Era una final, y a disputarla se
presentó el equipo azulgrana con sus mejores galas. Sólo con la licencia de Pinto en la portería, que de momento
solventa su papel en este Barça de
forma más que correcta, y con esa rotación que hace de Mascherano el duodécimo titular, el Barça se presentó en la Rosaleda para dilucidar el primer choque
trascendente de la temporada.
Y lo hizo de la forma que
acostumbra. Seguro, fiable, al ataque. De la forma que sólo este equipo sabe
ver este deporte. De una forma, que convierte un partido de fútbol en multitud
de detalles y gestos técnicos que van más allá de la simple consecución de un
gol. Fue un partido para sentarse y disfrutar. Fue un partido, en el que los
neutrales debieron apagar el televisor satisfechos por esa hora y media de
espectáculo.
Para los culés, al menos en mi
caso, fue un partido de nervios, de tensión. La proximidad del precipicio de la
eliminación no me hizo disfrutar plenamente del paisaje. No sé si es por ese
endémico pesimismo que nos caracteriza, pero el empate a dos a poco de
finalizar, dejaba un no sé que de incertidumbre en el aire, que impedía el
disfrute total. Y entre la posibilidad de un final abrupto, y el ruido de fondo
de la retransmisión del partido, hubo momentos que casi hubiera preferido
apagar el televisor.
Y es que el partido sacó de sus
casillas a los comentaristas de Telecinco.
Qué mala suerte tener que escuchar de fondo los comentarios a lo que sucedía en
el césped. Sólo, Kiko Narváez , como
exjugador, sabía apreciar la dificultad de la aparente facilidad del juego
azulgrana. El resto, únicamente buscaban la polémica, y la discusión de
acciones fortuitas. Qué Busquets
ejecutaba un caño casi obsceno, el comentario se ignoraba. Que Messi y Alves bailaron un dúo en la banda con el balón como testigo, la voz
dirigía el análisis hacia la lucha de los andaluces. Que Piqué se tiraba con todo en el área para tapar un peligroso centro,
el penalty era de órdago incluso antes de ver la repetición, la cual, por
cierto constató que no fue. Que Alves
ejecuta el centro del primer gol en fuera de juego, la repetición de la imagen se
hace incansable. Qué el empate del Málaga
llegó por manos previas en un robo de balón, la imagen queda diluida entre un
sinfín de comentarios. Y así, entre el deseo del gol del Málaga, y el juego preciosista de los azulgranas, Iniesta puso la eliminatoria en su
sitio, y acalló el griterío en antena. Que descanso!!!!
Me deja esta eliminatoria copera
ante el Málaga, sin embargo, un par de sensaciones que producen un cierto
desasosiego.
Por un lado, la fragilidad
defensiva del equipo va a más cada partido, y ya son tres con el de ayer en los
que el equipo recibe más goles de los que nos tiene acostumbrados. En un análisis
precipitado, me atrevería a decir, que el once azulgrana se siente tan seguro
de sus fuerzas, que en su persistente ataque mueve tantas piezas por delante
del balón, que cualquier pérdida o balonazo al tuntún, le generan acciones de
clara inferioridad en defensa. El segundo gol malacitano, ejecutado después de
un inverosímil fallo de Messi en un uno contra uno franco, es un claro ejemplo
de ello. Qué poca oposición encontraron los andaluces en su traslado de un área
a la contraria.
Y por otro, me está haciendo
dudar la solvencia del banquillo azulgrana. Y es que si bien ante el Córdoba fue totalmente solvente, ayer,
después del pequeño descalabro del partido de ida, nuevamente tuvo que salir a
escena el equipo de gala. Un once, que por lo que parece deberá jugar todo lo
trascendente. Y ahora, ante una semifinal que obligará a mucho, un tramo
liguero en el que no se pueden ceder puntos, y el regreso de la Champions deberá
con toda seguridad ser exprimido al máximo. Y no sé si las piernas de todos
ellos darán para tanto.
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