La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

viernes, 5 de abril de 2013

Cerrado Temporalmente. Gracias!!!!!!

Después de casi dos años de actividad, y viendo la imposibilidad de seguir con la actividad de publicación de post de forma periódica, cierro este espacio, a la espera de volver a disponer del tiempo necesario para dedicarme a él.

Lo que empezó como un experimento profesional, basado en la visibilidad que este tipo de herramienta podía generar en internet, llegó a convertirse en una verdadera pasión por hacer llegar mis impresiones a todo aquel que quisiera leerlas.

Por desgracia, esa misma actividad profesional, ahora me tiene algo ahogado, y no me permite dedicar a este espacio el tiempo que de verdad requiere.

Por ello, de momento su cierre, a la espera de poder volver a reiniciarlo en un periodo no muy lejano. Sólo me queda dar las gracias a todos los que por aquí habéis pasado a leer cada artículo, a los que los comentasteis, y también a los que lo criticasteis Cada aportación me ha servido para intentar ir mejorando, y generar artículos que pudieran interesar.

Espero, sin embargo, no tardar en demasía en reanudar aquí mi actividad, y dejar constancia de "Mi Visión" de la actualidad futbolera bajo el prisma blaugrana.

Hasta pronto. Visca el Barça!!!!

Jose

viernes, 8 de marzo de 2013

Turbulencias.

Parecía un viaje de placer. Un despegue algo brusco, y con cierto aire en contra hizo que el inicio fuera algo lento. Pero sorteados los primeros impedimentos, con viento a favor, y un ambiente del todo despejado, el avión puso rumbo a velocidad de crucero hacia su destino. Un destino que parecía iba a ser alcanzado con mucha antelación versus el horario previsto.

El pasaje viajaba confiado. Entre risas y bromas parecía que lo que acostumbraba a ser una larga travesía plagada de dificultades, iba a ser esta vez una anodina aventura con final feliz. El piloto, que debutaba como comandante de la nave, parecía solvente, incluso en ocasiones más que su antecesor. Su copiloto, al igual que él en anteriores travesías, permanecía en segundo plano, apoyando en las tareas que se le requerían.

Y en mitad de la travesía un giro inesperado en forma de enfermedad del comandante, pareció distorsionar el placentero trayecto. Pero sin nubes ni tormentas, el avión seguía su curso de forma anodina, y parecía que incluso en modo “piloto automático” sería capaz la compañía de cumplir con los horarios previstos

Pero cómo en cualquier viaje de larga duración el tiempo cambió, y las nubes se tornaron negras, el aire sopló violentamente en contra, y el avión entra en una gran tormenta, que llena de turbulentas le hace vibrar. Y así, aquello que hasta entonces se había transcurrido sin sobresaltos se convierte en un suplico para la nave azul y grana, ahora ya en manos del segundo, viendo que la indisposición del comandante ha ido a más.

El pasaje, acostumbrado a los parabienes de las horas previas, no parece darle demasiado importancia a los primeros vaivenes, intuyendo que éstos serán ocasionales, confiando plenamente tanto en lo magnánimo del tiempo, que hasta el momento había ofrecido dificultades, cómo en la capacidad del nuevo piloto y su equipo. La calma se instala a la espera del transcurrir de la tormenta.

Pero esta no finaliza, y lo que parecía la antesala de una ligera vibración, es ahora un vuelo lleno de dificultades que amenaza no ya sólo los pronósticos iniciales que hablaban de un éxito antes de tiempo, si no incluso se habla de una posible debacle en forma de aterrizaje de emergencia. Parece que son pocos los que confían en el nuevo comandante y su equipo, y ya se oyen voces al fondo del inmenso aparato que auguran la tragedia.

Es el momento de la calma. Es el momento en que todos apoyen al que guía la nave. Es el momento en que piloto, equipo y pasaje confíen en sus propias posibilidades y dejen de escuchar las órdenes, que con toda la buena intención les envían desde una lejana torre de control. Sólo “in situ” se sabe la magnitud de la tormenta, se aprecian las acometidas del aire y las necesidades de tomar las decisiones de forma directa y no diferida.

Sólo así, confiando en el que actualmente está al mando, el runrún continuo que todavía se oye de fondo desaparecerá. Ya habrá tiempo, cuando el titular del aparato se recupere, que éste tome el mando. No convirtamos un estupendo viaje en un tortuoso camino. Y recordemos que en cualquier travesía lo importante es llegar.
Sentémonos todos en nuestra butaca y otorguemos nuestra tranquilidad a los que comandan este inmenso aparato. No nos movamos, chillemos y gritemos dificultando así las maniobras que permitirán salir al aparato con el morro alzado de las nubes negras que le rodean.

El parte meteorológico habla de una nueva tormenta que se acerca desde Italia, con viento de Levante, y presagia nuevas ventiscas de cara. Sólo entrando en ella a todo trapo, y conduciendo con firmeza se podrá superar. Una vez hecho, parece, y digo parece, que el panorama se aclara, y el pasaje podrá volver a disfrutar de la travesía. Seguro que los negros nubarrones se aclaran y el sol vuelve a lucir. La primavera está próxima.




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lunes, 4 de marzo de 2013

Un campeón groggy.


La verdad es que después de presenciar las evoluciones del Barça en el último clásico, el desánimo fue el principal de mis sentimientos. Observar a un equipo casi diría que indolente, deambular al son de una versión B del Real Madrid, y ver cómo con la salida de los refuerzos blancos, el cambio de ritmo del partido hizo que los nuestros se vieran ya casi derrotados ante las primeras arrancadas, del ahora, omnipresente Cristiano Ronaldo, me dejó en un estado de estupor, y casi sin capacidad de reacción ante el espectáculo ofrecido.

Ni la excusa de un penalty no señalado, que lo fue, y además clarísimo me servía como argumento para defender, que tal vez, el empate pudo haber llegado en aquellos instantes finales. Las caras de los jugadores, en la que apenas se aprecia tensión, las imágenes de Roura, animando con gestos ostensibles a ritmo de “vamos”,  sin saber éste muy bien hacia donde dirigir a sus jugadores, los tweets leídos con posterioridad dudando ya de todo o casi todo, las protestas finales buscando en esa última decisión que no nos beneficiaba la principal causa de la derrota,  me parecieron devolver a un escenario ya lejano.

Un escenario el cual apenas conoce los más veteranos de la plantilla, acostumbrados el resto a nadar en las aguas del continuo éxito. Un escenario que habla de malos momentos, de baches, de pobre juego y partidos difíciles de levantar. Un escenario que deja la excelencia fuera del guión, con un juego insulso sin apenas nada que destacar, y que deja el equipo al borde del KO.

Porqué si a algo se asemeja hoy este equipo, es a aquel boxeador que después de dominar el ring, recibe un golpe muy duro, y queda groggy a merced de su rival. El puñetazo en pleno rostro vino desde Italia, y sin capacidad de reacción, los blancos han aprovechado el aturdimiento del gran campeón, para asestar don nuevos ganchos, que están haciendo, que en estos momentos el once azulgrana deambule por ese cuadrilátero ficticio, a la espera de que suene la campana reparadora, que le permita respirar en su esquina  atendiendo las órdenes oportunas.

Unas órdenes, que no sé si es por el aturdimiento reseñado, ahora parecen llegar tarde y mal. Aunque tampoco me parece justo la forma en la que es criticado y vilipendiado Roura hasta límites que rayan lo soez. Y es que si hasta hace unos días todos hablaban del gran despliegue técnico de las instalaciones azulgranas, posibilitando el seguimiento del equipo desde nueve mil kilómetros de distancia. Si hasta hace unos días la comunicación vía móvil y whatsapp era los más de lo más, y la prueba fehaciente del trabajo bien hecho. Si hasta hace unos días, la profesionalidad de los jugadores y la instauración de un modelo hacían de la figura del entrenador algo así como un ente abstracto que sólo debía preocuparse en conservar y perdurar lo ya creado, ahora no puede ser que sea el último de los responsables, el principal artífice de esa falta de reacción.

No hace mucho defendía yo mismo la casi nula incidencia de un técnico de prestigio en el banquillo, ante la gran capacidad técnica y táctica de casi todo el grupo. Pero ha bastado un golpe, para hacerme ver, que ante momentos de zozobra es necesario saber que hay alguien que analizando desde una posición diferente, es capaz de sacarte del atolladero. Y es en este punto donde, según mi visión está fallando el equipo y el cuerpo técnico en general. Se siguen utilizando las mismas armas, los mismos conceptos, las mismas estrategias, y los mismos patrones de juego desde el minuto cero al noventa, y apenas hay variaciones, independientemente del partido que se juegue.

Siguiendo con el símil boxístico, tal vez hubiera sido momento, después de ese mal asalto italiano, de recogerse, de buscar las esquinas del ring y bailar alrededor de nuestro rival y esperar. Tal vez era momento de que la defensa fuera nuestra arma, y dejar pasar estos momentos dejando la iniciativa al otro. Tal vez no fuera el momento de buscar aire, descansar en campo propio, y con las fuerzas en su justo límite intentar golpear en momentos puntuales.

Tal vex sea el momento de jugar de otra manera, a la espera de que pase esa sensación de aturdimiento. Un par de malos asaltos los tiene cualquiera. Saber salir de ellos con el mínimo daño es clave. No dejemos que la cuenta llegue al diez. El KO absoluto sería un mal final para un combate el cual llevábamos tan bien encaminado. 

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martes, 26 de febrero de 2013

Siempre Barça


Todavía recuerdo con nitidez el momento. Un centro de Alves, un mal rechazo de la defensa, un pase hacia atrás de Messi, y ver el balón colarse por la escuadra de Cesch después de un zambobazo de Iniesta. Luego, la locura. Todos corriendo, todos chillando, algunos incluso llorando. Todavía veo a uno de mis hijos, entonces con apenas 13 años, subido encima de la mesa de un bar gritando cómo loco tras la consecución de un gol, que daba al Barça la posibilidad de conseguir un triplete. Todavía recuerdo a mi padre, intentando hacer que bajara de la mesa, pero dejándose arrastrar por el ambiente de alegría extrema del establecimiento. Y todavía recuerdo la conversación que teníamos de regreso a casa.

Me hablaba Marc de la suerte de ser del Barça, de la posibilidad de ganarlo todo, de lo grande que estaba siendo la temporada. Yo le escuchaba entre gritos y banderas. La gente se había vuelto loca, y la Via Julía, era una sinfonía de cláxones y bocinas. Los balcones estaban a rebosar y se oía el himno del equipo en cada una de las travesías que cruzábamos.

Mi hijo miraba, y no dejaba de mostrar una perenne sonrisa. Yo, por mi parte, después de los nervios pasados, recuerdo que sólo le decía una cosa. Qué recordara el momento, qué se lo gravara en la memoria y que lo disfrutara al máximo. “Marc, disfruta el momento, puede que sea la única vez que vivas algo así”. Y es que nunca en la historia habíamos tenido semejante panorama. Teníamos a tirar de piedra un triplete que nos iba a convertir en el mejor equipo jamás visto.

Pues bien, ayer tuve que recordarle esas palabras. Y es que fue adelantarse el Real Madrid en el marcador, tras el repetitivo gol de Cristiano Ronaldo en el Estadi, y comenzar, él y otros como él, todos pertenecientes a una generación que ha vivido instalada en el éxito permanente, a dejar ir improperios contra el equipo y sus jugadores.

Tuve que recordarle, cuando el partido ya estaba sentenciado, tras la contra de libro que ejecutaron los blancos y que supuso el segundo gol que ponía el cartel de fin a la eliminatoria, cual era mi currículum culé a su edad. Dos Ligas, hijo, dos ligas había podido yo disfrutar apenas cumplida la mayoría de edad. Dos Ligas, y multitud de sin sabores y malos ratos.

Tuve que recordarle, cuando Messi perdía un balón, que éste no era un “matao”, y lo comparaba con las prestaciones fabulosas que ayer nos ofreció el siete blanco. Le intenté, entre el griterío ya reinante, y las amenazas de cierto sector de la audiencia de quemar todo lo construido, que yo había crecido y hecho culé al lado de otra estrella, Johan Cruyff, que si bien significó mucho para la entidad, no superó en toda su trayectoria azulgrana, el número de goles que este pequeño argentino es capaz de marcar en una sola temporada. Y que sí, que ayer Cristiano estuvo de cine, pero que a nadie le dan los premios por un mes de buena competición. Ya se oían ayer de nuevo sonar los tambores que anunciaban el próximo ganador del Balón de Oro…, y estamos en febrero!!!

Tuve que recordarle también, cuando se levantó de la silla para no ver el final del partido tras el tercer gol blanco, que sólo habíamos perdido la Copa del Rey. Y sí, la hemos perdido contra el Madrid. Y sí, contra un Madrid que nos ha superado claramente en la vuelta. Y duele, claro que duele. Pero más lo hacía perderla en esas rondas preliminares en las que equipos como el Novelda o la Gramanet (sí, hijo sí, la Gramanet, ese equipo con el que tú en ocasiones te enfrentas), nos dejaban con cara de tontos, sin saber muy bien que había ocurrido. Y duele más, incluso, si algunos de los jugadores, una vez acabado el partido y preguntado por el resultado comenta que éste es superable en un partido de vuelta que no existe. Eso era antes mi Barça, una alegría, y cien decepciones.  

Tuve que recordarle, que probablemente cerremos el año con la consecución de una nueva Liga (a expensas de un milagro ante el Milan), y que si es así, habremos superado lo conseguido el año anterior, en el cual luchando todos los títulos hasta el final, sólo pudimos conseguir esta Copa que hoy lloramos.

Y sí, también tuve que recordarle que aunque reconociendo que hoy el equipo está mal, y falto de chispa, todavía nadie ha ganado nada, y que al igual que él me dice, cuando valoró sus notas a mediados de curso, y me insta a esperar al mes de junio para sacar conclusiones, también hemos de darle el crédito a un equipo, que ahora está en un bache, pero que, atendiendo a la calidad de sus integrantes, y a su compromiso, seguro que al final nos dejará satisfechos con los éxitos logrados. 

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viernes, 22 de febrero de 2013

Pit i collons


"Seny, pit i collons". Con esta inscripción saltaron los jugadores azulgrana al Nuevo Zorrilla, cuando se supo el nuevo mal trance que debía pasar el ahora técnico azulgrana Tito Vilanova, en forma de enfermedad. Una frase, que según dicen es el axioma del propio técnico, a la cual recurre en momentos de puntual emergencia.

Una frase que resume en tres sencillas palabras cómo se han de afrontar las adversidades. Pasión, coraje, y algo tan nuestro como el sentido común y la templanza, parecen ser las claves para superar los más grandes retos. Y parece que Tito, ahora en la distancia, en Nueva York, lo va a conseguir, y según cuentan, está a punto de superar esa nueva piedra que ha supuesto un tropezón en su trayectoria vital, pero que no le ha impedido volver a levantarse para ponerse al frente del mayor de sus retos; triunfar en el banquillo azulgrana.

Superado parece este trance, es ahora el equipo el que se encuentra en una situación límite en la máxima competición. Una situación que después de una mala tarde en San Siro, lo ha dejado en las puertas de la eliminación en sus fases preliminares. Un reto en el que para superarlo ya se oyen retumbar los tambores que anuncian la tan ansiada remontada.

Seny, pit i collins” debe ser el lema de ese partido. Aunque visto cómo le ha ido al Barça en estos años, precisamente en aquellos partidos que necesitaban de épica, creo que si alguna palabra hemos de desechar de este lema es la de “seny”. Dejémonos de paciencia, dejémonos de cálculos, y vayamos con todo. Arriesguemos y pensemos en alguna variante táctica que sorprenda. El tan manido plan B debe entrar en escena. Un plan B que tiene detractores, que defienden la inutilidad de contratar jugadores únicamente para su ejecución

Y es que ya se sabe que este plan es aquel que habla sobre cómo se debe comportar el equipo ante defensas cómo la que el pasado miércoles nos mostró el Milan. Defensas cerradas, en la que los extremos rivales se convierten en laterales. Defensas sin apenas espacios en los últimos treinta metros, que hacen de esa zona del campo un espacio parecido a cualquier andén de estación de ferrocarril en hora punta. Defensas que apenas dejan sitio para la combinación, el regate o la profundidad.

Y ante ellas, el Barça, en ocasiones se encalla. Se encalla dicen, por no disponer de un jugador capaz de fijar a los centrales y ofrecer otro tipo de juego diferente al ya conocido por todos. Se encalla porqué en un intento de penetrar por el centro no encuentra los huecos necesarios para llegar a la portería. Se encalla porqué una vez encontrados espacios en los extremos, éstos apenas tienen posibilidad de ejecutar centros a la olla ante la poca efectividad rematadora por alto de nuestros exquisitos puntas.

Y ante la desesperación el Barça y su cuerpo técnico, en ocasiones, y cómo última estrategia de riesgo, suele colocar a Piqué en punta de ataque para intentar recoger de forma desesperada ese otro tipo de juego , en el que el balón deja de rasear el césped y empieza a volar.

Y he aquí mi dónde yo hago mi propuesta, y dejando el “seny” a parte me planteo si no podría ser éste, no un planteamiento de emergencia, si no el principal plan de ataque. Una defensa de cuatro, con Alvés, Puyol, Mascherano y Alba, una línea de tres centrocampistas en los que Búsquets, Xavi y Cesc marcaran la línea, y una delantera que aune la fantasía de Messi, Iniesta con la apuesta arriesgada de  PIQUÉ. Piqué como elemento sorpresa. Piqué fijando a los centrales. Piqué en la búsqueda de esos centros sin destino. Pit i collons. Coraje y valentía podría ser ese plan B para un partido diferente.

Dejemos por un día el manual en el vestuario. Dejemos esa noche la cordura en casa y volvámonos locos. Inventemos por un día. Conjuguemos toque y balonazo. Sorprendamos. Innovemos. Apabullemos al rival con un juego por un día diferente.Qué vuelvan por un día las famosas Guardioladas

Ahora una pared, ahora una larga circulación, ahora un sinfín de centros. Chutemos desde fuera, centremos desde la banda. Seamos por un día diferentes. La empresa vale la pena. PIT I COLLONS!!!!!



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jueves, 21 de febrero de 2013

No hay rosas sin espinas.


Las rosas son símbolo de finalidad, de logro y de perfección, aunque cómo reza una frase anónima “no hay rosas sin espinas”. Y es que para alcanzar cualquier logro se debe pasar primero por varios desafíos, sufrimientos y hasta pinchazos como los de las espinas. La rosa es en sí la mejor metáfora para transmitir este mismo mensaje. Será por eso que es la flor más famosa, además de su extrema belleza y perfección. Su tallo espinoso, representa la dificultad de acceder a sus pétalos, los cuales representan los mayores parabienes.

Pues bien, ayer el Barça, se topó con su primera espina, y se la clavó de forma tan profunda que la hemorragia producida puede impedirle el acceso al mejor ejemplar del jardín.

Siempre ha sido una constante en este ciclo azulgrana, que el rendimiento del equipo baje enteros en los meses iniciales del año. Enero y febrero acostumbra a ser un período de transición, en el cual los culés acostumbramos a ver a nuestro equipo con menos revoluciones de lo que es habitual.

Pero el calendario es el que es, y es justo en estos dos meses cuando se dirimen dos de las tres competiciones a las que siempre optamos. Semifinales de Copa y octavos de final de Champions son partidos claves que hay que superar y que no admiten error o relajación. Y ayer, en la ida de la máxima competición en San Siro, el Barça tuvo su mal día y pinchó.

Un mal día que se tradujo en uno de esos partidos feos, en los que los catalanes salen al campo maniatados por la agresividad defensiva del rival de turno. Constantes ayudas defensivas, acoso y derribo a las puntas azul y granas, y balonazo como principal arma de ataque, parecen ser las armas de destrucción masiva con las que los catalanes deben luchar.

Y contra esas armas, en según que momentos parece no haber remedio. El juego se convierte en un ir y venir insulso del balón entre los centrales y centrocampistas, sin ninguna posibilidad de hacerlo llegar a los delanteros. Un toma y dame hacía adelante y atrás. Un toca y mueve de izquierda a derecha no parecen en ocasiones suficiente para saltar según que estrategias defensivas, puestas en acción con una intensidad muy diferente a la de la competición local.

Y es que, aunque sea fácil decirlo ahora, puede que esa escasa dificultad con la que el Barça se deshace semana a semana de sus rivales en Liga, pueda ser una de las causas de ese pobre rendimiento en el día de ayer. Acostumbrados a jugar casi a placer, y sin apenas espinas que impidan su paso, son pocos son los partidos en los que el equipo debe “partirse la cara” para llevarse los puntos en disputa. Apenas los partidos ante el Real Madrid, y visitas complicadas a Mestalla, el Sánchez Pizjuán o el Calderón suponen choques de auténtica exigencia para un equipo que aplasta a sus rivales con pasmosa facilidad y que convierten su andadura en la competición doméstica en un “camino de rosas”.

Han sido estos octavos un desastre en general para los equipos de la Liga BBVA. Tres derrotas y un empate es el pobre bagaje recogido en la ida de esta primera eliminatoria. Tres derrotas y un empate que ponen en alto riesgo la clasificación de cualquiera de los equipos implicados. Tres derrotas y un empate que dejan en entredicho el tan manido lema de que aquí se disputa “la mejor liga del mundo”. Tres derrotas y un empate que pueden dejar a esa liga huérfana de representantes sólo empezar, lo que Johan Cruyff, denominaba la verdadera Champions.

Y es que la sucesión de éxitos anodinos, de partidos sin apenas rival, y de encuentros que apenas obligan al máximo, sirven de deleite al espectador, pero como contrapunto aflojan el nivel de tensión con el que los jugadores afrontan el siguiente partido. Y ante equipos cómo el de ayer, italiano, glamoroso, y con una capacidad defensiva infinitamente superior a lo que aquí podemos encontrar, pareció que a los Messi y compañía les faltaba algo más que la simple posesión del balón.

Porqué los transalpinos demostraron que sin él también se puede jugar a este deporte. Tres disparos a puerta, sin apenas conducción, sin apenas elaboración, y casi sin apenas juego, les dieron un resultado que noventa minutos antes ni siquiera soñaban. Fue como un regreso a un pasado ya olvidado, en el que cualquier equipo italiano te hacía un roto con apenas juego de ataque. En mis tiempos aquello se llamaba oficio, y de él tiraron ayer los rojo y negros.

Oficio que ahora deberemos demostrar aquí en la vuelta. Con nuestras armas. Las de siempre. Pero a una mayor velocidad de ejecución. Con el balón y sin él. Presionando, robando y enfilando portería apenas se generen pasillos de penetración. Sólo haciéndoles sentir que la sola disposición defensiva no es suficiente, dará el equipo el primer paso para superar un envite, en el que a día de hoy estamos más fuera que dentro.

Y en medio, seguiremos con esta insulsa Liga, en la que al menos ahora vienen rivales y encuentros de interés. Puede que así el equipo despierte, y con el fin de mes, y la llegada del primaveral marzo, resurjamos, y al igual que en la estación de las flores, las espinas que hoy nos pinchan, se conviertan en pétalos de rosa que mañana nos acaricien.



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lunes, 18 de febrero de 2013

Convivir con Messi.


En el último partido liguero, Messi, volvió a hacerse centenario, y con ya más de trescientos goles, atesora unos números que temporada a temporada lo convierten en el jugador más decisivo que jamás ha existido. Golea y asiste. Genera juego y finaliza. Igual está para un rechazo del portero que para ejecutar una falta de forma magistral. Cada año sus números se agrandan, convirtiendo su carrera en una sucesión de hitos, que serán difíciles de alcanzar por cualquier otro jugador.

Casi todo es Messi en la delantera azulgrana. Aglutina tanto juego, que como un foco deslumbrante atrae hacia sí todos los movimientos de ataque. Atrae a sus defensores, que en ocasiones se lanzan contra él en oleadas, olvidando que existen más camisetas azulgrana más allá del que luce el diez a la espalda. Y atrae a sus compañeros, que ven en él la tabla de salvación, de aquellos partidos en los que el balón se enreda en circulaciones sin fin en el centro del campo, que sólo el astro argentino es capaz de desactivar a base de asistencias y regates inverosímiles.

Pero mientras Messi triunfa, el resto de sus compañeros de vanguardia parecen diluirse entre sombras. Y el caso más significativo es Aléxis. Un jugador que vino para sentar defensas, y del que apenas hemos podido contabilizar cuatro o cinco jugadas de nivel. Un jugador nos decían, que hacía del uno contra uno su principal arma, y de las asistencias su mejor bagaje, pero que, una vez puesto en acción sólo vemos como un punta que necesita metros por delante, con una buena capacidad para el desmarque.

Hablan sus defensores de su capacidad de lucha, de sus buenos desmarques y como éstos abren espacios que el resto pueden aprovechar. Pero la realidad, por más que nos pese, es que nos encontramos con un jugador, que parece bloqueado, y que está empezando a agotar todo su crédito. Controles nulos, disparos sin sentido, pases sin rumbo, pérdidas casi irrisorias y remates al limbo, están constituyendo semana tras semana la definición de su juego. Un juego, que para su desgracia ya no provoca ni ira en el aficionado. Un juego que le convierte en una caricatura del jugador que creímos fichas, y que ya provoca incluso hilaridad en aquellos que lo observan.

Tampoco es que Villa salga mucho mejor parado en esa banda izquierda a la que todos acaban desplazados. Eto’o, Ibra, Bojan, y ahora la dupla Alexis / Villa no acaban de sentirse cómodos en una posición secundaria de ataque. En el caso del asturiano, éste añora protagonismo en el juego, y echa de menos ser el referente de ataque. También se le ve al Guaje cariacontecido en ocasiones, sin brillo, y algo aislado en una zona del campo en la no luce cómo lo ha hecho a lo largo de toda su carrera. Sin espacios, sin posibilidades de conducción, aquel jugador del Valencia se ha tenido que redefinir, y en ese proceso de nueva creación, parece que ha perdido el vigor que le caracterizaba.

Parece que sólo Iniesta es capaz de convivir con soltura en esa zona del campo. El manchego no es un jugador nacido para golear. No vive pensando en la portería, y sus necesidades no pasan por presentar un determinado número de dígitos en su marcador particular. Iniesta no vive en el extremo. Aparece y desaparece. Baja a otras zonas del campo, ayuda a la construcción. Finta, regatea, asiste, toca. Y llega a la línea de fondo para desde allí buscar un pase al área, en busca de un diez que espera colocado para finiquitar la jugada  

Se habla este año de un posible refuerzo para la próxima temporada en forma de delantero. Y Neymar parece el mejor situado. También, y viendo la progresión de Deulofeu en el equipo filial, parece éste un candidato a subir el año que viene al primer equipo como un integrante más de ese trio atacante. Neymar, Messi y Deulofeu son tres jugadores de diferentes perfiles, pero con un idéntico objetivo; convertirse en el mejor. No sé si ante el poder y la jerarquía del argentino, éste será capaz de asumir el reparto de papeles y protagonismo.

¿Habrá suficiente balón para los tres?  


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