Con el devenir de las semanas la Liga está perdiendo su interés, sólo rescatado por las continuas polémicas y enfrentamientos generados desde ambos lados de las trincheras. Y es que en esta lucha ficticia por la hegemonía futbolística el transcurso de las jornadas es un devenir constante de hechos repetitivos. Y así, nada ha cambiado este fin de semana, y la diferencia de diez puntos entre los dos primeros clasificados no varía. Cada jornada, desde hace ya más de un mes, parece que vivamos en un interminable bucle en el que los rivales de blancos y azulgranas varían, pero los análisis y comentarios de cada uno de los partidos no difieren en demasía.
No cambian los partidos de los merengues, que en cada uno de sus desplazamientos parecen sufrir para imponerse al rival, pero sin lucir un juego excesivamente brillante acaban llevándose los tres puntos. Tres puntos, que también sin cambio van acompañados de una polémica en forma de decisión arbitral que parece no abandona a los blancos estas últimas jornadas.
Se está convirtiendo en un “deja vu” cada uno de los partidos de los hombres de Mou, en los que el guión de cada encuentro parece una repetición del anterior. Y así, entre polémicas y goles de Ronaldo, no hay forma de ver un tropiezo del líder, que se acerca a pasos agigantados a batir todos los récords instaurados en la competición.
Viendo los partidos de los madrileños, uno tiene la sensación de que sea cual sea el devenir del encuentro, el final siempre será el mismo. Y es que, polémicas aparte, parece que los delanteros blancos necesiten de muy poco para batir a su oponente, con un índice de aciertos casi estratosférico. En el último partido ante el Betis cuatro fueron las ocasiones blancas, y tres de ellas acabaron en gol. Tres fueron los intentos de Cristiano Ronaldo en el área, y dos de ellos finalizaron en la red. Si ese índice de acierto se mantiene será difícil que este equipo flojeé.
En el extremo opuesto, los blaugranas también repiten en cada desplazamiento el mismo partido desde hace ya varias semanas. Parece ser que desde que Guardiola puso en duda su continuidad algo se ha despertado en el interior del vestuario, y recuperada la frescura perdida de un agotador mes de enero, el equipo se muestra tal cual. Ha recuperado el tono, y nuevamente apabulla a los rivales, que apenas presentan contestación.
Cada partido azulgrana se convierte así en una lucha por sobreponerse a un siempre maltrecho césped, que parece crecer de forma desproporcionado cada vez que los catalanes actúan como visitantes. Qué lejos quedan los tiempos en los que un campo con un tapiz rasurado y húmedo era el terreno propicio para el espectáculo.
Cada partido de los catalanes se convierte en una sucesión de entradas temerarias, que hacen temer por la integridad de algunos de sus jugadores. Parece haberse abierto una especie de veda, en la que queda permitido poder “dar más de un palo”, si el oponente va vestido de blaugrana. Cuesta entender que entradas como las que ayer recibieron Cesc o Busquets queden sancionadas únicamente con una amarilla. Y cuesta más entenderlo si además en la redacción del acta por parte del árbitro la palabra “temeraría” es la utilizada para definir algunas de ellas. Debe ser que el epíteto correcto para definir una entrada merecedora de expulsión sea un sinónimo de “asesina”.
Cada partido de los de Pep se convierte en una exhibición de su máxima estrella: Leo Messi. Cincuenta goles lleva ya conseguidos esta temporada. A sólo tres de su récord histórico y a cinco de convertirse en el mayor artillero de la centenaria historia de su club. Messi huele la efeméride y a ella se ha lanzado como un poseso.
Cada partido del Barça se convierte en un carrusel de oportunidades de gol desperdiciadas. A diferencia de su rival, que con muy poco consigue tanto, los del Camp Nou necesitan un sinfín de ocasiones para materializar sus goles. Y entre disparos al palo, que suman ya la barbaridad de veintiuno, y porteros tocados por una varita mágica, parece que una conjunción cósmica se haya aliado para impedir victorias más holgadas que el dominio del juego y presencia en las áreas merecerían.
Serán claves las tres próximas jornadas, que incluyen además unos exigentes cuartos de final de Champions. Un emparejamiento de los dos representantes de la Liga en esta fase podría servir a los blaugrana de trampolín en el caso de repetir resultados de eliminatorias precedentes. Será el final de este mes, momento de volver a valorar las posiciones en la batalla, y estudiar la forma de lanzar la ofensiva final.
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