Después de la derrota en Pamplona parecía que el sueño de conquistar una cuarta Liga consecutiva llegaba a su fin. No ya por los diez puntos de diferencia en la clasificación, que también, sino por las continuas muestras de irregularidad y mal juego que los azulgranas estaban dando en cada desplazamiento. Sólo hacia falta, además, observar el calendario y ver como en unos exigentes meses de febrero y marzo, las visitas al Vicente Calderón y el Sánchez Pizjuán suponían dos enfrentamientos muy duros para las prestaciones del equipo como visitante.
Pero desde entonces, los azulgranas han encadenado una racha victoriosa, en la que sumando todos los choques se ha conseguido triunfar de forma consecutiva en siete ocasiones. Y se ha hecho con solvencia, y con unos registros que no dejan lugar a la duda. Veintiún goles a favor y sólo cinco en contra son los números de este resurgir azulgrana.
Resurgir no sólo en números, sino en sensaciones. El equipo vuelve a mostrarse con la misma imagen de superioridad de estos tres últimos años. No deja espacio para la sorpresa, y encadena actuaciones a cual más espectacular. Los partidos de Leverkusen en casa, y su último desplazamiento en Liga, demuestran que la cabeza y piernas de los jugadores han recuperado la frescura que parecía perdida.
La ha recuperado Xavi, que después de superar unos problemas físicos que limitaban su rendimiento, ha cogido nuevamente el timón del centro del campo, y a la dirección le ha sumado capacidad goleadora.
A la par, la ha recuperado Iniesta, que de rotura en rotura no acababa de coger el ritmo de competición, y que muestra nuevamente su poder en cada intervención. Su velocidad de penetración y de desborde es tal , que a veces parece incluso que supere en prestaciones al auténtico número uno en esta escala de valores: Messi. El argentino, si de sensaciones hablamos, es el que más ha notado el final de este período de estrés.
Ahora, con los pequeños descansos que el calendario y las tarjetas le han proporcionado parece que ha vuelto con todas sus fuerzas intactas, y ya son catorce los goles marcados en sus últimas apariciones. La porra que marca la fecha para que sea leyenda blaugrana está lanzada. Sólo queda sentarse y esperar. Y él, pasito a pasito, gol a gol, nos va dejando muestras de una clase infinita. Una clase que deja su sello en imágenes cómo las de su último gol, en las que un caño y una vaselina dentro del área conjugaron uno de los mejores goles de su carrera. Y van….. doscientos treinta y uno!!!!
Y poco a poco, parece que otros jugadores van uniéndose a la causa y vuelven a su mejor nivel. El último partido de Pedro, parece certificarlo. Completó el canario, para mi, el mejor partido de esta temporada. Sólo se le negó el gol. Seguro que la perseverancia de su juego, y la confianza que Guardiola le deposita, otorgándole la titularidad en casi todos los partidos de este resurgir, harán que seguramente de aquí a pocos días, estemos hablando de su reencuentro con la red.
A pesar de ello, muchos dábamos por enterradas ya las opciones en esta Liga desde aquel partido del Sadar. Diez puntos se veían como una distancia insalvable, teniendo en cuenta, además, que el rival de los azulgranas en el Campeonato no daba muestras de flaqueza. Semana tras semana las victorias se acumulaban en su casillero, hasta llegar a las doce de forma consecutiva. Récord de goles, de victorias, de puntos eran las portadas semanales en los periódicos que siguen la actualidad madridista. Sueños de pasillo eran los deseos de una afición, que veía así la forma, de devolver en un solo golpe, la superioridad culé de estos tres últimos años.
Y así, claro, la remontada por mucho juego y mejora que ofreciera el equipo se veía como una quimera. Nos consolábamos los culés, al menos en lo que a mi se refiere, con la posibilidad que daba el doblete en Champions y Copa, que de conseguirse firmarían una nueva temporada es-pec-ta-cu-lar!!!. Mirábamos semana tras semana la clasificación, y el calendario, y veíamos que aunque lo peor ya ha pasado para nosotros, era difícil imaginar hasta cuatro pinchazos de nuestro más directo rival.
En un análisis más técnico, también es cierto que intuíamos una cierta sospecha de cansancio, en un equipo, que a pesar de contar con múltiples variantes, basa casi todo su juego en la capacidad de cuatro o cinco de sus jugadores. Parecía que ya no apabullaba, y se intuía que en cualquiera de sus desplazamientos podía llegar ese tropiezo, que al igual que ocurre en baloncesto, redujera la diferencia por debajo de la barrera psicológica de los diez puntos.
Y ha sido en esta última jornada, en el último minuto, en el noventa y uno. Justo en aquel instante en el que los blancos suelen marcar, cuando éstos han recibido el primer aviso de esta segunda vuelta liguera. Un obús de Cazorla se coló por la escuadra de Casillas e hizo que ya sin tiempo de reacción, los merengues ofrecieran su primer síntoma de debilidad.
Ahora, empieza otro campeonato, que aunque todavía difícil hace que las esperanzas culés vuelvan a escena. Hacen que las imágenes de aquel milagroso Tenerife vuelvan a nuestra memoria. Hacen que repasemos la trayectoria de los equipos de Mourinho, y veamos como éstos flaquean en el último tercio del campeonato. Hacen, que en definitiva, asomemos nuevamente la cabeza, y pensemos que otra vez es posible soñar.
Pero no se lo diré a Guardiola, no sea que se enfade y piensa que le contradecimos. Porqué ya se encarga él de recordarnos que esta Liga no la vamos a ganar. Aunque seguramente, cómo dice mi colega blogero Juan Portillo habrá que leer este mensaje de Pep, entre líneas.
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