Falta todavía un mes para que Guardiola deje de ser entrenador
azulgrana, y aquello de lo que presumíamos hace apenas un par de semanas,
haciendo referencia a una transición modélica y a una madurez excepcional en el
tránsito de una etapa que se cierra a otra que se abre, parece a punto de
saltar por los aires, y cual granada de mano, alcanza con su metralla a todos
los implicados.
Parece, a raíz de las últimas
noticias publicadas que el fin de Pep
no fue tan idílico como se representó. Y digo parece, porqué cuesta creer en la
veracidad de alguna de estas informaciones. Parte el todo de la base del
malestar de Guardiola por difundir
el nombre de Tito Vilanova en el día
de su despedida, ya que, y siempre según el citado artículo, era deseo expreso
de Pep que este anuncio no se
realizará.
Y me cuesta creer, porque si algo
le hemos de reconocer al de Santpedor
en esta etapa triunfal que ha dirigido es la coherencia en todas sus
actuaciones. Y para mí, coherente es la decisión de anunciar un adiós y su
sucesor al mismo tiempo, si la decisión ya ha sido tomada. Llevábamos tiempo,
meses, los culés ansiosos por conocer los designios de nuestro entrenador.
Mensajes de todo tipo se agolpaban en lo medios pidiendo la continuidad.
Jugadores, periodistas, simpatizantes, socios coincidían en un único mensaje. Guardiola había puesto de acuerdo, casi
por primera vez en la historia, a todos los estamentos del club. Todo el mundo
deseaba su continuidad.
Los días pasaban, las dudas crecían,
y al final, tras la pérdida de los dos títulos insignia que marcan una
temporada, llegó la derrota más dolorosa, y Pep anunció su fin. Y sabe Pep,
que si en esa comparecencia no hubiera habido mensaje de su sucesor, ahora
estaríamos leyendo día sí, y día también, nombres de candidatos al banquillo. Páginas
y páginas se llenarían con trayectorias de posibles substitutos. Se hablaría de
Low, de Bielsa, y de todo técnico que un mínimo currículum presentara un
juego atractivo en sus conjuntos. No hubiera sido extraño leer que Rikjaard estaba de vuelta, o que Lillo, intimo amigo de Guardiola y seguidor de su filosofía
era un candidato. Sólo hace falta ver los nombres de los posibles fichajes.
Cada día aparecen nuevos nombres, e incluso hoy se postula con un posible
regreso de Eto’o, tras la marcha del
que lo puso en la puerta de salida.
Y fue ese anuncio el que nos
evitó este circo que cada periodo estival se genera con las nuevas
incorporaciones. Y a mi, como culé me parece del todo acertado, que
Zubizarreta, o Rosell, o el que fuera el que decidió actuar así haya tomado esa
decisión. Me alegra que me hayan ahorrado el tener que ver pasar currículum y
nombres. De escuchar y leer siempre las mismas respuestas. Ya tengo bastante
con barajar hasta hoy no menos de veinticinco incorporaciones, para tener que
añadir a ellas más nombres y referencias.
Por eso no creo en el malestar de
Pep en este punto. Cómo tampoco creo
que se siente traicionado por su segundo, que es otro de los argumentos que
ahora se están utilizando para incendiar al Barça.
Me recordaba hace un par de días un buen amigo, que se mueve a un nivel
superior al mío en este mundillo del balón, que esta historia entre Pep y Tito, era como un “remake” de la protagonizada por Cruyff y Rexach. Dos grandes amigos que juntos, y tras un período de
tinieblas recuperan al equipo y lo llevan a cotas nunca alcanzadas. Dos grandes
amigos que presumen de su amistad, y que hacen de la compenetración en el banco
un valor más en su dirección. Y dos grandes amigos, que ponen fin a su amistad,
cuando la salida del primero entiende el fin del ciclo de ambos en la institución.
Pero no es lo mismo antes que
ahora. La marcha de Cruyff no fue
voluntaria, y en un cese traumático el holandés se sintió traicionado por su
segundo al querer continuar en su puesto. Ahora Pep, ha dicho que se va por cansancio, que lo deja por sentirse vacío,
sin fuerzas para continuar. Es una decisión voluntaria y premeditada anunciada
a la directiva en diciembre. Por lo tanto, también es coherente que se alegrara
por la decisión de Vilanova de
continuar. El ansia de progreso es innata en el ser humano, y todo aquel que se
precie intentará alcanzar lo máximo en su profesión. Y si Pep deja paso, ¿qué hay de malo en que su segundo acceda al cargo? Lo lógico sería que Guardiola se alegrara de la decisión de que uno de sus mejores
amigos tuviera la oportunidad de hacerse grande.
Porque en el caso de creerme
estas informaciones, entonces las preguntas que me haría serían otras. ¿Guardiola miente, y no quería irse? ¿Estamos
ante un cese encubierto? ¿La relación entre el cuerpo técnico y Rosell era de guerra absoluta? ¿La
marcha de Txiqui, la renuncia de Cruyff como presidente de Honor y la
demanda a Laporta son las causas del
adiós de Pep? ¿No es el cansancio el
que ha provocado su marcha?
Y como yo quiero creer que Pep no miente, y que por lo tanto todos
esos interrogantes se contestan con un NO absoluto, no le veo el sentido a esta
polémica, y sólo me queda pensar en el ansia de protagonismo del autor del artículo,
defensor del teorema que dice: “Vamos a
echar mierda, que algo quedara”
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