La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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lunes, 4 de marzo de 2013

Un campeón groggy.


La verdad es que después de presenciar las evoluciones del Barça en el último clásico, el desánimo fue el principal de mis sentimientos. Observar a un equipo casi diría que indolente, deambular al son de una versión B del Real Madrid, y ver cómo con la salida de los refuerzos blancos, el cambio de ritmo del partido hizo que los nuestros se vieran ya casi derrotados ante las primeras arrancadas, del ahora, omnipresente Cristiano Ronaldo, me dejó en un estado de estupor, y casi sin capacidad de reacción ante el espectáculo ofrecido.

Ni la excusa de un penalty no señalado, que lo fue, y además clarísimo me servía como argumento para defender, que tal vez, el empate pudo haber llegado en aquellos instantes finales. Las caras de los jugadores, en la que apenas se aprecia tensión, las imágenes de Roura, animando con gestos ostensibles a ritmo de “vamos”,  sin saber éste muy bien hacia donde dirigir a sus jugadores, los tweets leídos con posterioridad dudando ya de todo o casi todo, las protestas finales buscando en esa última decisión que no nos beneficiaba la principal causa de la derrota,  me parecieron devolver a un escenario ya lejano.

Un escenario el cual apenas conoce los más veteranos de la plantilla, acostumbrados el resto a nadar en las aguas del continuo éxito. Un escenario que habla de malos momentos, de baches, de pobre juego y partidos difíciles de levantar. Un escenario que deja la excelencia fuera del guión, con un juego insulso sin apenas nada que destacar, y que deja el equipo al borde del KO.

Porqué si a algo se asemeja hoy este equipo, es a aquel boxeador que después de dominar el ring, recibe un golpe muy duro, y queda groggy a merced de su rival. El puñetazo en pleno rostro vino desde Italia, y sin capacidad de reacción, los blancos han aprovechado el aturdimiento del gran campeón, para asestar don nuevos ganchos, que están haciendo, que en estos momentos el once azulgrana deambule por ese cuadrilátero ficticio, a la espera de que suene la campana reparadora, que le permita respirar en su esquina  atendiendo las órdenes oportunas.

Unas órdenes, que no sé si es por el aturdimiento reseñado, ahora parecen llegar tarde y mal. Aunque tampoco me parece justo la forma en la que es criticado y vilipendiado Roura hasta límites que rayan lo soez. Y es que si hasta hace unos días todos hablaban del gran despliegue técnico de las instalaciones azulgranas, posibilitando el seguimiento del equipo desde nueve mil kilómetros de distancia. Si hasta hace unos días la comunicación vía móvil y whatsapp era los más de lo más, y la prueba fehaciente del trabajo bien hecho. Si hasta hace unos días, la profesionalidad de los jugadores y la instauración de un modelo hacían de la figura del entrenador algo así como un ente abstracto que sólo debía preocuparse en conservar y perdurar lo ya creado, ahora no puede ser que sea el último de los responsables, el principal artífice de esa falta de reacción.

No hace mucho defendía yo mismo la casi nula incidencia de un técnico de prestigio en el banquillo, ante la gran capacidad técnica y táctica de casi todo el grupo. Pero ha bastado un golpe, para hacerme ver, que ante momentos de zozobra es necesario saber que hay alguien que analizando desde una posición diferente, es capaz de sacarte del atolladero. Y es en este punto donde, según mi visión está fallando el equipo y el cuerpo técnico en general. Se siguen utilizando las mismas armas, los mismos conceptos, las mismas estrategias, y los mismos patrones de juego desde el minuto cero al noventa, y apenas hay variaciones, independientemente del partido que se juegue.

Siguiendo con el símil boxístico, tal vez hubiera sido momento, después de ese mal asalto italiano, de recogerse, de buscar las esquinas del ring y bailar alrededor de nuestro rival y esperar. Tal vez era momento de que la defensa fuera nuestra arma, y dejar pasar estos momentos dejando la iniciativa al otro. Tal vez no fuera el momento de buscar aire, descansar en campo propio, y con las fuerzas en su justo límite intentar golpear en momentos puntuales.

Tal vex sea el momento de jugar de otra manera, a la espera de que pase esa sensación de aturdimiento. Un par de malos asaltos los tiene cualquiera. Saber salir de ellos con el mínimo daño es clave. No dejemos que la cuenta llegue al diez. El KO absoluto sería un mal final para un combate el cual llevábamos tan bien encaminado. 

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martes, 26 de febrero de 2013

Siempre Barça


Todavía recuerdo con nitidez el momento. Un centro de Alves, un mal rechazo de la defensa, un pase hacia atrás de Messi, y ver el balón colarse por la escuadra de Cesch después de un zambobazo de Iniesta. Luego, la locura. Todos corriendo, todos chillando, algunos incluso llorando. Todavía veo a uno de mis hijos, entonces con apenas 13 años, subido encima de la mesa de un bar gritando cómo loco tras la consecución de un gol, que daba al Barça la posibilidad de conseguir un triplete. Todavía recuerdo a mi padre, intentando hacer que bajara de la mesa, pero dejándose arrastrar por el ambiente de alegría extrema del establecimiento. Y todavía recuerdo la conversación que teníamos de regreso a casa.

Me hablaba Marc de la suerte de ser del Barça, de la posibilidad de ganarlo todo, de lo grande que estaba siendo la temporada. Yo le escuchaba entre gritos y banderas. La gente se había vuelto loca, y la Via Julía, era una sinfonía de cláxones y bocinas. Los balcones estaban a rebosar y se oía el himno del equipo en cada una de las travesías que cruzábamos.

Mi hijo miraba, y no dejaba de mostrar una perenne sonrisa. Yo, por mi parte, después de los nervios pasados, recuerdo que sólo le decía una cosa. Qué recordara el momento, qué se lo gravara en la memoria y que lo disfrutara al máximo. “Marc, disfruta el momento, puede que sea la única vez que vivas algo así”. Y es que nunca en la historia habíamos tenido semejante panorama. Teníamos a tirar de piedra un triplete que nos iba a convertir en el mejor equipo jamás visto.

Pues bien, ayer tuve que recordarle esas palabras. Y es que fue adelantarse el Real Madrid en el marcador, tras el repetitivo gol de Cristiano Ronaldo en el Estadi, y comenzar, él y otros como él, todos pertenecientes a una generación que ha vivido instalada en el éxito permanente, a dejar ir improperios contra el equipo y sus jugadores.

Tuve que recordarle, cuando el partido ya estaba sentenciado, tras la contra de libro que ejecutaron los blancos y que supuso el segundo gol que ponía el cartel de fin a la eliminatoria, cual era mi currículum culé a su edad. Dos Ligas, hijo, dos ligas había podido yo disfrutar apenas cumplida la mayoría de edad. Dos Ligas, y multitud de sin sabores y malos ratos.

Tuve que recordarle, cuando Messi perdía un balón, que éste no era un “matao”, y lo comparaba con las prestaciones fabulosas que ayer nos ofreció el siete blanco. Le intenté, entre el griterío ya reinante, y las amenazas de cierto sector de la audiencia de quemar todo lo construido, que yo había crecido y hecho culé al lado de otra estrella, Johan Cruyff, que si bien significó mucho para la entidad, no superó en toda su trayectoria azulgrana, el número de goles que este pequeño argentino es capaz de marcar en una sola temporada. Y que sí, que ayer Cristiano estuvo de cine, pero que a nadie le dan los premios por un mes de buena competición. Ya se oían ayer de nuevo sonar los tambores que anunciaban el próximo ganador del Balón de Oro…, y estamos en febrero!!!

Tuve que recordarle también, cuando se levantó de la silla para no ver el final del partido tras el tercer gol blanco, que sólo habíamos perdido la Copa del Rey. Y sí, la hemos perdido contra el Madrid. Y sí, contra un Madrid que nos ha superado claramente en la vuelta. Y duele, claro que duele. Pero más lo hacía perderla en esas rondas preliminares en las que equipos como el Novelda o la Gramanet (sí, hijo sí, la Gramanet, ese equipo con el que tú en ocasiones te enfrentas), nos dejaban con cara de tontos, sin saber muy bien que había ocurrido. Y duele más, incluso, si algunos de los jugadores, una vez acabado el partido y preguntado por el resultado comenta que éste es superable en un partido de vuelta que no existe. Eso era antes mi Barça, una alegría, y cien decepciones.  

Tuve que recordarle, que probablemente cerremos el año con la consecución de una nueva Liga (a expensas de un milagro ante el Milan), y que si es así, habremos superado lo conseguido el año anterior, en el cual luchando todos los títulos hasta el final, sólo pudimos conseguir esta Copa que hoy lloramos.

Y sí, también tuve que recordarle que aunque reconociendo que hoy el equipo está mal, y falto de chispa, todavía nadie ha ganado nada, y que al igual que él me dice, cuando valoró sus notas a mediados de curso, y me insta a esperar al mes de junio para sacar conclusiones, también hemos de darle el crédito a un equipo, que ahora está en un bache, pero que, atendiendo a la calidad de sus integrantes, y a su compromiso, seguro que al final nos dejará satisfechos con los éxitos logrados. 

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viernes, 8 de febrero de 2013

Ronaldo dependencia


Más o menos durante estas fechas de la temporada pasada, me planteaba la necesidad de disponer de Cristiano Ronaldo en la plantilla blanca. Basaba mi análisis en la famosa “pegada” de un equipo que lucía en su delantera a otros integrantes, que sumados y puestos a disposición de centrocampistas con visión de juego y profundidad, podían masacrar la mayoría de defensas del continente.

A favor de ese argumento esgrimía otra teoría, según la cual, el montante total de un traspaso del astro portugués podría ir destinado a la contratación de centrocampistas de mayor técnica y capacidad de creación de juego, que acortará las diferencias, que todavía hoy se pueden observar entre el centro del campo azulgrana, para mi el mejor del mundo, y un línea merengue que parece únicamente sostenida por el poder de conducción de Xabi Alonso.

Así, según mi teoría, el Real Madrid, con una línea defensiva contundente, no exenta de salida de balón en algunos de sus integrantes, un centro del campo de creación y una línea ofensiva con Benzemá y Higuaín como puntas, sería un conjunto compensado en todas sus líneas.

Ha pasado un año, y sinceramente a día de hoy creo que mi teoría no se sostiene, visto el rendimiento que están dando esos “otros” jugadores de la vanguardia merengue. Parece que sólo la estrella portuguesa es consciente del sacrificio continuo que supone estar siempre arriba. Es él, y sólo él quien aguanta a día de hoy a un equipo que parece haber desistido de la lucha continua, y que guarda sus fuerzas para enfrentamientos de corta duración en forma de eliminatoria.

Se habla desde la posición antagonista blanca, que el equipo culé depende en demasía de Messi, y que sin su aportación otras serían las prestaciones de ese once que tantas alegrías nos está dando. Está claro, que nada sería igual sin el diez azulgrana, y que incluso el diseño del juego del actual Barça sería diferente. Pero hablando de dependencias no tengo yo tan claro, si los blancos, no están todavía más atados a su siete, el cual partido a partido, se desvive por mantener el nivel de un equipo, que un año después de realizar una gran temporada, parece instalado en una pendiente difícil de remontar.

Desde la línea culé, desde la que escribo, en muchas ocasiones hemos criticado los gestos o  palabras de Cristiano. Y he de decir, que también en este aspecto el jugador este año nos está dando pocos motivos de queja. Yo por mi parte, no puedo dejar de admirar ese afán de lucha y de superación que cada día muestra en el campo. Muchas veces, sólo él es el encargado de levantar un partido. Sólo él recorre el campo a velocidad endiablada en busca de balones por los que otros optan únicamente por mirar. Sólo el parece destinado a aprovechar las asistencias profundas de Ozil en unas diagonales imparables.

Y aunque para mi, Messi sigue comiendo a parte, con unas prestaciones en definición y creación de juego que lo hacen único, hoy veo al Real Madrid dependiendo totalmente de su siete, recogiendo así éste el testigo de otros jugadores legendarios que lucieron ese dorsal. El siete blanco y el diez azulgrana son la máxima representación de ambos equipos en el césped, y nunca hasta hoy se ha visto tan clara esa dupla de protagonismo en ambos equipos.

Llegado a este punto de la temporada, en la que comienzan los duelos decisivos, bien harían los responsables merengues en asegurarse, al igual que ha hecho el Barça esta semana con Messi, que su estrella encuentre el reconocimiento que tanto busca. Sólo con CR7 al máximo rendimiento tienen ahora posibilidades de superar unas eliminatorias, que en caso de pérdida, dejarían la temporada finalizada mucho antes de lo esperado. 




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lunes, 21 de enero de 2013

El entorno


Son varias las aportaciones lingüísticas de Johan Cruyff, las cuales, aún sin ser aceptadas por la Real Academia Española de la Lengua (RAE), siguen frescas en la memoria del aficionadazo culé. Quien no recuerda todavía términos como "peloto", "gallina de piel" o “un palomo no hace verano”.

Sin embargo, fue otra la palabra, esta ya sí incluida en el diccionario, la que alcanzó mayor repercusión, y por la cual es tanto a o más recordado que por el enorme legado futbolístico que dejó al Barça. Nació en Praga, el día 1 de abril de 1992, y en la posterior rueda de prensa al partido, el genio holandés dictaminó cual cirujano, las razones de las causas de una derrota inesperada, y ante la sorpresa de todos, no culpo a los jugadores empleados, ni al nivel o la motivación del rival, ni a su propia táctica. No, nada de eso influyo, el dictamen fue otro, y este decía que el partido lo había perdido “el entorno”.

Hoy, con más de dos décadas transcurridas nos encontramos diseccionando las razones del primer descalabro culé en la Liga. Ha tenido que pasar toda una primera vuelta para narrar una derrota, y poder explicar sus causas. Nada preocupante, si se tiene en cuenta que todavía el colchón con nuestros más próximos perseguidores nos tiene permitido echar una cabezadita reponiendo fuerzas ante batallas más trascendentes. Pero como toda derrota escuece, más después de un período en el que el equipo se mostraba casi invencible.

Después de la última exhibición en Málaga, mensajes y más mensajes externos al equipo hablaban de equipo mayúsculo. Nos regodeábamos en lo buenos que somos. Nos jactábamos de tener a los mejores, y de alcanzar tal nivel que apenas nadie osaba a poner en duda el paseo triunfal, que de aquí al mes de mayo se iba a dar el equipo en la Liga.

Llegaron las portadas de France Football en la que nos hemos recreado con los parabienes a cada uno de los principales integrantes de esta plantilla de ensueño. Llegaron las portadas incendiarias de los principales medios barceloneses que, haciendo sangre entre la idílica situación culé, y la casi ruinosa estampa blanca, se cebaban en un equipo, del que si algo hemos aprendido los de mi generación, es que nunca se puede dar por muerto.

Llegaron a su vez posts, artículos de opinión, y demás mensajes digitales destinados a la masacre de Mourinho y sus secuaces. Es curiosos analizar, cómo de un tiempo a esta parte cualquier análisis que se hace desde una óptica azulgrana tiene el éxito asegurado con sólo nombrar al técnico portugués y hacer menosprecio de su labor. Es terreno abonado para alcanzar el top-ten en la red, juntar párrafos y líneas hablando de nuestro máximo rival de forma despectiva. Es estrategia de marketing con éxito asegurado mezclar insultos y menoscabo hacia la plantilla merengue. No vale sólo ya con la loa de los nuestros. No estamos ya a gusto únicamente observando las continuas delicatessen que partido a partido nos ofrece nuestra plantilla. Parece que la digestión no es completa, si no añadimos al menú unas gotas de picante que pongan patas arriba todo aquello que tiene que ver con la blanca institución.

Llegó también el mensaje de Valdés, el cual, según mi opinión, aunque respetable y lícito se ha hecho de la peor forma posible. Llegó a su vez, la reacción posterior, en forma de aclaraciones. Llegaron los análisis de cada uno de los porteros que ahora despuntan en Europa.

Y después de todos esos mensajes, llegó el fútbol, el de verdad. El que se juega en el césped. Y llegó el Málaga, y con una imagen sobria puso en jaque la primera de las competiciones en las que el Barça se juega seguir vivo este mes de enero. Y volvió la Liga, y entre mensajes de optimismo, rotaciones, porteros volubles y sensación de dominio absoluto, los donostiarras nos hicieron ver, que el fútbol no entiende de nada más que de aciertos y errores. Y de estos últimos. los azulgrana han cometido bastantes esta semana.

Los ha cometido el equipo, que ha encajado cinco goles en dos partidos, en unas estadísticas impropias de un grande. Los ha cometido Valdés, que a partir de ahora hará de cada partido un plebiscito generándose una presión añadida, a la que ya de por si sufre el habitante de la portería culé. Los ha cometido la prensa y el mundo digital, que apenas ha prestado atención a lo que ahora tocaba, y se ha perdido en batallas y palos sin sentido. Y los hemos cometido los aficionados, los cuales, viéndonos tan y tan arriba, estamos vendiendo ya los títulos mucho antes de que éstos se disputen.

Porque, por extraño que parezca, dentro y fuera del club, todo es entorno. Y el entorno juega, y esta semana lo ha hecho en nuestra contra.
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jueves, 10 de enero de 2013

Mourinho tampoco confía en Adán.


Llevamos ya unas semanas hablando de Mourinho y de sus trifulcas. De su enfrentamiento constante con la prensa, que le llevo a interpretar una secuencia, según narra el periodista afectado, propia de “Los Soprano”. De su enfrentamiento o pulso al capitán del equipo, Casillas, al que sienta en el banquillo, generando así un ruido casi ensordecedor, que le llega en forma de silbidos desde la grada en cada una de sus apariciones. De su enfrentamiento con su propia institución, obviando obligaciones que un cargo de su importancia y nivel requieren, y dejando al máximo mandatario a los pies de los caballos, y viendo como éste tiene que lidiar con preguntas y situaciones incomodas. En definitiva, enfrentado y peleado con el mundo que le rodea a la espera, se supone, de alzarse con “su” tercera Champions, y demostrar de esta forma su hegemonía en la máxima competición, teniendo así un argumento más, para, cómo suele hacer de forma repetitiva, añadir un título más a su discurso auto propagandístico.

Es difícil desde fuera, cómo simple espectador saber los porqués de esas situaciones. Más si se hace además, cómo es mi caso, fuera del mundillo periodístico, y como simple aficionado a juntar ciertas frases con cierto sentido. Es hasta aburrido leer, y releer cada día noticias e interpretaciones de sus movimientos, de sus declaraciones, de su futuro y de su pasado. Pero a su vez, es imposible mantenerse indiferente ante el sinfín de informaciones y opiniones que se vierten en los medios.

Y según mi visión, creo que en esta ocasión Mourinho no ha medido bien sus actos, y en concreto la gestión de la portería de su equipo puede ser el paso definitivo que selle el fin de su ciclo en el Bernabeu. Creo, y digo creo, ya que no tengo ninguna prueba de ello, que el portugués le tiene ganas a Iker desde hace ya tiempo. Pero es consciente que no hay relevo para él, y que por mucho que hable del buen rendimiento de Adán en los entrenamientos, ni él se fía de la consistencia de éste en la portería.

Pero a trece puntos del Barça en la Liga, en el momento que tomó esa decisión, la ocasión “le ponía a huevo”, cómo vulgarmente se dice, gestionar un cambio en la portería. Con la Liga perdida, según sus propias palabras, y con dos frentes más abiertos, que en el caso de conseguirse dejarían la ventaja de los azulgranas en anécdota, la inclusión del guardameta del filial en el once titular suponía el primer paso de su “vendetta” particular hacia el capitán.

En definitiva, cualquier partido de un equipo grande, viene en muchas ocasiones marcado por escasas intervenciones del portero, el cual a lo sumo debe intervenir únicamente como trámite, limitándose a recoger pases de sus compañeros o ejecutando saques de portería. A veces, mi propia hija, viendo partidos de los azulgranas, comenta que ella misma podría haber estado bajo los palos, ya que son mínimas las ocasiones en las que Valdés aparece en pantalla. Y creo que eso mismo ha pensado Mou. Total, que más da, Casillas que Adán, para lo que tienen que intervenir.

Pero la apuesta salió mal, y los trece puntos engordaron a dieciséis, y el riesgo que asumía con el cambio, se tornó en su contra, y mucho de su crédito,  en la prensa, en la grada y puede que en parte de la plantilla.

Nada hubiera ocurrido si, cómo suele ser habitual el partido del Málaga hubiera finalizado con las habituales exhibiciones de la delantera blanca, y un resultado de dos a cinco en el marcador. Pero este año, al Madrid le está costando cerrar los partidos, y las habituales paradas salvadoras de Casillas no encuentran de momento similitud en las aportaciones de un Adán, que sigue siendo una incógnita, y al que no se le puede juzgar, al tener que actuar al borde de un ataque de nervios.

Adán, por mucho que su técnico diga ahora que se le falta el respeto, nunca ha tenido su confianza. Sólo hace falta recordar cómo la temporada pasada fue descabalgado de la titularidad en Copa, cuando el rival dejó de ser una comparsa. Nunca, el del filial, se ha sentido respaldado, y ahora, sabe, o intuye (al menos yo lo haría), que está siendo utilizado como arma arrojadiza, en una guerra, en la que él no participa, pero que cómo suelen acuñar los analistas de guerra, es un daño colateral.

Y sólo hace falta ver, cómo ayer, cuando de verdad los blancos se jugaban algo, su papel volvió a ser el habitual. Seguro que lo agradeció. Ahora tendrá otro semana de reposo, ya que su expulsión en el último partido así lo marca, pero, o mucho cambias las cosas, o deberá ir templando esos nervios, ya que su papel en la Liga seguirá siendo protagonista, quedando Casillas reservado para aquellos duelos en los que algo haya en juego. La Copa y la Champions son ahora el objetivo, y Mou sabe, que sólo con los mejores podrá competir. O alguien imagina una eliminatoria contra el Manchester con Casillas en el banquillo? Yo no.

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miércoles, 2 de enero de 2013

El ciclo continua


Recién empieza un nuevo año, que deja atrás un 2012 con menos lustre que los años precedentes, las sensaciones son altamente positivas, y las premoniciones agoreras que pronosticaban el fin de una era, parece que de momento deberán ser enterradas a la espera de un tiempo más propicio para ello. Decía Napoleón en una de sus frases más celebres que “la victoria pertenece al más perseverante”, y nadie hasta el momento representa tan bien esa frase como el equipo azulgrana.

Ha sido algo convulso este último año, en el que parecía que la Liga ganada por el Real Madrid sería el disparo de salida para un cambio de reinado en el concierto futbolístico actual. Un año en el que los azulgranas no hemos podido celebrar títulos grandes, y hemos recogido aquellos otros títulos que ahora, gracias al gran currículum que ha escrito este equipo en los últimos tiempos, nos parecen menores. Qué lejos quedan aquellos tiempos en los que la celebración y la conquista de uno de estos trofeos suponían un estallido de alegría y la excusa perfecta para lanzarse a las más desaforadas celebraciones. Y que cerca están, a su vez, esas mismas imágenes, antes teñidas de azulgrana, y ahora mutadas a blanco, dónde una Copa del Rey se aclama cómo el “trofeo de los trofeos”, y se equipara a logros de mucha más trascendencia.

Ha sido un año que ha puesto en prueba la madurez de una entidad, que no ha perdido los papeles por la puesta en duda de su hegemonía. Guardiola nos dejó, y lo que se suponía el principio del fin, ha supuesto un nuevo impulso que, después de unos inicios dubitativos tiene instalado de nuevo al equipo en los más alto, a un nivel estratosférico y muy, muy lejos del que muestran sus rivales. Parecía que la salida de Pep, dejaría el camino libre a Mourinho para reinar por siempre jamás en el territorio de la Liga,  pero al contrario de lo que se pronosticaba las consecuencias catastróficas que vaticinaban el fin de ciclo culé, se han tornado en Apocalipsis blanca, y han dejado al equipo merengue a una distancia sideral de su rival, en lo que cabe suponer, si la ansiada décima no lo remedia, los últimos coletazos de un técnico, que la historia blanca puede, y digo puede, recuerde cómo uno de los personajes más dañinos que han desfilado por su banquillo.

Ha sido el año de los récords. La Liga de los cien puntos y los ciento veinte y un goles han dejado el listón de exigencia en un nivel, que hoy por hoy, actúa como acicate para los jugadores azulgrana. Un estímulo simular al del ya casi mitológico diez azulgrana, que enfrascado en su particular duelo de números con CR7 en particular, y con el mundo en general, ha dejado hechos trizas todos los registros goleadores establecidos hasta la fecha. Goles y asistencias que han aupado a Messi a un nivel, que por mucho que se quiera desprestigiar, le convierte en un jugador único, muy lejos en prestaciones de cualquier otro que con él cohabite. El cuarto Balón de Oro consecutivo lo espera cómo prueba fehaciente de esa diferencia.

Ha sido un año de reconocimiento. Reconocimiento al juego de posesión, al Tiki-taka, o a cómo se le quiera denominar. Un juego que hipnotiza y asombra. Un juego que va más allá del simple objetivo de marcar un gol. Un control, un regate, una pared, una combinación infinita de pases. En cualquier lugar del campo aparece el espectáculo. Y en ese jugar casi bailando han encontrado los azulgranas el calor de la grada. La suya propia y la rival. Jugadores aplaudidos, aficiones entregadas, entrenadores postrados y rivales impotentes son el legado de estos primeros meses de temporada.

Por todo ello, sólo queda esperar que la reanudación de la competición siga mostrando a ese equipo casi imbatible que despidió el pasado mes de diciembre. Sólo queda esperar que no existan más contratiempos que los meramente competitivos, y que se dejen atrás esos otros sobresaltos que sacuden al vestuario. Sólo queda esperar, que los difíciles meses de enero y febrero, lleven al equipo indemne a la primavera, y una vez allí, nos dispongamos al asalto de aquellos títulos que la temporada pasada no pudimos celebrar.

Y así, mientras otros pelean y se debilitan en luchas que desde mi posición me cuesta entender, nosotros seguimos disfrutando de algo, que cuando nació, a muchos nos pareció algo efímero, que hoy por hoy, lleva paso de convertirse en eterno.

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lunes, 17 de diciembre de 2012

Nosotros te queremos, Mourinho quédate.


Con ese grito se arrancó ayer la grada del Camp Nou, una vez respiró y vio como se certificaba una victoria por goleada ante el más próximo de sus perseguidores. Victoria que dejaba al Barça a nueve puntos de los colchoneros y a trece de su máximo rival y oponente, el Real Madrid. Victoria que además dibujaba en el rostro de los jugadores azulgrana una disimulada sonrisa ante un hecho de todo inesperado, que ni el más optimista de los culés podía imaginar cuando arrancó la competición entre las dudas que generaba el cambio en el banquillo catalán.

Un grito que liberaba la tensión producida en un choque que a decir verdad llegó al descanso con un resultado de lo más inesperado viendo el devenir del juego en los primeros cuarenta y cinco minutos. Un grito, en resumidas cuentas que representa las ganas que la afición catalana le tiene al propietario del banquillo del Bernabeu.

El protagonismo de Mourinho es tal, que ha dejado en segundo plano otros tipos de gritos y apoyos que hasta hace no mucho eran auténticos hits de la grada. Desde el famoso “Madrid.. c.. saluda al campeón”, que Eto’o utilizó para ponerse a todo un enfervorizado estadio en el bolsillo, pasando por el archirepetido “Madrid, se quema, se quema Madrid”, los cánticos nunca habían tenido un destinatario tan personal.

El ego de Mou lo ha absorbido todo y ahora parece que hasta el propio Real Madrid como institución ha quedado por debajo de la arrolladora presencia del de Setúbal Todo lo absorbe Mourinho y su clan portugués. Cada palabra, cada declaración, cada frase tiene un destinatario, y es él, Mou, el objeto de todas ellas. Desde el famoso “vete al teatro, Mourinho, vete al teatro” o “sal del banquillo, Mourinho sal del banquillo”, hasta el nuevo éxito que ayer vio a la luz, parece que el acicate de la presencia lusa en La Castellana sirve como motivación a una plantilla que no desiste en este viaje histórico que nos está tocando vivir a los culés.

Y es que lejos de pensar en un equipo que se diluya y se relaje pensando en lo hecho, parece que el actual Barça va en busca de todos aquellos récords de los que ahora presume Mourinho. Ya no basta con ganar una Liga, el objetivo es otro y mucho más ambicioso. Algo me dice que los jugadores quieren enterrar la memoria del luso, y desterrar su nombre de cualquier registro por el que pueda ser recordado. Los amantes de la historia de Roma recordarán como algunos de los tiranos que llegaron a ser emperadores intentaron ser borrados de la Historia cómo si jamás hubieran existido, entendiendo que el olvido es la mayor afrenta posible ante aquellos que tienen cómo máximo objetivo el ser recordados

Ahora, el técnico blanco se encuentra cerca de pasar por una situación parecida. Si Mourinho no consigue este año la preciada Décima, y pone fin a su etapa blanca, su currículum de su paso por una institución como la madrileña no pasará de anecdótico, y ante la ausencia de títulos de gran prestigio su nombre se perderá entre la mediocridad de aquellos otros que sí coparon de éxitos las vitrinas del museo blanco. No son la Copa del Rey y una Liga tarjetas de presentación muy lustrosas ante otros éxitos de antiguos ocupantes de ese mismo cargo, que con mucho menos ruido y diferentes maneras dejaron mejor recuerdo.

Pero ¿le conviene al Barça un cambio en el banquillo blanco? ¿Saldría fortalecida la entidad azulgrana por el fin de la era portuguesa en Madrid? En mi opinión la marcha de los portugueses del Madrid podría tener un sinfín de consecuencias que podrían debilitar al Barça. Por un lado destensaría a unos jugadores que con el objetivo cumplido, habrían derrotado ya no a su máximo rival, sino al que ahora se erige cómo máximo representante. Por otro, la escandalosa aportación goleadora de Messi podría verse frenada ante la escasa competencia que tendría en este apartado. Hay que recordar que los números de Messi empiezan a crecer desde la llegada de Cristiano Ronaldo, y que se vuelven de otro mundo a partir de que queda relegado a la segunda posición en la tabla de goleadores hace ya dos temporadas. ¿Una Liga sin Ronaldo frenaría la hambruna del argentino por demostrar que es el mejor?.

“Nosotros te queremos, Mourinho quédate” fue un grito espontáneo e improvisado que pulsa el estado de ánimo de una afición que preparada para una temporada a la expectativa ve que llega la Navidad, y que, en vistas de los augurios económicos para el próximo año dificultan encontrar motivos reales de brindis, encuentran un deseo claro para él. 



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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Periodo de excepción.


Un régimen de excepción (también conocido como estado de excepción o estado de emergencia), es un mecanismo contemplado en la constitución de cualquier país en caso de que un mandatario lo considere necesario ante la existencia de alguna situación extraordinaria, como podría ser una catástrofe natural, perturbación grave del orden interno,  invasión, o cualquier otro peligro considerado gravísimo, con la finalidad de afrontarlo adecuadamente. Habitualmente, un régimen de excepción contempla la suspensión o restricción de ciertos derechos fundamentales, y como consecuencia de ello, en estos períodos excepcionales los derechos de la ciudadanía pueden quedar suspendidos de forma parcial o total.

En el Real Madrid, la llegada de Mourinho podría definirse como una de esas medidas extraordinarias. Medidas implantadas ante una gravísima situación que provocaba la Edad de Oro de su máximo rival. Títulos colectivos, premios individuales, cantera, revolución en la forma de entender el juego, reconocimiento local y mundial, han hecho del Barça este último lustro la referencia del deporte rey.  Una situación excepcional, que requería de medidas excepcionales, parece que fue la consigna de Florentino, que abrazaba así una ideología diferente, a la vez que peligrosa.

Llegó el portugués con la vitola de arma anti-Barça. Sus incontenible ansía competidora, su currículum lleno de éxitos, y su victoria en una semifinal de Champions contra los azulgrana, le otorgaban el crédito necesario para ser considerado como la mejor solución ante el alud de títulos de los catalanes, que acumulaban en sus vitrinas todo lo conquistable, ejerciendo una dominio casi tiránico en todas las competiciones que disputaban.

Mourinho, y su clan portugués tuvo un reconocimiento pleno en la hinchada merengue, que recibió el olor de multitudes al nuevo técnico, y a su particular forma de entender el deporte. Y así, poco a poco, parecía que las nuevas consignas calaban, y la nueva doctrina madridista se apartaba de lo que tradicionalmente había distinguido a un equipo que hacía de la palabra señorío el contrapunto al “seny” de los catalanes. Era el peaje que había que pagar, era uno de esos derechos que este período excepcional obligaba a perder.

Pero los resultados no llegaban, y los catalanes seguían mandando. Ya en su primer año las voces disidentes de una “resistencia” minoritaría empezaron a emerger, sobre todo después de que en el segundo de los clásicos, (el primero todavía sigue vivo en la retina de muchos aficionados por el fútbol preciosista allí desplegado por los azulgrana) los blancos recibieron a su rival con el equipo totalmente a la defensiva, y con el césped a media altura como nueva arma estratégica. Nació así un nuevo concepto de madridismo, el “pseudomadridismo”, que servía para definir a todo aquel que no siguiera la línea de pensamiento único establecida en La Castellana.

La conquista de una Copa del Rey, alzada por los mourinhistas a niveles de título grande, sirvieron de excusa para hacer rodar la cabeza de líder de esa facción de disidentes que emergía, y así Jorge Valdano vio como su carrera como dirigente blanco llegaba a su fin, y parecía que el movimiento disidente moría al poco de nacer.

Pero el germen de esos pseudomadridistas había calado hondo en cierto sector de una afición, que cada vez más, despechada por el talante batallador y propenso al escarnio de ahora ya líder blanco, no se veían representados por su figura. Y así, a poco que las cosas se torcían, volvían a surgir recordando que su Madrid no era el que ahora se mostraba.

Pero el mourinhismo ganó su Liga, y defendió así que posición. Sólo había una forma de desbancar a los azulgranas, y era la mostrada por el clan portugués. Además, por diferentes motivos, Guardiola tomaba la decisión de abandonar la “guerra” y retirarse a descansar. Una nueva pieza dejaba el escenario de la batalla y parecía dejar expedito el camino hacia la victoria final. Y así el régimen de excepción continuaba sin apenas oposición. Sólo algunos recordaban los números globales de esos dos años, que todavía  dejaban muy lejos el objetivo primordial;  acabar con la hegemonía catalana.

Poco podían imaginar que en un escenario tan favorable, ahora, apenas tres meses después, parece que el proyecto se desmorona. Y la facción disidente gana adeptos y coge fuerza. Once puntos de distancia con el Barça, más ocho con sus vecinos del Manzanares son algo difícil de digerir con apenas un tercio de la competición disputada. Cada partido blanco se convierte ahora en un plebiscito entre mourinhistas y pseudomadridistas. Cada partido blanco la “resistencia” en la sombra ansía hacerse oír y defender su antiguo forma de entender el club. Cada vez surgen más frases contundentes renunciando a esta etapa que se preveía esplendorosa, y que, parece llevar a un crudo invierno, en espera de la luminosa primavera que permita la conquista de la ansiada Décima.

Y así, parece que el devenir de esta temporada dictará sentencia a este período excepcional, que de no conseguir aumentar sus conquistas podría pasar a la historia como una de les épocas negras de la brillante historia del club. Y es que los períodos convulsos acostumbran a acabar de forma trágica y contundente. Los próximos seis meses marcarán ese final.

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lunes, 8 de octubre de 2012

Otro duelo al sol


No hay buen western que se precie sin esa típica escena duelista, con los antagonistas del film prestos a desenfundar y a dirimir la supremacía del más rápido. El bueno y el malo ante la mirada de todo el pueblo. El bueno y el malo separados por más de cincuenta metros en una calle polvorienta. El bueno y el malo con las piernas abiertas y el revolver a tocar las puntas de los dedos en espera de la señal que marque el inicio de la acción de disparo. Una música de fondo…., y un resultado incierto, que en las buenas pelis que se precien casi nunca acaba en empate. Y es que ya se sabe, el bien prevalece.

Pues bien, en el último clásico disputado de nuestra Liga, Messi y Cristiano Ronaldo, emulando a Charles Bronson o Henry Fonda, ejercieron de pistoleros y dirimieron su particular duelo. Y es que no me negaréis que la pose del siete madridista a cada una de las faltas lanzadas no se asemeja a la de unos de estos malévolos forajidos a punto de dar cuenta de su próxima rival en espera de añadir una muesca más a su revolver, que indique la peligrosidad de su portador.

Y ayer, ambos añadieron dos más a esa interminable lista de balazos que perforan las redes contrarias. Disparo primero el portugués, que parece haberle cogido el gusto a marcar en el Camp Nou, y ha dejado ya para la historia sus negros registros en los enfrentamientos con los blaugrana. Ahora, casi podemos contar por seguro el gol del siete madridista cuando enfrente tiene a Víctor Valdés.

Repasando el partido del extremo blanco, no se puede decir que cuajara un gran encuentro. Sus intervenciones en el juego fueron más bien escasas. Apenas interviene en el juego de combinación, pero es intuir un pasillo entre las líneas defensivas rivales, y encarar la portería rival a tal velocidad, que apenas da tiempo al repliegue defensivo rival. Y más si se tiene en cuenta que la defensa azulgrana de este último partido era un compendio de laterales y jugadores reciclados. Qué lejos queda en la memoria aquel cuarteto que recitábamos de memoria los culés y que hablaba de Alves, Puyol, Piqué y Abidal como un infranqueable muro defensivo, que compaginaba fuerza y anticipación como sus mejores armas. Nos dicen hace un año que Montoya, Mascherano, Adriano y Jordi Alba iba a ser la última línea defensiva azulgrana en cualquier partido más o menos serio, y habríamos tachado al autor de tal profecía de “iluminado”.

Y ante esa defensa, CR7, supo ver los huecos, y ante la lógica desincronización de todos sus integrantes supo colarse y ejecutar esos dos acertados disparos, que casi dejan a uno de los protagonistas del duelo desangrado a poco de iniciarse el mismo.

Pero los azulgranas tienen en sus filas al más rápido del Oeste, al mejor y más determinante jugador de fútbol que jamás haya visto. Un argentino que juega a su aire, que se mueve con soltura y desparpajo, que busca cualquier zona del campo para combinar, y que picado por la efectividad de su rival parece cada día empeñado en demostrarle que sus prestaciones no paran de mejorar. Y éste llegó al rescate para desenfundar su fusil y poner orden y tranquilidad en el caos que se habían convertido los primeros veinte minutos del juego azulgrana.

Y es que Messi ayer ofreció el partido más completo de lo que llevamos de temporada. Se movió por todo el campo. En cada zona del terreno de juego tenía un repertorio a ofrecer. Una combinación, un toque, una finta, un dribling, una asistencia… y una falta. Y es en este último apartado donde parece que esta temporada está alcanzado un nivel nuevo para él. Y está siendo tan efectivo como en el resto de artes que ejecuta. Fue el de ayer un nuevo fogonazo a la moral de Casillas. Ni tiempo tuvo a sacar los brazos en su inútil vuelo para atajar el segundo gol azulgrana que ponía la Liga casi imposible para los blancos.

Es espectacular ver al diez azulgrana, pararse en el campo, con el balón delante de sus pies, y arrancar a derecha o izquierda de su rival, e ir sorteando rivales con una facilidad pasmosa. Un recorte, un caño, un pase en profundidad, una pausa, un sprint. Y un gol tras otro que hace que con apenas veinticinco años, este pequeño jugador esté devorando la historia de los clásicos, y dejando en nada unos registos que hasta la fecha hablaban en blanco. A un solo gol queda ya de la Saeta Rubia, y supera ya a Raúl en sus registros goleadores. Poco a poco, partido a partido, temporada a temporada, el nombre de Messi aupa todas las estadísticas. Estoy convencido que de aquí al final de su carrera, cualquiera de ellas sólo tendrá un nombre escrito en el número uno. La historia del fútbol pasada, y la actual, deberán inclinarse ante un fenómeno que cómo ayer recordó Vilanova en rueda de prensa creo que no volveremos a ver.

Y una vez dirimido el primer clásico de la temporada, queda la sensación que ambos contendientes parecieron dar por bueno el resultado. Unos, porqué poco se podían imaginar que estarían a ocho puntos de distancia con sólo siete jornadas ligueras disputadas. Otros, porqué ven como la diferencia no ha aumentado y esperan que el devenir de la temporada les permita recortar una renta que ahora casi parece abismal, y que ya casi podría haber sido definitiva si hubiera incorporado los dos dígitos en sus guarismos.

A todo ello, y como cualquier buen western, un nuevo escenario ha entrado en liza. Y es que los “indios”, parecen reclamar su territorio, y bajando de las colinas en las que se encontraban aislados, reclaman su parte de reconocimiento y gloria perdidos con el paso de los años. Su nuevo gran jefe, Simeone, y su mejor guerrero Falcao,  parecen haber dado con la tecla de la autoestima. Nadie había contado con ellos en este escenario, y los gritos y las pinturas de guerra se empiezan a oír en la lejanía. Habrá que estar atentos y atender a este nuevo frente imprevisto.


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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Bomberos, arquitectos y un pirómano.


La épica victoria blanca en su debut en Champions, aunque viendo la reacción final de Mourinho, parecían estar jugándose ya el título más grande jamás logrado, puede haber alejado de forma paulatina la crisis generada por el titubeante inicio liguero. Pero aún así, el desarrollo del encuentro, marcado por la sorpresiva alineación inicial y por un final apoteósico no despejan las dudas sobre el diseño que quiere implantar el técnico luso.

Esta crisis de indefinición es un juego a tres bandas en la que se pueden establecer tres perfiles diferentes: bomberos, arquitectos y pirómanos. El objetivo de los bomberos es apagar las llamas, evitar el contagio y llevar el barco a puerto, todo ello sin preocuparse mucho de qué aspecto tendrá el edificio una vez concluida la crisis ni de qué pensaran los inquilinos que lo habitan. A la hora de adoptar una solución, los bomberos se guían por la efectividad: ¿taponará la brecha? ¿servirá de cortafuegos? ¿salvará vidas? Un bombero tiene que saber trabajar bajo presión y, en lugar de lamentarse por la falta de instrumentos o planes de contingencia, saber improvisar una solución recurriendo a lo primero que tenga mano. A los bomberos no les importa construir una explicación, rendir cuentas ni como se dice hoy, construir un relato. Su relato son los hechos: había un problema y se ha solucionado. En este apartado, se encuentras los rescatadores blancos en forma de delanteros, que ayer, apoyados en la floja línea defensiva rival, pudieron internarse casi sin problemas entre sus líneas para aplicar sus remedios sin casi oposición. Sólo había un reducto que parecía indestructible en forma de portero inconmensurable; Hart.  Cristiano Ronaldo, Benzemá, Marcelo, Higuaín, y todo aquel que dejaban deambular por la primera línea del fuego actuaban sin contemplaciones contra él, y atacaban con fuerza su base. Y poco a poco, las grandes llamas generadas por un extraño desarrollo del partido fueron apagándose hasta la extinción total, cuando ya todo parecía perdido. La solución aplicada no tuvo grandes florituras. Hacer llegar el balón a la frontal del área y disparar. Una y otra vez. Cómo los chorros de agua que atacan la base de las llamas. Y así, poco a poco, las fuerza del fuego fue amainando.

Los arquitectos, por el contrario, necesitan calcular hasta el último detalle, no dejando nada a la improvisación, que es su peor enemiga. Quieren diseñar sus edificios con tiempo, prever todas las alternativas, saber exactamente qué presupuesto tienen, qué peso soportará, qué función cumplirá y quién lo usará. También quieren planes de emergencia, rutas de evacuación y un programa de mantenimiento con revisiones periódicas. Si algo les aterra es un cliente indeciso, que no sabe lo que quiere ni para qué lo quiere. Y si de algo adoleció ayer el equipo blanco fue precisamente de ese tipo de perfil en el campo. Con una alineación algo extraña, y un trivote exagerado, el patrón del juego blanco en sus inicios pareció no quedar afectado por ese elemento pensador. Pero a medida que pasaron los minutos, y a la vez que el City  conseguía poco a poco salir de su escondite, fruto de las cabalgadas portentosas de Toure Yaya, la necesidad de ese juego entre líneas se hacía indispensable. Más cuando se veía, la nula capacidad de la estructura defensiva inglesa para contrarrestar ese tipo de juego. Cualquier jugador blanco que recibiera un balón entre líneas tenía facilidad para girarse, encarar, driblar y chutar. Era cuestión de tiempo que se pudiera apagar el fuego provocado por un sorpresivo gol inglés. Con veinte minutos por jugar arquitectos y bomberos parecían haber cercado el problema, y estaban prestos a aplicar una solución.

Finalmente están los pirómanos. De éstos los hay de tres tipos: los desequilibrados que encuentran satisfacción en ver las cosas arder; los que actúan de mala fe esperando obtener un beneficio económico; y los que con su comportamiento negligente provocan los incendios, no hacen nada para detenerlos o impiden las tareas de extinción. Y en este papel identifico claramente a Mourinho, aunque no sé muy bien en que grupo catalogarlo. El tercero queda descartado, ya que consciente de que se podía quemar, puso remedió y actuó echando mano de sus mejores soluciones, y dando las órdenes precisas para llevar las tareas de extinción del incendio a buen puerto. Incendio que el mismo había creado. Y es que no contento con el frente abierto durante la semana, pareció ayer que le echaba un pulso a su plantilla, o a parte de ella, avivando así un nuevo frente que podría haber provocado un fuego de características catastróficas.  Puede haber establecido Mou una nueva categoría en la definición de este tipo de sujetos: aquellos que crean su propio fuego, y encuentran placentero apagarlo por ellos mismos.

Solventado el fuego, veremos cómo trascurre el devenir de los próximos partidos. Queda la duda de si Mourinho seguirá ejerciendo su función pirotécnica. De ser así, su cuerpo de bomberos puede quedarse sin herramientas para atacar tantos frentes y verse desbordados. Porqué desde fuera, y sin un conocimiento de causa muy profundo: mientras bomberos y arquitectos luchan y pelean, el pirómano les llevan la delantera.


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martes, 18 de septiembre de 2012

Mourinho, trotamundos por necesidad.


Uno de los mayores logros de Mourinho es haber conseguido hacerse con las Ligas de todos los países en los que ha dirigido algún equipo. Portugal, Inglaterra, Italia, y ahora España lo han visto coronarse como el mejor. Esa movilidad, tal cómo a él le gusta recordarnos año tras año, le confiere un estatus único dentro del mundo futbolístico, y le convierte en el entrenador más laureado del momento.

Pero da la sensación, que a este hito ha llegado por necesidad. Y es que repasando la carrera de luso, se puede observar lo difícil que le resulta a él, y a los equipos que entrena, establecer una relación duradera. Y eso, que ha entrenado en un país, Inglaterra, dónde la figura del manager y entrenador tiene unas connotaciones muy diferentes a las del resto de Europa. Las islas, son, de momento el único reducto europeo donde se pueden dar casos como el de Ferguson o Wegner, que independientemente de los resultados, acuden a su trabajo como cualquier empleado, a sabiendas que su puesto está asegurado, más allá de los posibles caprichos de sus mandatarios y vaivenes del marcador.

Pues en esa situación, Mou, apenas pudo resistir tres años al mando del Chelsea, quedándole además una tarea pendiente por realizar, y para la que fue contratado; la conquista de una Champions.

Los equipos de Mou, se caracterizan principalmente por un juego de gran despliegue físico. Agresividad hasta el límite en defensa, presión asfixiante en le centro del campo, y contraataques contundentes son sus principales armas. Es un juego muy exigente que demanda mucho esfuerzo y sacrificio al jugador.

Por esa razón se habla, y con razón, de las segundas temporadas del portugués como las más exitosas. En su trayectoria, sus debuts vienen marcados por la asimilación que los jugadores deben hacer de su sistema. Por la comprensión de las tácticas, y por la adaptación del cuerpo a los rigurosos planes de entrenamiento que diseña. Con la maquina ya engrasada, parece que el pistoletazo de salida de sus segundas temporadas, marca el punto álgido de su trayectoria allí donde va.

Y así, en Oporto, Chelsea, Inter, y ahora Real Madrid, ese hito se ha ido cumpliendo de forma casi matemática, consiguiendo en cada uno de ellos subir un escalón más que el año precedente. Pero llega la tercera…, y entonces parece que algo se resquebraja.

En pocas ocasiones se habla de la tercera temporada de Mou. Ya sea porqué ha dejado el equipo o ya sea por la bajada del rendimiento, los terceros años del portugués o no han llegado, o no han culminado de forma exitosa. Sólo en el caso inglés, tal y como he dicho antes logró cumplir esos tres años, llegando su destitución a muy poco de iniciarse el cuarto.

Parece que sus equipos se cansan. O él se cansa de ellos. Unos, al haber cumplido los retos exigidos parecen entrar en una fase de relajación del trabajo bien hecho, y retornan de forma cansina a la competición, sin las grandes dosis de fiereza que les caracteriza. Y él, que parece intuir que aquello no da para más, y busca las formas de cambiar de aires, en busca de oxigeno y pulmones nuevos que le permitan exprimir su estresante concepción de la competición.

Sólo hay que observar la trayectoria futura de aquellas instituciones por las que ha pasado el portugués. El último caso es el más claro, el Inter de Milán, que después de haberlo ganado todo, pareció quedar exhausto y casi sin alma para competir. Y es que tal como ya expliqué en un artículo de este blog, parece que Mou descienda de Atila, a quien se conocía por su devastadora fuerza de destrucción.

Y ahora, en la tercera temporada blanca, parece que la historia, tan caprichosa en sus ciclos, se repita. Un Mourinho rodeado de los suyos, fuerte, y con todo el poder en su mano, ha podido configurar el equipo que ha deseado. Ha luchado durante dos años para derrocar a un equipo que todavía es leyenda. Ha peleado en el campo, en la sala de prensa, en el banquillo.., y hasta en los parkings. Ha tenido fuertes enfrentamientos con colegas, jugadores, instituciones y árbitros. Ha llevado hasta el límite la competitividad de un vestuario, creando disputas y tensiones, en aras de favorecer la máxima intensidad en cada unos de sus hombres. Ha subido hasta los altares algunos de ellos. Ha defenestrado a otros. Todo en la búsqueda de un solo objetivo. Destronar al Barça.

Y ese objetivo, se consiguió en parte en su segunda temporada. Tal y como marcan los cánones. La Liga de los récords. Más de cien puntos, más de ciento veinte goles, más presión, más pegada, más rapidez, más polémica…., hasta que finalizó, llegó el verano, y en el reencuentro parece que las fuerzas y los ánimos ya no están para soportar nuevamente otro ciclo de exigencia.

Veremos como reconduce Mou la situación, y si es capaz de revertir lo que ahora, desde aquí, y desde allí se ve como el principio del fin. Al final, y según se están produciendo los hechos, la frase de Guardiola en su última rueda de prensa, cobra vigencia, y es que cuando dijo aquello de que “Al final ens farem mal / Al final nos haremos daño”, dejó entrever que a él también se le estaba haciendo cuesta arriba la gestión de un vestuario llevado hasta el límite de sus posibilidades durante cuatro temporadas. 


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lunes, 17 de septiembre de 2012

Un Barça "sin".


En una época de recortes, en la que la ciudadanía nos estamos acostumbrando a vivir “sin” todo aquello que hasta hace poco parecía de uso común. En un tiempo en la que nos hemos acostumbrado a beber “sin” alcohol, a comer “sin” calorías, a viajar “sin” pasaporte, y en la que a más de uno le gustaría dejarnos “sin” capacidad de raciocinio,  el Barça, el nuevo Barça de Tito Vilnova, presentó en un último partido de Liga ante el Getafe, su versión ligth, y ante la sorpresa de todos, alineó un once con casi pleno de canteranos y con la ausencia de sus máximas estrellas. Fue el Barça “sin”.

Un Barça “sin” Dani Alves, al que sustituyó Montoya, que parece que poco a poco va ganándose el estatus de jugador del primer equipo. Un Alves que ha iniciado la temporada algo renqueante, y con pocos minutos de juego en sus piernas. Pequeños percances y molestias le han impedido jugar todo lo que está acostumbrado. Pequeños percances y molestias, que sin embargo no han impedido que con Brasil, juegue de forma completa los bolos de preparación de “su” Mundial. El jet lag de tanta ida y vuelta, y el aviso de Tito, pueden hacerle ver al brasileño, que este año, será mejor centrase en su puesto de titular, y no olvidar que ahora, parece tener un suplente de garantías.

Un Barça “sin” Jordi Alba, que enfermo, y también obligado a jugar un compromiso internacional sin estar en plenas condiciones, ve, cómo Adriano le va arañando minutos, en lo que parecía el puesto de titular más fijo de este equipo. Después de su impresionante Eurocopa, en la que destacó y nominó como el mejor lateral izquierdo del continente, está viendo, en su inicial periplo azulgrana, cómo otro brasileño, también ansioso por disputar “su” Mundial, defiende, ataca, y marca. Está pagando Alba el esfuerzo físico de este verano, y a día de hoy parece que el ex-sevillista le lleva ventaja en las prioridades del entrenador.

Un Barça “sin” Iniesta, también renqueante de su periplo internacional. Una baja, que propició la entrada de Thiago cuatro meses después de su lesión, y que acompañó a Xavi y Busquets en el centro del campo.

Y sorprendentemente un Barça “SIN” Messi. Y es que en un partido en el que también se iba a jugar “sin” Aléxis, y “sin” Villa, si algo parecía claro era que el argentino ocuparía el eje de la delantera. Y para sorpresa de todos, el tridente atacante contó con unas siglas poco habituales y de difícil combinación. Y es que Tello, Cesc y Pedro no tienen unas iniciales que propicien la mediática definición que las conjugue.

Y ante la sorpresa general, ese Barça tan poco azucarado y edulcorado ofreció el partido más completo desde que se inició la temporada. Y ante un equipo madrileño que optó por repetir el planteamiento de la temporada pasada, supo leer de forma espléndida el partido, y cerrarlo con un marcador que no dejó lugar a dudas. Eso sí, lo fue haciendo a medida que se incorporaron al campo ingredientes que dieron algo más de sabor al juego del equipo. Y ya “CON” Messi primero, que logró dos goles en menos tiempo de lo que aquí tardaría en narrarlos, y “con” Villa, a modo de ingrediente que da el toque final, cerró un marcador muy favorable, y certificó una victoria que, refugiándonos en la estadística, casi certifica el alirón azulgrana. Y es que desde que el Getafe inició su andadura en la Primera División, año que los azulgrana consiguen salir victoriosos del  Coliseo Alfonso Pérez, año que la visita a Canaletas, y la rua ciudadana está garantizada.

Está siendo un inicio de temporada muy efectivo el de los azulgrana. Cos su última victoria, han logrado superar cualquiera de los arranques del añorado Guardiola. Nunca consiguió éste un inicio tan arrollador, dejando así una pequeña posibilidad a su sucesor de superarle en algunos de los estratosféricos resultados estadísticos que consiguió..

Este, y la diferencia de ocho puntos respecto al Real Madrid, son los datos más significativos de un campeonato que apenas se ha puesto en marcha, y que visto lo visto, puede quedar reducido a la nada a poco de iniciarse. Es pronto, muy pronto, y las campanas no han de sonar de forma oficial, pero nadie puede negar a día de hoy, que a poco que los blancos no reaccionen, los azulgrana también se quedarán “sin” rival.


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