La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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lunes, 10 de marzo de 2014

¿Y si fichamos a Mourinho?

Parece que Valladolid está siendo lugar habitual de la reciente historia blaugrana. Así, a bote pronto me vienen varías imágenes en la plaza pucelana, sin las que difícilmente se entendería la trayectoria de nuestro equipo hasta nuestros días. El “Urruti t’estimo” cantado por Josep Maria Puyal, que nos dio una Liga de las de antes, de las que tanto con costaba ganar. El debut de Puyol, que ahora justo en la previa de un partido contra los blanquivioletas anuncia el final de su trayectoria como jugador y capitán del equipo. O el gol salvador de Xavi, sin el cual no se entendería la trayectoria del siempre discutido Van Gaal. Todas ellas noticias positivas. Todas ellas noticas para la esperanza. Qué lejos quedan estos hechos de lo comentado y leído este fin de semana, después del estropicio que el mejor equipo de nuestra historia, y posiblemente de la historia de este deporte “nos regaló” en la última jornada liguera.

Parece que el partido en tierras vallisoletanas, sea el inicio de un descalabro, que hace que jugadores y afición hayamos perdido la ilusión y las ganas por ver y competir en la Liga doméstica. Una Liga larga, muy larga, cómo no se cansan de repetir unos y otros en sus declaraciones, y que obliga al esfuerzo continuo. Esfuerzo que ahora, ni los que están en el campo, y por contagio, los que estamos fuera parecemos con ganas de asumir.

Qué lejos quedan aquellos días en los que en casa, esperábamos la hora del partido de los azulgrana sentados mis hijos y yo ante el televisor. Enfundados ellos con sus camisetas recién adquiridas y prestos a deleitarnos con el último pase de Xavi, la penúltima filigrana de Iniesta, el sinfín de subidas de Alves, y los innumerables regates de Messi. Sentados esperando que el espectáculo diera paso a los goles. Comentando, riendo, vibrando, disfrutando. En definitiva, viviendo el Barça como nunca lo habíamos hecho.
Ahora, el partido semanal se convierte en un acontecimiento anodino. Una actividad más del fin de semana que se ve o no en función del resto de actividades del fin de semana. Sin ir más lejos para este último partido, y cómo ya viendo siendo norma habitual fuera de los partidos de Champions, mi hija Marta dimitió de sentarse delante de la televisión. Ya no le interesa el Barça, ya no le interesa ver a su Messi. Ni le preocupa casi lo que haga Neymar. Se aburre, y ante el aburrimiento sus actividades adolescentes ocupan el pódium de sus preferencias. Ya hace tiempo que la última adquisición en cuanto a camisetas, la de la senyera con el nombre de Xavi a la espalda, descansa plegadita en un armario.

Mi hijo Marc, visceral y nervioso, no aguanta ver al equipo por detrás en el marcador. Es ver adelantarse al rival, lo que es norma habitual últimamente, y despotricar de forma vehemente. es ver al diez argentino deambular por el césped y buscar el mando para cambiar de canal, en busca de la tranquilidad o risas de las infinitas series que repiten sin cesar en la actual programación digital. Es ver la falta de tensión e intensidad que parece destilar este equipo en todos sus ámbitos (desde Zubizarreta hasta el último de los jugadores), y desesperarse buscando las razones de lo que está sucediendo.

Son mis hijos de una generación que no sabe lo que es vivir en la derrota. Desde que tienen uso de razón y recuerdo futbolístico sólo han visto ganar, ganar y ganar. Y parafraseando al ya fallecido Luis Aragones, y volver a ganar, y ganar y ganar. Son de una generación que ha disfrutado cómo ninguna otra de una hegemonía sin parangón, y que ahora parecen no asumir que ésta puede estar llegando a su fin. Parece ser….

Y yo la verdad no sé muy bien que explicarles. No sé si decirles que los ciclos son así, y que aquello no podía durar siempre. No sé si decirles que ganar siempre es una quimera, y que en todos los órdenes de la vida a épocas de bonanza le siguen épocas de penurias en ciclos más o menos cortos. No sé si decirles que estamos ante un bache temporal, que solucionado puede todavía llevarnos a una temporada triunfal. No se….

Lo que sí sé, o veo, o intuyo, es que el equipo ha perdido chispa, hambre, ganas y motivación pro competir. No es sólo Valladolid. No es sólo febrero. No es sólo este 2014. Toda la temporada está llena de ejemplos de un desinflamiento progresivo, de un apagamiento gradual.

Y para mi esta situación sólo tiene vuelta de hoja con una chispa que active a cada uno de los integrantes de una entidad que ahora parece somnolienta. Una entidad preocupada por el futuro, y que mira constantemente al pasado, y que ha dinamitado un presente que allá por el mes de septiembre parecía esperanzador.

Hace falta reaccionar, y así, ayer, sentado en el sofá y observando debates sobre el Tata y su nulo poder de transmitir una pregunta se me pasó por la cabeza. Una pregunta que lance al aire sin esperar ningún tipo de respuesta. Una pregunta absurda. Una pregunta temeraria….. ¿Y si fichamos a Mourinho?......... Y mi hijo, sentado a mi lado, se giró, y con los ojos en órbita casi me grita.. Papa….. ¿te has vuelto loco, o qué?????... Puede...., ¿verdad?




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lunes, 4 de marzo de 2013

Un campeón groggy.


La verdad es que después de presenciar las evoluciones del Barça en el último clásico, el desánimo fue el principal de mis sentimientos. Observar a un equipo casi diría que indolente, deambular al son de una versión B del Real Madrid, y ver cómo con la salida de los refuerzos blancos, el cambio de ritmo del partido hizo que los nuestros se vieran ya casi derrotados ante las primeras arrancadas, del ahora, omnipresente Cristiano Ronaldo, me dejó en un estado de estupor, y casi sin capacidad de reacción ante el espectáculo ofrecido.

Ni la excusa de un penalty no señalado, que lo fue, y además clarísimo me servía como argumento para defender, que tal vez, el empate pudo haber llegado en aquellos instantes finales. Las caras de los jugadores, en la que apenas se aprecia tensión, las imágenes de Roura, animando con gestos ostensibles a ritmo de “vamos”,  sin saber éste muy bien hacia donde dirigir a sus jugadores, los tweets leídos con posterioridad dudando ya de todo o casi todo, las protestas finales buscando en esa última decisión que no nos beneficiaba la principal causa de la derrota,  me parecieron devolver a un escenario ya lejano.

Un escenario el cual apenas conoce los más veteranos de la plantilla, acostumbrados el resto a nadar en las aguas del continuo éxito. Un escenario que habla de malos momentos, de baches, de pobre juego y partidos difíciles de levantar. Un escenario que deja la excelencia fuera del guión, con un juego insulso sin apenas nada que destacar, y que deja el equipo al borde del KO.

Porqué si a algo se asemeja hoy este equipo, es a aquel boxeador que después de dominar el ring, recibe un golpe muy duro, y queda groggy a merced de su rival. El puñetazo en pleno rostro vino desde Italia, y sin capacidad de reacción, los blancos han aprovechado el aturdimiento del gran campeón, para asestar don nuevos ganchos, que están haciendo, que en estos momentos el once azulgrana deambule por ese cuadrilátero ficticio, a la espera de que suene la campana reparadora, que le permita respirar en su esquina  atendiendo las órdenes oportunas.

Unas órdenes, que no sé si es por el aturdimiento reseñado, ahora parecen llegar tarde y mal. Aunque tampoco me parece justo la forma en la que es criticado y vilipendiado Roura hasta límites que rayan lo soez. Y es que si hasta hace unos días todos hablaban del gran despliegue técnico de las instalaciones azulgranas, posibilitando el seguimiento del equipo desde nueve mil kilómetros de distancia. Si hasta hace unos días la comunicación vía móvil y whatsapp era los más de lo más, y la prueba fehaciente del trabajo bien hecho. Si hasta hace unos días, la profesionalidad de los jugadores y la instauración de un modelo hacían de la figura del entrenador algo así como un ente abstracto que sólo debía preocuparse en conservar y perdurar lo ya creado, ahora no puede ser que sea el último de los responsables, el principal artífice de esa falta de reacción.

No hace mucho defendía yo mismo la casi nula incidencia de un técnico de prestigio en el banquillo, ante la gran capacidad técnica y táctica de casi todo el grupo. Pero ha bastado un golpe, para hacerme ver, que ante momentos de zozobra es necesario saber que hay alguien que analizando desde una posición diferente, es capaz de sacarte del atolladero. Y es en este punto donde, según mi visión está fallando el equipo y el cuerpo técnico en general. Se siguen utilizando las mismas armas, los mismos conceptos, las mismas estrategias, y los mismos patrones de juego desde el minuto cero al noventa, y apenas hay variaciones, independientemente del partido que se juegue.

Siguiendo con el símil boxístico, tal vez hubiera sido momento, después de ese mal asalto italiano, de recogerse, de buscar las esquinas del ring y bailar alrededor de nuestro rival y esperar. Tal vez era momento de que la defensa fuera nuestra arma, y dejar pasar estos momentos dejando la iniciativa al otro. Tal vez no fuera el momento de buscar aire, descansar en campo propio, y con las fuerzas en su justo límite intentar golpear en momentos puntuales.

Tal vex sea el momento de jugar de otra manera, a la espera de que pase esa sensación de aturdimiento. Un par de malos asaltos los tiene cualquiera. Saber salir de ellos con el mínimo daño es clave. No dejemos que la cuenta llegue al diez. El KO absoluto sería un mal final para un combate el cual llevábamos tan bien encaminado. 

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