La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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martes, 26 de febrero de 2013

Siempre Barça


Todavía recuerdo con nitidez el momento. Un centro de Alves, un mal rechazo de la defensa, un pase hacia atrás de Messi, y ver el balón colarse por la escuadra de Cesch después de un zambobazo de Iniesta. Luego, la locura. Todos corriendo, todos chillando, algunos incluso llorando. Todavía veo a uno de mis hijos, entonces con apenas 13 años, subido encima de la mesa de un bar gritando cómo loco tras la consecución de un gol, que daba al Barça la posibilidad de conseguir un triplete. Todavía recuerdo a mi padre, intentando hacer que bajara de la mesa, pero dejándose arrastrar por el ambiente de alegría extrema del establecimiento. Y todavía recuerdo la conversación que teníamos de regreso a casa.

Me hablaba Marc de la suerte de ser del Barça, de la posibilidad de ganarlo todo, de lo grande que estaba siendo la temporada. Yo le escuchaba entre gritos y banderas. La gente se había vuelto loca, y la Via Julía, era una sinfonía de cláxones y bocinas. Los balcones estaban a rebosar y se oía el himno del equipo en cada una de las travesías que cruzábamos.

Mi hijo miraba, y no dejaba de mostrar una perenne sonrisa. Yo, por mi parte, después de los nervios pasados, recuerdo que sólo le decía una cosa. Qué recordara el momento, qué se lo gravara en la memoria y que lo disfrutara al máximo. “Marc, disfruta el momento, puede que sea la única vez que vivas algo así”. Y es que nunca en la historia habíamos tenido semejante panorama. Teníamos a tirar de piedra un triplete que nos iba a convertir en el mejor equipo jamás visto.

Pues bien, ayer tuve que recordarle esas palabras. Y es que fue adelantarse el Real Madrid en el marcador, tras el repetitivo gol de Cristiano Ronaldo en el Estadi, y comenzar, él y otros como él, todos pertenecientes a una generación que ha vivido instalada en el éxito permanente, a dejar ir improperios contra el equipo y sus jugadores.

Tuve que recordarle, cuando el partido ya estaba sentenciado, tras la contra de libro que ejecutaron los blancos y que supuso el segundo gol que ponía el cartel de fin a la eliminatoria, cual era mi currículum culé a su edad. Dos Ligas, hijo, dos ligas había podido yo disfrutar apenas cumplida la mayoría de edad. Dos Ligas, y multitud de sin sabores y malos ratos.

Tuve que recordarle, cuando Messi perdía un balón, que éste no era un “matao”, y lo comparaba con las prestaciones fabulosas que ayer nos ofreció el siete blanco. Le intenté, entre el griterío ya reinante, y las amenazas de cierto sector de la audiencia de quemar todo lo construido, que yo había crecido y hecho culé al lado de otra estrella, Johan Cruyff, que si bien significó mucho para la entidad, no superó en toda su trayectoria azulgrana, el número de goles que este pequeño argentino es capaz de marcar en una sola temporada. Y que sí, que ayer Cristiano estuvo de cine, pero que a nadie le dan los premios por un mes de buena competición. Ya se oían ayer de nuevo sonar los tambores que anunciaban el próximo ganador del Balón de Oro…, y estamos en febrero!!!

Tuve que recordarle también, cuando se levantó de la silla para no ver el final del partido tras el tercer gol blanco, que sólo habíamos perdido la Copa del Rey. Y sí, la hemos perdido contra el Madrid. Y sí, contra un Madrid que nos ha superado claramente en la vuelta. Y duele, claro que duele. Pero más lo hacía perderla en esas rondas preliminares en las que equipos como el Novelda o la Gramanet (sí, hijo sí, la Gramanet, ese equipo con el que tú en ocasiones te enfrentas), nos dejaban con cara de tontos, sin saber muy bien que había ocurrido. Y duele más, incluso, si algunos de los jugadores, una vez acabado el partido y preguntado por el resultado comenta que éste es superable en un partido de vuelta que no existe. Eso era antes mi Barça, una alegría, y cien decepciones.  

Tuve que recordarle, que probablemente cerremos el año con la consecución de una nueva Liga (a expensas de un milagro ante el Milan), y que si es así, habremos superado lo conseguido el año anterior, en el cual luchando todos los títulos hasta el final, sólo pudimos conseguir esta Copa que hoy lloramos.

Y sí, también tuve que recordarle que aunque reconociendo que hoy el equipo está mal, y falto de chispa, todavía nadie ha ganado nada, y que al igual que él me dice, cuando valoró sus notas a mediados de curso, y me insta a esperar al mes de junio para sacar conclusiones, también hemos de darle el crédito a un equipo, que ahora está en un bache, pero que, atendiendo a la calidad de sus integrantes, y a su compromiso, seguro que al final nos dejará satisfechos con los éxitos logrados. 

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miércoles, 30 de enero de 2013

Batalla de estilos


Antes de un clásico, cualquier aficionado visualiza su partido. Y desde que Mourinho, y la escuela de toque azulgrana son los referentes en ambas instituciones, no es difícil adivinar cual va ser el guión de cada uno de los encuentros en disputa. Todos imaginamos un Real Madrid, físico y presionante, que basa su estrategia en la interceptación del balón en cualquiera de los pases del juego preciosista que construyen los azulgrana. Todos imaginamos un Barça a ritmo de samba, con toques y paredes que a base de movimientos continuos, buscan huecos en la estrategia defensiva del rival.

Y esta eliminatoria copera, si algo mostró en su primer asalto, fue la presentación de estos dos tipos de juego hasta sus últimas consecuencias. El Madrid presentó un partido de ida y vuelta. Basó su juego en una línea defensiva muy retrasada, y una presión en media cancha. Cualquier robo de balón provocaba la estampida de hasta seis de sus jugadores, dejando el cuarteto defensivo anclado en su zona. Apenas intervinieron los laterales blancos en las acciones ofensivas. Apenas se pueden destacar jugadas de más de cinco toques consecutivos. Un equipo estirado, largo, tan largo, que dejaba el centro del campo casi desierto, cómo zona de carreras y avenida de paso entre las áreas. Si el decálogo de cualquier entrenador habla de la escasa distancia entre líneas cómo la base de cualquier sistema de juego, el de Mou, al menos ayer, anunciaba justamente lo contrario, y parecía ofrecer a su rival un encuentro a base de golpes continuos y ritmo vertiginoso.

Cómo contrapunto, los azulgrana intentaban imponer la quietud, el sosiego y el pase en corto. Pero la tentación ante los huecos generados era tal, que en ocasiones, tentados por esa llanura de césped no defendida veían la posibilidad de ejecutar rápidas transiciones en busca de la velocidad de sus puntas. Parecía terreno abonado para Messi. Un campo con espacios por el que poder explotar ese regate y carrera sin control que lo hacen único. Pero ayer el argentino, cómo suele suceder en estos meses iniciales del año, pareció menos fresco que lo que acostumbra, y rehuyó ese duelo propuesto.

Fue un partido en el que esperábamos ver a Messi y Cristiano Ronaldo en su enésimo duelo por demostrar su supremacía. Pero se convirtió en un encuentro que nos devolvió al mejor Piqué y nos presento a un inconmensurable Varane. El catalán, nuevamente rápido, ágil y certero en el quite. El francés majestuoso en el corte, centelleante en la carrera y ejecutor en el remate. Si algún día soñó con el partido perfecto, ayer pudo dar fe, que en ocasiones los sueños se hacen realidad.

Fue el partido del debut de Diego López, que certifica la poca confianza que los técnicos de la casa blanca tienen en el sustituto de Casillas bajo los palos. Pero fue también el partido de la constatación de Pinto como portero solvente. Y es que en unas fechas en las que el titular indiscutible en la portería ha anunciado su marcha, es bueno ver que no sólo él es capaz de desempeñar ese papel con holgura. Da la sensación, escuchando a expertos, tertulianos y analistas que no hay nadie en el mundo capaz de ponerse el uno a la espalda en este equipo. Ayer, y en todas las ocasiones que se la requerido, un gaditano, que avanza a pasos agigantados hacía los cuarenta demostró que, tal vez, haya vida más allá de Valdés.

Una lectura post-partido, deja el duelo sin un claro favorito para la vuelta. Sin embargo, entre tan opuestas forma de entender el juego, siempre será más fiable aquella que basa el juego en la confianza de las propias fuerzas, y no en los posibles errores y despistes del rival. Puestos a imaginar, sólo hace falta visionar un partido de pases de ejecución rápida y certera cómo los que acostumbran a realizar los catalanes, para dejar casi sin argumentos la estrategia del portugués.

Ahora tocará esperar a la vuelta. Un mes de competición queda entre ambos duelos. Un mes para dilucidar este primer duelo, que puede marcar el devenir de una temporada. 

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viernes, 25 de enero de 2013

Qué bonito, qué bonito.


Era una final, y a disputarla se presentó el equipo azulgrana con sus mejores galas. Sólo con la licencia de Pinto en la portería, que de momento solventa su papel en este Barça de forma más que correcta, y con esa rotación que hace de Mascherano el duodécimo titular, el Barça se presentó en la Rosaleda para dilucidar el primer choque trascendente de la temporada.

Y lo hizo de la forma que acostumbra. Seguro, fiable, al ataque. De la forma que sólo este equipo sabe ver este deporte. De una forma, que convierte un partido de fútbol en multitud de detalles y gestos técnicos que van más allá de la simple consecución de un gol. Fue un partido para sentarse y disfrutar. Fue un partido, en el que los neutrales debieron apagar el televisor satisfechos por esa hora y media de espectáculo.

Para los culés, al menos en mi caso, fue un partido de nervios, de tensión. La proximidad del precipicio de la eliminación no me hizo disfrutar plenamente del paisaje. No sé si es por ese endémico pesimismo que nos caracteriza, pero el empate a dos a poco de finalizar, dejaba un no sé que de incertidumbre en el aire, que impedía el disfrute total. Y entre la posibilidad de un final abrupto, y el ruido de fondo de la retransmisión del partido, hubo momentos que casi hubiera preferido apagar el televisor.

Y es que el partido sacó de sus casillas a los comentaristas de Telecinco. Qué mala suerte tener que escuchar de fondo los comentarios a lo que sucedía en el césped. Sólo, Kiko Narváez , como exjugador, sabía apreciar la dificultad de la aparente facilidad del juego azulgrana. El resto, únicamente buscaban la polémica, y la discusión de acciones fortuitas. Qué Busquets ejecutaba un caño casi obsceno, el comentario se ignoraba. Que Messi y Alves bailaron un dúo en la banda con el balón como testigo, la voz dirigía el análisis hacia la lucha de los andaluces. Que Piqué se tiraba con todo en el área para tapar un peligroso centro, el penalty era de órdago incluso antes de ver la repetición, la cual, por cierto constató que no fue. Que Alves ejecuta el centro del primer gol en fuera de juego, la repetición de la imagen se hace incansable. Qué el empate del Málaga llegó por manos previas en un robo de balón, la imagen queda diluida entre un sinfín de comentarios. Y así, entre el deseo del gol del Málaga, y el juego preciosista de los azulgranas, Iniesta puso la eliminatoria en su sitio, y acalló el griterío en antena. Que descanso!!!!

Me deja esta eliminatoria copera ante el Málaga, sin embargo, un par de sensaciones que producen un cierto desasosiego.

Por un lado, la fragilidad defensiva del equipo va a más cada partido, y ya son tres con el de ayer en los que el equipo recibe más goles de los que nos tiene acostumbrados. En un análisis precipitado, me atrevería a decir, que el once azulgrana se siente tan seguro de sus fuerzas, que en su persistente ataque mueve tantas piezas por delante del balón, que cualquier pérdida o balonazo al tuntún, le generan acciones de clara inferioridad en defensa. El segundo gol malacitano, ejecutado después de un inverosímil fallo de Messi en un uno contra uno franco, es un claro ejemplo de ello. Qué poca oposición encontraron los andaluces en su traslado de un área a la contraria.

Y por otro, me está haciendo dudar la solvencia del banquillo azulgrana. Y es que si bien ante el Córdoba fue totalmente solvente, ayer, después del pequeño descalabro del partido de ida, nuevamente tuvo que salir a escena el equipo de gala. Un once, que por lo que parece deberá jugar todo lo trascendente. Y ahora, ante una semifinal que obligará a mucho, un tramo liguero en el que no se pueden ceder puntos, y el regreso de la Champions deberá con toda seguridad ser exprimido al máximo. Y no sé si las piernas de todos ellos darán para tanto.

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jueves, 24 de enero de 2013

Papa, ¿y este quien es?


Esa fue la pregunta que ayer me lanzó mi hija Marta, cuando, viendo el canal de deportes de TV3, vio el resumen de la rueda de prensa del segundo entrenador azulgrana. Está inquieta mi hija con el partido de esta noche. Tan nerviosa está, que aunque coincidiendo el partido con una de sus series favoritas, El Barco, la cual no acabo de entender, me ha dicho, que no me preocupe. Qué hoy el televisor es mío, y que puedo disponer tranquilamente de él. Qué a ella también le interesa el partido, y que se sentará conmigo en el sofá para verlo.

Y ese mensaje indica que estamos ante un partido grande. Un partido que significa una auténtica final. Un partido con MAYÚSCULAS. Y es que ya sabéis los asiduos a este blog, que mi hija pequeña tiene una particular manera de ver los partidos. Sólo centra su atención en aquellos que son importantes, y únicamente vigila las acciones de su ídolo, Messi.

Por eso, ayer, delante del televisor, la imagen de Roura le chocó. Y es que si ya de por sí, el cambio de Tito por Pep, ha hecho que su nivel de interés hacía lo que dice el entrenador azulgrana bajará bastante, la imagen de alguien totalmente desconocido, le llevó incluso a plantearse la importancia que tiene el entrenador en el actual equipo azulgrana.

-         Papa, si mañana me pongo en el banquillo, el Barça, si juega bien, también gana.

Si hasta me dio la alineación (Pinto, Alves, Puyol, Piqué, Alba, Busquets, Cesc, Xavi, Iniesta, Pedro y Messi). Y se acabó. Que salgan, jueguen, y ganen!!!.. No es lo que hacen siempre?.

¿La táctica?. Simple también.

-         Qué le den la pelota a Messi. Y ya está. Yo me sentaría en el banquillo, vería como juegan, y cuando “mi niño” metiera un gol, que viniera a celebrarlo allí.

Así de simple, así de fácil. Para ella, los jugadores azulgranas son tan y tan buenos, que no necesitan apenas entrenador en este tipo de partidos. Para estos partidos se reservan los mejores, y los mejores los tiene claros.

Me hizo gracia su planteamiento, precisamente en estos días, en los que, después de la goleada blanca en Valencia, han salido a escena mensajes de autogestión en el vestuario blanco. Me hace gracia, ver, cómo con planteamientos simples, se basa la fuerza del equipoen los jugadores, dejando la figura del entrenador en un segundo plano. Me hace gracia observar, cómo hoy, donde la figura del entrenador ha alcanzado niveles casi endiosados, la mente de mi hija ve un partido de fútbol de la misma forma que yo lo hacía en mi niñez. En aquella época los buenos eran Cruyff, o Neeskens, o Asensi. Ya más grande Krankl, Schuster y Maradona. O Carrasco, Marcos. Incluso Archibald me parecía bueno. De los entrenadores apenas tengo recuerdos. Puede que Michels, por lo que leí después. O Venables, por aquella Liga largamente esperada.

Ahora, en un mundo, donde parece que nada es importante sin una marca registrada que lo identifique, estamos obsesionados en definir a los equipos empezando por aquellos que los entrenan. Que sí el Pep Team, que si el Real Madrid de Mou, el Atlético de Simeone. A mi me gustaban más epítetos cómo el Dream Team o la Quinta del Buitre. Epítetos que hacían referencia a los jugadores, que al fin y al cabo, y tal cómo dice mi hija, son los verdaderos artífices de los éxitos y fracasos.

Así que hoy, si Marta acierta, y ante una final, el Barça parte coomo favorito. Y lo es, estando en el banquillo Pep, Tito o Roura. Incluso, diría yo que lo sería, estando Marta en el banquillo. O no?

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jueves, 9 de febrero de 2012

Coleccionistas de sueños.

Existen personas  que coleccionan objetos, fotografías, estampillas, monedas, mariposas disecadas, cromos, sellos..Unos coleccionan por placer. Otros, por dinero. Son colecciones tangibles. Se guardan en un armario, se enseñan con orgullo. Crecen con el tiempo. Forman parte del individuo.

Pero a su vez, existen otros tipos de personas que poseen una afición muy particular: los coleccionistas de sueños. La vida siempre se nutre de sueños. De sueños inalcanzables en algunos casos, y en otros de más reales y posibles, aunque hay que decir que éstos son los menos. Existen sueños efímeros, que en el mismo momento que se cumplen desaparecen tal cual han venido. Existen sueños con grandes expectativas, sueños mundanos, sueños elementales. Y también existen las pesadillas, los sueños tormentosos, los sueños lúgubres.

Dentro de ese grupo de personas, se encontraba una afición, la culé, que día a día  anhelaba un sueño, que en otra época se consideraba inalcanzable e irrealizable. Sueños que hablaban de una supremacía brutal. Sueños que vislumbraban imágenes de Copas de Europa, de Ligas y Copas del Rey,  sueños que proyectaban los mejores goles y jugadas. Sueños que mostraban al equipo instalado en la cima del orbe futbolístico mundial. Sueños que anhelaban ver al equipo como un referente, ser la imagen que se asociará cuando la palabra fútbol entrará en escena. Sueños que veían a un equipo formado en su mayoría por jugadores de casa, por jugadores que marcaran la diferencia. Sueños que nos eliminaban todos los complejos de inferioridad de otras épocas, y que nos mostraban cualquier reto como posible.

Y ahora, parece que se ha generado un equipo, que no sólo ha dado vida a esos sueños, sino que ha superado todas las expectativas creadas. Una, dos, tres.., y así hasta doce son las finales, que de momento el equipo de los “locos bajitos”, ha disputado a lo largo de algo más de tres años. Trece títulos de dieciséis, en una consecución de victorias nunca imaginadas. Juego, goles, asistencias, paradas. Balones de Oro, Zamoras, Premios Laureus.

Y ayer, nuevamente, contra el Valencia, el Barça, del que se decía que llegaba roto, sin fuerzas, y al límite, nos regaló una nueva exhibición. Exhibición de Pinto, un portero suplente con garantías, que supo mantener la puerta a cero en los minutos iniciales de cada una de las partes. Aquellos minutos en que los azulgrana parece que calientan motores y engrasan sus piezas. Son los minutos de la zozobra, que una vez superados, muestran ya al equipo tal cual es. Un equipo que se hace con el balón y pone cerco a la portería contraría.

Exhibición de Messi, que después de intentarlo una y otra vez, se fue con las ganas de batir a Diego Alves. Un disparo desviado, un slalom vertiginoso, un defensa que se cruza en el último instante, un guante que aparece en el último segundo fueron sus múltiples intentos de buscar un gol que ayer le estaba negado. Un goleador que ayer chocó contra un muro. Un goleador que también es el mejor asistente del mundo. Sólo de esa forma es posible el pase que desde el centro del campo, intuyo el desmarque profundo de Cesc, para que el de Arenys pusiera la primera piedra para la disputa de la cuarta final de esta temporada.

Exhibición de Thiago, con una gran presencia en el centro del campo. De Xavi, que a mitad de temporada, y con una merma física considerable ha igualado ya el mejor de sus registros goleadores de una carrera casi mítica. Exhibición de Puyol, en el lateral, en el extremo, en la anticipación, en el corte. Exhibición de Piqué, jerárquico, elegante, diría que hasta sobrado.

Y exhibición de Guardiola, que sabiendo la peligrosidad de la banda izquierda de su oponente, decidió sacrificar una pieza de largo recorrido ofensivo, como Dani Alves, y colocar allí a su mejor defensa, desconectando así la principal baza ofensiva de su rival que tanto daño había hecho en partidos precedentes. Supo aprender de errores precedentes, y aunque los nombres de la alineación sugerían lo contrarío, huyo de la famosa defensa de tres, y dejo a Mascherano como segundo central, de forma, que éste, haciendo gala de la velocidad que le caracteriza llegará a tiempo a cubrir los espacios dejados por las aventuras de Piqué en el área contraria.

Ahora, sólo queda aparcar esta competición hasta Mayo, y esperar que tal como vaticino ayer Pep, se cumpla su profecía. Aquella que dijo a sus jugadores al mediodía, y que pronosticaba un nuevo triplete si se era capaz de superar esta eliminatoria. El primer paso está dado, y el siguiente sueño ya está generado.

Y es que sin un sueño, sin un anhelo, todo pierde sentido. Los sueños hay que alimentarlos un día tras otro. Para que nunca se acaben. Porqué el día que veamos que no queda ya nada por conseguir, será el momento en el que el tan temido “fin de ciclo” haga su aparición. Pero hasta entonces, y esperando que ese momento nunca aparezca, pienso que esta va a ser la mejor temporada nunca vivida por este equipo. Y si, puede que sea un sueño, pero en lo futbolístico, es el más bonito de los sueños que puedo alimentar. Y a la vez, son las peor de las pesadillas para nuestros rivales.

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miércoles, 8 de febrero de 2012

Juego de niños

Hace unos días Guardiola realizó su enésima comparecencia en rueda de prensa esta temporada, y ante el alud de preguntas e interrogantes sobre la composición del once titular, que asolado por las lesiones, hace de cada alineación un rompecabezas, utilizó uno de los tópicos más antiguos de este deporte. Tópico que bautiza a este deporte como “un juego de hombres”.

Es extraño ver a Pep utilizar este término. De hecho, creo que es la primera vez que se refiere a él a lo largo de su trayectoria como técnico culé. Y es que normalmente cuando se utiliza éste, se suele hacer para disculpar en ocasiones partidos de extrema dureza, o acciones desproporcionadas que sólo los “hombres” pueden soportar. Es un término a menudo “barriobajero”, propio de aquellos campos y territorios donde la disputa de un partido pone en juego algo más que los puntos en la clasificación, y en el que cada acción se ve rodeada del peligro latente, de que esos puntos vayan a formar parte de tu estructura corporal. Es un término en definitiva, que apela por la defensa del contacto físico y la intimidación.

Nunca ha sido de mi agrado esa definición de este deporte. Y es que creo que el verdadero éxito de este deporte está en que sus integrantes, cada vez que se calzan las botas, y cada vez que se saltan a un terreno de juego, sufren una regresión y vuelven a su niñez. Una niñez repleta de anécdotas, de partidazos, de goles increíbles y de ídolos de barrio. Una niñez en la que el fútbol hacía girar la mayor parte de nuestro horario festivo.

Recuerdo como en las vacaciones estivales, a las 11 de la mañana ya estaba mirando el reloj para bajar a la calle a jugar mi partido. Mi madre, que para eso era muy estricta, no me dejaba salir de casa hasta que el reloj marcará esa hora. Salir antes era de “callejeros”. Hasta esa hora, mi cara se pegaba al cristal viendo como mis amigos, los “callejeros”, ya empezaban a jugar el primer partido del día.

Un, dos, tres…, piedra papel y tijera…. Un dos, tres…, Y así se hacían las alineaciones. El orgullo y el objetivo de todos era ser el primero en elegir. El mejor, el que todos querían. Y así, una vez compuestos los equipos, cada uno se situaba en el campo en la posición que mejor se desenvolvía. No hacía falta entrenador, no hacían falta órdenes. El partido estaba a punto de empezar y la bola a rodar. Cemento, tierra, grava, cualquier terreno era válido. Botas, bambas, zapatos, cualquier calzado era permitido. Cuero, plástico, cualquier balón era usable. Y así, durante tres horas…, partidos con resultados escalofriantes, y marcadores que superaban la veintena. Partidos igualados si los del “piedra, papel y tijera”, habían hecho bien su trabajo y las estrellas habían quedado repartidas. Partidos de niños, en los que la derrota, cuando llegaba la hora de comer, nos hacía subir a casa con ganas de que llegara la tarde y resarcirnos.

Pero por la tarde, el partido era de Champions. Y no todos lo podíamos jugar. Sólo los mejores estaban citados. Sólo los que habían hecho méritos en esas innumerables horas de calle estaban convocados. Partido contra el barrio de al lado. Partido en su calle, a domicilio. Partido a las cinco de la tarde, ya se sabe, mi madre…, bajar antes era de “callejeros”. Partido con camisetas, todos iguales, todos del Barça. Yo era el 6, Neeskens!!!!
 
Y así, en un campo mucho más grande que el nuestro, los “buenos” salíamos al campo a demostrarles a nuestros vecinos, más altos, más grandes, y “más hombres”, que los mejores de la zona éramos nosotros. Y lo éramos, no había color. Todos pequeños, muy pequeños (ahora el más alto debe andar por el 1,74). Tic, tac, todos juntitos. Nuestro campo era minúsculo y sólo con toque y regate podías superar el mar de piernas que se cruzaban en tu camino a la portería. Tic, tac, toque, pase, control. Tic, tac, y gol!!!!!!.  Hasta la cocina entrábamos. Tocando y tocando. Estaba prohibido chutar de lejos. Los cristales de las casas anexas lo agradecían. Y así, después de cuatro horas, y cuando el sol empezaba a decaer se ponía punto final al duelo. Otra vez ganábamos, otra vez dejábamos a los “hombres” con las ganas de darnos un “meneó”. Y otra vez tenía que irme yo para casa. Mi madre, a las nueve me quería ver allí. Qué debían hacer mis amigos después de las nueve en la calle?  No había luz para seguir jugando!

Por eso cuando se habla de juego de hombres, yo me acuerdo de esos del barrio de arriba, que nos insultaban, nos intimidaban, y a veces nos soltaban patadas, que ríete ahora de las de Pepe. Y nosotros, los enanos, los niñatos, volvíamos a casa con las rodillas muchas veces llenas de sangre, con la cara negra del sudor, pero habiendo demostrado que el verdadero juego es otro.

Y creo que ayer Guardiola, regresando a su niñez, y pensando en sus partidos, seguro que pensaba lo mismo. Juego de hombres, partido de niños, en el que sus bajitos jugadores intentarán demostrar que un nuevo título es posible. La duodécima final de una historia que parece no tener fin.


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jueves, 26 de enero de 2012

Viven.

Se cumplieron todos los presagios previos al partido, y que Guardiola, instalando permanentemente en la prudencia no dejó de airear. Presagios que decían que el partido no iba a ser fácil, y que auguraban a un rival espoloneado por las consecuencias casi trágicas que la disputa de la primera parte de la eliminatoria había deparado para los merengues.

Una primera parte, que dejó a los blancos convertidos en un volcán en erupción, y que había aireado todas las miserias y críticas hacía un vestuario, que comandado por Mourinho vive instalado en la refriega continua. De esta forma, el Real Madrid, o mejor dicho, su técnico, debía plegar velas y reconocer en forma de planteamiento ofensivo sus errores de concepción en este tipo de partidos, no ya sólo de hace una semana, si no de su trayectoria como técnico merengue. Llegaba, por tanto,  un rival tocado de muerte, que sólo tenía una opción: sobrevivir. Y con ese espíritu de supervivencia saltó al Camp Nou confiando en sus fuerzas y habilidades, y no mostrándose a expensas de su rival, como viene aconteciendo de forma habitual.

Y así, con un planteamiento valiente, presionando en campo contrario y con un Ozil excelso, puso en aprietos como nadie hasta ahora al once blaugrana, que en una primera media hora brillante de su rival, se vio contra las cuerdas y casi sin armas para contrarrestar el vendaval de juego que se le vino encima. Contar como se llegó al descanso con victoria de dos goles a favor para los locales, cuesta explicar y casi de entender, ya que hasta cuatro oportunidades claras de gol tuvieron los delanteros blancos para adelantarse en el marcador. Desde el segundo diez de partido, en el que Higuaín, pareció no creerse que estaba sólo ante Pinto, hasta bien avanzada la primera parte, el área azulgrana fue un continuo ir y venir de oportunidades malogradas,  contraviniendo la característica que más se valora de este equipo: su pegada.

Debieron llegar los azulgranas al vestuario con la sensación del trabajo finiquitado, después de que en menos de cuatro minutos Pedro y Alves batieran a un desesperado Casillas, que parecía no entender lo que acababa de suceder. Y después de tanta exigencia, de tanto trabajo y de tantos partidos, la consigna era clara; dejar pasar el tiempo, y hacer que el partido decayera en el ritmo atroz de los primeros cuarenta y cinco minutos. Y lo que parecía un terreno abonado para la exhibición local, con un rival abocado al ataque, con espacios entre líneas y metros de más para combinar, se convirtió en el escenario de más sufrimiento de esta temporada. Otros cuatro minutos, pero esta vez en contra, pusieron el empate en el marcador en forma de goles de CR7 y Benzema, e hicieron que la tensión se disparará en el último cuarto de hora del partido  y la eliminatoria.

Eliminatoria que al final, el Barça consiguió llevarse de nuevo, marcando una nueva gesta en su particular lucha con el Real Madrid. Eliminatoria en la que el FC Barcelona fue superior en su conjunto, y que le hace acreedor de los galones de semifinalista. Eliminatoria que marca de nuevo la hegemonía de este equipo, que aun sabiéndose al límite de sus posibilidades supo cerrar filas en defensa e incluso pudo en ese tramo final poner fin al sufrimiento de la grada. Una grada que esperaba  el apabullamiento de su máximo oponente, y que ansiaba con que el equipo diera el golpe de autoridad definitivo, que cercenará la autoestima blanca

Se había planteado este duelo como algo más que un choque copero, y se intentaba medir la trascendencia que su resultado podría tener en el futuro devenir de la competición liguera. Parecía que este enfrentamiento, más que poner la primera piedra para la disputa de la primera final del año, fuera la vara de medir del índice de confianza que quedaría una vez la eliminación de uno de los dos conjuntos quedará fuera de la competición.

Y aquí tanto merengues como culés salen vivos del enfrentamiento. Los primeros, porqué parecen haber encontrado un resquicio con el que dañar la insultante superioridad que hasta ahora han demostrado sus rivales. Y porqué por una vez, las ocasiones y el dominio del juego fueron suyos, y sus jugadores tuvieron un papel predominante en las acciones del juego. Los culés, porqué, que nadie lo olvide, son los auténticos vencedores del choque. Porqué demostraron que están lejos de acomodarse y saben sobreponerse a las dificultades. Y porqué siguen reinando en ese duelo particular que les permite ver a su rival desde una posición superior.

Y sale vivo Mourinho, que había sido puesto en un brete por su particular suicidio en modo de planteamiento táctico en el Bernabéu. Pero sin olvidar, que ahora, la Liga, es su verdadera piedra de toque, y que cualquier contratiempo que haga que su colchón de puntos quede reducido, significará una vuelta de tuerca más a la presión en la que vivirá instalado hasta el final de esta temporada. Temporada en la que no hay que olvidar, que ya ha sufrido dos eliminaciones por parte de su rival, y que le deja, como aquellos estudiantes que se lo juegan todo a una carta, con menos posibilidades de reivindicarse. Veremos como afrontan él y su equipo la segunda parte de la temporada.

Y como no, sale no vivo, si no casi elevado a los altares Guardiola. Sus planteamientos, sus discursos y vaticinios se han cumplido tan a rajatabla, que parece que con él en el banquillo las sorpresas no llegan, y todo sigue un guión predefinido en aras a lograr los objetivos del año. Objetivos que sólo él, y ningún rival más, tienen intactos. La búsqueda de un nuevo triplete es el sueño marcado en la libreta de Pep, y en el camino se ha puesto el equipo.


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miércoles, 25 de enero de 2012

Un animal herido.

El Barça, afronta el partido de vuelta de la semifinal de la Copa del Rey en una situación casi idílica. Después de su victoria en la ida, en una nueva demostración de superioridad ante su máximo rival, la diferencia de imagen y estilo de ambos equipos llegó a su grado máximo, y los blaugrana salieron reforzados mas allá del resultado producido en el terreno de juego.

El concepto de estilo tiene su origen en el término latino stilus, que a su vez deriva del idioma griego. Esta  palabra puede ser utilizada en diversos ámbitos; por ejemplo, hace referencia al diseño, la forma o el aspecto de algo. Otro uso habitual refiere al gusto, la elegancia o la distinción de una persona o cosa.

En el fútbol el estilo identifica la forma en el que un equipo afronta sus partidos, se habla de estilo de juego, y a él se asocian una serie de características. Un estilo defensivo, ofensivo, de contragolpe, conservador o ambicioso define la estrategia de los equipos, y los identifica ante sus aficiones. Cada uno, a partir de las armas de las que dispone configura el suyo y aunando las características de sus jugadores, genera una forma de entender este juego de forma única. Y ese próximo clásico se van a enfrentar dos de los equipos con una concepción y estilo más contrapuestos.

Unos, los culés,  con una forma de entender este juego construida a lo largo de treinta años de enseñanza y consolidación en su fútbol formativo, hacen del juego de posición, la posesión de la pelota y el toque su impronta. Su juego se basa en una combinación de características técnicas y físicas, que le permiten, en un mismo equipo, encontrar las bases físicas necesarias para imprimir una presión asfixiante al rival en la recuperación del balón, y al mismo tiempo, una vez recuperado distribuirlo de forma precisa y a una velocidad de vértigo entre sus integrantes. El objetivo, mover, mover y mover, hasta  necesaria para hacer circular el balón a una velocidad de vértigo y abrir las defensas contrarias.

Otros, los merengues, que renunciando a la forma habitual con la que se enfrentan al resto de rivales, intentan reinventarse para un único partido, y dejando el dominio del juego a expensas de su rival se agazapan en su campo, esperando un robo de balón que permita a sus rápidos puntas, ejecutar su característica más preciada. La pegada. Desplazamiento largo, conducción y disparo definen al Real Madrid en estos clásicos, alejándose mucho de la imagen que los identifica en el resto de partidos que afrontan.

Pero el partido, esta vez, llega muy marcado por los hechos acaecidos en el partido de ida. Por un lado, la visita del Madrid que siempre es peligrosa de por si, aumenta su peligrosidad al realizarse ante un rival con el orgullo herido. Llevaba Mourinho en los días previos a la eliminatoria defendiendo que nada había en juego, y casi tachaba de intrascendente esta eliminatoria. Probablemente no midió bien sus palabras, o en un ejercicio de ignorancia supina, no ha sabido todavía ver, en este año y medio como técnico merengue cual es el significado de un clásico. La derrota, y no sólo el resultado, si no la forma en que se produjo, ha sido todo un torpedo en su confianza y ha hecho estallar por los aires toda la confianza que afición y medios habían depositado en el técnico luso. Ha hecho, que por primera vez, Pepe a parte, las críticas no dispararán hacía los jugadores, si no que bombardearan de forma contundente las estrategias y formas del luso.
Por lo tanto, en este próximo partido, veremos a un técnico tocado en aquello que más valora., su ego. Y ante la necesidad de reinventarse y congraciarse con él, deberá asumir unos riesgos que no había previsto.

Llega un equipo dañado en el amor propio de sus jugadores, que también esta vez se han atrevido a alzar la voz y a discrepar de forma abierta sobre los planteamientos del técnico que les dirige. Necesitan los blancos, resarcirse de tanta derrota, de tanto “palo”, y de tanto mirar como son sus rivales, los que al final se quedan en el campo celebrando los triunfos. Necesitan los merengues una alegría que darse, no sólo a su afición, que también, si no a ellos mismos, y así, dar un primer paso que les permita creer en la vulnerabilidad de un rival, que hoy por hoy ven invencible.

La conjunción de todos estos factores puede provocar cualquier resultado. Y es que ya es sabido que todo buen cazador desconfía de un animal herido, intuyendo que éste viendo próximo su fin, hago acopió de fuerzas, y en un último ataque intenté deshacerse de aquel que está a punto de destrozarlo. La resurrección o el fin inmediato suelen ser las consecuencias de dicha acción.

Pues bien, hoy se da esa situación en el Camp Nou. Un animal herido nos visita, y esta vez se prevé que no se quede atenazado en su guarida esperando el final más cruel. Saldrá a por todas, y a intentar mostrar que de una vez por todas puede hacer sombra al rival. Saldrá con una táctica arriesgada que le permita zafarse del acoso en el que acostumbra a verse inmerso en los diferentes clásicos precedentes. Saldrá sabiendo que sólo tiene una carta en juego, y por tanto sin dudas a la hora de mostrarla.

El rival y cazador debe estar atento, y saber, que ante un ataque desesperado, la calma es la mejor arma. La calma que permita observar, estudiar y analizar sus movimientos. La calma que permite diagnosticar sus puntos débiles, que hoy estarán probablemente en su parte defensiva. La calma, en definitiva, que le permita asestarle un primer golpe, que en mi opinión, desbarataría todas sus opciones, y que entonces sí, abriría las puertas a la siguiente ronda, firmando así un nuevo capítulo victorioso. Capítulo, que haría que Mourinho echará la vista atrás, y reconociera que tal vez, algo más que una eliminatoria copera estaba en juego.

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jueves, 19 de enero de 2012

Sin excusas.

Excusa es la acción y efecto de excusar (alegar razones o causas para librarse de una culpa, no querer hacer algo, eximir a alguien de una obligación o responsabilidad, impedir que algo perjudicial se ejecute). La excusa, por lo tanto, es un pretexto que se expone para eludir una obligación o perdonar una omisión.

Y ayer Mourinho, que ha hecho de esta acción su máximo argumento en la continua hilvanación de  clásicos que estas temporadas nos han deparado, se quedó incluso sin esa arma. Ni el árbitro, ni los comités, ni el teatro, ni incluso la suerte pudieron ser esgrimidas como un factor eximente en la comparecencia posterior en rueda de prensa.

Sin excusas para defender su arriesgada apuesta táctica. Y digo arriesgada, no por su puesta en escena valiente y convencida. Al contrario, una apuesta timorata y ultra defensiva, con un equipo partido en dos, que dejaba aislados como boyas a los tres integrantes de la delantera, dejó en evidencia, que al portugués, la visión de los colores blaugrana le hipnotiza. En una puesta en escena que recordaba su último partido en el Camp Nou como entrenador del Inter de Milán, y que basaba la concepción del partido en regalar campo y balón a su rival, el Real Madrid o el Inter de Madrid, se encontró antes del primer cuarto de hora con un gol en el marcador que hacía presagiar, que esta vez sí, se había encontrado la tecla que permitiera salir a los blancos con la cabeza alta del Bernabéu. Fue el único disparo a puerta en casi todo el partido, amén de un cabezazo de Benzemá en los segundos cuarenta y cinco minutos. El resto, fue un correr y correr detrás de esos locos bajitos, que sin parar de moverse trenzaban jugadas, y distribuían el balón a lo largo y ancho del campo. Desde Pinto, convertido en el jugador número once, y con un tanto por ciento en el pase más elevado que algún integrante blanco, los blaugranas fueron poniendo cerco al área de Casillas. Y unas veces, el guardameta blanco, ayer vestido de negro en presagio de cómo acabaría la noche, otras veces el desacierto en la última acción, y otras veces el poste, posibilitaron llegar al descanso con el tanto con el que Cristiano Ronaldo parecía haber dejado atrás sus fantasmas particulares.

Sin excusas por estar condicionado en la configuración de su equipo titular. Una única baja tenía el Mourinho. Di Maria. El resto del plantel a su entera disposición y con múltiples opciones de juego. Se había pasado los días previos al clásico, Mou, menospreciando la importancia del encuentro, y abduciendo lo poco relevante que para su currículum era éste. Pero, llegado el momento, se rodeo de sus más afines, y con todo el clan portugués en escena, planteó un once en el que se sintiera arropado por los suyos, sabiendo de lo controvertido que éste iba a resultar de inicio, y confiando que fueran los jugadores de su círculo más próximo los que se partieran la cara por él. Y allí mandó al equipo, en una absurda concepción del juego de contraataque, que cercenara cualquier posibilidad de hacer daño al rival de forma continua, y que diera alas a la confianza culé. Sabía Mourinho que su prestigio estaba en juego, y únicamente planteó un juego para no perder.

Sin excusas, para valorar un encuentro, con Messi como un único factor determinante. Muchas veces, se han utilizado las prestaciones del diez azulgrana como el único factor desequilibrante entre los dos equipos. En este último partido, el argentino parecía desactivado, y su influencia en el juego fue mucho menor que en encuentros precedentes. Y fueron dos defensas, Puyol y Abidal, los encargados de darle un giro al marcador, que viendo lo que sucedía en el césped no sorprendió a nadie.

Sin excusas, para quejarse de las actuaciones arbitrales,  de las provocaciones del rival, del teatro del bueno, y de la inferioridad numérica. Parece el colectivo arbitral condicionado por el discurso victimista que la temporada pasada, día tras día, partido tras partido,  los técnicos blancos y su prensa afín promulgaron. Y así, ante la permisividad del colectivo, se ven impunes para llevar hasta las últimas consecuencias una agresividad mal entendida, en la búsqueda de la pieza más preciada. Messi. Cada carrera del argentino se ve amenazada por las entradas más alevosas que se recuerdan, sin recibir éstas el castigo que corresponde. Sólo así se entiende que la brutal agresión de Carvalho en los minutos finales, muy cerca de la que cometió Ramos el año pasado en el Camp Nou se quedará sin castigo, y con el central en el campo.

Y por último, sin excusas, para defender a uno de sus hombres, Pepe, que cual delincuente ha convertido su carrera futbolística en una sucesión de hechos a cual más lamentable. No merece el portugués el calificativo de jugador de fútbol No merecen sus compañeros de profesión tener un afín con tal comportamiento. No merece este deporte un individuo de este calibre. No merecemos los aficionados al fútbol, seamos del equipo que seamos, ver a sujetos así en los terrenos de juego. No creemos los aficionados al fútbol, que la práctica de este deporte, necesite de estas acciones. No entendemos los aficionados al fútbol, que una persona que es incapaz de representarse a si mismo, pueda ser utilizada en representación de un colectivo, al que no hace más que dañar. Se requiere una actuación urgente versus este “individuo”, al que habría que sancionar o expulsar definitivamente de la Liga. Su actuación en el partido de ayer debería estar penada.

Ahora, después de los primeros noventa minutos, nos espera la segunda parte de la eliminatoria en el Camp Nou. Una segunda parte que no permitirá a los blancos especular, y en la que deberán buscar el gol desde el inicio. Un partido que pondrá fin a una eliminatoria que dependiendo del resultado pondrá a Mourinho en el disparadero, demostrándole que probablemente, si que había algo en juego. Su puesto y su credibilidad como técnico y persona.


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martes, 17 de enero de 2012

El crédito del clásico

La primera vez que el Real Madrid y el FC Barcelona se enfrentaron en un partido de fútbol fue el 13 de mayo de 1902. El partido era una semifinal de la Copa de la Coronación, y el resultado fue favorable para los culés que ganaron el encuentro por 3 goles a 1. Estoy seguro que hoy, cualquier aficionado barcelonista firmaría para que ese resultado se volviera a registrar, más teniendo en cuenta que esos fueron precisamente los guarismos registrados en el último duelo liguero disputado en el Bernabéu.

En los días previos al partido, si en algo han coincidido los técnicos de ambos equipos es en considerar esta competición la tercera en importancia de la temporada, en un intento de restar trascendencia a los dos partidos que el sorteo ha deparado. No deja de ser curioso el cambio de criterio en cuanto en esta valoración por algunos medios, que vendieron el anterior triunfo blanco en esta competición como el torneo más prestigioso de la temporada, equiparándolo más o menos al doblete de su rival. Y con ese talante moderado, los dos máximos representantes de ambos equipos  afrontan ese nuevo clásico desde posiciones muy distantes y con un crédito muy dispar.

Por un lado, Pep, siguiendo el criterio que le caracteriza, reniega de su historia en estos compromisos, y plantea el partido con la exigencia que para todo barcelonista le produce enfrentarse a su máximo rival. Reniega del crédito que sus estratosféricos números le conceden, y que muestran en este último trienio una superioridad abrumadora sobre los madridistas. Parciales escandalosos, goleadas a domicilio, goleadas como local, y exhibiciones de todo tipo han acompañado a los azulgranas en esta travesía comandada por el de Santpedor. Guardiola lo sabe, y sabe que el colchón sobre el que aterrizaría si se diera una derrota o una eliminación es mullido, muy mullido. Pero, en un gesto que le caracteriza, y que le hace afrontar sus partidos de la misma forma, sea L’Hospitalet, sea el Real Madrid, el contrincante, muestra su lado más prudente, intentando que la confianza y la autocomplacencia que dan tales registros no se instale en el vestuario. Es consciente también, el daño que cualquier derrota sobre los merengues produce en el ánimo de su afición, que desde los extremos pasa de la alegría al llanto, de la euforia a la decepción sin término medio. Pero a su vez, también sabe que cualquier desliz es subsanable y que la confianza en él depositada a día de hoy es ilimitada.

En el lado opuesto se encuentra Mourinho, que también ha planteado el partido desde la intrascendencia. Son ya varios los días en el que recalca que el verdadero objetivo de esta temporada es la Liga, competición en la que lleva cinco puntos de ventaja sobre su rival, y que depende exclusivamente de los resultados que haga contra cualquier otro oponente que no sea el Barça. De esta forma, se le garantiza un título sin tener que enfrentarse a un rival que le tiene cogida la medida, y en cierta forma atemorizado. A los azulgranas se les puede considerar sin temor a equivocarse la bestia negra del luso, ya que excluyendo el mencionado título copero los registros globales marcan un contundente diecisiete goles a ocho, en una serie de cuatro victorias azulgrana, y tres empates, amén de la ya mencionada victoria merengue.

A parte de estos guarismos, el hecho de enfrentarse a los catalanes le ha dejado fuera de todas aquellas competiciones a doble partido, quedándose en el camino en las semifinales de la anterior Copa de Europa y la última Supercopa. Por tanto, y volviendo al crédito, éste para el luso se acaba. Una nueva derrota ante los culés minaría su moral, minaría la confianza de sus jugadores, y sobre todo minaría la moral de una afición que vio su llegada al Madrid como el primer paso para derrocar la hegemonía azulgrana. Y no sólo no se ha producido este hecho, si no que incluso a día de hoy ésta se ha acrecentado.

Es Mourinho consciente de lo que se juega, y así lo refleja en su talante. Se muestra esquivo en las ruedas de prensa, y hasta casi molesto con todo lo que tiene que ver con el partido. Poco a poco se queda sin respuestas ante las acometidas de los periodistas. Su currículum, impresionante, cada vez lo es menos, o más lejano, y el recuerdo de sus títulos más gloriosos ya queda lejos. Es este un partido, en el que jugándose mucho el Madrid, no lo hace tanto como su entrenador. Un entrenador que vive de su prestigio, que vive de sus números, y que ahora, en estos años como entrenador blanco ha visto reducidos a la mínima expresión.

Y ese crédito se reflejará en el césped. Unos los culés, nos mostrarán su dibujo habitual. Co cuatro o tres defensas, en la duda eterna de este temporada, el equipo saldrá al Bernabéu con el típico juego de toque y posición, y buscará la victoria desde un principio. Pocas son las dudas que ofrece su alineación, teniendo en cuenta además la parquedad de sus efectivos. Los blancos, por su parte, se debaten en tácticas defensivas, en dudas en su lateral derecho, en la ubicación de Pepe como mediocentro, y en la inclusión de un trivote en el centro del campo que compense la superioridad del toque culé. No reniegan del cero a cero como un resultado favorable, y se muestran estas vez más cautos que en anteriores duelos. El daño psicológico de la última victoria catalana sigue latente, y desde esa posición se plantea el partido.

Sí, se juega mucho Mourinho. Se juega mucho él y su clan portugués, en el que ha puesto toda su confianza en este proyecto. Un nuevo revolcón dejaría su valoración y las de sus estrellas extranjeras por el suelo, y convertiría los diecinueve duelos ligueros restantes, en los que el Barcelona no está presente, en una espada de Damocles sobre su cabeza, disputando cada uno de ellos bajo una presión insostenible. El crédito de Mourinho se acaba.


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viernes, 13 de enero de 2012

La niebla

La Niebla, es una película del año 2007 que dirigida por Frank Darabont está basada en una novela corta de Stephen King. En esta adaptación, la crítica achacó al director la falta de material para su realización, y la poca imaginación para llevar a las pantallas las poco voluminosas páginas del autor original. Y así, el film, según esa misma críticas, se convirtió en una película con un inicio lento y cansino, que sólo fue adquiriendo notoriedad a medida que pasaban los minutos, con escenas intensas en momentos puntuales, que hace que el espectador al final se quede con una buena sensación y salga comedidamente contento del visionado.

Pues aprovechando esa crítica, esas mismas sensaciones sirven para describir el partido que los azulgrana realizaron en el Reyno de Navarra. Bajo una niebla, que momentos antes del partido creo un clima gélido en el estadio, el once titular azulgrana, por primera vez en mucho tiempo plagado de jugadores secundarios, salió al campo imbuido por el incómodo fenómeno meteorológico: la espesez.

Un inicio lento y cansino daba la sensación que el partido se había tomado como un molesto trámite por el que había que pasar para acceder a los deseados cuartos de final. Los catalanes hacían de Pinto el jugador con más posesión de balón y con un juego repetitivo no cesaban de cederle el esférico, para que éste, con más o menos criterio, imitara a su homólogo Valdés, y lo cediera para la continuación del juego. Y así, entre pases defensivos y casi nula aparición de los centrocampistas, el juego se fue diluyendo y el equipo navarro fue creciendo en intensidad.

Intensidad que les llevó a protagonizar innumerables robos de balón en zonas en las que el manual futbolístico de cualquier entrenador, dice que éste se ha de conservar a toda costa, la frontal de área. Y así no fue de extrañar que después de varias ocasiones desperdiciadas, los rojillos lograran adelantarse en el marcador tras una indecisión del más joven integrante del once azulgrana, Sergi Roberto. Quedaban cinco minutos para el descanso, y el equipo parecía ansioso por resguardarse en el vestuario, para, o bien, entrar en calor, o bien, recibir nuevas consigas tácticas que lo sacaran del estado de sopor en el que había entrado.

Y pareció que el resultado fue óptimo, y el refrigerio y las consignas dieron el resultado esperado, ya que el inicio de los segundos cuarenta y cinco minutos deparó un ritmo y velocidad de circulación de balón muy lejos del que se había presenciado hasta ese momento. Y así, no habían pasado cinco minutos, cuando Aléxis Sánchez, logró batir a Riesgo, estableciendo el empate y poniendo así fecha de caducidad a la eliminatoria.

Aléxis Sánchez, ese fichaje que llegó con la vitola de mejor extranjero en el calcio italiano, que se presentó como uno de los mejores asistentes del fútbol mundial, que se vendió como un jugador desequilibrante en el uno contra uno, y del cual se decía que poseía un espíritu de lucha envidiable. Pues bien, hasta la fecha, sólo ha podido demostrar la última de sus virtudes. Le sigo viendo perdido en el campo, y al lado de sus compañeros demuestra una falta de calidad técnica alarmante. Flojo en el control, negado con la pierna izquierda, nulo en el uno contra uno y errático en el pase, sólo la carrera en el desmarque y el robo del balón parecen virtudes que le adornan. Virtudes que no son suficientes para jugar en este equipo.
Fue marcar el chileno, y realizar Guardiola un cambio de cromos, y recurriendo a la proximidad geográfica, hacer saltar al campo a su vecino argentino recién proclamado Balón de Oro: Leo Messi.

Con la entrada del diez azulgrana el juego del equipo empezó a ser más consistente y rápido en ataque, y las triangulaciones y paredes al primer toque aparecieron por fin en la vanguardia azulgrana. Toque, toque y toque, en un equipo construido para esto, y que se pierde si el partido se lleva hacía otros derroteros. Rasear el balón y pasarlo de forma precisa y rápida es la consigna de un once que se desdibuja a medida que el balón gana altura y metros en el desplazamiento largo.

Y así, con Messi, el espectador pudo disfrutar de esos minutos que al menos le dejan con la sensación de no haber tirado el dinero de su entrada. Una pared con Pedro, una triangulación con Thiago, una asistencia a Sergi Roberto para que el canterazo se desquitará de su error de la primera parte, otra a Cuenca, que sirvió para anotar el mejor gol de la noche, aunque éste no subiera al marcador, dieron material suficiente para que el visionado del film mereciera el aprobado, y cumpliera con el objetivo impuesto. Volver a la senda de victorias fuera de casa, y emplazar al Real Madrid en dos nuevos clásicos esta temporada.

Dos nuevos clásicos, que a la vista de los que se oye y se escribe pueden ser o bien, un golpe de gracia definitivo para Mourinho y su clan portugués,  o bien, el inicio del despegue blanco en una nueva oportunidad, la enésima, de hacerse valer por encima de los azulgrana. La semana dará para mucho. Seguro.

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