La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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jueves, 6 de febrero de 2014

Los mejores años de nuestra vida.

Sabía que iba a llegar este momento. Sabía que la depresión post-Guardiola sería un hecho. Sabía que la vorágine de títulos y emociones celebrados sin parar no hace mucho, haría que una cierta depresión nos invadiera cuando el carrusel de celebraciones tomará visos de normalidad. Sabía que lo que en su día marcaba la agenda de la semana, juega el Barça, dejaría paso a otras actividades que ocuparían ese lugar primordial.

Poco a poco, desde aquellos años locos, en los que encadenábamos partidazo tras partidazo, título tras título, locura tras locura, el equipo, sin un aliciente mayor al que agarrarse que supere aquello que ya logó, parece que se ha instalado en cierto acomodamiento, y cómo aquel que se levanta temprano cada mañana para acudir a un rutinario día de oficina, ahora, aquellos que nos deslumbraban, acometen su tarea de noventa minutos esperando que el tiempo transcurra entre anodino y placentero, para, salvo accidente, ir cumpliendo los expedientes que a día de hoy le mantiene vivo en todas las competiciones.

Pero algo se está perdiendo por el camino. Una ilusión que te pegaba delante del televisor, o en tu butaca en el estadio parece estar desapareciendo. Una ilusión, que independientemente de si eran las diez, las doce o las cuatro, hacía que en procesión acudiéramos al estadio, o a llenar los bares en busca de la última filigrana de Messi, del pase genial de Xavi, de la fantasía de Iniesta, de la bravura de Puyol, o de la elegancia de Piqué. Una ilusión por observar partido a partido noventa minutos diferentes. Noventa minutos que parecían veinte.

Y no quiero culpar a  los jugadores. Casi les entiendo. Y es que el reto cada tres días es el mismo. Un equipo cerrado nos espera, dos líneas muy juntas se instalan al borde del área rival. Un único punta, o en un alarde de valentía máxima, puede que hasta dos se descuelgan esperando el pelotazo que coja la espalda a nuestros adelantados, y a veces desesperados centrales. Y así partido a partido, los espectadores vemos el mismo espectáculo, con la única diferencia del color de la camiseta del equipo rival. A veces incluso cambia hasta la nuestra.

Y ahí están Pedro y Aléxis, cada uno a lo suyo intentando desbordar por banda. Ahí están Alba y Alves subiendo hasta la línea de fondo y poniendo centros a los que nadie llega. Ahí sigue Xavi, tocando, girando y buscando el pase más fácil sin encontrar el pasillo final. Y Messi, enjaulado, rodeado, obligado a buscarse la vida mucho más lejos de la zona en la que ha demostrado ser el mejor. Y Iniesta…., ¿dónde está Iniesta?

Vemos partidos de detalles.  Detalles que la calidad infinita de cada uno de los jugadores que forman el once azulgrana propician cada cierto tiempo. Vemos partidos de individualidades. Pero no vemos jugar al Barça. Hace ya algunos días que el equipo en sí está decayendo. Y las gradas, esas gradas que no hace mucho presentaban mosaicos dignos de la mejor foto, cada día presentan más color amarillo en su dibujo. Estarán contentos los patrocinadores del estadio, que pueden mostrar sus marcas incluso en los días de partido.

Ahora cualquier excusa en buena para no acudir al estadio. Un día hace frio, Otro es tarde, o incluso  muy tarde. O incluso puede que sea muy pronto. Hoy no juega Messi. Hoy jugamos contra el colista.  Cualquier excusa vale para quedarse en casa, y esperar el resumen del partido que muestre esos pequeños detalles que antes se sucedían desde el primer minuto de partido.


Ojala sea un ciclo pasajero, y la caída de biorritmos que solemos tener en los meses de enero y febrero, fruto de un calendario que apenas deja pausas sea la causa de este bajón. Quizás al oír las primeras notas del wagneriano himno de la Champions la energía regrese, y lo que hoy escribo, deje paso a una repetición de emociones, que a día de hoy me producen cierta nostalgia, y que sin ir más lejos, hace pocos días, me hizo acudir a mi baúl de los recuerdos, y rescatar de allí un DVD que escenificaba y resumía lo que fue la temporada perfecta, la temporada del sextete. Aunque el efecto fue contraproducente y observando cada una de las imágenes, y futbolísticamente hablando, no pude sacarme de encima al sensación de, parafraseando un sugerente título de una antigua serie de televisión, estar rememorando los mejores años de nuestra vida. 




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lunes, 19 de noviembre de 2012

El gol


El gol. La acción máxima del partido. El objetivo final de cualquier estrategia. La culminación, la definición, la finalización de cualquier acción de ataque. Puede ser de rebote, olímpico, de cabeza, de tiro raso, cruzado, al palo corto, al largo, de chilena, hasta puede que sea fantasma, En cualquier caso, existe una especie de depredador del área, con una intuición y un saber hacer diferente ante este tipo de acciones, un jugador que se convierte en especial  El jugador que cualquier equipo desea. El jugador que se convierte en Dios.

Un arte en el fútbol que no sólo vale por su definición, sino que a su vez, también lo hace por sus intentos de ejecución. Sólo hay que glosar la figura de Pelé, y sus casi goles. Su casi gol de más allá del centro del campo o su casi gol en una finta inverosímil ante la salida del contrario, casi son tan famosos como sus otros más de mil goles a los que ahora se agarra para seguir defendiendo su supremacía como el mejor.

Y que decir del conseguido hace semanas por el sueco Ibrahimovic, que ha pasado a ser casi leyenda con su estratosférico tanto ante la selección inglesa. Un gol que sumado a los otros tres conquistados en un mismo partido, le aupó a categoría de mito, e hizo correr adjetivos y elogios por doquier. Un gol que se ha dado por definir como el mejor de la Historia de este deporte. Un gol imposible sólo a la altura de jugadores con un talento especial, y que son capaces de concebir tal acción en su cabeza. Y es que si ya es meritoria la definición en si mismo, mucho más lo es su concepción y visualización. ¿Cuántos hubieran intentado esa acción? ¿Cuántos hubieran optado sin mas por un buen control?

Pero hay alguien que les supera. Alguien que semana a semana se mide a los porteros contrarios con una asombrosa facilidad. Un jugador que define y ejecuta casi de forma rutinaria. Un diez que enciende sus luces en una zona del campo donde a la mayoría se les apagan. Un argentino que ha convertido lo especial en natural. Lo extraordinario en cotidiano. Lo excepcional en rutinario. Es Messi.

Messi, que partido a partido, jugada tras jugada, nos recuerda que nadie hasta ahora ha visto puerta con tan mundana facilidad. Es verle encarar al portero y saber que un nuevo guarismo va a subir al marcador. Unas veces chuta con fuerza, otras acompaña, otras coloca, otras remata, y en muchas otras, parece que realiza simples pases a la red. Son goles y asistencias en uno. Asistencias que tienen como objetivo los pies de una red que espera recoger el balón con suavidad, y que lo retiene en allí, a la espera de que el cabizbajo portero lo recoja. Hasta en diecisiete ocasiones esta temporada ha conseguido este pequeño genio dejar allí posado el esférico. Diecisiete ocasiones de treinta y cuatro disparos a puerta. Un cincuenta por ciento de acierto que ya quisiera para si los máximos cañoneros de deporte de la canasta. Un futbolista con porcentajes superiores a cualquier alero de élite merece una definición aparte.

Todavía recuerdo aquellas Ligas, en las que los pichichis de nuestra Liga, se encaramaban a la privilegiada posición de número uno de estas listas, con apenas la veintena de goles superados. Juanito, Quini, Raul, Satrústegui, Vieri, Butragueño, Eto’o, Bebeto… son casi aprendices de goleador comparados con las prestaciones del diez azulgrana. Llegar a la treintena era hablar de números casi esotéricos. Forlán, Ronaldo, el brasileño, o Romario en su afán de cumplir su promesa inicial lo lograron. Sólo Hugo Sánchez y ahora Cristiano Ronaldo parecen poder acercarse a esa facilidad con las que el rosarino ejecuta.

Messi, que esta última jornada ante el Zaragoza, consiguió un nuevo doblete, el séptimo de la temporada. Messi que parece que nunca dice basta. Messi, a diez partidos de superar al máximo de los goleadores conocidos en un año natural; Müller. Messi, que en una sola temporada es capaz de marcar tantas veces cómo otros delanteros en toda su carrera. Messi, ese extraterrestre que minimiza al resto. Messi, un crack sin límites, un crack nacido para golear.


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viernes, 1 de junio de 2012

El niño que aún debe maravillar.


“El niño maravilla” le llaman. Y con ese apodo aterrizó en el Camp Nou. Después de unas largas negociaciones, el emergente jugador chileno, catalogado como mejor extranjero en el calcio, recaló en el Barça con la intención de hacerse con un sitio fijo en la delantera azulgrana.

Todo un país, Chile, estaba detrás de esa contratación, y pendiente de cada uno de los pasos que llevaron a Alexis Sánchez al Camp Nou. Toda una afición, la blaugrana, esperaba ansiosa el cierre del fichaje, para poder constatar “in situ” todas las alabanzas que desde Italia y su país natal nos llegaban.

Ya hace un año publiqué un artículo en este mismo espacio haciendo referencia a este jugador, y repasando su historial y estadísticas. En ese mismo artículo hacía alusión a la diferencia de nivel y exigencia existente entre los equipos en los que había despuntado y el Barça. Exigencia colectiva e individual iban a incrementar la presión a la hora de jugar. Los parámetros para catalogar sus actuaciones y temporada iban a variar, y los números presentados hasta la fecha no iban a servir como referente en su nueva situación.

Y la verdad, es que para mi, después de unos inicios explosivos, con la titularidad ganada a poco de aterrizar, la temporada de Alexis ha sido digamos, que irregular. No ha acabado de asentarse en el equipo, y las múltiples lesiones musculares sufridas han mermado en demasía su rendimiento. Y eso que parecía que Guardiola confiaba plenamente en él, ya que a poco que pudiera gozaba de puesto fijo en el once titular. Se pudo constatar en la última final disputada, donde desbancó a Cesc del once titular, e hizo para mi los mejores cuarenta y cinco mejores de la temporada.

Todo y así, no me ha parecido el jugador que se nos vendió desde los medios de comunicación. Hablaban de sus características principales, y entre ellas estaba el regate y el desborde individual como arma. Hablaban de un jugador de banda que desde allí explotaba un caudal inagotable de asistencias. Y hablaban de un jugador de lucha y brega que se desvivía por el equipo y que aportaba un plus en la recuperación del balón en la presión ofensiva.

Sólo se ha cumplido en mi opinión una de estas premisas. Yo he visto un jugador más apto para jugar en el centro y no en banda. Poco valido en el regate y en espacios en corto, y con unas enormes posibilidades en el balón largo y con metros por delante para correr. He visto un jugador bastante torpón en la utilización de su pierna izquierda, que le hace en muchas ocasiones evitar su uso. Me he encontrado con un jugador más de brega que técnico, más atleta que artista. Y por eso no me ha maravillado.

Me imaginaba en una visión futurista de la temporada, una delantera formando en banda con Pedro y Alexis, que desde el desborde y el quiebro iban a ganar la línea de fondo con facilidad, y con matemáticos pases de la muerte asistieran a todo aquel que penetrará en el área esperando la llegada del balón. Esperaba regates, fintas… No sé, esperaba otra cosa. Imaginaba a las defensas contrarias volviéndose locas intentando controlar a los extremos y abriéndose dejando a Messi más solo y con menos contrarios en su camino hacia portería. No esperaba que la táctica que ha demostrado ser el mejor antídoto contra el Barça fuera la de cerrar el espacio por el centro y dejar las bandas libres!!!.  Las bandas libres!!!!, ese espacio que estaba llamado a ver las incursiones del extremo chileno.

Poniendo una comparación, y para que se me entienda. Esperaba un jugador tipo Ribery, pero multiplicado por dos. Más joven, más hambriento, y con una proyección mucha mayor que el galo, tenía en mente a un jugador similar al Messi de sus inicios, que arrancando desde la banda, matará a sus rivales.

Finalizado el año, la próxima temporada con la idea de un jugador diferente al que se nos vendió espero ver el mismo Alexis que en el último partido disputado. Un Alexis que se asocié con sus compañeros y que alargue el campo con sus continuos desmarques en largo. Un Alexis algo más pausado en el juego de ataque, que le permita establecer paredes precisas con sus compañeros en el ataque. Un Alexis más clarividente a la hora del remate que le permita acabar con mejores porcentajes muchas de las ocasiones de las que dispone. En definitiva, un Alexis diferente al que se nos ofreció, pero que explote sus verdaderas condiciones sin limitaciones.

Y a su vez también espero, que en este periodo de fichajes, el Barça se decida por la contratación de un jugador desequilibrante desde el extremo, y que sea capaz, al igual que lo hace Messi desde el centro, salvando las distancias lógicas en la comparación, desbordar a su marcador en el regate corto, y obligar a las defensas a abrirse para salir en su busca.

Se reclama ahora un nueve puro, que ofrezca algo diferente ante el tipo de defensas cerradas. No creo que esa sea la apuesta. Eso ya lo vivimos con Ibra, y éste acabo desplazado del centro del área. Nadie puede ocupar el hábitat donde se mueve el mejor depredador jamás visto: Messi.


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martes, 22 de mayo de 2012

¿La mejor Liga del mundo?


Me hace gracia ver como en un intento publicitario de promocionar el espectáculo de la Liga BBVA, ésta se califica como “la mejor Liga del mundo”. Y me hace gracia porque si observo los datos de la recientemente finalizada edición, éstos me dicen que estamos muy, pero que muy lejos de este eslogan.

Para mi, la mejor de las ligas debe cumplir un requisito principal Ha de ser emocionante, ha de ser disputada, y ha de dar partidos de alto nivel semana tras semana. Como seguidor culé, obviamente sigo todos los partidos de mi equipo, y si puedo, intento estar al tanto y observar las evoluciones de nuestros máximos rivales, que en este caso, y desde hace ya casi un lustro se limitan a un único adversario: el Real Madrid.

Resulta descorazonador, y muy aburrido sentarse ante la pantalla del televisor con la ilusión de ver un partido disputado, y observar como a las primeras de cambio, e independientemente del rival al que se enfrentan los dos grandes, los encuentros quedan dilucidados en apenas media hora de juego. Son pocas las ocasiones en las que la disputa del partido me ha tenido en tensión durante los noventa minutos. Son mínimas las veces en las que he dudado de la victoria de cualquiera de los dos equipos. Son escasas las oportunidades en que se han podido contemplar partidos en un auténtico “tú a tú”.

Es cierto que ambos equipos tienen en sus filas a los siete u ocho de los diez mejores jugadores del mundo, que con una calidad contrastada nos ofrecen pinceladas y lujos al alcance de muy pocos. Una filigrana de Messi, un disparo estratosférico de Ronaldo, la magia de Iniesta, la visión de Xavi, un paradón de Casillas o un corte in extremis de Puyol nos despiertan a veces del letargo en el que a veces caen muchos de los partidos.

Es cierto que los números presentados por los dos máximos artilleros de la Liga son estratosféricos, son lo nunca vistos, y parecen que van a perdurar en el tiempo. Pero yo a su vez me pregunto, si estos números son así por la verdadera valía de quienes los consigue, o por la debilidad defensiva que muestran en ocasiones sus rivales. No pongo en duda la calidad ni de Messi, ni de Cristiano Ronaldo, para mí, dos superclases a la hora de definir, pero si que creo que los restantes equipos a los que se enfrentan tienen un bagaje defensivo muy pobre.

Y sólo hace falta remitirme a unos datos que deberían hacer reflexionar, y hacernos ver que algo ha de cambiar:

  • Más de treinta puntos de diferencia entre el primer y cuarto clasificado. No olvidemos que el cuarto clasificado tiene derecho a disputar la Champions, y que en las últimas ediciones, éste ha caído ya en la fase previa. No hablemos ya del papel del Villarreal este año, que no ha conseguido ni una sola victoria en la liguilla preliminar. No existe nivel para la máxima competición europea más allá de los dos grandes.
  • Apenas veinte puntos de diferencia entre el cuarto clasificado y la lucha por el descenso. Es la otra Liga, la de la emoción, la de los partidos igualados, pero que por el contrario adolece de la calidad necesaria para llamar la atención del espectador neutral.
  • Con estos números y esta diferencia, Barça y Real Madrid podrían empezar a disputar el campeonato en la jornada diez, y aún así seguirían optando a las dos primeras posiciones. ¿Qué pasaría si en cualquier Liga Europea un equipo iniciara el campeonato con -30 en el casillero?. El descenso estaría asegurado. En la Liga BBVA sería campeón.
  • Los registros de Messi y Ronaldo superan a los de más de la mitad de los equipos. Cómo ya he dicho antes, este dato, que dice mucho a favor de los dos delanteros, dice más bien poco a favor del resto de delanteras.
  • Y el resto de equipos, exceptuando el Valencia, han marcado menos de la mitad de goles que los dos grandes. Así, no es de extrañar que las manitas, los hat-tricks, los poker y demás registros escandalosos sean de uso común cada fin de semana, alejándolos de la excepcionalidad.

Por todo ello, creo que a pesar de haber disfrutado de un campeonato mediático, polémico e intenso, hemos estado muy lejos de vibrar con él. O al menos yo lo he visto así. Y la sensación final que me queda es la de aburrimiento. Y cómo consecuencia, la falta de atención a lo que sucede en el campo, hace girar en ocasiones el interés informativo hacía otras parcelas de los equipos, buscando en ellas la atención del lector y el espectador, que cada fin de semana lee unas crónicas que a tenor de la repetición de los guarismos, se vuelven repetitivas.

Y lo que más me preocupa es que creo que esta situación lleva camino de perpetuarse e incrementarse. No estamos muy lejos de aquellos años en los que las Ligas de baloncesto se decidían en un doble enfrentamiento entre catalanes y madrileños, convirtiendo el resto del campeonato en un mero trámite. La salida, para mi, es globalizar la competición, y al igual que surgió la Unión Europea, el mapa futbolístico ha de seguir unas pautas parecidas. Aunque utilizar esta comparación a día de hoy puede que no sea el momento más oportuno, ¿verdad?. Al menos, si se diera, casi podríamos asegurar que la victoria no siempre sonreiría a los alemanes, ¿no?


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lunes, 5 de marzo de 2012

Margen de error

En mis años de estudiante de Ciencias de la Educación, había una asignatura que solía atragantarse a la mayoría del alumnado: la estadística. La estadística es una ciencia que estudia la recolección, análisis e interpretación de datos, ya sea para ayudar en la toma de decisiones o para explicar condiciones regulares o irregulares de algún fenómeno o estudio aplicado, de ocurrencia en forma aleatoria o condicional.
   
Uno de los conceptos iniciales que se estudiaba en esa asignatura era el cálculo del margen de error. Y así se define como error muestral o error de estimación aquel tipo de error provocado al observar una muestra en lugar de la población completa. Poniendo un ejemplo práctico, podríamos fijarnos en las actuaciones del último árbitro Velasco Carballo en los encuentros en los que el F.C. Barcelona es uno de los contendientes.

Aplicaríamos un margen de error excesivo si tuviéramos en cuenta una única acción punible dentro de las áreas. Es decir, sería tendencioso decir que sus actuaciones son premeditadas si valoramos el total de su actuación teniendo en cuenta una sola jugada dentro del global de sus intervenciones. En este caso la muestra no sería completa, y el error de estimación de cualquier afirmación sobrepasaría los límites que dicta la estadística. En cambio, si en lugar de ceñirnos a una única acción, repasamos sus arbitrajes en cada uno de los partidos pitados a los blaugranas, y constatamos, que de un total de cinco acciones, declaradas por todos como penalty, en ninguna de ellas hubo acierto por parte del colegiado, el margen de error disminuye, y casi se puede asegurar con un mínimo error de apreciación, que las actuaciones del colegiado madrileño en contra de los intereses azulgrana son premeditadas.

En fútbol, a diferencia de la estadística, se obvia este término, y el error arbitral suele catalogarse como “error humano”. Es del todo cierto, que la toma de decisiones en décimas de segundo aumenta el riesgo de cometer fallos de apreciación en las jugadas más confusas. Es también verdad, que la posición que adquiere un árbitro en el campo puede hacer ver la jugada de forma diferente a la que muestra una cámara de televisión. Pero también lo es, que en cualquier actividad profesional que se precié, y la arbitral lo es, la persistencia en el error lleva a la degradación o el abandono de las funciones que se desempeñan. No habrá ningún directivo de empresa que equivocándose en el cien por cien de las decisiones claves en el desempeño de sus funciones siga en su puesto. No habrá ningún jugador, volviendo al terreno futbolístico, que marrando el cien por cien de los penaltys que ejecute siga lanzándoles. Por tanto, es óbice pensar, que siguiendo el mismo rasero, no debería haber árbitros pitando en la máxima categoría del fútbol con un índice de acierto tan escaso.

No creo que en la zona mixta del Camp Nou, Piqué hiciera estas reflexiones cuando hablaba de una actuación premeditada del árbitro. El central azulgrana también cayó en un error de estimación al valorar la actuación arbitral teniendo sólo en cuenta una jugada, una muestra, del total de jugadas claves del partido. Y he de decir que aquí, si que para mi, hubo acierto. Ya no por la gravedad de la falta, que por si sola no era merecedora de tarjeta, sino por la situación de la jugada, que podría considerar a Piqué como último defensor, y por tanto, merecedor de la roja tal y como dicta el reglamento.

Ahora, el Colegio Arbitral, ofendido por las palabras de Piqué ha presentado denuncia al Comité de Competición, instando a una sanción por la gravedad de la afirmación. Si en este punto, repasamos también cual ha sido la reacción de este mismo Colegio, con el mismo dirigente, con los mismos órganos rectores en los dos últimos años, y tomamos como muestra sus acciones a lo largo de las dos últimas campañas, observaremos que, después de haber sufrido en ellas ataques y desprestigios constantes por parte de los perseguidores azulgrana, nunca, y digo nunca, éstos presentaron alegaciones. Y estamos hablando de episodios tan lamentables como la amenaza directa en el parking de un estadio, o la utilización de la palabra robo en muchas de las apariciones en sala de prensa. La estadística en este caso, dictaría que las palabras del central catalán deberían tener el mismo tratamiento que las de otros compañeros en situaciones parecidas, pero parece ser que también en este caso la ciencia se equivoca.

Y es por estas y otras muchas causas, en las que Guardiola se apoya para hablar de la imposibilidad de conseguir este Campeonato. Por un lado, el alto índice de acierto de los merengues hace que estadísticamente sea imposible que éstos cometan cuatro tropiezos en los escasos tres meses que restan de competición. Por otro, y ciñéndonos nuevamente a la estadística, también es harto difícil que los blaugranas no lo hagan en algunos de los desplazamientos que le restan, aumentando así aun más las posibilidades de éxito de su rival. Y por otro, y aunque Pep no lo diga, también es cierto, que aplicando la tendencia que sigue la actual competición, y utilizando el dato que marca que a día de hoy son ya más de diez los penaltys no señalados al equipo azulgrana, la variable “error humano”, seguirá ejerciendo su papel como hasta ahora.



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martes, 21 de febrero de 2012

El extraño caso de la renovación de Guardiola

Como cada año por estas fechas, y desde que Guardiola es entrenador del F.C. Barcelona, la noticia más esperada y el tema más manido, es el de su renovación. Cada mes de febrero, la historia se repite, y como en un bucle infinito las portadas y noticias de los diferentes medios se fotocopian año tras año. ¿Renovará Guardiola?

Y normalmente, cada año, una vez finalizada la vorágine de partidos que supone la disputa de las eliminatorias de la Copa del Rey, el técnico azulgrana, decide que ha llegado el momento de estampar su firma en un nuevo contrato y prorrogar su continuidad un año más. Está manera de hacer, viene cimentada, entiendo, en su conocimiento del club, y en la mala experiencia que Pep tuvo en el momento de su adiós como jugador azulgrana. Hay que recordar, que el de Santpedor, después de haber protagonizado la etapa más espectacular de la historia culé, que él mismo se ha encargado de superar como entrenador, tuvo una salida más bien triste del club que lo vio crecer.

Pero aún y así, suena raro, parece extraño, ese continuo dilema que se plantea año tras año, y que hace tener al club, jugadores y seguidores en ascuas, preguntándose si la ansiada firma de Pep llegará. Y digo que es extraño, porque en este mundo cambiante que nos ha tocado vivir, una de las aspiraciones que buscan la mayoría de los humanos es la estabilidad. Ante la disyuntiva entre un contrato fijo, o uno temporal renovable año tras año, la mayoría, por no decir el noventa y nueve por ciento de las personas elegirían la primera opción.

Pero Guardiola no. Guardiola duda, y la pregunta es el origen de esa indecisión. Normalmente la duda se origina a partir de un pensamiento negativo. El “no” poder enfrentarse a un objetivo con el pleno convencimiento de su consecución nos genera dudas en cuanto a las posibilidades de llevarlo a cabo. Es por tanto evidente, que algo no cuadra en la cabeza del técnico azulgrana. Aparentemente el hecho de que una persona deba enfrentarse a una dificultad es un perjuicio, y ahí podría radicar una de las causas de esa demora. Guardiola entrevé una dificultad que entiende que no puede superar.

¿Pero cuál es esa dificultad? ¿Los jugadores? El técnico azulgrana se encuentra rodeado de jugadores que le aprecian, y que no paran de enviar mensajes abogando por su continuidad. Pep, cogió un grupo derrotado, y sumido en el caos, y lo llevó en menos de un año a las más altas cotas del universo futbolístico, alcanzando logros sin igual en la historia de este deporte. Título a título, temporada a temporada, los jugadores supervivientes a las altas exigencias del técnico, han crecido tanto de forma individual como colectivo. No es de extrañar por tanto, la veneración que éstos profesan por su técnico. Veteranos, que no desean vivir otra era de desastres en los últimos años de su carrera, y jóvenes, que ven cómo la filosofía de cantera del técnico les abre las puertas de un vestuario, que no hace muchos años les estaba vetada.

¿La exigencia de la afición? Si bien es cierto que en el fútbol, el pasado no existe, y que la historia se escribe casi partido a partido, también lo es, que la afición azulgrana suele ser bastante complaciente con aquellos que le han dado triunfos. Y así, ahora el crédito que Guardiola se ha ganado después de tres años increíbles en casi infinito. Y a pesar de algunas voces discordantes, que abogan por la magnificencia de la plantilla como la clave del éxito, en su mayoría el socio y aficionado culé, ve a Pep y su equipo técnico como las claves de un cambio de mentalidad en el habitual pesimismo de la entidad.

¿Será el entorno del club? Es de todos conocido el “feeling” que mantenían Laporta y Guardiola, en la anterior etapa presidencial. Etapa que no hace falta recordar como finalizó, y que mantiene aún vigente un proceso judicial contra el expresidentes azulgrana por los abusos económicos durante su gestión. Proceso judicial ante el que Pep se ha postulado de forma totalmente transparente haciendo ver su desacuerdo por las medidas tomadas por la actual junta. Pero también es cierto que ésta, ha puesto todas las facilidades posibles para que el cuerpo técnico se encuentre cómodo en sus funciones, y ha realizado todas las gestiones que éste ha requerido, tanto en forma de fichajes (Cesc y Aléxis), como de bajas (Ibrahimovic como caso más sonado).

Analizado así, pocas son las dudas que Pep debería tener. Teniendo a su lado, a directiva, equipo y afición, casi se podría decir que tiene comiendo en su mano a la totalidad de los estamentos que sostienen el club.

Y aquí, debería tener Guardiola presente, que él a su vez, también ha crecido al albor de la grandeza del club. Club que le ha permitido hacer y deshacer a su antojo. Club que le ha dado todo lo necesario para desarrollar su trabajo. Club que necesita, una planificación conforme a su grandeza, y que no puede quedar continuamente a las expensas de una única persona. Debe ser Guardiola, el primero en entender, como hombre de club que es, que esta continua exposición a los medios, es un arma más de presión, que se suma a la que ya tiene como técnico del equipo más laureado del momento.

Por otro lado, estamos presenciando la primera temporada, en la que el equipo no ha rendido como en las precedentes. Y mereciéndolo o no, se encuentra muy distanciado del liderato. Tan distanciado, que hace casi imposible la reedición del título de Liga. Una visión simplista de la situación, podría dar a entender que cual capitán del Concordia, el máximo representante de la nave se baja en el momento que más se le necesita. Ese también debería ser un planteamiento que Pep se debería hacer en el momento de tomar su decisión.

Decisión, que si tanto se demora, será porque está más cerca del “si” que de la negación. Aunque es su defensa, os dejo una frase de Henry Ford, que resume la actual situación:

“Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes... estás en lo cierto.”



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lunes, 13 de febrero de 2012

De las Cruyffadas a las Guardioladas

El año pasado, con motivo del primer clásico de la temporada en el Camp Nou, el diario deportivo Marca, utilizó en sus páginas centrales un término para definir el rifi-rafe que Pep y Cristiano Ronaldo tuvieron en la banda en la disputa de un balón por un saque de banda. El diario madrileño definió esta acción como Guardiolada, y la aupó a uno de los momentos estelares del partido.

Los culés, sin embargo, haciendo caso omiso a esta definición, adoptaron el término, y lo convirtieron en sinónimo de otro utilizado años atrás: cruyffada. Y es que ambos términos, por definición, para los blaugrana, hacen referencia a aquellas decisiones tácticas incomprensibles, que hacen, que o bien, el once inicial esté compuestos por nombres del todo inesperados, o bien, que las posiciones que estos adoptan en el campo sean del todo antinatura. Ejemplos de una y otra, de cruyffada y guardiolada tenemos varios a lo largo de las largas trayectorias de ambos técnicos en el banquillo azulgrana. Desde los fichajes de Romerito, Escaich o Korneiev,  disposiciones tácticas del equipo del holandés cada vez que visitaba el Bernabéu, debuts de canteranos como el de Lucendo, e infinidad de sorpresas e innovaciones tácticas fue el legado de Johan Cruyff en sus ocho años como entrenador. Ocho años que debemos recordar fueron la primera de las etapas gloriosas de los culés de mi generación y el anticipo de la que ahora estamos viviendo.

Guardiola que mamó de las fuentes del holandés, se apuntó al carro de la innovación y la sorpresa y poco a poco con el paso de los años, y una vez asentado como el mejor técnico culé de la historia, ha ido dejando muestras de esta capacidad de sorprender. Capacidad que le ha llevado a tomar a veces decisiones discutidas y que le han puesto en el disparadero de la crítica. La posición de Puyol en Valencia, la utilización de canteranos en momentos de responsabilidad, las aventuras de Alves como extremo, o las de Busquets como central, los fichajes de Chigrinsky o Ibrahimovic, y la última alineación en el partido que casi ha dejado al equipo en esta Liga sin opciones, pueden ser ejemplos de decisiones que no obtuvieron el resultado deseado.

Es curioso, que sean, precisamente estos dos técnicos, Cruyff y Pep, los más laureados de la historia culé,  los que hayan visto bautizadas sus decisiones con un término propio, que en la mayoría de ellas se ha utilizado como críticas por su extravagancia y sin sentido. Es extraño, que no nos hayamos parada a reflexionar, sino es precisamente por esa valentía por llevar a cabo propuestas que otros ni siquiera pueden llegar a pensar, que ambos, Pep y Cruyff, hayan llevado al equipo a cotas que no admiten comparación con cualquiera de los técnicos que han ocupado el banquillo en la larga historia que nos representa.

Porqué por la misma regla de tres, nunca hubiéramos presenciado la defensa de tres que el técnico holandés importó de su Holanda natal. Nunca hubiéramos asistido al nacimiento de la figura del cuatro azulgrana, que asemejándose al papel del “quaterback” en el fútbol americano se convirtió en el jugador ancla a través del cual giraba todo el juego del equipo. O nunca, hubiéramos visto como nuestros porteros se convertían en los primeros defensas del equipo, y el primer constructor de las jugadas de ataque. Todo ello fueron aportaciones de Cruyff, todo ellos fueron cruyffadas que ningún otro técnico había tenido la osadía de utilizar, y ni siquiera plantear.

Y también por la misma regla de tres, y probablemente si Guardiola no hubiera llegado el banquillo blaugrana, nunca hubiéramos disfrutado de Messi como falso delantero centro, en una decisión que fue clave para el histórico dos a seis en el Bernabéu. Nunca hubiéramos visto como por ejemplo en esta temporada, ante el Villareal en casa, un equipo sin laterales jugó casi el mejor partido del año, haciendo uso de centrocampistas en esa posición. O nunca, por ejemplo hubiéramos asistido a la táctica del 3-7.0 del último Mundial de Clubs y que dejo boquiabierto al técnico brasieleño y casi sin capacidad de respuesta. Éstas, como las anteriores nombradas también son guardioladas, y con ellas, el equipo ha conseguido crecer. Lo ha hecho de forma  permanente con la utilización de Messi como falso nueve, que ha llevado a que el jugador se convierta en el mejor delantero de la historia del equipo, a punto de reventar todos los registros de sus antecesores. Y lo ha hecho de forma circunstancial sabiéndose adaptar a las dificultades que la competición le presenta en forma de lesiones o bajos estados de forma.

Innovar y crecer por lo tanto son dos términos parejos que no se pueden desasociar. En uno de sus artículos escritos en La Vanguardia, Jordi Canals hacía referencia a un libro de Amar Bhidé (Columbia University)  en el que hablaba del crecimiento económico y en el que defiende que la única salida a la crisis actual está en la capacidad de innovar. El autor americano argumenta que la mayoría de éxitos empresariales en Estados Unidos, han venido por la capacidad de las empresas de trasladar sus proyectos innovadores al mundo real, y hacer patente apuestas valientes que sólo estas empresas se han atrevido a llevar a cabo. Sólo así se entienden éxitos del calibre de empresas como Google, Amazon o Apple. Empresas que abandonando las líneas uniformes de sus competidores y han sabido crecer con sus particulares guardioladas o cruyffadas. Y es que como decía Steve Jobs: “La innovación es lo que distingue al líder de sus seguidores”. Probablemente en esa frase este la respuesta de los porqués al éxito y el carisma de los dos más grandes iconos del banquillo culé en más de cien años de historia.


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martes, 31 de enero de 2012

Una realidad paralela

La alegoría de la caverna de Platón  es probablemente una de las metáforas más delicadas de la historia de la filosofía. En el siglo V antes de nuestra Era, Platón se adelantó al mundo de Matrix. Su alegoría de la Caverna es el ejemplo más claro de la existencia de una realidad paralela a la que nuestros sentidos difícilmente pueden llegar.

Platón presenta la imagen de unos hombres condenados a vivir en una caverna, atados de pies y manos. La única fuente de luz que poseen es el reflejo de un fuego que tras ellos proyecta extrañas sombras sobre las paredes. Todos sus sentidos están velados, distorsionados, y así, incapaces de conocer nada más que lo que se presenta ante ellos, atemorizados por los juegos de luces y sombras sin sentido aparente, pasan sus días.
 
Llegado cierto momento uno de los hombres allí atrapado, intrigado y movido por un impulso interior que le apremia a buscar más allá, consigue zafarse de sus cadenas y vencer el temor que le infunde su entorno, avanzando por la gruta hasta su salida. La luz del sol le ciega en un primer momento pero poco a poco sus ojos comienzan a adaptarse y empieza a disfrutar del espectáculo que se presenta ante él: un mundo luminoso, lleno de colores y matices. Quedarse allí resulta tentador, pero habiendo contemplado la realidad, siente la obligación moral de compartirla con sus compañeros, de modo que descenderá de nuevo a la caverna para salvarles de su esclavitud.
 
Pues así me siento yo estos días, embutido en una realidad paralela, y aprisionado por los tentáculos cavernarios, que intentan hacerme comulgar con una realidad muy distinta de la que es. 
 
Una caverna que me habla de “dodotis” y de “canguelo” como único referente a casi tres años de excelencia culé. Una caverna que me quiera hacer ver que todo lo conseguido no es tal, y que la luz que ilumina la trayectoria azulgrana se está apagando. Y yo, me intentó zafar de esa visión, y miro y miro buscando la luz. Y así, repaso el vídeo del último “canguelo” azulgrana, y concentrándome en los últimos veinte minutos, no atisbo a ver los porqués de ese argumento. Ni una sola vez, ni una, puso el Madrid en la tan cacareada vuelta de la Copa a prueba al portero azulgrana, mientras que la portería blanca fue asediada por tres disparos que no acaban en gol de milagro. ¿O acaso hace falta recordar a esos cavernícolas, la táctica del entrenador merengue en el primer partido de esa semifinal? ¿Fue una táctica valiente? ¿Innovadora? ¿O fue una táctica instalada y pensada desde el miedo? ¿Miedo no es sinónimo de “canguelo”?
 
Una caverna que en sus tinieblas quiere hacerme ver que el equipo azulgrana está en crisis. Un equipo que en tres años y medio de competición ha dejado, excluyendo la Champions conquistada por el Inter, únicamente migajas por recoger a sus rivales. Si, migajas. Y es que la Copa del Rey, es, ha sido y será siempre el tercer torneo en el orden jerárquico de una temporada, por mucho que en la temporada pasada se le quisiera dar una importancia mayor. ¿O acaso no cambiaríamos los culés con los ojos cerrados los números en el palmarés de Ligas y Copas con nuestro rival?
 
Un equipo que en lo que llevamos de curso futbolístico ha conquistado ya tres trofeos, uno de ellos ante su máximo rival, y que sigue vivo en el resto de los que quedan por competir, eliminando y dejando sin opciones a ese mismo rival en uno de ellos, es un equipo que la palabra más lejana para definirle es crisis. Un equipo que se mantiene vivo, ilusionado, y que como todos puede perder. Faltaría más. ¿O acaso pretendemos también los culés vivir en un bucle infinito en el que las Ligas y Champions se repitan por doquier y sin oposición? ¿O acaso hay algún aficionado culé, que cambiaría el status actual del equipo por el de cualquier otro de nuestra Liga? ¿Y del continente europeo? ¿Y del concierto mundial? El Barça, y ese es el único dato objetivo válido, es el único equipo que opta todavía a la conquista de todos los títulos posibles. Nadie puede decir lo mismo.
 
Una caverna que a través del fuego que ilumina de forma oscura todos sus rincones, intenta hacerme ver que el discurso de Guardiola es impresentable, y que éste tiene un doble perfil. Aquí ya por repetitivo el tema resulta cansino, y es que como únicos argumentos en su contra, se presenta una palabrota en una rueda de prensa y una queja ante un fuera de juego. Sí, si…. Guardiola dijo “puto”.. uuuuiii!!!... que palabrota!!!!. Y sí, Guardiola se quejó una vez de un linier, diciendo que había estado muy fino en su acierto. ¿Hace falta ahora enumerar aquí las contrapartidas de su oponente? ¿Hace falta, hacer ver la luz a todos aquellos que viven en la oscuridad? ¿O acaso ya nadie recuerda la lista de los trece errores, la polémica con Preciado, con Cani del Villarreal, el dedo en el ojo, el episodio en el parking, la rueda de prensa del porqué? 
 
Una caverna que entre tinieblas me quiere hacer ver que Messi es un jugador polémico y piscinero. Y que rescata imágenes en una larga trayectoria de ya siete años en primera división para mostrar todas sus acciones de “chico malo”. Que si un balonazo, que si un escupitajo, que si un intento de engaño en Anoeta, uno!!!!!. Un jugador para el que se ha abierto el periodo de veda en la Liga, y que recibe más patadas que el resto de los integrantes del equipo. Un jugador que hace del regate, la conducción vertiginosa y las asistencias inverosímiles su tarjeta de presentación. Un jugador que apenas levanta la voz ante acciones casi salvajes, y del que todavía no se entiende que se mantenga intacto y con su estructura ósea al completo. Un jugador, eso sí, que esta semana se ha atrevido a llamar “soberbio” a un árbitro en el insulto más grande que se recuerda en la historia de este deporte.
 
Como decía Platón, el periplo de este “cavernícola” hacia la contemplación de la verdadera realidad es aquel al que tratamos aproximarnos todos en nuestra búsqueda del conocimiento. Debemos, como aquel hombre, salir de la caverna, superar las meras percepciones, liberándonos de sus cadenas para así escapar de las sombras.


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¿Cuestión de suerte?

Después del último empate del Barça en Villarreal, que hace que el equipo se haya situado a siete puntos del liderato, mensajes y opiniones de todo tipo se han generado en torno al equipo y sus jugadores. Sospechas de autocomplacencia, de jugadores no centrados en su trabajo, teorías sobre los arbitrajes, mensajes apocalípticos que ya dan por perdida la competición se unen a su vez a otros, que viendo y confiando en unos jugadores que han llevado a la institución donde nunca soñó, plantean la remontada como un nuevo reto que los haría únicos. Unos y otros deberíamos pararnos un momento, y pensar en el carácter lúdico de este deporte.
  
El fútbol en su concepción, no deja de ser más que un juego, y como tal la suerte y el azar son aspectos que han de ser tenidos en cuenta en cualquier competición. La suerte en sí tiene que ver con que las cosas salgan bien o mal para alguien de forma fortuita e imprevista. El diccionario inglés de Oxford define el término de la siguiente manera: "el acontecer fortuito de un suceso favorable o adverso para los intereses de una persona".  Con suerte nos encontramos en situaciones en el que el resultado de todo aquello que intentamos nos es favorable, y el encadenamiento de varias de estas situaciones provoca a menudo tendencias, provocadas por la confianza que da sentirse seguros en la ejecución de nuestras acciones.
  
Así, esta temporada, si repasamos los partidos que hasta el momento han disputado los azulgranas, veremos que la tan manida “suerte de los campeones”, les está siendo esquiva, y que a poco que ésta se hubiera dejado caer en los pies de los delanteros azulgranas la ahora tan insalvable barrera de siete puntos no sería tal. Con cuatro acciones decididas por centímetros, estaríamos hablando de una temporada excelsa. Cuatro acciones que han marcado el devenir de esta temporada, y que hacen que ahora, en algunos círculos se dude ya de este equipo. Las enumero a continuación:
   
·        Barça-Sevilla (0-0).  Min 90. Penalty errado por Messi, en una actuación antológica del portero sevillista, que nunca más ha vuelto a repetir (-2 puntos).
·        Getafe-Barça (1-0). Min 90. Uno contra uno de Messi finalizando con un lanzamiento claro a portería que da en la base interior del poste. (-1 punto).
·        Espanyol-Barça (1-1). Min 90. Uno contra uno de Piqué finalizado con un lanzamiento a bocajarro que da en la base interior del larguero. (-2 puntos).
·        Villarreal-Barça. (0-0). Min 88. Chute de Cesc a puerta vacía que se pierde por encima de la portería, amén de un lanzamiento al larguero (-2 puntos).
 
En definitiva, cuatro acciones y siete puntos, que por cuestión de centímetros no acabaron en gol, y todas desfavorables. Sólo que en alguna de ellas el factor “suerte” se hubiera decantado a favor de los azulgrana los números en la clasificación serían muy diferentes. Es cierto, que a lo largo de la competición acciones de este tipo se pueden dar tanto a favor como en contra, pero, en este ejercicio liguero son difíciles de encontrar acciones en sentido contrario que pudieran ejercer de contrapeso en la balanza de puntos. Por eso, hasta ahora, se puede asegurar que el equipo no está acompañado por uno de los aspectos claves de todo juego.
  
 La suerte interrumpe el devenir normal de los acontecimientos. En consecuencia, no tenemos ciertamente derecho a esperar que "la suerte nos sonría". Es precisamente porque vivimos en un mundo en el que las cosas no salen normalmente así por lo que tendemos a pensar que cuando los acontecimientos nos son favorables es algo extraordinario, y por ello decimos que "hemos tenido un golpe de suerte". Tener "una racha de buena suerte es más inusual y por lo tanto, merece la pena que se celebre. 
   
Ahora bien, no todo puede ser explicado desde este factor, y está claro, que si en los cuatro encuentros reseñados no se hubiera llegado con un marcador tan ajustado al final de cada partido, el “factor riesgo” hubiera quedado reducido al mínimo, y las acciones descritas pasarían a formar parte del anecdotario de una temporada, en la que ya se suman quince disparos al palo. 
   
También es cierto que la suerte abandona la escena cuando ésta se asocia a decisiones unidas a la habilidad, el talento, la intuición y el esfuerzo. Las cosas que salen mal dada la falta de diligencia, esfuerzo y habilidad, o las que salen bien gracias al ejercicio de éstas no pueden achacarse propiamente a la mala suerte. Aquella persona que le sale todo mal por ser un incompetente es desafortunada, pero no se puede decir que no tenga suerte ya que el resultado de sus acciones es absolutamente "el esperado". No creo que en las acciones descritas, exceptuando tal vez el lanzamiento del penalty, los jugadores dieran muestras de poca habilidad o nulo esfuerzo en su ejecución, por lo que, sí que el azar puede ser aplicado como factor en la mayoría de los casos. 
   
Por  lo tanto, siempre que hablemos de suerte, entra en juego el riesgo, lo imprevisible, dejando un hueco a la sorpresa. Siempre que los acontecimientos nos sean favorables y sean fruto del esfuerzo, y que nos sean adversos por causa de errores, culpas o fallos, es decir, cuando la casualidad no intervenga, no podemos hablar de suerte. ¿Es casual, por tanto, tantos tiros al palo?  ¿Es lo imprevisible de este deporte lo que nos hace que ahora contemplemos al líder en la distancia? ¿Es maximizar el riesgo decidir los partidos en dos o tres acciones aisladas? 
  
Lo peligroso de la suerte es que donde una parte corre con todos los riesgos, sólo uno puede tener suerte. Y así, ahora, parece que ésta ha tomado el camino esquivo para los intereses azulgrana. Deberá el equipo esperar que sin abandonar la línea del esfuerzo y la implicación aparezca una de las características propias del azar, su imprevisibilidad, reflejando éste en la  inconsistencia y lo variable de la suerte. Un proverbio escocés de 1721 dice: "Detrás de la mala suerte viene la buena." (Lo contrario es también cierto). Hay otra vieja máxima que dice: "La única cosa segura de la suerte es que cambia." Veremos si en esta segunda vuelta recién comenzada se cumplen.



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lunes, 30 de enero de 2012

Lo superfluo y lo importante

Han pasado ya varios días desde que el FC Barcelona se clasificó para la disputa de las semifinales del torneo de Copa. Eliminatoria, que no hay que olvidar, sirvió para eliminar al actual campeón, y para situarse a un paso de la disputa de una final, que quedó pendiente en el haber del este equipo al ser el único título no conseguido en el pasado ejercicio. Torneo, que hace poco tenía un valor incalculable, y que llegó a ser calificado por su vigente campeón, como el mejor de la historia, y como la prueba concluyente de que las distancias entre merengues y blaugranas se habían recortado a la mínima expresión.

Y eso es lo importante, y lo que realmente tiene valor ahora. Han pasado los días, y ya casi en las puertas del primer partido de semifinales se sigue hablando del partido del pasado miércoles, y del brillante partido merengue en feudo culé. La resurrección de Ozil, la implicación de Kaká, el lavado de imagen y demás teorías sirven para ocultar el verdadero y único hecho realmente constatable: la clasificación azulgrana.

Se siguen proyectando imágenes de la afición azulgrana en pleno sufrimiento, que veía con nerviosismos como se pasaba de una posible goleada, después de los dos goles de la primera parte, a una más que cercana remontada, en un segundo tiempo en el que la zozobra e inseguridad inundó la zona defensiva azulgrana. Se sigue repitiendo la foto, en la que el entrenador merengue, en una imagen rayana la delincuencia, se muestra apoyado en el coche del trío arbitral, a la espera de recibirle e increparle por su desacertado criterio en algunas de las jugadas del clásico. Se nos muestran hasta la extenuación las palabras de un tal Paramés, que en el papel del portavoz del mismo técnico se ve cualificado para insultar de forma contundente a uno de los verdaderos protagonistas de este duelo, que con un golazo estratosférico selló la clasificación de su equipo en el torneo. Y se nos repiten hasta la saciedad, las palabras de Xavi, que en un “off the record”, no deja de reflejar los que muchos de los aficionados culés y socios del equipo han sentido tras los diferentes y repetidos clásicos de estas dos últimas temporadas. En definitiva, todo tipo de acciones superfluas y sin ningún tipo de importancia que nuevamente vuelven a tapar el único hecho realmente constatable: la eliminación merengue.

Leía el otro día un artículo de Francisco Alcaide Hernández, en el que hablaba y defendía el auténtico valor de lo que significa la palabra liderazgo. Defendía el autor, que todo líder debe ante todo hacer de la autorresponsabilidad la principal característica de su gestión. Las culpas ajenas, los factores externos, las excusas del entorno sólo sirven para ocultar muchas veces acciones propias que han desencadenado un mal resultado. Hablaba el autor de cómo en un entorno de crisis económica galopante, en el que día tras otro grandes y pequeños negocios cierran sus puertas, la principal razón en el que apoyan sus dirigentes es en la penuria económica que nos rodea. Y así como en épocas de crecimiento y bonanza el auge de los negocios se achaca casi exclusivamente al éxito y perseverancia de la persona, en situaciones contrarias es el entorno el que lo condiciona, sin pararnos muchas a veces a pensar si las acciones propias tienen algo que ver. Y así ocurre lo mismo en el fútbol, donde ante la derrota lo superfluo sale a flote, y las decisiones arbitrales y demás factores que poco tienen que ver con el juego se imponen a lo realmente importante; las decisiones tácticas tomadas a lo largo de la disputa de un encuentro o eliminatoria. O nadie recuerda ya como hace dos semanas los blaugrana salieron victoriosos del Bernabéu, con una ventaja mínima, que a poco que la suerte les hubiera acompañado hubiera ya dejado sentenciada la eliminatoria?

Hoy, parece que en una vuelta a la tortilla todas las noticias destacan un hecho fácilmente constatable: la diferencia de siete puntos entre los dos máximos aspirantes de la Liga. El Barça, con unos números muy alejados a la temporada anterior está sufriendo en sus desplazamientos una sangría de empates que, ya en el ecuador de la competición, le han restado trece puntos en su casillero. Si atendemos al hecho, que  en toda la campaña anterior, el equipo únicamente cedió once puntos como visitante, de los cuales cinco fueron cuando ya había sido campeón, tendremos la explicación del porqué de la diferencia en la clasificación.

Examinar desde dentro las razones de ese bajón de rendimiento como foráneo, sin achacarlo, como suelen hacer nuestros rivales a situaciones fuera del control propio, es el primer paso a dar para retomar la senda del triunfo fuera de casa. Por un lado la plaga de lesiones, que está condicionando las alineaciones y el esfuerzo de los supervivientes podría ser una de las causas, y en el análisis de esa repetición podría estar uno de los puntos a mejorar. Por el otro, la frecuencia de títulos y el éxito continuo, pueden haber dejado al equipo sin el plus de motivación necesario para afrontar un torneo tan largo como es la Liga. Parece que el equipo se encuentra más cómodo ante retos más cortos en el plazo, y así rinde de forma satisfactoria en eliminatorias, o en partidos de “alto riesgo”. Encontrar la llave que permita jugar de igual forma en Vallecas, que en el Bernabéu, podría ser también la puerta hacía la cima. Se encuentras los jugadores azulgranas ante un reto al que hasta ahora nunca se ha enfrentado, y Guardiola, que como jugador consiguió en tres ocasiones una gesta parecida, deberá hacerles ver que es posible. Recortar esa diferencia es lo que de verdad importa.

El próximo mes de febrero se antoja clave en las aspiraciones del conjunto azulgrana en la Liga. Mes muy exigente en las que coinciden Copa, Liga y Champions en el calendario. Si el equipo consigue mantener o recortar un mínimo esa diferencia, y a la vez sigue vivo en el resto de las dos competiciones, seguirá aspirando a todo, y hará que el rival sienta que su perseguidor no se rinde. Esperemos que en ese caso, lo superfluo no vuelva a salir a flote, y se valoré en su justa medida lo que este equipo le está regalando a la afición que le sigue: un fútbol que marca una época.



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jueves, 26 de enero de 2012

Viven.

Se cumplieron todos los presagios previos al partido, y que Guardiola, instalando permanentemente en la prudencia no dejó de airear. Presagios que decían que el partido no iba a ser fácil, y que auguraban a un rival espoloneado por las consecuencias casi trágicas que la disputa de la primera parte de la eliminatoria había deparado para los merengues.

Una primera parte, que dejó a los blancos convertidos en un volcán en erupción, y que había aireado todas las miserias y críticas hacía un vestuario, que comandado por Mourinho vive instalado en la refriega continua. De esta forma, el Real Madrid, o mejor dicho, su técnico, debía plegar velas y reconocer en forma de planteamiento ofensivo sus errores de concepción en este tipo de partidos, no ya sólo de hace una semana, si no de su trayectoria como técnico merengue. Llegaba, por tanto,  un rival tocado de muerte, que sólo tenía una opción: sobrevivir. Y con ese espíritu de supervivencia saltó al Camp Nou confiando en sus fuerzas y habilidades, y no mostrándose a expensas de su rival, como viene aconteciendo de forma habitual.

Y así, con un planteamiento valiente, presionando en campo contrario y con un Ozil excelso, puso en aprietos como nadie hasta ahora al once blaugrana, que en una primera media hora brillante de su rival, se vio contra las cuerdas y casi sin armas para contrarrestar el vendaval de juego que se le vino encima. Contar como se llegó al descanso con victoria de dos goles a favor para los locales, cuesta explicar y casi de entender, ya que hasta cuatro oportunidades claras de gol tuvieron los delanteros blancos para adelantarse en el marcador. Desde el segundo diez de partido, en el que Higuaín, pareció no creerse que estaba sólo ante Pinto, hasta bien avanzada la primera parte, el área azulgrana fue un continuo ir y venir de oportunidades malogradas,  contraviniendo la característica que más se valora de este equipo: su pegada.

Debieron llegar los azulgranas al vestuario con la sensación del trabajo finiquitado, después de que en menos de cuatro minutos Pedro y Alves batieran a un desesperado Casillas, que parecía no entender lo que acababa de suceder. Y después de tanta exigencia, de tanto trabajo y de tantos partidos, la consigna era clara; dejar pasar el tiempo, y hacer que el partido decayera en el ritmo atroz de los primeros cuarenta y cinco minutos. Y lo que parecía un terreno abonado para la exhibición local, con un rival abocado al ataque, con espacios entre líneas y metros de más para combinar, se convirtió en el escenario de más sufrimiento de esta temporada. Otros cuatro minutos, pero esta vez en contra, pusieron el empate en el marcador en forma de goles de CR7 y Benzema, e hicieron que la tensión se disparará en el último cuarto de hora del partido  y la eliminatoria.

Eliminatoria que al final, el Barça consiguió llevarse de nuevo, marcando una nueva gesta en su particular lucha con el Real Madrid. Eliminatoria en la que el FC Barcelona fue superior en su conjunto, y que le hace acreedor de los galones de semifinalista. Eliminatoria que marca de nuevo la hegemonía de este equipo, que aun sabiéndose al límite de sus posibilidades supo cerrar filas en defensa e incluso pudo en ese tramo final poner fin al sufrimiento de la grada. Una grada que esperaba  el apabullamiento de su máximo oponente, y que ansiaba con que el equipo diera el golpe de autoridad definitivo, que cercenará la autoestima blanca

Se había planteado este duelo como algo más que un choque copero, y se intentaba medir la trascendencia que su resultado podría tener en el futuro devenir de la competición liguera. Parecía que este enfrentamiento, más que poner la primera piedra para la disputa de la primera final del año, fuera la vara de medir del índice de confianza que quedaría una vez la eliminación de uno de los dos conjuntos quedará fuera de la competición.

Y aquí tanto merengues como culés salen vivos del enfrentamiento. Los primeros, porqué parecen haber encontrado un resquicio con el que dañar la insultante superioridad que hasta ahora han demostrado sus rivales. Y porqué por una vez, las ocasiones y el dominio del juego fueron suyos, y sus jugadores tuvieron un papel predominante en las acciones del juego. Los culés, porqué, que nadie lo olvide, son los auténticos vencedores del choque. Porqué demostraron que están lejos de acomodarse y saben sobreponerse a las dificultades. Y porqué siguen reinando en ese duelo particular que les permite ver a su rival desde una posición superior.

Y sale vivo Mourinho, que había sido puesto en un brete por su particular suicidio en modo de planteamiento táctico en el Bernabéu. Pero sin olvidar, que ahora, la Liga, es su verdadera piedra de toque, y que cualquier contratiempo que haga que su colchón de puntos quede reducido, significará una vuelta de tuerca más a la presión en la que vivirá instalado hasta el final de esta temporada. Temporada en la que no hay que olvidar, que ya ha sufrido dos eliminaciones por parte de su rival, y que le deja, como aquellos estudiantes que se lo juegan todo a una carta, con menos posibilidades de reivindicarse. Veremos como afrontan él y su equipo la segunda parte de la temporada.

Y como no, sale no vivo, si no casi elevado a los altares Guardiola. Sus planteamientos, sus discursos y vaticinios se han cumplido tan a rajatabla, que parece que con él en el banquillo las sorpresas no llegan, y todo sigue un guión predefinido en aras a lograr los objetivos del año. Objetivos que sólo él, y ningún rival más, tienen intactos. La búsqueda de un nuevo triplete es el sueño marcado en la libreta de Pep, y en el camino se ha puesto el equipo.


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