La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

jueves, 3 de mayo de 2012

Colorín colorado.

Con la contundente victoria de ayer en “La Catedral” el Real Madrid sella su trigésimo segundo título de campeón y pone fin a este cuento que empezó ya hace unos lejanos ocho meses. Con este triunfo el equipo merengue deja de lado ese estigma azulgrana que le atenazaba, y que le hacía verse inferior ante la superioridad en juego y títulos que su principal rival había demostrado en temporadas precedentes.

Ahora, destronados los azulgrana de ese pódium ganado por derecho, los blancos, que han vivido esta temporada sumidos en la confrontación continua y el estrés, puede que alcancen ese punto de tranquilidad que a veces les pierde. Ha sido una Liga tensa, muy tensa. Ha sido la Liga de la presión al colectivo arbitral, la Liga de la pegada, la Liga más bipolar que nunca se haya dado, la Liga de Mourinho, la Liga del fin de Guardiola, la Liga de los récords de Messi, la Liga de los silencios, la Liga de los récords blancos, la Liga de los penaltys, la Liga de las manos.

Desde el lado culé en el que me encuentro, da rabia la victoria blanca. No creo que ese sentimiento sea muy diferente al que siente cualquier aficionado por la victoria de su máximo rival. Tenía la sensación a principios de temporada que el título liguero era uno de los más seguros para los azulgrana. La superioridad del juego, y la hegemonía de estos jugadores en los años precedentes así me lo hacían ver. Y no pensaba que en la disputa de treinta y ocho jornadas nadie nos pudiera hacer sombra. Y no ha sido así.

No ha sido así por varios factores. Uno de ellos atribuible al mismo equipo azulgrana. Parecía que el campeonato se ponía a sus pies en las primeras diez jornadas, cuando aprovechando los tropiezos blancos contra el Levante y el Racing de Santander el equipo se encaramó a la primera posición dejando a su rival en una situación alarmante. La crispación se adueño del territorio blanco y parecía que el fin de Mourinho podía estar próximo a poco que las cosas fueran mal dadas. Pero no fue así, y entre tropiezos propios y aciertos ajenos los blancos se recuperaron y pusieron tierra de por medio. Y a mediados de febrero pusieron tanta que parecía imposible poder recuperarla.

El Barça este año no ha tenido el punto de frescura de temporadas precedentes. Le ha costado imponerse fuera de su estadio, y el empate ha sido cosecha común en sus visitas. Y en una Liga a la escocesa, en la que los rivales apenas tienen armas que oponer a los dos grandes, los resultados negativos se pagan. Y vaya como se pagan. En los últimos partidos, y ya con todo decidido parece que aquel equipo vivaz ha vuelto. Parece que las piernas hayan soltado lastre y se ha recuperado la rapidez en la transición y en la circulación del balón. Y aunque algo tarde, parece que el equipo llegará con fuerzas a la disputa del último título de la era Pep, haciendo posible un 14 de 18 antológico.

Decía que ha sido la Liga de la pegada. Para mi otro de los factores determinantes. Sin un juego tan elaborado ni preciosista como el azulgrana, los blancos necesitan muy pocas cosas para cerrar un partido. Un robo de balón, una salida fulgurante por el medio, apertura a las alas, centro y gol puede ser la reseña de un alto tanto por ciento de los goles conseguidos esta temporada. Goles que han superado todos los récords y que les han llevado a lo más alto. Un estilo de juego, si se quiere, lejos del arquetipo de los llamados equipos grandes. Un estilo de juego basado en las contras, y más asociado a equipos de un perfil más bajo. Pero un estilo de juego que les ha llevado a superar situaciones complejas con facilidad y contundencia. Allí donde los culés pensábamos que podía llegar un tropiezo blanco, más era la contundencia del resultado a favor de éstos. El último partido que certificó el alirón es una muestra.

Ha sido la Liga de los silencios. El de Mourinho, autoimpuesto por aun no sé muy bien porqué. En una confrontación contra todo y contra todos, parece empeñado el portugués en hacerse notar. Ahora hablo, ahora no hablo, en un constante duelo dialéctico con la prensa contraria, la afín, y hasta con la afición. Es la del técnico portugués una posición que no acierto a entender. Ese rictus de cabreo constante, esa manera de enfrentarse, ese constante recuerdo a su rival. Esa perenne manía de la queja. Ha sido volver a los micrófonos, y volver a acordarse de Messi, de Guardiola. Ha sido volver a la sala de prensa y volver a hablar de sus éxitos y victorias en un repaso sistemático de su currículum. Ha sido verse ganador y lanzar un toque de atención a su propia afición. No entiendo a Mourinho.

Y silencio de Guardiola tal y como él mismo reconoció ayer. Silencio que ha tapado desde la sala de prensa culé otro de los temas estrellas de esta temporada: la polémica arbitral. Polémica que viene heredada por la constante puesta en duda de los éxitos de los azulgrana en estos últimos años, y que ponen a Villar y Platini como a los verdaderos artífices de los triunfos culés. Villaratos y Platinatos han sido las palabras más repetidas en estos tres últimos años, y parece que la presión ha surtido el efecto esperado. Pocas han sido las referencias de Pep y su equipo a este tema, pero si que es cierto que existe entre la afición blaugrana y el equipo la sensación de que el trato por parte del estamento arbitral podría haber sido diferente. Errores puntuales en situaciones límites han puesto alguna que otra piedra en el camino culé. Y ante unos resultados más ajustados que en temporadas precedentes, alguna de ellas han dado lugar a tropiezos inesperados.

Ahora, con el fin de este cuento, que no ha tenido final feliz para las huestes azulgrana, sólo queda felicitar al rival, y esperar ganar el título que nos falta. Espero ya con ansia la continuación de esta historia, y que el capítulo vivido sólo sea un periodo de bajón del cual resurgir con más fuerza que antaño. El próximo cuento no tardará mucho en publicarse.


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miércoles, 2 de mayo de 2012

Un año en las redes sociales.

Fue justamente por estas fechas, cuando ahora hace un año me dio por abrir este espacio. Fue a raíz de un experimento empresarial, basado en el auge de la denominada Web 2.0. Las redes sociales, la identidad digital, la colaboración entre usuarios son factores predominantes en este nuevo estado de la evolución de los servicios on-line. Pensaba que sería bueno poder ver que resultados daba la creación de un blog, y como a partir de los contenidos y una programada virilización de los mismos, hacer crecer su identidad en el infinito mundo que a día de hoy ofrece Internet.

Las opciones eran varías, y en primer lugar pensé que lo mejor sería hablar precisamente de mis inquietudes en ese nuevo mundo del Web 2.0. Investigar, opinar, aconsejar, y generar contenidos atrayentes sobre las nuevas formas de relacionarse y comunicarse en la red fueron mi objetivo inicial. Pero al poco tiempo de empezar con mi proyecto, la lectura de un post me hizo recapacitar en mi decisión. Hablaba ese post, sobre los requisitos que debe cumplir un bloggero, y sobre los parámetros de un blog atrayente. Contenidos continuos, que se abran a la disputa y novedosos eran los condicionantes más repetidos. Pero uno me llamó la atención, y éste tenía que ver con el autor de cada uno de los artículos presentados. La pasión por escribir, la pasión por transmitir.

Era la época de los clásicos, eran las fechas del “puto amo”, eran los días del final de la temporada anterior. Días de disputas, artículos agresivos, confrontación y pasión. Y en vista del ambiente generado, creé mi primera entrada: Mourinho ya ha llevado el partido donde él quería.

Muchas otras se han añadido a esa primera aportación. Sin apenas darme cuenta ideas y artículos se fueron añadiendo. Nació la página de Facebook. Me di de alta en Twitter. Google Plus también me llamó la atención. Y así, poco a poco, lo que comenzó como un experimento sin apenas audiencia, fue ganando adeptos y lectores. Y así hasta hoy.

Me ha sorprendido en este año la vehemencia con la que algunos defienden sus argumentos. Me ha sorprendido el alto número de lectores aquí llegados. Y sobre todo, me han sorprendido el nivel de las aportaciones dejadas por todos vosotros. Es cierto que al principio los insultos llegaban de forma asidua (nunca he entendido esta manera anónima de faltar al respeto), pero poco a poco, con una correcta gestión de ellos y una moderación constante éstos han ido desapareciendo. Y así, a día de hoy son pocos, muy pocos los mensajes que tengo que hacer desaparecer. Por ello, sólo tengo que dar las gracias a cada uno de los lectores que aquí llegan, sin cuyas aportaciones y lecturas este espacio habría dejado de existir hace tiempo.

En este año, muchos han sido los artículos ofrecidos. Polémicos, didácticos, personales. Unos han recibido muchas lecturas. Otros no tantas. Unos han tenido buena aceptación. Otros han pasado sin pena ni gloria. Unos han generado un sinfín de comentarios. Otros apenas han tenido aportaciones. Pero cada uno de ellos ha servido para hacer crecer este espacio. Cada uno de ellos ha intentado reflejar un momento puntual de la semana futbolística.

Os dejo ahora, una relación de mi particular podium, mostrando los artículos más relevantes agrupados en tres categorías.

  • Los más leidos.
  1. Messi, camino del número uno.
  2. La profecía de Van Gaal.
  3. Aléxis Sánchez.
  • Los más personales
  1. Un central prometedor.
  2. El mejor portero nunca visto.
  3. El banquillo quema.
  4. Messi está de vuelta.
  • Los más valorados.
  1. Matando el fútbol.
  2. Juego de niños.
  3. Una realidad paralela.


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lunes, 30 de abril de 2012

El rey ha muerto, viva el rey.

El rey ha muerto, viva el rey, es un lema o grito que se emplea como expresión ritual en la sucesión de las nomarquías, especialmente en el reino de Francia (Le roi est mort, vive le roi) y en la corona británica (The King is dead, long live the King).
 
Con tal lema se pretendía evitar la peligrosa situación política que se plantea en un interregno, además de servir como última ocasión de vitorear al rey fallecido y primera ocasión de hacerlo con el nuevo rey. Y desde el viernes, y viendo la rapidez con la que se sucedieron los acontecimientos, no veo otra frase que defina, aunque sea de forma metafórica, la situación actual en Can Barça.
 
Y es que mal que les pesé a algunos, el reinado de Pep en estos cuatro años ha sido indiscutible. Desde que un treintañero se presentó en el Camp Nou con la profética frase “Agárrense los cinturones, porqué tengo la sensación que nos vamos a divertir”, los súbditos culés no hemos parado de disfrutar, y porqué no decirlo, babear, ante una catarata de juego y títulos que nadie podía imaginar. Nadie pensaba, que aquel joven entrenador, sin apenas experiencia y con un simple año de bagaje en la Segunda B, iba a expandir el imperio blaugrana por el mundo, derrotando a las antiguas supremacías que reinaban hasta entonces en el planeta.

Y cual vasallos, los seguidores azulgranas nos pusimos en manos del nuevo Rey, y acatamos cualquiera de sus decisiones como buenas, sabiendo que todas ellas iban a ser tomadas en beneficio del pueblo. Decisiones valientes, como lo fueron prescindir de Ronnie y Deco sólo ocupar el cargo. Decisiones arriesgadas como fue dejar marchar a un Eto’o en plenitud goleadora. Decisiones incomprensibles, como fue el rechazo de Ibra con tan sólo un año en el equipo. Todas ellas aceptadas, y a pesar de alguna crítica surgida, todas ellas asumidas. Todo a cambio por la perpetuidad de un sistema de juego y valores que todavía hoy hacen del equipo azulgrana, a pesar de los reveses sufridos esta última semana, el mejor del mundo. El gusto por el juego de toque, el cuidado de la cantera, el mimo de las jerarquías del vestuario, las formas cuidadas en la imagen y el lenguaje, han hecho de Pep un ícono de la historia azulgrana.

Una historia, la suya, que ha sido breve. Una historia intensa, vivida al cien por cien, y que le ha llevado a vaciarse de tal forma que el final ha llegado antes de lo que muchos hubiéramos deseado. Ha sido víctima Guardiola de su propio éxito, el cual le llevó en su primera temporada a conseguir un hito nunca logrado en la historia del fútbol. La consecución de forma consecutiva de todos los títulos puestos en juego. Seis títulos, seis trofeos que se pasearon de forma gloriosa por todo el territorio culé, como muestra de la supremacía lograda.

A partir de ese momento, cualquier otro hito nunca alcanzaría los logros de ese primer año. Cualquier temporada posterior sólo podría igualar esa primera. Cualquier derrota culé sería vista como un paso atrás en un equipo que lo había ganado TODO, absolutamente TODO. Y a ello se lanzaron jugadores y técnicos. Y año tras año, con unos niveles de exigencia brutales, se asumía que el objetivo debía ser cada uno de los títulos puestos en juego. No había períodos intranscendentes, no había títulos menores, no había partidos de trámite. Y así, poco a poco, el equipo se ha ido desgastando, y con él, su máximo representante.

Han sido cuatro años no sólo de fútbol. Han sido cuatro años de sentimientos y golpes duros. La enfermedad de Abidal, la de Tito Vilanova, la lesión de Villa, los enfrentamientos con Ibra, la presión de la prensa, la tensión de los clásicos, que han sido llevados a una dimensión de intensidad y disputa no vista hasta la fecha, las tertulias nocturnas que amparándose en la oscuridad, intentaban acabar con el que veían el máximo responsable de la perdida de esplendor blanca, los fines de ciclo... Ahora sí, Hermel, ahora sí. Fin del ciclo de Pep. Estará por ver si el del Barça.

Todos hechos y causas que han dejado exhausto al Rey. Y el Rey ha abdicado. Y ha abdicado en un momento crítico. En la semana más dura que se recuerda en esos cuatro años de gloria. En la semana en la que la pérdida de dos partidos ha supuesto el decir adiós a los dos principales títulos del año. En la semana en la que se constata que esta será la peor temporada en palmarés en número de trofeos llevados a las vitrinas del Museo.

Y así ha puesto en bandeja de plata a sus detractores el argumento propicio para un último ataque. Sinceramente creo que aquí Pep se ha equivocado. No en la decisión sino en el momento de anunciarla. Tenía que haber previsto que esta situación se podía dar, y que la demora del anuncio de su final, podía verse asociada con la derrota. Y así, la lectura que asociaría su marcha con el primer periodo de derrotas del equipo, haría que sus detractores vendieran la imagen de abandonar a la institución en su peor momento.

Al resto, sólo nos quedan palabras de agradecimiento hacia su gestión, dedicación y obra. Una obra que nos ha mostrado como de bonito puede ser este deporte, y que ha llevado a la institución a cotas a las que nadie ha llegado nunca. Ahora, su sucesor, Tito Vilanova, tendrá la misión de preservarla, y desde su propio criterio volver a la conquista de los territorios perdidos en las últimas batallas. La reconquista ha empezado. Y el nuevo Rey tiene las fuerzas intactas. Larga vida al Rey.


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jueves, 26 de abril de 2012

Historia de una obsesión

Creo que fue Mourinho, el que con motivo de la eliminación del Barça a manos de su Inter Milán habló de obsesiones. Obsesiones que tenían que ver con el deseo azulgrana de proclamarse campeón en el Santiago Bernabeu. Con el ansía culé de conseguir aquello que más desea su rival en su propia casa. Obsesión por pasearse en Madrid con el título que más desean los blancos.

Y es precisamente este título el que ahora se les ha negado. Vive el portugués obsesionado con su palmarés, con su currículum, con su historia. Viven los blancos obsesionados por añadir dígitos a sus conquistas. No se habla nunca de la conquista de la Champions, sino de la acumulación de trofeos y más trofeos que muestre no ya sólo la supremacía en una temporada, sino a lo largo de toda una historia. La septima, la octava,.., y ahora la décima.  Pero los dos dígitos ahora se les resisten, y eso que esta temporada, como vulgarmente se dice, “lo han tenido a huevo”.

Oportunidad casi única de llegar a la final después de la disputa de una competición que les ha deparado un calendario de lo más asequible, y sin apenas equipo de nivel a los que enfrentarse. Este no es un demérito blanco, por supuesto, sólo es la contestación de un hecho, que ha permitido a los de Chamartín llegar a semifinales sin apenas despeinarse, sin apenas sufrimiento.

La décima se acercaba. La décima era el gran objetivo de la temporada. La décima llenaba las portadas de periódicos y webs a cada triunfo blanco. La décima, la décima, la décima…

No negaré que no me alegré por el triunfo de los alemanes, aunque también he de reconocer que después del traspié de los azulgranas el martes pasado. viví con bastante indiferencia el choque de los blancos, y apenas le presté atención hasta los segundos cuarenta y cinco minutos. No me esconderé y también diré que esperaba con nervios el desenlace de los penaltys, y que el primer fallo de Cristiano Ronaldo en el lanzamiento, puso mis sistemas de alerta sobre aviso y me despertó del sopor en el que me había sumido el partido.

Sopor que vino dado por un partido en el que se instauró el miedo a perder después de establecerse el definitivo dos a uno, que llevó a la muerte súbita desde los once metros. Nada sucedió a partir de entonces. La presión atenazó los piernas de los jugadores, y el encuentro entró en una fase de somnolencia que se alargó por noventa minutos, los que fueron desde el minuto treinta de la primera parte a la finalización de la prórroga.

Noventa minutos en los que no se le puede recordar una sola parada al portero alemán, Neuer. Noventa minutos de mayor dominio alemán en campo ajeno. Noventa minutos en los que si alguien tuvo alguna oportunidad fueron ellos, pero en los que sólo las limitaciones técnicas de su delantero estrella Mario Gómez evitaron un desenlace antes de tiempo. Tiene narices leer que este delantero es uno de los candidatos a disputar el trono que actualmente ostenta Messi en Europa. Hacía tiempo que no observaba tan ínfima calidad técnica.

Y desde la indiferencia que me provocaba las evoluciones del partido, casi puedo asegurar un análisis más objetivo que muchos medios afines blancos. Yo recuerdo ese Madrid, que hace años, muchos años, salía al Bernabeu a aplastar a su rival. Fue Valdano el que acuño la frase del “miedo escénico”, y fueron sus rivales los que sintieron aquello de que “noventa minutos en el Bernábeu son largos, muy largos”. Eran tiempos en que cualquier resultado en contra era remontable. Eran tiempos de acoso y derribo.

Ayer yo no vi. ese equipo. No vi a un equipo que después de tener casi al borde del precipicio a su rival , diera ese empujón necesario para despeñarlo. Al contrario y lejos de lo que hoy leo en las crónicas, vi. un equipo algo timorato, y que con el dos a cero en el marcador se refugió en su campo a la espera de una contra que sellará su camino hacia Munich. Y una vez allí refugiado ya no supo abandonar esa forma de juego. Después de los dos fogonazos iniciales, y cual descorche de una botella de cava, se acabó el impulso inicial y todo quedó en manos de los visitantes.

Después Mourinho en rueda de prensa, lejos de analizar lo que ocurrió, se dedicó a repasar su currículum, a hablar del calendario, a hablar de los héroes del Chelsea, a nombrar a Messi en casi más ocasiones que nombró a sus jugadores. Llegó incluso a decir que en su corazón sólo existen dos equipos, el inglés, y el Inter. Habló de su costilla blue, recordó su victoria en ese mismo campo ante los alemanes hace dos años. Recordó la eliminación azulgrana en manos del Inter de Milán. El Real Madrid, su equipo, casi pasó de puntillas en sus respuestas. Eso sí, aseguró su continuidad y se lanzó el reto de volver a intentarlo. La décima le espera.


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martes, 24 de abril de 2012

La historia se cobró su deuda.


Después de ver el partido, y después de ciento ochenta minutos de juego, casi me parece surrealista encontrarme ante un folio en blanco y tener que explicar los porqués de la eliminación de los azulgrana.

En una eliminatoria casi esperpéntica, me encuentro casi sin palabras para comentar lo sucedido. Podría hablar de estadísticas, y refugiarme en los números. Números que dicen que en ciento ochenta minutos de juego el Barça ha disparado a puerta en treinta y ocho ocasiones por tres de su rival. Podría hablar de ocasiones, que dicen que mi equipo ha tenido más de diez oportunidades muy claras de gol, por tres de su rival. Podría hablar de posesión, y comentar que ésta se ha repartido de forma desigual y casi apabullante a favor de los Messi y compañía.

Podría hablar de tantas cosas, y en cambio el folio en blanco me sigue dejando vacío y sin casi ideas que transmitir. No entiendo lo que ha pasado. No entiendo el desenlace de la eliminatoria. He visto un equipo infinitamente superior a otro. He visto a un equipo que ha dominado el juego hasta la extenuación. Un equipo que ha hecho del balón su máximo aliado. Un equipo que ha intentando de todas las formas posibles conseguir la clasificación. Un equipo que ha luchado por su objetivo.

Y el resultado final me ha dejado helado. Sin palabras. Sin capacidad de reacción. Sin capacidad de transmitir. Una decepción mayúscula me invade y sólo los años y la madurez de quien ya peina canas me impide llorar. Y es que después de ver y repasar, de observar y analizar, no acabo de entender que hago ante este folio en blanco explicando un sin sentido. Me acuerdo de mi niñez, y de aquella Liga de Uddo Latek perdida. Me acuerdo de tiempos pasados en los que la gloria nos estaba vetada. Me acuerdo de Quini y su secuestro. De Maradona y su lesión. De Schuster y Goicoechea. Del Metz, del Steaua, y hasta del Benfica y de su malditos postes. Me acuerdo de una época en la que la suerte y el azar siempre estaba en manos de otros.

Y a la vez, me acuerdo de Wembley. Recuerdo las Ligas de Tenerife. El penalty de Dukyc, y me viene a la cabeza el Iniestazo. Parecía que la suerte había cambiado, y que aquello que hasta entonces nos era tan esquivo, ahora nos sonreía. Pero no, la alegría no puede ser eterna, y el momento de pasar por caja le ha llegado a la afición culé.

Y es que parece que la historia se ha querido cobrar una deuda. Una deuda que dice que en muchas ocasiones el azar nos ha sido propicio, y que es hora de pagar por ello. Un azar que nos ha dado la espada, y que conjurándose ha decidido devolvernos golpe a golpe todas las alegrías que en un momento no dio.

No encuentro explicación a lo ocurrido. Sólo me vienen a la cabeza insultos y palabras malsonantes. A medida que transcurrían los minutos mi estado de ánimo pasaba de la esperanza al desasosiego. De la alegría a la angustia. De la ilusión a la decepción. Ni con el dos a cero he conseguido tranquilizarme. Algo me decía que esta eliminatoria tenía algo mágico a favor de los ingleses.

La tensión llegaba al máximo. Incapaz de ver el penalty ejecutado por nuestro diez. En cuclillas en el pasillo. De espalda a la televisión. Ansioso de escuchar gol. Gol que se fue al limbo. Gol que nunca llego.

Sentado al borde el sofá. Sentado en el suelo. A un palmo de la televisión. Minuto sesenta. No ocurre nada. Minuto setenta. No ocurre nada. Minuto ochenta. Otro poste. Y van..... Ya he perdido la cuenta. Minuto noventa, y el balón sigue en las bandas. Minutos de descuento, y Torres, siempre él, se escapa sólo hacia Valdés, y sé que va a ser gol. Es Torres, nueve goles le contemplan. Es nuestro verdugo habitual. Es la sentencia.
Y enfrente Valdés. Un portero que ha perdido su magia. Un guardameta solo ante el peligro. Y se acaba. Llega el final. El final de un sueño que empezó en Agosto. Un sueño del que no queríamos despertar.

Acaba el partido. “Me cago en la puta”.... “Mierda de deporte”........

Vuelven las imágenes del pasado. Lacatus, Urbano, Goicoechea, el secuestro de Quini, Tamudo... Qué bonito era cuando todo iba de cara. Qué bonito es todo cuando se gana. ¿Porqué nos tienen que pasar estas cosas?

Y escucho los gritos en el campo, y me animo. La afición responde a la desgracia. Se comporta como nunca antes lo había hecho. Y recibo un sms. Un sms que dice lo siguiente “Tornarem a patir, tornarem a lluitar i tornarem a vèncer (Volveremos a sufrir, volveremos a luchar, volveremos a vencer)". Eso es el fútbol, eso es el deporte. Eso es el Barça. Força Barça.


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Un añito en el infierno.


Hoy me voy a dar un particular homenaje. Homenaje que tiene que ver con el ascenso este último fin de semana de la Agrupación de Veteranos del F.C. Martinenc a la Primera División de la categoría. Ascenso consumado cinco jornadas antes de la finalización del campeonato y que certifica que nuestro paso por Segunda ha sido un paréntesis en nuestra trayectoria.

Se cumple con esta mi undécima temporada en el equipo. Comencé a jugar en él a la edad de treinta y cinco años, después de abandonar la  práctica del fútbol rozando la treintena. Fueron seis años lejos del balón, del esférico del verdad, del fútbol con mayúsculas. Seis años de fútbol sala, fútbol siete, Indoor, y cualquier otra de las modalidades conocidas. Incluso el mountain-bike llego a ser un objetivo.

La vuelta a los terrenos de juego fue dura. Mis piernas habían perdido la fuerza necesaria para golpear el balón en grandes desplazamientos y mi físico, a su vez, la frescura para carreras de más de diez metros. Fue el primer año de adaptación. Rivales duros y correosos, campos de tierra, y un pubis que a media temporada dijo basta. Pero el gusanillo había vuelto, y aquello no había quien lo parará, y así hasta hoy.

Once años al lado de jugadores míticos de la Tercera División catalana. Jugadores que llevaron al Martinenc a las más altas cotas de su historia, llegando incluso a estar cerca de disputar playoffs de ascenso a la Segunda División B. Jugadores de los que he aprendido, ya entrado en años y canas, que no kilos, cosas y detalles que en mi juventud no tuve oportunidad.

Puedo hablar de Basilio, eterno portero reconocido en cualquier campo de la geografía catalana, y que todavía el pasado año defendía los colores del R.C.D Espanyol en la Liga indoor de nuevo cuño. Águilas, “Lucho”, contundente defensa y eterno capitán del equipo. Julio Múñiz, una institución en la Tercera catalana, y al que sólo la mala suerte no le permitió llegar a más altas cotas. David Múñoz, centrocampista de clase exquisita que nada tiene que envidiar a actuales jugadores todavía en activo. Carlos Pastor, amigo y el principal causante de esta historia, su historia en el Martinenc se escribe con mayúsculas. Peris, delantero centro que desde la Damm llegó al equipo para hacerlo grande. Juan, zurdo exquisito que paseó su clase en Segunda B. Txiqui, fichaje contemporáneo que acribilló las porterías y dio un aire fresco a la delantera. Edel, no hay campo en el que no hayan sufrido sus goles… y tantos otros

Fueron jugadores de esa primera época en la que el equipo despuntaba y en el que se alcanzaron cotas de juego y títulos importantes. Campeones de Catalunya, y en una lucha fraticida con el Gavá, cada año se luchaba por el título barcelonés. Badalona, Sant Andreu, Cornellà, Castelldefels, Manresa, Igualada y otros históricos del fútbol catalán componen ese fútbol de élite veterano. Fueron años de campos de tierra, de polvo y sangre en las piernas

Pero los años pasan, y cómo!!. El naranja del suelo se volvió verde, y nuestras extremidades lo agradecieron. Pero esas piernas que después de acostumbrarse a carreras por la banda, y que desde la posición de interior derecho permitían grandes desplazamientos poco a poco han ido perdiendo su vigor. El equipo envejecía y lo que en un principio eran resultados contundentes se fueron ajustando. Las victorias dejaron sitio a los empates, y las derrotas empezaron a llegar. Ahora un cuarto lugar en la tabla, después un octavo, un décimo, la salvación en un último partido agónico, hasta que sin remisión en la última temporada el equipo consumó su descenso al “infierno” de la Segunda División.

Pero lo que significó una desilusión al instante se tornó en reto. Regresar a Primera era nuestro objetivo. El equipo se rejuveneció, y los Alberto, Simó, Juanjo, Germán, Carlitos, Xavi, Contreras, Fido, Granero, Joaquín, Sergi,, David … y tantos otros nos han devuelto allí donde nos merecemos. Veteranos y jóvenes han logrado conjugar un equipo sin fisuras y difícil de batir.

Ha sido un año duro, con rivales correosos que nos esperaban con la intensidad y ganas que supone imponerse al líder. Ha sido un año en la que los contrarios de siempre han dejado paso a otros desconocidos para nosotros. Vilafranca del Penedes, Gelida, Hostalets de Pierola, Viladecavalls, Molins de Rei, Capcentelles, Horta… y un largo etcétera nos han puesto a prueba. Ha sido una temporada en el que un codo a codo con el Prat, que en nada tiene que envidiar a los mantenidos por los dos grandes de nuestra Liga nos ha puesto al límite, y que a día de hoy, y con casi un mes de competición por delante ha certificado el ascenso de ambos. Dos puntos nos separan en la clasificación, dos empates reflejan la igualdad de nuestros duelos, y cinco jornadas por delante para dilucidar el campeón.

Ahora ese será nuestro objetivo, y la temporada que viene ya en Primera esperamos que las penurias de los últimos años desaparezcan. Desde aquí, gracias a todos por este nuevo año de fútbol y un recuerdo a Jordi Sánchez, al que no olvidamos. Este ascenso por lo que a mi respecta va a él dedicado. Espero que aunque no sea ya en el césped pueda estar presente en las celebraciones. Sigue siendo una más en este equipo!!!!

Os dejo algunas imágenes de este equipo a lo largo de los años. 



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lunes, 23 de abril de 2012

Sensaciones del clásico.

Dos días después de dar por finiquitada la Liga y de recibir mensajes de mis amigos merengues, quiero escribir estas líneas reflejando en ellas las sensaciones que me dejó este partido. Sensaciones que van más allá del análisis técnico y táctico de un encuentro. Sensaciones más cercanas al sentimiento.

Por un lado, la afición culé demostró que ha llegado a un cierto grado de maduración. Si hace cuatro años nos explican que el equipo pierde una Liga perdiendo ante el Real Madrid en el Camp Nou, con un juego más bien pobre, y con unas decisiones tácticas discutibles, probablemente hubiéramos imaginado un estadio al borde del incendio, con pitos y pañuelos por doquier, y la necesidad de romper con todo lo establecido y comenzar así con un nuevo proyecto. Nada de eso ocurrió. Al contrario, cuando el encuentro llegaba a su fin y los aficionados denotaron que sus jugadores habían quedado muy tocados por el segundo gol blanco, la grada en una reacción espontánea entonó gritos de ánimo y de orgullo por su condición de barcelonista. El “Som i Serem (Somos y seremos)” del mosaico inicial no fue únicamente un panfleto publicitario, sino que se hizo realidad en esos últimos diez minutos de partido.

Sabéis los que leéis con asiduidad mis artículos que los partidos en casa se viven con intensidad, y que la unión de tres generaciones nos hace disfrutar de cada uno de los encuentros. La unión de abuelo, padre e hijos delante del televisor ofreció el sábado diferentes formas de asumir la derrota.

Por un lado mi hijo, adolescente, rayando la mayoría de edad, representa esa generación que se ha acostumbrado a la victoria. No entiende de derrotas y las ve como algo ajeno a ellos. Vivió el partido con intensidad a la vez que angustia. No entendía el mal juego culé. No recordaba partidos así de los azulgrana. Y con el pitido final se recogió en un abatimiento y melancolía que aún le dura. Recordándome a mí en muchas ocasiones, fue finalizar el partido y quedar hundido en el sofá. Su estómago se cerró y como en tantas ocasiones le ha pasado al socio y aficionado culé, la cena quedó para mejor ocasión. Todavía hoy, con los ojos medio cerrados y recién abandonadas las sábanas, recordaba la derrota y se hacía cruces. Recordaba a Mourinho y su famosa rueda de prensa. “¿Por qué Papa?”

Al lado estaba mi hija, la del basket, la de Messi. La que no entiende ni sabe de tácticas, pero que resume los partidos en frases simples y gestos elocuentes. Lo empezó vivaracha, enfundada en su camiseta con la firma de su ídolo estampada. Pero fueron pasando los minutos y la sonrisa desaparecía. Partido impreciso, sin brillo. Messi ausente, Iniesta diluido, Xavi espeso, y mi hija a la media hora de juego lo resume en una sola frase. “Papa, me aburro”.

Y delante mi padre, que representa esa generación que se ha hartado de ver ganar al Madrid. Un Real Madrid que se les atraganta, y que a cada victoria les recuerda una época que desean olvidar. Una época en blanco y negro. Una época que creen ya pasada, y que con la vuelta de los blancos a lo más alto, les hace renegar de aquello que ven. Apenas se fijaba en el juego, apenas hacía caso de las evoluciones de los jugadores. Su punto de mira era el árbitro y hacía él iban todas sus críticas. Ya podías explicarle que el fuera de juego que precede al primer gol era muy difícil de ver, y que ni uno solo de los jugadores había protestado la acción. Para él la repetición de la jugada era clara, y la prueba definitiva de que los fantasmas del pasado estaban de regreso.

Aunque bien mirado, también es cierto que en este caso, no se aleja mucho mi progenitor de los análisis que hace Mourinho y su cuerpo técnico de cada derrota. No quiero ni imaginar que hubiera sucedido si la victoria azulgrana se hubiera producido a partir de un gol como el del alemán. No quiero pensar que hubiéramos tenido que leer y escuchar en los medios afines blancos, si la ligera sospecha de un fuera de juego hubiera volado sobre uno de los goles azulgrana.

En cambio la reacción culé fue exquisita. Ni una referencia al árbitro, ni una sola mención de la jugada. El equipo acabo el partido jugando a fútbol, y a pesar de la constatación de que un título se escapaba en ningún momento perdió los papeles. Las piernas de los jugadores blancos no debieron temer por esas reiteradas “idas de olla” que han hecho gala ellos mismos cada vez que un objetivo se les escapaba.

Y para acabar la rueda de prensa de Pep. El mejor entrenador del mundo. Un entrenador se ha de medir tanto por sus éxitos como por sus fracasos, y queda dignificado tanto en la victoria como en la derrota. Y ahí Guardiola demostró que también es el mejor. Felicito al rival por el partido y por una Liga que todavía no ha conseguido, y analizó el partido a partir del juego. Incluso se sintió responsable de algunas de las decisiones tomadas. Sólo así, viendo los fallos en los que se incurre se puede trabajar para mejorarlos. No recuerdo que en estos dos últimos años se haya visto un gesto así del técnico merengue. No recuerdo un análisis de su juego. No recuerdo una felicitación al ganador. Y mira que ha tenido oportunidades para hacerlo!!!


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