Un clásico sin Puyol, que nuevamente se ha lesionado, y esta vez con más gravedad
que las anteriores. No está teniendo suerte el central esta temporada, aunque cómo
un día le dijo Guardiola a Aléxis, alguien le debería hacer ver a Puyi, que con falta de centrales, con
un clásico en puertas, y con el marcador ya cerrado, la cabeza debería estar más
fría, y guardar esos ataques de furia y rabia para encuentros donde sean más
necesarios. Esperemos que como nos tiene acostumbrados recorte sus tiempos de
recuperación y pronto esté presente en el once titular.
Tweet
https://twitter.com/jcarrasquet
Si te ha interesado este artículo, quizas quieras leer estos:







.jpg)