Ayer había sorpresa en casa. Y es que para celebrar el cumpleaños de mi hija un regalo la esperaba. Una camiseta blaugrana, firmada por Leo Messi y dedicada. “Con afecto para Marta” rezaba la inscripción. Y justo antes del partido, minutos antes de enfilar los jugadores el túnel de vestuarios, el paquete que la envolvía se empezó a romper entre sus manos. Gritos, brincos en el sofá y una alegría desbordada recibieron el regalo. No pude dejar de sonreír pensando en los dos jugadores del Bayern Leverkusen que en el partido de ida pugnaron por hacerse con un presente parecido, y que ahora iban a tener la oportunidad de tener nuevamente cara a cara al poseedor de tan preciado bien. Cambiaría gustosa mi hija su camiseta por poder tener la oportunidad de estar tan cerca de él.
Tras cinco minutos de jolgorio y una vez recuperado el aliento, con la camiseta enfundada encima del pijama, y con la imagen habitual en el comedor ante un partido con el argentino de protagonista, nos dispusimos a presenciar el partido, esperando, al menos yo, un trámite más. El cómodo resultado del partido de ida presagiaba un encuentro de poco desgaste y destinado a guardar fuerzas para enfrentarse al último tercio de la temporada con las máximas ilusiones. Así debieron pensar los veintitrés mil espectadores que no ocuparon su butaca en el Camp Nou, y que se perdieron la mayor exhibición dada por el diez azulgrana hasta la fecha. Puede que hoy muchos estén arrepentidos.
Y como si una conexión invisible hubiera cruzado el cumpleaños de Marta y la actuación de Messi, éste le regalo, nos regalo, un partido que ha entrado por derecho propio en la historia de la Champions. Nunca hasta la fecha un jugador había logrado tal cantidad de goles, cinco, en un partido en esta competición. Sólo existían tres precedentes en la historia azulgrana de una actuación similar. Tres precedentes con la firma del mítico Kubala, el austríaco Krankl, y el incomprendido Manolo Clares. Tres precedentes a los que ayer se unió Leo, que seguro que tiene marcado en algún lugar de su memoria un día en el que superar el hito logrado ayer.
Ya sé que las valoraciones de jugadores son subjetivas. Ya sé que la comparación de jugadores de diferentes épocas pierde el sentido. Ya sé que el fútbol es un juego de equipo, en el que el rendimiento individual va asociado al colectivo. Ya lo sé. Pero también sé, que desde mi percepción, nunca he visto un jugador de tamaña dimensión. No he visto jugar a Di Stefano, del cual sólo me han llegado imágenes puntuales de vídeos del NoDo. No he visto jugar a Pelé, de cuyas actuaciones prodigiosas sólo he visto el resumen de las mejores jugadas. Pero si he visto jugar a Cruyff, sí he visto jugar a Maradona, sí he visto jugar a Ronaldo, a Rummenigge, a Romario, a Ronaldinho, a Zidane, a Rossi, a Platini, a….. A un sinfín de jugadores que no se acercan al rendimiento que este pequeño jugón, (recuperando el vocablo más famoso de Andrés Montes) ofrece partido traspartido.
Soy incapaz de describir aquí las sensaciones que me produce este jugador. De hecho, mientras pensaba en como titular este artículo, mientras cavilaba su formato y contenido, sólo una palabra tenía en mente. Messi. Y tal como relata Joaquim Maria Puyal sus goles en sus retransmisiones, había pensado en comenzar este escrito con una sola frase: Messi, Messi, Messi, Messi, Messi…
Se me puede explicar que Cruyff cambió la historia del Barça, se me puede argumentar que el rendimiento de Maradona fue estratosférico en Napoles y su selección, y que él sólo consiguió llevar a esos equipos a lo más grande. Se me puede intentar hacer ver que Pelé comandó a una generación de futbolistas que llevaron al fútbol a su máxima expresión en los años 70. Se me puede razonar que Di Stefano cambió la concepción del juego convirtiéndose en el primer jugador total. Acepto todos los razonamientos, todos los comentarios y opiniones. Pero nadie me podrá convencer de que lo que estos tres últimos años he visto en este jugador haya sido superado por alguno de esos astros.
Dutt, técnico del Bayern, en la rueda de prensa posterior al partido, argumentaba que no encontraba palabras para definir al Barça de ayer. No encontraba antídoto para ese juego, y calificó de suicidio deportivo el intentar enfrentarse de tú a tú a los catalanes. Dutt, catalogó a los azulgranas como a los mejores del mundo si se presentan en el campo sin el diez en la formación. Con él, dijo, la galaxia no tiene límites.
Por ello, cada vez estoy más convencido que estamos presenciando los pasos, no ya de uno de los cinco grandes, Son los pasos del más grande, del mejor de siempre. Sólo nos queda sentarnos y disfrutar. Disfrutar en el campo, en el sofá, en el bar. Disfrutar de un fenómeno que tal vez no volvamos a ver. Disfrutar de una camiseta con el diez a la espalda, que ahora, además, descansa firmada y dedicada en el cajón de mi hija. Estoy pensando en la posibilidad de enmarcarla y buscarle un hueco en la pared. Un trocito del más grande ocupará un espacio de la habitación de Marta.
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