En la época medieval los señores
feudales lo dominaban absolutamente todo. Suyas eran las tierras, los caseríos
y lo que en ellos había, hasta sus inquilinos, sobre los que tenían todos los
derechos y éstos les debían honrar como lo que eran: sus amos. El señor de la
villa ejercía sobre los villanos, fuesen siervos o libres, una autoridad
patriarcal y una jurisdicción privada.
Bajo esta jurisdicción, el señor
feudal podía dictar órdenes y leyes,
impartir justicia, controlar todos los servicios, cobrar impuestos por estos
servicios e imponer tributos y sanciones. Y a su vez, establecer amnistías y excepciones
a su libre albedrío como máximo mandatario y único responsable de su
servidumbre.
Pues este sistema de gobierno que
parecía que había desaparecido a finales del siglo XVIII, parece que vuelve a
resurgir hoy con la decisión del presidente de la Federación Española de Fútbol.
Decisión que impone el perdón a Mourinho
y a Tito Vilanova por el famoso dedo
en el ojo que puso rúbrica a la última edición de la SuperCopa.
Cual gran mandatario, amo de sus
dominios, y cómo poseedor de sus derechos sobre ellos, José María Villar otorga su perdón a los máximos protagonistas del
hecho. Y así, con esta última acción, se cierra el círculo a la cadena de
despropósitos que el famoso dedazo ha dado a lugar. Y se cierra sin sanción
alguna para la acción más vergonzosa vista a un integrante de un banquillo.
Puede que haga falta recordar la
sucesión de los hechos, y cómo después de la agresión se tardó unos cuantos
meses en hacer pública la sanción definitiva, que ante el pasmo y sorpresa de
todos únicamente fue de dos partidos para el agresor, Mourinho, y uno para el agredido, Vilanova. Con ello, no sólo casi se equiparaba la acción de agresión
y reacción de los dos protagonistas, sino que a su vez, se creaba un precedente
único, según el cual el precio por acercarse al banquillo contrario y agredir a
uno de sus integrantes tenía una condena ínfima.
No contentos con esto, ahora,
bajo la celebración de la renovación de su cargo, que entiendo que es algo que únicamente
celebra el homenajeado, el señor del reino se muestra magnánimo y proclive al
perdón. Perdón que en ningún momento manifestó el técnico luso, por lo que ni
el arrepentimiento de una acción provocada en caliente puede usarse como atenuante
para tanta disculpa.
Llevo leyendo estos días, a raíz
de las celebraciones de la Eurocopa por los integrantes de la selección, artículos
sobre lo importante que es que estos jugadores sean conscientes de lo que
representan, y de cómo su imagen se proyecta a millones de persones que en
muchas ocasiones se identifican con sus acciones y formas de ser. Hace pocos días,
escuché una entrevista a Johan Cruyff,
en la que recordaba divertido las cartas que le hacían llegar miles de madres,
instándole a que se cortara su melena sementera, ante la imposibilidad de
llevar a sus niños al barbero.
Pues bien, Villar, ex-jugador, y ahora presidente o señor de la Federación
parece no andar muy por la labor, y con su magnificencia da la imagen de que todo
vale, y que por muy grave que sea el hecho, las consecuencias pueden ser
mínimas.
A mi, la verdad es que me es
indiferente si Mourinho está o no en
el banquillo, pero me da cierta rabia, o asco como diría el luso, ciertos tics
y acciones que parecen que nos devuelvan a épocas ya olvidadas. No logro
quitarme de la cabeza la imagen de Villar, corona en ristre y larga capa, alzándose
de su trono y proclamando a los cuatro vientos el perdón de los condenados,
esperando así el agradecimiento y servilismo de sus súbditos. Me parecen gestos
fuera de época y que nada tienen que ver con la modernidad actual.
Ahora, esperaremos a Mou en el
Camp Nou. Sin rencores. O sí. Esperemos que no se ofenda y se enfrente al público,
como parece ser que lo hizo hace pocos días con una aficionada, cuando ésta
cante a coro el grito de guerra culé: “Força
Barça”
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