La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

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lunes, 10 de diciembre de 2012

El devorador del nueve.


Más de siete años hacía que los azulgrana no conseguían llevarse la victoria del Benito Villamarín. Corría septiembre del 2005 cuando los catalanes ganaron por uno gol a cuatro, con doblete de goles firmado por el entonces nueve azulgrana Samuel Eto’o. Era el camerunés en aquel entonces la punta de lanza de un equipo, que junto a Ronaldinho y Deco recuperó la alegría en una institución que vagaba por el “lado oscuro” después de la funesta etapa de Joan Gaspart como presidente. Era un equipo en el que un pequeño argentino, empezaba a despuntar y cuya imagen más conocida de aquellos años era un anuncio de Nike, en el que después de ensayar un libre directo pronunciaba su frase más acertada y profética… “Soy Leo Messi, recuerda mi nombre”. Y vaya si lo vamos a recordar!!!

Siete años han pasado, y el pequeño jugador que por aquel entonces parecía un extremo veloz en la izquierda del ataque azulgrana, se ha convertido en un jugador total, que desde cualquier zona del campo es capaz de condicionar el juego del resto de los veintiún jugadores restantes. Los diez que le acompañas de blaugrana, los cuales le buscan de forma continua, a sabiendas de su eficacia y poder de definición e intimidación. Los once contrarios, que supeditan sus tácticas defensivas en función de los movimientos del ahora propietario en excelencia del mítico número diez que siempre acompaña a los mejores.

Un número diez que ha eliminado en estos años de crecimiento la típica figura de delantero centro, que enfundado con el nueve a la espalda tuvo su mejor representación moderna en la persona del jugador africano. Un número diez que sin ser extremo, sin ser media punta y sin ser delantero en esencia se ha convertido en el máximo goleador jamás visto, rubricando por fin la gesta de dejar atrás el récord que el alemán Müller ostentaba desde hace ya cuarenta años. Un número diez que convertido en jugador total ha dado una dimensión diferente a una posición indefinida que hasta ahora sólo ha sido capaz de ser ocupada por un único jugador, y que ha supuesto la defenestración o silenciamiento de todos aquellos coetáneos que de no existir él, estarían disfrutando ahora de un estatus muy diferente.

Y es que no resulta de ser curioso, cómo los máximos representantes del clásico nueve, viven ahora a la sombra de un nueve que no lo es. Y así, el colombiano Falcao, que justamente el mismo día del famoso récord, es capaz de firmar su actuación más memorable en la Liga, con la conquista de un repoquer de goles ante el Deportivo de La Coruña, ve como éste queda silenciada por la gesta del argentino. O Ibrahimovic, que desde su retiro francés parece no aceptar su silencioso paso por la entidad azulgrana, tapado precisamente por las excelencias de Messi como compañero de ataque, y que se destapa hoy con declaraciones que dicen muy poco en su favor como deportista. O Ronaldo, que en su eterna lucha por el reconocimiento mundial ve como una nueva semana empieza con el pequeño genio azulgrana copando portadas, entrevistas, y demás reseñas en cualquier medio que se precie. O Aléxis y Villa, que desde sus posiciones centrales desde las que crecieron se han ido desplazando a las bandas, y en esta temporada parecen ir perdiendo presencia en el ataque azulgrana a favor de centrocampistas de toque, que sepan acompañar al rosarino en ese vertiginoso juego de paredes y apoyo que propone.

Todos ellos grandes jugadores, llamados a escribir páginas de gloria y currículums de lustre, pero que la historia recordará como los acompañantes o coetáneos de un jugador que tal y como recordó ayer su actual entrenador.. “nunca más volveremos a ver”. Así que, a los que nos toca disfrutarlo y no sufrirlo, sólo nos queda sentarnos a observar y ver cómo escribe partido a partido, la historia de un nueve que nunca lo fue y que rescribirá los manuales que identifican al poseedor de este dorsal.



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lunes, 29 de octubre de 2012

La senda de la victoria


Mucho se habla estos días de los registros de Tito Vilanova en sus primeros cien días como técnico azulgrana. De cómo ha sabido gestionar la crisis de los centrales. De cómo sabe incidir en el transcurso del partido introduciendo las variantes tácticas necesarias que permitan al equipo sobreponerse a algunos de los malos inicios que ha protagonizado. Cien días de gloria. Cien días que han igualado el mejor inicio liguero de toda la historia azulgrana. Cien días con más goles que nunca. Cien días sin apenas sobresaltos, y con las expectativas de éxito en lo más alto.

Está entrando Vilanova en el Olimpo de ese círculo de entrenadores a los que se les reserva los mayores éxitos. Un círculo representado en nombres como Mourinho, Del Bosque, Fergurson, Guardiola, Ancelotti y un conjunto de elegidos que tienen a su disposición a los mejores jugadores del momento. Un círculo en el que es muy difícil entrar, pero en el que una vez instalado también es muy difícil salir. Y es que una vez llegado al Olimpo, las posibilidades de copar a esos equipos únicos son mucho más fáciles que para cualquier otro.

Por eso, a veces desde mi posición de entrenador de equipo modesto no dejo de admirar a aquellos otros “misters” que desde la nada, y con equipos mucho menos dotados llegan a cotas de éxito nunca jamás soñadas. El Levante actual, inmerso en dos competiciones con una línea de juego ascendente. El Málaga, que después de un verano que parecía condenarle, no sólo ha sabido mantener el nivel, sino que incluso está superando sus registros de la temporada pasada. El Betis, que parece recuperar aquella imagen de equipo grande. O incluso el Atlético de Madrid, el sempiterno aspirante, que a las primeras de cambio descosido por guerras internas dejaba de serlo. Equipos dirigidos por otros entrenadores a los que las grandes tardes de gloria les llega muy de tanto en tanto, y en forma de éxito muy diferente a los citados anteriormente.

Y es que a veces desde mi posición en el banquillo dudo de si con jugadores de tan alto nivel como Messi, Iniesta, Ronaldo, Ibrahimovic, Rooney, Agüero… la incidencia del entrenador en el éxito es tanta. En ocasiones en una visión muy simple no dejo de pensar en que lo mejor que pueden hacer estos grandes del banquillo es dejar hacer a sus estrellas, las cuales necesitan de muy pocas consignas tácticas para desplegar su talento. ¿Podría por ejemplo Pepe Mel triunfar en el banquillo azulgrana?.. ¿O podría hacerlo Juan Ignacio Martínez en el Real Madrid? Y al revés.. ¿qué papel podría desempeñar Mourinho en el Levante? ¿ O Vilanova en el Betis?

En muchas ocasiones el entrenador no deja de ser un reflejo de lo que tiene a su disposición. Y en según que ámbitos depende exclusivamente de esos factores externos. En mi caso, por ejemplo, la temporada que recién comienza me ha deparado un equipo de infantiles que parece dotado a darme grandes tardes de alegrías. Son niños de segundo año en su totalidad, que se enfrentan a su segunda temporada en esta franja de edad, desde la atalaya de tener en ocasiones casi dos años más que algunos de sus rivales. Qué diferencia con mi equipo del año anterior en la que las circunstancias eran totalmente opuestas, y mis jugadores eran superados en fuerza y edad por casi todos los rivales. Ahora, con apenas un mes de competición las victorias llegan semana tras semana, y en apenas cuatro partidos se han superado la treintena de goles.

Yo soy el mismo entrenador y utilizo los mismos métodos. Ejecuto casi las mismas dinámicas de entreno, y los resultados son totalmente diferentes. Y las goleadas en contra recibidas el año anterior, han pasado a goleadas a favor. Las tácticas defensivas de hace un año, han dejado paso a la presión en campo contrario. El sufrimiento en cada salto, en cada carrera, en cada control, ha dejado sitio al control del juego, al pase en corto y a la velocidad en la ejecución. Ahora parece que soy mejor, que dirijo mejor, pero en realidad, en mi opinión sigo siendo exactamente el mismo pero con otras circunstancias a mi alrededor que hacen que mi trabajo luzca más.

Extrapolando la pregunta que me hacía anteriormente con los grandes técnicos del momento, a veces también me pregunto si yo por ejemplo podría entrenar a un equipo de infantiles de máximo nivel cómo  la Damm, o el Cornellá u otros grandes de mi provincia?. Sinceramente creo que no. El nivel de exigencia de éstos es superior. El nivel de dedicación que requiere dista mucho de que se me exige en mi actual club. Y el nivel de resultados va mucho más allá de la disputa de partidos sin sobresaltos.

Aunque también es cierto que los grandes entrenadores del fútbol base también sufren en nuestra posición más humilde. Recuerdo un fichaje de hace un par de años que provenía del fútbol base del Cornellà. Venía a formarnos, a enseñarnos sus métodos. Venía con sus teorías, sus powerpoints y manuales. Venía con un currículum lustroso. Pero no venía preparado para la realidad. Una realidad que dice que el fútbol se mueve por niveles, y que cada nivel requiere diferentes formas de gestión. Y así, después de un mes entrenando al equipo que le toco en suerte, y después de apenas victorias que con la que aumentar su palmarés hizo su primera y única demanda. “Quiero quince cracks o dimito”. Y claro, dimitió.

No sería esa la misma frase que uno de esos grandes pronunciaría en uno de esos equipos de menos nombre. ¿No se giraría Tito en su supuesto Betis, y buscaría a Xavi, Iniesta o Messi, para explicar su idea de salida de balón? ¿No buscaría Mou a Ronaldo o Di María en su clase de concepción de un buen contraataque?¿Sabrían vivir sin ellos?.


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lunes, 12 de marzo de 2012

Sin novedad en el frente

Con el devenir de las semanas la Liga está perdiendo su interés, sólo rescatado por las continuas polémicas y enfrentamientos generados desde ambos lados de las trincheras. Y es que en esta lucha ficticia por la hegemonía futbolística el transcurso de las jornadas es un devenir constante de hechos repetitivos. Y así, nada ha cambiado este fin de semana, y la diferencia de diez puntos entre los dos primeros clasificados no varía. Cada jornada, desde hace ya más de un mes, parece que vivamos en un interminable bucle en el que los rivales de blancos y azulgranas varían, pero los análisis y comentarios de cada uno de los partidos no difieren en demasía.

No cambian los partidos de los merengues, que en cada uno de sus desplazamientos parecen sufrir para imponerse al rival, pero sin lucir un juego excesivamente brillante acaban llevándose los tres puntos. Tres puntos, que también sin cambio van acompañados de una polémica en forma de decisión arbitral que parece no abandona a los blancos estas últimas jornadas.

Se está convirtiendo en un “deja vu” cada uno de los partidos de los hombres de Mou, en los que el guión de cada encuentro parece una repetición del anterior. Y así, entre polémicas y goles de Ronaldo, no hay forma de ver un tropiezo del líder, que se acerca a pasos agigantados a batir todos los récords instaurados en la competición.

Viendo los partidos de los madrileños, uno tiene la sensación de que sea cual sea el devenir del encuentro, el final siempre será el mismo. Y es que, polémicas aparte, parece que los delanteros blancos necesiten de muy poco para batir a su oponente, con un índice de aciertos casi estratosférico. En el último partido ante el Betis cuatro fueron las ocasiones blancas, y tres de ellas acabaron en gol. Tres fueron los intentos de Cristiano Ronaldo en el área, y dos de ellos finalizaron en la red. Si ese índice de acierto se mantiene será difícil que este equipo flojeé.

En el extremo opuesto, los blaugranas también repiten en cada desplazamiento el mismo partido desde hace ya varias semanas. Parece ser que desde que Guardiola puso en duda su continuidad algo se ha despertado en el interior del vestuario, y recuperada la frescura perdida de un agotador mes de enero, el equipo se muestra tal cual. Ha recuperado el tono, y nuevamente apabulla a los rivales, que apenas presentan contestación.

Cada partido azulgrana se convierte así en una lucha por sobreponerse a un siempre maltrecho césped, que parece crecer de forma desproporcionado cada vez que los catalanes actúan como visitantes. Qué lejos quedan los tiempos en los que un campo con un tapiz rasurado y húmedo era el terreno propicio para el espectáculo.

Cada partido de los catalanes se convierte en una sucesión de entradas temerarias, que hacen temer por la integridad de algunos de sus jugadores. Parece haberse abierto una especie de veda, en la que queda permitido poder “dar más de un palo”, si el oponente va vestido de blaugrana. Cuesta entender que entradas como las que ayer recibieron Cesc o Busquets queden sancionadas únicamente con una amarilla. Y cuesta más entenderlo si además en la redacción del acta por parte del árbitro la palabra “temeraría” es la utilizada para definir algunas de ellas. Debe ser que el epíteto correcto para definir una entrada merecedora de expulsión sea un sinónimo de “asesina”.

Cada partido de los de Pep se convierte en una exhibición de su máxima estrella: Leo Messi. Cincuenta goles lleva ya conseguidos esta temporada. A sólo tres de su récord histórico y a cinco de convertirse en el mayor artillero de la centenaria historia de su club. Messi huele la efeméride y a ella se ha lanzado como un poseso.

Cada partido del Barça se convierte en un carrusel de oportunidades de gol desperdiciadas. A diferencia de su rival, que con muy poco consigue tanto, los del Camp Nou necesitan un sinfín de ocasiones para materializar sus goles. Y entre disparos al palo, que suman ya la barbaridad de veintiuno, y porteros tocados por una varita mágica, parece que una conjunción cósmica se haya aliado para impedir victorias más holgadas que el dominio del juego y presencia en las áreas merecerían.

Serán claves las tres próximas jornadas, que incluyen además unos exigentes cuartos de final de Champions. Un emparejamiento de los dos representantes de la Liga en esta fase podría servir a los blaugrana de trampolín en el caso de repetir resultados de eliminatorias precedentes. Será el final de este mes, momento de volver a valorar las posiciones en la batalla, y estudiar la forma de lanzar la ofensiva final.



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domingo, 15 de enero de 2012

Jugar con fuego.

La pirotecnia es la técnica que se aplica para hacer esas exhibiciones a base de pólvora que sirven para provocar mucho escándalo al clausurar una celebración, para llenar el cielo con luces multicolores. Pyr es una raíz de origen griego que significa fuego. De ahí surge la palabra pirotecnia y ahora podemos explicarnos por qué se llaman así los juegos pirotécnicos. La piro-tecnia es el arte de jugar con fuego y no quemarse.
 
A esas exhibiciones llenas de ruido y color nos estamos acostumbrando los culés estos últimos años, con un equipo que le pone tal grado de intensidad a sus actuaciones, que cual barril de pólvora hace estallar en pedazos las defensas más contundentes y cerradas. De luces multicolores hemos visto llenarse el Camp Nou en múltiples ocasiones, ya sea al final de temporada con la celebración de cada uno de los títulos conseguidos, ya sea, en color azulgrana en forma de banderas ondeando al viento como respuesta a cada puesta en escena del equipo. La pirotecnia del fútbol.
 
Parece en cambio, en estor primeros días del 2012, y después del merecido parón navideño, que el Barça se haya instalado en el aforismo del término. Aforismo según el cual, jugar con fuego puede ser el antecedente de una catástrofe, al poner las posibilidades de cada cual al límite de lo prudente.. Son ya tres los partidos en los que cierta relajación se nota en el once azulgrana, que pareciendo muy seguro de sus fuerzas sólo toca a arrebato cuando la situación se torna límite y le tiene contra las cuerdas. Y el resultado, puede ser espectacular, como ayer, donde el equipo nos regalo media hora final de alto ritmo o calidad, o puede dejarte con tus posibilidades cercenadas, a poco que los visitantes hubieran estado acertados en los compases iniciales del encuentro.
 
Y es que el Betis se plantó en el Camp Nou con una apuesta arriesgada y valiente, que puso en disputa el control del balón a los azulgranas. Es la posesión del esférico una estadística sin contestación en cualquier partido disputado por el once culé. Y ayer, si bien es cierto que antes del primer cuarto de hora los catalanes ya disponían de una cómoda ventaja en el marcador, también lo es, que esta era del todo irreal, ya que los verdiblancos habían puesto hasta el momento mayor criterio e intensidad en el juego.
 
Sólo la calidad de los puntas azulgrana, que ayer sí, sólo necesitaron dos incursiones en el área para materializar los dos primeros goles, dieron esa ventaja que pareció definitiva, y el preludio de una nueva goleada. Pero los andaluces siguieron a lo suyo, y casi sin notar los golpes recibidos presionaban y robaban el balón muy lejos de su área, aplicando mejor que su rival una de las armas que más ha caracterizado a éste: la presión en campo rival.
 
Y así, sin apenas control del juego, y con defensa de sólo tres integrantes el Barça sufría y corría detrás de los jugadores andaluces sin poder recuperar su bien más preciado. Y ya es sabido, que una defensa parca en efectivos sólo tiene sentido, si el control de las acciones obra en tu poder, y no si éstas se mueven a merced de las propuestas de tu oponente. De esta forma, veíamos a Puyol vendido en su banda, y a Abidal y Mascherano achicando espacios cual bomberos ante las llegadas en superioridad por banda de los visitantes. No fue de extrañar por tanto, que al descanso, no sólo no se hubiera aumentado el marcador local, sino que la diferencia ya fuera mínima y el partido estuviera en el aire.
 
La salida de un cuarto defensa, Alves, parecía que buscaba solucionar el problema, pero antes de que los jugadores se instalaran en el nuevo sistema, un nuevo golpe bético puso el empate en el marcador, encendiendo todos los sistemas de alerta del equipo, que a punto estaba de quemar sus posibilidades de mantenerse vivo en la Liga.
 
Decía Oscar Wilde, que la ventaja de jugar con fuego, era aprender a no quemarse, y parece que los culés le hayan cogido el gusto al riesgo. Ya que sólo así se entiende, que fuera a partir de entonces cuando se viera la mejor imagen del equipo, y aquella a las que nos tiene acostumbrados. Presión arriba, recuperación en zona de creación y toque rápido volvieron a aparecer en el juego del ataque blaugrana, posibilitando dos nuevos goles que ponían fin a la fiesta, y haciendo estallar nuevamente la traca final, que todo buen espectáculo de juegos artificiales merece.
 
Merece destacarse el partido de Valdés, que en los primeros minutos posibilitó que el equipo mantuviera su portería a cero, y pudiera despegarse en el marcador con su primer arreón de juego. Y Alexis, que participó con dos asistencias y un gol en los tres primeros goles del equipo. Al chileno se le sigue viendo precipitado y falto de pausa, pero ayer, al menos, se supo sobreponer a un inicio errático con varías buenas acciones que le han de servir para crecer como jugador en este equipo. Ha de entender que se espera de él algo más que lucha y sacrificio. Esperemos que con los partidos, y la recuperación de esa chispa que sólo da la competición veamos al jugador del que todos hablan, y que el epíteto que lleva su apodo, “niño maravilla”, se nos muestre de forma más asidua que hasta la fecha.
 
Esperemos que el Barça se apunte este partido en el calendario y sepa leer que no siempre le bastará con treinta minutos de esfuerzo, y que no tenga que lamentarse en futuros compromisos que la mecha le estalle en las manos, y le cercene así todas sus posibilidades de volver a vivir las típicas fiestas con las que nos recibe el verano, y acaban las Ligas: los juegos piro-técnicos.

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