El Bernabeu, territorio en otras épocas casi inconquistable, se está convirtiendo en esta época de Guardiola como líder culé en uno de los terrenos más asequibles. Y es que en su cuarta temporada en el banquillo, todavía no conoce el técnico de Santpedor la derrota en tierras merengues.
Y eso que este último clásico tuvo un inicio que puso al Real Madrid en la rampa de lanzamiento para conseguir su primera victoria, cuando a los veinte segundos de partidos, Victor Valdés, en un fallo incomprensible, pero repetido en cada temporada, dejo franco un balón a la delantera local, para que Benzemá logrará adelantar a los blancos en el marcador, y poner el encuentro en una situación propicia para los intereses madridistas.
En una situación típica esta temporada, a los azulgrana les costó entrar en el partido, y empezar a calentar motores, y en unos primeros viente minutos bastante espesos, y con continuas pérdidas de balón, estuvieron a merced del rival, que con algo más de acierto por parte de su máxima estrella, CR7, podrían haber dado un casi definitivo golpe sobre la mesa.
Pero fue reponerse los azulgrana de su resaca inicial, y empezar la sinfonía habitual de los de Pep en el Estadio de La Castellana. Guardiola ejerció de entrenador, y después de una semana discutiendo sobre el esquema con el que el Barça se presentaría al partido, en el que principalmente se planteaba la conveniencia de jugar con una defensa de tres o de cuatro hombres, Pep, visto el poco control de su equipo en estos primeros compases, optó por cambiar su idea inicial, y adelantando a Alves a la posición de extremo, y retrasando un poco a Busquests para ayudar en labores defensivas y salidas de balón, casi diría que jugo con una defensa de tres hombres y medio, donde el de Badia hacía de hombre ancla y se desdoblaba en una doble misión, y así, por momentos central, por momentos pivote defensivo, ofrecía por un lado seguridad defensiva y a la vez la tan necesaria superioridad azulgrana en el centro del campo.
Y los pequeños azulgranas empezaron a tocar. Toque, toque y toque en una película ya vista muchas veces por el aficionado culé. Toque, toque y toque con un Xavi estelar comandando cada acción de ataque. Toque, toque y toque, con un Iniesta que de menos a más finalizó el encuentro con acciones dignas de las mejores repeticiones a cámara lenta. Toque, toque y toque, con un Cesc que demostró después de unos primeros cuarenta y cinco minutos espesos que lo suyo es jugar en este equipo, ofreciendo llegada y pegada en una segunda parte apoteósica. Toque, toque y toque, con un Messi, que se ofrecía, que asistía, que corría de banda a banda del ataque, y que defendía como cualquiera, en acciones inclusive cerca de su propia área. Y toque, toque y toque de Valdés, que después de un primer error, que habría hecho que cualquier otro recibiera un balón con un temblor en la piernas, seguía distribuyendo el balón desde la portería con pases precisos sin preocuparse en la más mínimo por su primera acción del partido.
Y así, con el paso de los minutos, primero Aléxis, incansable toda la noche, y demostrando, hoy sí, que su fichaje puede haber sido un gran acierto para este equipo, y a continuación Xavi y Cesc, sellaron los tres goles de los visitantes.
En mi opinión, no fue el resultado del partido lo más trascendente. Fue la sensación nuevamente de superioridad que ofreció el Barça. Sensación de seguridad en sus fuerzas, en su juego y en su manera de entender este deporte. Se sabe hasta la fecha mejor que los blancos, y sale a disputar cada encuentro con una ventaja anímica, que pesa como una losa en los jugadores del Real Madrid. Estos, al contrario, disputan estos encuentros atenazados. Nadie parece ser el que es. Casillas se vuelve vulnerable, y ya no parece ese portero imbatible de las grandes noches merengues. Marcelo y Pepe juegan sobre-excitados y sin ningún tipo de sentido táctico, únicamente preocupados por morder y hacerse sentir defensivamente, pero sin ningún tipo de criterio a la hora de jugar el balón. Xabi Alonso queda perdido entre la maraña de jugadores azulgrana que lo rodean y sobrepasan con continuas triangulaciones. Y CR7 parece hundido y confundido cada vez que se enfrenta a la defensa catalana, donde la visión de Piqué y Puyol, enormes anoche, parece que le atenace y revolucione, ofreciendo, poco, muy poco, en cada clásico disputado.
Y a su vez Mourinho, no acaba de dar con la tecla que pueda desactivar el juego culé. Unas veces cerrado atrás, otras veces con presión asfixiante, otras veces con trivote, en ocasiones con mediapunta y tres delante, sigue sin encontrar la fórmula de desbaratar un concepto futbolístico que está haciendo historia. Se encuentra impotente el luso para contrarrestar los planteamientos de Pep. Por supuesto no estoy en la cabeza de Mou, pero en mi opinión le puede la grandeza del Madrid, la cual no le deja plantear los encuentros como a él le gustaría. Cerrojazo atrás, con salidas fulgurantes al contragolpe creo que es su arma. Pero el rechazo que esta generó la temporada pasada entre afición y prensa, hace que no se atreva con este concepto de juego, e intente salir a disputarle el encuentro a los de Guardiola en un tú a tú, con un concepto de juego diferente al que él realmente cree. Y así, año a año, partido a partido la superioridad azulgrana crece, y la obsesión merengue por acabar con la hegemonía del actual campeón también aumenta, y tal como dijo, el mismo Mou en una previa de Champions, donde como entrenador del Inter de Milán, intentaba evitar el pase a la final soñada por todo culé en el Bernabeu, jugar con una obsesión es el primer paso para salir derrotado.
Y ahora, finalizada la jornada, y después de dar por casi sentenciada esta Liga, vemos al Barça situado nuevamente al frente de la clasificación a la espera de que la próxima semana, unos, los blancos intentes recuperar el sitio perdido con la disputa de su partido pendiente en Sevilla, y otros,los blaugrana se traigan de Japón su segundo Mundialito de Clubs. Mundialito que irán a disputar con la confianza que da esta victoria en el campo y territorio de su máximo rival. El territorio de Pep.
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