Hace pocos
días leía una noticia impactante a la vez reveladora de nuestro tiempo, ya
que combina ignorancia y fanatismo, que dan lugar a ira y rabia, todos ellos
elementos muy presentes en la sociedad de hoy en día. El hecho sucedió en un Hospital
Lok Nayak Jai Prakash de Nueva Delhi,
donde un grupo de 6 médicos fue atacado por 25 personas mientras intentaban
salvar la vida de una chica de 16 años.
Puede parecer increíble, pero el hecho de que
estos médicos procedieran con el R.C.P.(Reanimación cardiopulmonar) y con la
respiración boca a boca con la chica que había sufrido el arresto cardíaco, fue
interpretada por familiares y amigos allí presentes como un mal comportamiento
con la paciente y un intento de aprovecharse de ella al quitarle la ropa para
proceder con el masaje cardíaco. La cosa empeoró cuando los médicos no
consiguieron salvar a la chica, ya que esas mismas 25 personas los acusaron de
haberla matado y ni siquiera los guardias allí presentes lograron contener la
ira y la rabia contra los médicos, teniendo que llamar refuerzos para contener
los ataques de vandalismo y agresión contra los doctores.
La ignorancia y la falta de criterio son directamente proporcionales al
grado de fanatismo. Y así desde posiciones limítrofes es cuando observamos
enjuiciamientos que poco o nada tienen que ver con la realidad. Me sirve este
ejemplo que nada tiene que ver con el deporte rey para enjuiciar las reacciones
que leo hoy en la prensa, sobre todo madrileña, una vez finalizada la primera
fase de la Eurocopa.
El fútbol como tal, tiene asociado como elemento principal la pasión, y ésta
desbocada y sin control lleva a la falta de raciocinio y a la defensa de
posturas sin sentido. Y lo más preocupante es que este hecho, lejos de producirse únicamente en los más
altos niveles de profesionalización, ocurre de la misma forma en el fútbol de cualquier
nivel. Allí donde se disputa un partido, allí donde se juntan veintidós jugadores
se crea un ambiente propicio para el desahogo. Poco importa si los jugadores
tienen cinco, doce, veinte o treinta años. Nada tiene que ver si el fútbol es
una actividad profesional o lúdica. Poco importa si el deporte se practica en
etapas de formación o en niveles de mayor responsabilidad.
No hay nada más dañino para el análisis de los hechos que hacerlos desde
una posición prefijada y un desconocimiento de los hechos. En mis años de
experiencia como entrenador de fútbol base he podido constatar de qué forma se
viven los partidos, y la visión que cada progenitor tiene del mismo. Un hecho
marca fundamentalmente el éxito o el fracaso de un planteamiento, de una
estrategia, de una concepción del juego; la presencia del hijo en la alineación,
el protagonismo del nieto en el partido o la visibilidad del sobrino en la
preparación de la estrategia. Y a partir de ahí, y sin tener en cuenta la
globalidad de un conjunto, cada una analiza el juego desde una perspectiva
individual.
Y así, con veinte individualidades en el campo, el entrenador que únicamente
ve el conjunto es su globalidad se encuentra en la posición de ser siempre
discutido. Discutido por el planteamiento, discutido por la alineación y
discutido por la estrategia.
Del Boque hoy me recuerda a cualquier entrenador rodeado de
una veintena de padres pidiendo explicaciones. Explicaciones de porque juega
este o aquel. Explicaciones por el cupo de jugadores de tal o cual equipo.
Explicaciones por la estrategia y el planteamiento. Explicaciones de porque
juega con nueve. O porqué lo hace sin él. Explicaciones de los porques de
acumulaciones de hombres en el centro. Explicaciones del porque del juego pausado.
Pobre Del Bosque, no sabe la que le
está tocando lidiar.
Y así al final de cada partido se encuentra rodeado por los “papas” de cada uno de sus jugadores.
Después del empate con Italia, estaban aquellos que intentando eliminar
cualquier influencia azulgrana abogaban como responsable del empate ante toda
una tetra campeona mundial, la no presencia de un nueve puro, y no pararon en
su acoso al “mister” hasta conseguir el objetivo de eliminar a ese “niño” que molestaba. Niño, llamado Cesc, que hasta la fecha lleva marcados
dos goles, y fue el autor de la asistencia definitiva en el último agónico
partido de clasificación.
“Papas” que lo idolatraron después
de que el Marqués recapacitará e
incluyera un nuevo “niño” en el once
titular. Ya jugábamos con el soñado nueve. Y el equipo lo note. Y cómo!!!.
Claro, que en ese análisis nada tiene que ver el paupérrimo nivel de un rival
que apenas podía hacer sombra a cualquier de los integrantes, no ya del once
titular presentado, sino de cualquier once presentado en uno de los muchos
equipos que componen la Liga BBVA y
Adelante.
Y “papas”, que nuevamente vuelven
al ataque, y que parecen descontentos por una victoria al límite. Y ya no basta
con que su “niño” haya vuelto a jugar. Ahora hay que jugar más rápido, más
directo, más profundo… Cómo lo hace ese entrenador del equipo de al lado. Poco
tiene que ver que el equipo haya sido pensado y configurado para jugar de una
determinada forma. Nada tiene que ver que es el tercer partido en apenas diez días
con unos jugadores que llegan al límite de sus fuerzas, después de una
temporada en la que han jugado todos los partidos posibles. Nada tiene que ver
que la concepción del equipo pase por una columna vertebral en la que sus “hijos” tienen un papel secundario. Esos “papas” quieren ver jugar a sus niños, y
además quieren que tengan un papel protagonista.
Y así desde esas posiciones fanáticas, que no entienden del significado del
bien común, y que sólo miran por su interés individual, puede que se consiga
que al igual que le ocurrió a esa niña en la India, la presión en la ejecución
de un trabajo haga que éste se vaya al garete, y se certifique así el final de
un ciclo de victorias. Entonces, llegará el linchamiento. ¿Apostáis conmigo quien
será el objetivo?
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