La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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lunes, 4 de febrero de 2013

Un Barça sin chispa.


En una semana boba, en la que las bobadas han presidido la mayoría de noticias deportivas, el Barça y el Madrid han pagado, en forma de perdida de puntos, su intenso duelo de semifinales de Copa. Unos, los blancos, los cuales dan la sensación de dejarse ir de los partidos, una vez éstos se complican. Otros, los azulgrana, con un once tipo algo asfixiado, parecen atravesar por esa travesía anual de decaimiento, que se les presenta cada vez que los meses de enero y febrero, aparecen en las páginas de los calendarios que recién estrenamos.

Y es que si en algo se diferencia este equipo que ahora dirige Tito Vilanova, del de su predecesor en el cargo, es que deja poco sitio para las sorpresas en las alineaciones. El año pasado hablábamos de “loto Pep”, y de lo difícil que podía ser adivinar el once con el que los catalanes saltarían al campo. Incluso, parecía que Guardiola, leía la mayoría de apuestas, y parecía burlarse de los aventurados “pitonisos”, para poner en liza un once a cual más sorprendente. Eran las “guardioladas”

Era igual que el partido fuera grande, o una mera comparsa. Era independiente estar jugándose una clasificación para una ronda inicial de Copa, o las mismas semifinales. Siempre había sitio, para los Cuenca, o Tello, o Adriano.., y todo aquel que formaba parte de la plantilla. Cualquiera parecía tener opción de disputar el siguiente partido. No hay que ir muy lejos para recordar cómo recibió el Barça al Real Madrid en el Camp Nou, en el partido que tenía que ser decisivo para firmar el pasado campeonato. Todavía dicen que se oyen los berridos de Messi por los pasillos del estadio cuando se enteró cuales serían sus compañeros de vanguardia. Tampoco hace falta recordar, el final de dicho envite.

Este año no. Este año a la que un partido huele a grande, no hace falta pensar mucho que equipo aparecerá por la puerta del vestuario a disputarlo. Sólo alguna licencia en el eje central defensivo se permiten los técnicos azulgrana, donde Piqué, Puyol y Mascherano se turnan de forma acompasada en un reparto casi equitativo de los minutos. El resto, diez jugadores fijos, salvo Pinto en Copa, son puestos en liza, una vez y otra también para jugarse los momentos realmente importantes del año.

Y es ahora en enero, donde suele coincidir esa bajada de tono física azulgrana, cuando se han dado más partidos de este calibre. Málaga en tres ocasiones, Real Madrid y Valencia han obligado al máximo a ese once que repetimos ya de memoria igual que hacían nuestros padres y abuelos en sus años mozos. Sólo una licencia en forma de amplia rotación se permitieron los azulgrana en su duelo copero ante los andaluces, y ya sabemos cual fue el resultado, y la posterior decisión de esos mismos técnicos para afrontar el choque de vuelta. No son de extrañar por tanto, esos períodos de cierto desasosiego e incapacidad de control que en ocasiones muestra el equipo.

Y ante tal clarividencia en definir cuales son los mejores, cabría pensar en aquellos que no han entrado a formar parte de este grupo. Un Villa, que cada día que pasa, debe pensar más en el final de temporada para aclarar un futuro, que aquí parece no tener, ya que, por mucho que se le diga, los hechos le demuestran partido grande sí, partido grande también que son otros los verdaderos protagonistas. O Aléxis, el cual recibe también de forma unánime elogios repetidos hacia su trabajo, pero que sabe a ciencia cierta que está muy lejos de disputarles minutos a los actuales propietarios de la línea atacante azulgrana.  

Y que debe pensar Thiago, cuyas aportaciones llegan sólo en minutos de refresco o reconocimiento para ese cuarteto omnipresente de centrocampista. O Song, que vino a darle minutos de descanso a Búsquets y puede acabar como el jugador más descansado de la temporada.

Y que debe pasar por la cabeza de Tello, que después de protagonizar la temporada pasada minutos decisivos, ahora ha quedado postrado a las últimas posibilidades de una rotación que apenas llega O Adriano, que de lateral ambidiestro, ha acabado por ocupar un lugar fijo en la primera línea de banquillo.

Y no hablemos ya de Bartra, o Montoya o Dos Santos, los cuales, ya olvidados deben seguro ir plateándose algún tipo de cesión en un futuro muy próximo.

Entiendo, que Tito al principio, y Roura ahora, cada uno en su nueva situación cómo técnico, tenían como principal objetivo asegurar el tiro. Tito sabía que poco se le iba a perdonar si presentaba un inicio titubeante, lejos del que nos tenía acostumbrados su amigo Pep. Roura, sabe ahora, que la ausencia de su jefe, le hace ser el foco de atención, y que cualquier traspiés, más si éste es en forma de pérdida de un título puede abrir un debate en cuanto a su figura en el banquillo, y la carga que supone la dirección de un equipo sin su máximo representante. Ambas situaciones, obligan casi a poner en liza a los mejores.

Pero también entiendo, que ahora, con la Liga casi casi ganada, y con partidos de menos renombre es hora de echar una mirada hacia esas caras, que ya no disimulan su malestar, y darles la oportunidad de sentirse importantes. Un plus de confianza que servirá como primer chispazo, para avivar a un once que ahora necesita cierto tiempo en reposo.


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lunes, 3 de septiembre de 2012

Lo ordinario y lo extraordinario


El poder del Barça en estos últimos años, ha sido hacer de la excepción el hábito. Conseguir título tras título, goleada tras goleada ha generado en la afición culé, y porqué no decirlo, en gran parte del universo futbolístico un halo de imbatibilidad hacia este equipo.

La semana pasada perdido entre el zapeo televisivo, y la pereza de la vuelta de las vacaciones, me quedé anclado ante el televisor viendo una entrevista a Sánchez Jara. Èste, fue un jugador de la Masía, de no mucho renombre, pero que por aquellas causas del destino, y los golpes de suerte que en ocasiones se producen sin saber muy bien la razón, pasó de jugar en Segunda B a la primera plantilla azulgrana, a las órdenes de Johan Cruyff y su idolatrado Dream Team. Ahora ya retirado, y lejos del fútbol, se declaraba adicto a cualquier retransmisión televisiva que tuviera como razón un partido de fútbol. Le era indiferente la categoría, el nivel de los rivales, la posición de éstos en la tabla. Manifestaba que cualquier partido le generaba expectación…. hasta la llegada del actual Barça.

Algo empezó a cambiar en su gusto con esta nueva forma de jugar. El resto se volvía vulgar, indolente, previsible y monótono. Un ir y venir del balón sin apenas sentido y toque. El fútbol, el otro fútbol le aburría, y su máxima atención sólo se disparaba cuando los azulgranas se ponían en juego.

Esta situación, creo que no es única. En casa,  nunca hubiera imaginado que mi hija, por ejemplo, siguiera un partido de fútbol con expectación. Y eso que juega a basket!!.  A ella no le gusta el deporte televisado, le gusta jugarlo, en la pista o en el banquillo, pero disfruta con la inmediatez del momento y de la competición. Baste decir, que son raras las veces, y extraordinaria la ocasión en la que se sienta a ver un partido de baloncesto en el sofá. Sólo en estas últimas Olimpiadas, la final disputada entre EEUU y España recabó su atención. Sabía que estaba ante algo diferente y que valía la pena sentarse un rato a mirar. Y la igualdad y tensión del partido la retuvo allí, lejos de su ordenador, del Facebook, del WhatsApp, y de todas las nuevas formas de comunicación que controla como nadie.

Y de la misma forma, es acercarse la hora del partido, el del Barça, e independientemente que sea de Copa, Champions o Liga, abandona sus herramientas habituales y el desenlace del partido se convierte en prioridad. Y allí se plantifica, no esperando únicamente que ganemos. Eso lo da por hecho. Su única duda es saber por cuanto lo haremos, y cuantos goles marcará Messi. La derrota también ha pasado a ser un hecho extraordinario.

Pues bien, esta temporada, y a pesar del juego correcto de los azulgrana parece que esa sensación se va diluyendo. En un inicio algo tristón y gris, el colorido de las actuaciones culés ha bajado su tonalidad, y se van pareciendo al del resto de los equipos. No se puede decir que jueguen mal. No se puede criticar su falta de implicación. No se puede hablar de desidia, pero si que se nota que el juego ha caído, y que en ciertas ocasiones se hace monótono y, en un adjetivo hace poco impensable, aburrido.

La presión de los jugadores es correcta. El juego de toque es correcto. La seguridad defensiva es correcta. La alineaciones son correctas. Pero, falta algo. Falta vivacidad, chispa, alegría. Le falta a Valdés, que parece algo acongojado en cada balón que vuela hacia portería, y hasta diría que obsesionado por mostrar su juego de pies. Les falta a los laterales, que suben sí.., pero no llegan a hacer trizas a las bandas contrarias. Les falta a la media, que si bien llega a superar la mayoría de veces el setenta por ciento de posesión, pecan de excesiva lentitud y de horizontalidad en las acciones, obviando uno de los principios básicos del juego de ataque; la profundidad entre líneas. Y le falta a la delantera, que anda huérfana de gol, supeditada cada vez más a un Messi, también contagiado por este formalismo del juego. Cumple, sí, pero sin extravagancias.

Ante el Valencia, se pudo ver un ejemplo de este tipo de juego. Victoria y tres puntos más sería el titular del encuentro. Nada destacable a excepción del gol Sólo momentos puntuales de calidad individual, como un caño de tacón de Xavi. Únicamente expectación por ver las evoluciones de un Song que parece encajar de momento a la perfección. El resto, un correcto partido de fútbol, que hizo que a mediados de la segunda parte llegará a mis oídos el repetitivo y molesto tecleo de las teclas del móvil de mi hija, enfrascada en sus cientos de conversaciones on-line. El partido, Barça y Messi, habían dejado de ser ayer una prioridad. Lo extraordinario se le hizo ordinario.


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lunes, 20 de febrero de 2012

Los Globetrotters

Este equipo carismático, que sigue vigente hasta nuestros días, surgió en 1926, cuando Abe Saperstein quiso ofrecer algo diferente a los aficionados del basquetbol en el estado de Illinois y junto a sus compañeros comenzó la configuración de un equipo, que posteriormente derivó en leyenda. La idea original de Saperstein era jugar contra los adversarios que quisieran enfrentarlos, para hacer de sus encuentros más que un juego, un espectáculo lleno de gracia y movilidad..
  
En un principio la esencia del equipo era formar quintetos con jugadores que poseían un talento peculiar. Esa estrategia superó todas las expectativas y nació así el espectáculo deportivo más visto en este planeta. Para muchos niños y jóvenes siempre ha sido un sueño formar parte de ese baloncesto distinto, de ese equipo distinto, que hace de la vistosidad de las acciones el paradigma sobre el que se mueve cada uno de sus partidos.
  
Visto lo visto, no debe andar muy lejos de esa concepción y filosofía de juego, lo que nos ofreció la última jornada liguera en el Camp Nou. El Valencia, como tercer clasificado visitaba el estadio. Lo hacía ante un equipo instalado en la duda. Dudas en el banquillo, dudas en su juego,  y dudas en el devenir de una competición que parece ya imposible para los intereses blaugranas. Y contrariamente a lo que pudiera parecer, ante un equipo visitante, que ha puesto en los tres compromisos precedentes en serios apuros al once de Guardiola, ayer, los valencianos, se asemejaron mas a los Washington Generals, mítico rival de los de Harlem, que a un rival que realmente quisiera poner en disputa el segundo lugar del campeonato liguero.
  
Parecía el Barça más desinhibido que nunca, más suelto. Como si su última derrota en el Reyno de Navarra, hiciera que los jugadores de deshicieran de las tensiones acumuladas, ante las casi nulas aspiraciones que quedan en esta competición. Tensiones que les obliga a disputar cada partido con la amenaza constante de lo que una derrota puede suponer, ante un rival que no falla nunca, y que ha puesto la tarea de la persecución casi imposible. Y así,  con trece puntos de diferencia en la clasificación, y con la mirada más puesta en el retrovisor que en el parabrisas, los jugadores azulgranas saltaron al campo con un único objetivo: ofrecer un grandioso espectáculo.
  
Y los Messi, Iniesta, Aléxis, Piqué y Busquets (por nombrar un quinteto inicial), se mimetizaron en los ya míticos nombres de jugadores legendarios de ese equipo de Trotamundos, que formaba a su vez con mitos de la talla de Wilt Chamberlain, Medowlark Lemon, “Curly” Neal, Hubert “Geese” Ausbie, Marques Haynes o “Gosse” Tatumy.
  
Y a pesar de que en el minuto ocho, Piatti adelantará a su equipo, en el único disparo a puerta de los visitantes en la primera parte, los locales generaron tal cantidad de juego, que a día de hoy el portero “che”, debe estar pensando en pedir aumento de sueldo en concepto de horas extras. La portería valencianista se asemejaba a esas barracas de las ferias en las que por tres euros tienen la posibilidad de disparar sin oposición. Y en un pim-pam-pum sin precedentes esta temporada, cada internada azulgrana acababa en disparo. Ahora a los pies del portero, ahora a las manos, ahora a un palo, ahora un disparo desviado, y ahora un gol. 
  
Gol que venía siempre asociado al nombre de un pequeño jugador argentino, que ayer disputaba su partido número doscientos como jugador azulgrana en Liga. Doscientos partidos increíbles, y con un rendimiento estratosférico, que le dejan, después de los cuatro goles marcados ayer, a sólo una docena de goles del máximo goleador azulgrana de toda la Historia: Cesar.
   
Y es que Messi, ayer también recordaba a otro de esos jugadores míticos de baloncesto, que hizo del showtime en los californianos Lakers su modo de vida. Una carrera endiablada, un regate sublime, una asistencia generosa, una defensa feroz, y un poder de definición brutal asemejaban al rosarino al mítico Earvin “Magic” Johnson. Ambos, cada uno en su disciplina representan el máximo valor de lo que es el deporte. Un juego para, y por el espectáculo, demostrando que el camino hacia las victorias no se mide únicamente por la ley del marcador.
  
Pero sería injusto destacar sólo a Messi en el partido de ayer. Cada uno de los catorce jugadores que intervino en el partido ofreció casi su mejor versión. Las endiabladas carreras de Montoya por banda, las galopadas de Aléxis Sánchez, la magia de Iniesta, la solvencia de Piqué, la pausa de Busquets, la fuerza de Cesc, el liderazgo de Puyol, el ritmo de Pedro, el descaro de Tello, y los reflejos de Valdés en la única jugada que lo requería, mostraron que, tal y como dijo Guardiola posteriormente en rueda de prensa, el nivel de este equipo está muy lejano a lo que esos diez puntos reflejan en la clasificación. Diez puntos, perdidos, por múltiples causas y circunstancias, y que en un goteo constante, han dejado al equipo demasiado lejos de su rival.
  
Pero si esa distancia, sirve de detonante para presenciar partidos como el de ayer, bienvenida sea. No sólo de puntos y campeonatos vive el espectador. A veces, noches como las de ayer, hacen ver, que también se puede disfrutar en la derrota, instalado cómodamente en tu butaca, y presenciando un espectáculo que nadie, y digo nadie, es capaz de ofrecer.
   
Retomando el hilo de la inicial comparación de este post, podemos decir sin temor a equivocarnos que hablar de los Harlem Globetrotters es referirse a una decena de prestidigitadores de la pista, convertidos en los mejores jugadores de la historia, y que todavía en la actualidad siguen siendo un equipo legendario alrededor del mundo. ¿No es esa una definición que se acerca bastante a la que se podría hacer del equipo culé?


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jueves, 9 de febrero de 2012

Coleccionistas de sueños.

Existen personas  que coleccionan objetos, fotografías, estampillas, monedas, mariposas disecadas, cromos, sellos..Unos coleccionan por placer. Otros, por dinero. Son colecciones tangibles. Se guardan en un armario, se enseñan con orgullo. Crecen con el tiempo. Forman parte del individuo.

Pero a su vez, existen otros tipos de personas que poseen una afición muy particular: los coleccionistas de sueños. La vida siempre se nutre de sueños. De sueños inalcanzables en algunos casos, y en otros de más reales y posibles, aunque hay que decir que éstos son los menos. Existen sueños efímeros, que en el mismo momento que se cumplen desaparecen tal cual han venido. Existen sueños con grandes expectativas, sueños mundanos, sueños elementales. Y también existen las pesadillas, los sueños tormentosos, los sueños lúgubres.

Dentro de ese grupo de personas, se encontraba una afición, la culé, que día a día  anhelaba un sueño, que en otra época se consideraba inalcanzable e irrealizable. Sueños que hablaban de una supremacía brutal. Sueños que vislumbraban imágenes de Copas de Europa, de Ligas y Copas del Rey,  sueños que proyectaban los mejores goles y jugadas. Sueños que mostraban al equipo instalado en la cima del orbe futbolístico mundial. Sueños que anhelaban ver al equipo como un referente, ser la imagen que se asociará cuando la palabra fútbol entrará en escena. Sueños que veían a un equipo formado en su mayoría por jugadores de casa, por jugadores que marcaran la diferencia. Sueños que nos eliminaban todos los complejos de inferioridad de otras épocas, y que nos mostraban cualquier reto como posible.

Y ahora, parece que se ha generado un equipo, que no sólo ha dado vida a esos sueños, sino que ha superado todas las expectativas creadas. Una, dos, tres.., y así hasta doce son las finales, que de momento el equipo de los “locos bajitos”, ha disputado a lo largo de algo más de tres años. Trece títulos de dieciséis, en una consecución de victorias nunca imaginadas. Juego, goles, asistencias, paradas. Balones de Oro, Zamoras, Premios Laureus.

Y ayer, nuevamente, contra el Valencia, el Barça, del que se decía que llegaba roto, sin fuerzas, y al límite, nos regaló una nueva exhibición. Exhibición de Pinto, un portero suplente con garantías, que supo mantener la puerta a cero en los minutos iniciales de cada una de las partes. Aquellos minutos en que los azulgrana parece que calientan motores y engrasan sus piezas. Son los minutos de la zozobra, que una vez superados, muestran ya al equipo tal cual es. Un equipo que se hace con el balón y pone cerco a la portería contraría.

Exhibición de Messi, que después de intentarlo una y otra vez, se fue con las ganas de batir a Diego Alves. Un disparo desviado, un slalom vertiginoso, un defensa que se cruza en el último instante, un guante que aparece en el último segundo fueron sus múltiples intentos de buscar un gol que ayer le estaba negado. Un goleador que ayer chocó contra un muro. Un goleador que también es el mejor asistente del mundo. Sólo de esa forma es posible el pase que desde el centro del campo, intuyo el desmarque profundo de Cesc, para que el de Arenys pusiera la primera piedra para la disputa de la cuarta final de esta temporada.

Exhibición de Thiago, con una gran presencia en el centro del campo. De Xavi, que a mitad de temporada, y con una merma física considerable ha igualado ya el mejor de sus registros goleadores de una carrera casi mítica. Exhibición de Puyol, en el lateral, en el extremo, en la anticipación, en el corte. Exhibición de Piqué, jerárquico, elegante, diría que hasta sobrado.

Y exhibición de Guardiola, que sabiendo la peligrosidad de la banda izquierda de su oponente, decidió sacrificar una pieza de largo recorrido ofensivo, como Dani Alves, y colocar allí a su mejor defensa, desconectando así la principal baza ofensiva de su rival que tanto daño había hecho en partidos precedentes. Supo aprender de errores precedentes, y aunque los nombres de la alineación sugerían lo contrarío, huyo de la famosa defensa de tres, y dejo a Mascherano como segundo central, de forma, que éste, haciendo gala de la velocidad que le caracteriza llegará a tiempo a cubrir los espacios dejados por las aventuras de Piqué en el área contraria.

Ahora, sólo queda aparcar esta competición hasta Mayo, y esperar que tal como vaticino ayer Pep, se cumpla su profecía. Aquella que dijo a sus jugadores al mediodía, y que pronosticaba un nuevo triplete si se era capaz de superar esta eliminatoria. El primer paso está dado, y el siguiente sueño ya está generado.

Y es que sin un sueño, sin un anhelo, todo pierde sentido. Los sueños hay que alimentarlos un día tras otro. Para que nunca se acaben. Porqué el día que veamos que no queda ya nada por conseguir, será el momento en el que el tan temido “fin de ciclo” haga su aparición. Pero hasta entonces, y esperando que ese momento nunca aparezca, pienso que esta va a ser la mejor temporada nunca vivida por este equipo. Y si, puede que sea un sueño, pero en lo futbolístico, es el más bonito de los sueños que puedo alimentar. Y a la vez, son las peor de las pesadillas para nuestros rivales.

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jueves, 22 de septiembre de 2011

Errores y aciertos.

Parece abonado el Barça en este principio de temporada al resultado de empate a dos, y es que, con el de ayer, es la tercera vez en menos de un mes que se repite este guarismo. Pero a diferencia de los dos encuentros precedentes, en los que los equipos contrarios apenas crearon peligro, a excepción de las jugadas de gol, ayer en Mestalla, el Valencia puso un listón muy alto de exigencia, y suerte tuvieron los blaugrana de retirarse al descanso con un único gol de desventaja.

Y es que la primera parte azulgrana fue un continuo error. Apareció el equipo, nuevamente en escena enseñándonos el ya típico, esta temporada, 3-4-3. Mascherano, Puyol y Abidal eran los integrantes de la zaga, y aunque Alves estaba en el once inicial, éste volvía a la posición de extremo en la que tanto destacó en el último partido en el Estadi contra Osasuna.

Y poco tiempo hizo falta, para ver como el planteamiento de Unai Emery iba a desbordar la apuesta táctica de Guardiola. Volcó su equipo el entrenador che, hacía el lado izquierdo de su ataque, creando continuas superioridades en banda, y buscando de forma constante la espalda de Mascherano, que veía como una y otra vez, Mathieu le ganaba esa posición. El multiusos argentino, intentaba tapar el agujero, pero la falta de ayudas en esa zona, le hacía llegar tarde al marcaje del francés, que llegaba a la línea de fondo con facilidad, sin ninguna oposición a sus centros.

Y así llegaron los dos primeros goles valencianistas. Dos centros desde esa zona, posibilitaron dos remates, uno de Abidal, que en sus esfuerzos por cerrar desde su banda, llegaba de forma justa a la zona central de la defensa,  y así forzado, y en un intento de anticipación, tuvo la mala fortuna de introducir el balón en su portería, cuando ya Valdes estaba presto a interceptarlo. También apareció el bravo defensa francés en la foto del segundo gol local, y es que nuevamente, intentando cortar el enésimo centro desde la banda derecha, no llegó de forma clara a la intercepción y dejo la pelota franca a los pies de Pablo Hernández que fusiló al portero azulgrana con facilidad. Son ya 10 los goles que ha recibido el Barça en los últimos ocho partidos de Liga, luciendo unos guarismos muy superiores a los de anteriores temporadas.

Suerte tuvieron los azulgrana de no encajar más goles de esta forma, ya que en dos nuevas ocasiones se repitió, y si bien en una, el ex del Lyon, llegó con éxito al cruce, en la última,  Soldado, se reencarnó en defensa azulgrana, y con todo a su favor, a un metro de la portería y con el portero culé sobrepasado, envió el balón fuera de forma incomprensible, en una jugada, que seguro que aparece entre las pifias de la jornada europea, en esos vídeos que tanto nos divierten.

Penalty!!
Entre gol y gol valencianista, los blaugrana consiguieron el suyo, en una de las ya, también típicas acciones de Messi, que se está convirtiendo en uno de los mejores pasadores del mundo en esa zona del campo, donde las piernas de los contrarios ocupan todos los espacios, y en la que sólo los privilegiados pueden ver los huecos allí generados. Y así, Pedro, aprovechó un pase en profundidad del argentino para empatar momentáneamente el partido. También en ese espacio el árbitro obvió un claro penalty a Messi, que aquí dejo archivado, para recordásrselo a aquellos que en ciertos momentos de la Liga, saquen la teoría del villarato a pasear.

Fueron los equipos al descanso con la sensación, uno, de haber perdido su oportunidad de dar por casi finiquitado el choque, y otro, sintiendo como vive un boxeador al borde del KO técnico, y como sólo el sonido de una campana le salva de un final de combate anticipado.

Y los azulgrana, se recuperaron en el vestuario. Recuperó Pep el sistema habitual de 4-3-3, bajando a Alves a su posición natural. No entiendo porqué se espero al intermedio para tomar una decisión, que se vio necesaria ya en el primer cuarto de hora del partido. Con ese nuevo esquema, llegaron los aciertos del entrenador culé. Y es que las entradas de Thiago por Keyta, muy espeso y lento en la circulación de balón, y de Villa y Adriano en ataque revitalizaron el juego azulgrana.

La presión en campo contrario, inexistente en la primera parte, volvió a escena, y ahora sí, el Barça era dueño del balón. Y con la mejor arma en su poder, empezó a hacer lo que mejor sabe. Moverlo de lado a lado y buscando las entradas por banda, sobre todo de Adriano, que cada vez que quería desbordaba en velocidad a su par. Y así, sobre el minuto veinte de la reanudación se intuía que el gol del empate podía llegar. Y es que a los valencianistas les pesó el esfuerzo realizado en la primera parte, y ya no se les veía tan prestos en ir a las ayudas del compañero. De esta forma  minuto a minuto, los azulgrana eran mayoría en todas las zonas del campo, y el balón circulaba con mayor rapidez. No toda la deseable, ya que el alto césped de Mestalla, en una táctica ya utilizada la temporada pasada, dificultaba el raseó del cuero, y pases que en otras ocasiones llegan, esta vez se quedaban sólo en el intento.

Y  el gol llegó por obra de Cesc, su cuarto consecutivo en Liga, su cuarto gol por asistencia de Messi, convirtiéndose en el primer centrocampista azulgrana que logra este hito, y poniéndose a un solo gol de los mejores debuts de la historia azulgrana, protagonizados por Cesar e Ibrahimovic. Quedaba un cuarto de hora para la finalización del partido, un cuarto de hora en el que se intuía que el tercer gol visitante podía llegar. Y fue en ese cuarto de hora final cuando los errores volvieron a aparecer, y esta vez en ataque, y es que Villa, en la enésima asistencia del diez azulgrana, volvió a estrellar el balón en el portero en un uno contra uno, en una ocasión que hubiera finiquitado el choque a favor de los catalanes. Y fallos en una posterior internada de Adriano, que nadie acertó a rematar.

De esta forma, llegamos al descuento, tiempo por cierto inexistente, ya que entre la expulsión de Jordi Alba, que tardó más de un minuto en abandonar el campo, y la decisión del árbitro de finalizar el choque antes de que ese tiempo llegará a su fin, de los cuatro minutos anunciados se jugo uno si cabe. Y es que se está convirtiendo en costumbre obviar este tiempo añadido, en una decisión que no acierto a comprender.

Y ahora, nos visita el Atlético de Madrid, con su nueva y amenazante arma. Falcao, que en poco más de tres partidos ha corroborado todo lo bueno que de él se intuía. Veremos que prepara Pep para parar al tanque colombiano. Puede ser el del fin de semana, otro de esos encuentros fascinantes entre estos dos equipos, que cada vez que se encuentran, nos brindan espectáculos goleadores por todo lo alto.

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