La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

miércoles, 30 de abril de 2014

Escarnio a Pep

L
La victoria de ayer del Real Madrid sobre el Bayern de Munich ha desatado en todos los medios, oficiales y no oficiales, un sinfín de mensajes centrados básicamente en la figura de Pep Guardiola. Mensajes sobre todo dirigidos al menoscabo de su planteamiento del partido, y a la mofa de un esquema de juego basado en la posesión de balón y en el juego de posición.

Son en su mayoría mensajes ridiculizando al técnico, ahora, del equipo alemán, pero que tienen que ver, y mucho, con el daño que éste hizo en el foro madrileño durante su etapa como entrenador barcelonista. Cuantas ganas le tenían al técnico de Santpedor todos aquellos que durante su periplo culé tuvieron que tragar quina viendo como temporada tras temporada, el equipo catalán asombraba al mundo entero con un sistema de juego que mostraba la máxima expresión de una concepción diferente de este juego.

Pesan y mucho resultados históricos cosechados por un equipo, que en el auge de su rendimiento puso patas arriba el concierto futbolístico mundial, con exhibiciones que recogidas en videos o DVD’s llenarían horas y horas de jugadas y filigrana,s de momentos y detalles que harían las delicias de todos aquellos que de verdad disfrutan con la realidad de este deporte llamado fútbol.

Ahora es el momento del escarnio, de la mofa. Es el momento soez que todos los que estaban esperando la primera derrota del técnico culé. Es el momento de recordarle que él, acostumbrado a saborear las mieles del triunfo, ahora se ha de ver mordiendo el polvo de aquellos sobre los que un día derrotó.

Me hace gracia leer y escuchar el análisis de muchos entendidos y forofos, que no viendo más allá de un simple resultado defienden que ese estilo de fútbol no lleva a nada. Defienden la idoneidad y casi evangelizan el planteamiento blanco de ayer. No hago aquí una enumeración de los títulos y galardones a los que ha llevado este estilo de juego por no llenar el artículo de datos que todos ya conocemos.

Es cierto, que en esta eliminatoria los merengues han jugado bien, muy bien. Es cierto que el resultado en el césped ha mostrado casi a la perfección la visión que seguramente Ancelotti, plassmó en la pizarra en la que dibujo su estrategia. Es cierto que vistos los ciento ochenta minutos de juego, un modelo parece aplastar al otro tanto en concepción como en ejecución. Pero también es cierto, que ese modelo hoy denostado ha proporcionado momentos sublimes que se alejan mucho de lo que ayer ofreció el hoy endiosado equipo blanco.

Guardiola puede que no haya planteado bien el partido. O puede que haya sobreexcitado a sus jugadores. Puede también que esté pagando el competir en una liga en la que apenas ha tenido que competir para sumar un nuevo título liguero a su palmarés. Puede que desde la distancia de una Liga inferior no haya calibrado la dificultad que a día de hoy representa este equipo. También puede que no haya estado muy acertado en declaraciones anteriores, que buscando la motivación de sus jugadores casi los puso a los pies de los caballos.

Y a pesar de todos esos "peros", Guardiola sigo siendo un técnico de referencia, un técnico tocado por la genialidad. Un técnico que en su día pasará a la historia cómo aquel que cambió y aportó novedades a un deporte más que centenario en el que todo parecía inventado. Un técnico en definitiva que presenta un currículum en apenas cinco años de profesión que para sí querrían todos aquellos que hoy se mofan y burlan de él.


Y yo sé, porqué yo así estaría, que hoy Guardiola se ríe, se mofa y se parte ante el despropósito de mensajes que llegan de todos sus rivales y enemigos. Ganar, ganar y ganar, cómo decía Luis Aragonés es el objetivo fundamental de este y cualquier deporte. Pep se ha hinchado a recoger trofeos y galardones.  “Éramos jóvenes, queríamos comernos el mundo y nos lo cominos” ha sido la frase que para mi representa la trayectoria de Pep desde que irrumpió cómo “mister” en este mundo que a veces me cuesta entender. Me gustaría saber cuantos de los que hoy hacen públicas las chanzas y bravuconadas propias después de una victoria podrían decir lo mismo. Cuantos, médicos, arquitectos, periodistas, juristas, paletas, dependientes, vendedores, policías, bomberos…., son capaces de mirar atrás en su trayectoria profesional y firmar lo que hoy representa el técnico catalán en su profesión. ¿Estáis seguros que entonces seguirías riendo?

miércoles, 16 de abril de 2014

#GraciasBarça

Acaba de finalizar la final de Copa, y me encuentro ante una página en blanco intentando explicar mis sensaciones. Me van llegando, mientras tanto whatsapps de mis amigos merengues con las típicas chanzas de los ganadores. Por supuesto, también me llegan mensajes de otros tantos culés quejándose del partido del equipo, del planteamiento realizado, de la alineación, de la intensidad. Hay mensajes que hablan de vergüenza, otros de rabia, los más de frustración. Me llaman mis hijos, que han visto el partido en el apartamento en la playa de sus abuelos. Están rabiosos. Hablan de "pena de equipo", reniegan de lo que han visto.

Y todavía no he leido la prensa. Ni estoy viendo el análisis post-partido de los medios catalanes. Sólo tenía ganas de sentarme a escribir, y probablemente dar un mensaje diametralmente opuesto a los que recibo. Y es que hoy, después de siete días aciagos en los que hemos dejado escapar Champiosns, Copa y probablemente Liga siento ganas de decir y gritar una cosa: #GraciasBarça

Gracias por seis años de fútbol maravilloso. Seis años que pensé que nunca viviría. Yo que, llegando ya a los cincuenta crecí sin apenas títulos que disfrutar. Yo que pase cinco años en la grada del Camp Nou viendo temporadas pasar sin nada que celebrar. Yo que celebraba las victorias al Real Madrid como única alegría de largas temporadas. Yo, ahora sólo puedo mirar atrás y recordar que los hoy jugadores cabizbajos y derrotados son los mismos que me sacaron del sopor en el que se había sumido mi sentimiento blaugrana.

#GraciaBarça por haber conseguido que mis hijos, hoy ya adolescentes, y que ahora te critican con dureza, disfrutaran de los éxitos y del juego que hasta hace poco realizaste Sé que sin ese despliegue nada hubiera sido loo mismo. Se que sin esa catarata de títulos y resultados conseguidos los partidos vistos en familia no hubieran sido una fiesta continua. Se que, los que hoy ven los partidos enfundados en colores azul y grana, no hubieran llegado a alcanzar esa pasión que ahora destilan si lo conseguido no hubiera sido tanto.

#GraciasBarça por hacerme creer que eramos invencibles. Por hacer que un partido se convirtiera en el momento cumbre de la semana. Por hacer posible el presumir de ser culé. Por notar la envidia de los que hoy se ríen. Por sacar de sus casillas a los mas descerebrados y fanáticos que repetían hasta la saciedad la llegada de un "fin de ciclo" apocalíptico. Gracias por haber conseguido que el universo futbolístico haya girado durante años los ojos hacía nuestro campo.

Por todo ello, quería lanzar un reto. Y este paso por conseguir que este hastag alcance la notoriedad que se merece. Pensemos cada uno que le tenemos que agradecer a este equipo y lancemos ese agradecimiento al mundo onlone. Es fácil pavonearse en la victoria. Es fácil presumir del triunfo. Hagamos de estas derrotas el primer paso para seguir creciendo. Gritemos todos.... #GraciasBarça.

lunes, 10 de marzo de 2014

¿Y si fichamos a Mourinho?

Parece que Valladolid está siendo lugar habitual de la reciente historia blaugrana. Así, a bote pronto me vienen varías imágenes en la plaza pucelana, sin las que difícilmente se entendería la trayectoria de nuestro equipo hasta nuestros días. El “Urruti t’estimo” cantado por Josep Maria Puyal, que nos dio una Liga de las de antes, de las que tanto con costaba ganar. El debut de Puyol, que ahora justo en la previa de un partido contra los blanquivioletas anuncia el final de su trayectoria como jugador y capitán del equipo. O el gol salvador de Xavi, sin el cual no se entendería la trayectoria del siempre discutido Van Gaal. Todas ellas noticias positivas. Todas ellas noticas para la esperanza. Qué lejos quedan estos hechos de lo comentado y leído este fin de semana, después del estropicio que el mejor equipo de nuestra historia, y posiblemente de la historia de este deporte “nos regaló” en la última jornada liguera.

Parece que el partido en tierras vallisoletanas, sea el inicio de un descalabro, que hace que jugadores y afición hayamos perdido la ilusión y las ganas por ver y competir en la Liga doméstica. Una Liga larga, muy larga, cómo no se cansan de repetir unos y otros en sus declaraciones, y que obliga al esfuerzo continuo. Esfuerzo que ahora, ni los que están en el campo, y por contagio, los que estamos fuera parecemos con ganas de asumir.

Qué lejos quedan aquellos días en los que en casa, esperábamos la hora del partido de los azulgrana sentados mis hijos y yo ante el televisor. Enfundados ellos con sus camisetas recién adquiridas y prestos a deleitarnos con el último pase de Xavi, la penúltima filigrana de Iniesta, el sinfín de subidas de Alves, y los innumerables regates de Messi. Sentados esperando que el espectáculo diera paso a los goles. Comentando, riendo, vibrando, disfrutando. En definitiva, viviendo el Barça como nunca lo habíamos hecho.
Ahora, el partido semanal se convierte en un acontecimiento anodino. Una actividad más del fin de semana que se ve o no en función del resto de actividades del fin de semana. Sin ir más lejos para este último partido, y cómo ya viendo siendo norma habitual fuera de los partidos de Champions, mi hija Marta dimitió de sentarse delante de la televisión. Ya no le interesa el Barça, ya no le interesa ver a su Messi. Ni le preocupa casi lo que haga Neymar. Se aburre, y ante el aburrimiento sus actividades adolescentes ocupan el pódium de sus preferencias. Ya hace tiempo que la última adquisición en cuanto a camisetas, la de la senyera con el nombre de Xavi a la espalda, descansa plegadita en un armario.

Mi hijo Marc, visceral y nervioso, no aguanta ver al equipo por detrás en el marcador. Es ver adelantarse al rival, lo que es norma habitual últimamente, y despotricar de forma vehemente. es ver al diez argentino deambular por el césped y buscar el mando para cambiar de canal, en busca de la tranquilidad o risas de las infinitas series que repiten sin cesar en la actual programación digital. Es ver la falta de tensión e intensidad que parece destilar este equipo en todos sus ámbitos (desde Zubizarreta hasta el último de los jugadores), y desesperarse buscando las razones de lo que está sucediendo.

Son mis hijos de una generación que no sabe lo que es vivir en la derrota. Desde que tienen uso de razón y recuerdo futbolístico sólo han visto ganar, ganar y ganar. Y parafraseando al ya fallecido Luis Aragones, y volver a ganar, y ganar y ganar. Son de una generación que ha disfrutado cómo ninguna otra de una hegemonía sin parangón, y que ahora parecen no asumir que ésta puede estar llegando a su fin. Parece ser….

Y yo la verdad no sé muy bien que explicarles. No sé si decirles que los ciclos son así, y que aquello no podía durar siempre. No sé si decirles que ganar siempre es una quimera, y que en todos los órdenes de la vida a épocas de bonanza le siguen épocas de penurias en ciclos más o menos cortos. No sé si decirles que estamos ante un bache temporal, que solucionado puede todavía llevarnos a una temporada triunfal. No se….

Lo que sí sé, o veo, o intuyo, es que el equipo ha perdido chispa, hambre, ganas y motivación pro competir. No es sólo Valladolid. No es sólo febrero. No es sólo este 2014. Toda la temporada está llena de ejemplos de un desinflamiento progresivo, de un apagamiento gradual.

Y para mi esta situación sólo tiene vuelta de hoja con una chispa que active a cada uno de los integrantes de una entidad que ahora parece somnolienta. Una entidad preocupada por el futuro, y que mira constantemente al pasado, y que ha dinamitado un presente que allá por el mes de septiembre parecía esperanzador.

Hace falta reaccionar, y así, ayer, sentado en el sofá y observando debates sobre el Tata y su nulo poder de transmitir una pregunta se me pasó por la cabeza. Una pregunta que lance al aire sin esperar ningún tipo de respuesta. Una pregunta absurda. Una pregunta temeraria….. ¿Y si fichamos a Mourinho?......... Y mi hijo, sentado a mi lado, se giró, y con los ojos en órbita casi me grita.. Papa….. ¿te has vuelto loco, o qué?????... Puede...., ¿verdad?




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miércoles, 5 de marzo de 2014

Puyol. Más allá del fútbol

Ayer Puyol anunciaba el final de su etapa en el Barça. Y ayer una sucesión de imágenes pasaron ante nuestros ojos, en una colección de gestos y detalles que han marcado su época como jugador azulgrana. Elogios, parabienes, análisis y palabras de despedida llenaron las redes sociales y tertulias deportivas. Palabras a las que yo, desde este espacio poco más podría añadir. Pero el adiós de Puyi, merece unas líneas que hoy le quiero dedicar.

Representa el cinco azulgrana el prototipo de jugador que ilustra aquello que no se puede enseñar. Y es que mis años de entrenador de fútbol base me ha enseñado, entre otras muchas cosas, que el sacrificio y el compromiso son cualidades incorporadas al gen de cada individualidad. Puedes enseñar a realizar un control, puedes mostrar la forma en la que debes fijar una marca, puedes optimizar movimientos de ataque, puedes intentar educar en la concepción del juego colectivo, pero, hay algo, cómo vulgarmente les decía yo a mis jugadores “que va con el bicho”, hay algo que sale de dentro, que nadie te muestra, y que lo incorpora cada uno cómo parte del juego.

El partirse la cara, el no desfallecer detrás del contrario, el no poder más y seguir corriendo, el gritar, presionar, luchar, mandar, decidir, en definitiva, el esfuerzo y sentimiento por aquello que realizas. El no ser un simple funcionario del juego, el saber que cada balón cuenta, el demostrar la pasión por lo que se hace, el ser diferente. Todo eso representa Puyol. Todo eso y más. Algo que ha hecho del “capi” un jugador único, y que en plenitud de facultades le reservaba un puesto de titular indiscutible dentro de cualquier formación. 

No es casualidad que dese la aparición de las malditas lesiones de rodilla, el equipo haya dejado de presionar cómo debía. Puyol era el primero en juntar las líneas, en tirar a todos para adelante, en obligar al resto, ya sea o por vergüenza torera, o por dignidad, a no ser menos. Sí él puede, nosotros también. Y desde que su figura dejó de aparecer de forma constante en el centro de la zaga, algo se fue perdiendo.

Representa Puyol un ejemplo claro de ansía de superación. Hoy todos hablamos de sus éxitos, de las copas levantadas, de los triunfos conseguidos. Pero yo recuerdo, cómo casi estuvo a punto de ser cedido al Málaga por Serra Ferrer, antes de que Van Gaal decidiera que le podía ser útil. Yo recuerdo, cómo en sus primeras cinco temporadas en el equipo pasó por un calvario en forma de resultados funestos, en los que no había manera de estrenar un palmarés que a día de hoy casi nadie puede presumir. En un mundo en la que estamos viendo crecer a una generación acomodada, sin apenas espíritu de lucha, y esperando que el día a día les resuelva los pocos problemas que parecen asumir, el ejemplo de un chaval que no se rindió, y que pasó de la nada al todo, no debería pasar desapercibido en campos profesionales que van mucho más allá que el simple deporte.

Representa Puyol la generosidad, mostrada en su última Champions conquistada, en la cual huyendo de cualquier protagonismo, declina salir en la principal foto del partido, en favor de un compañero al cual las circunstancias le llevaron a vivir los peores días de su existencia.  En una sociedad que fomenta el individualismo como característica principal en los quehaceres del día a día, el pensar en los demás, en dejar pasar una ocasión única de protagonismo, demuestra la concepción real de la vida y el juego que tiene este todavía chaval de La Pobla.

Llega con la marcha de un símbolo, y la de Valdés, el principio de un fin de ciclo, que ahora sí, aunque sólo sea por el cambio de nombres en la alineación parece próximo. No es el fin de ciclo anunciado por un fanático periodista metido en el papel del clown, no es el fin de ciclo que descabalgue al equipo de una hegemonía que todavía intenta conservar. No es un fin de ciclo apocalíptico. Es el fin de ciclo, al que todos, de forma irremediable vamos llegando en diferentes aspectos de nuestro vida con el paso de los años.


Años en los que he visto y disfrutado de otros jugadores en su misma posición. He visto pasar a Migueli, a Alexanco, a Koeman, y a muchos otros cuyos nombres no quedaran grabados en la historia con letras de fuego. Y hoy le toca el turno a Carles Puyol. Algo más que un jugador.




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miércoles, 26 de febrero de 2014

Ladran Sancho, luego cabalgamos.

Qué difícil es ir por la vida con tranquilidad! Apenas nuestras acciones marcan huella y, como perros, no faltan adversarios que con fuertes ladridos tratan de persuadirnos de que nos detengamos. Cuando esto sucede, a manera de conjuro para contrarrestar la agresión, solemos repetir la frase atribuida al Quijote: “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”.

Independientemente del origen de la frase, que después de una breve investigación, me he dado cuenta de que no aparece en la obra de Miguel de Cervantes ni por el forro, me viene de perlas la etimología que ésta ha ido adquiriendo a lo largo de los siglos para referirme a la actual situación que vive el equipo azulgrana a día de hoy.

Un equipo instalado en la duda, y al que ahora cómo voraces mastines, se encargan todos de atacar y acorralar en busca de un desprestigio más allá de los terrenos de juego, que es donde realmente el Barcelona se ha labrado su leyenda. El fichaje de Neymar, el fichaje más explicado de la historia del fútbol, el fichaje más investigado desde que empezó a rodar el balón allá por finales del siglo XIX, el fichaje más mediático de las últimas temporadas, ha provocada, desde que un socio en busca de no sé muy bien que, interpelará una demanda contra la actual directiva, la actuación más vertiginosa que yo recuerde de un aparato judicial, del que si por algo se caracteriza, es por la lentitud hasta la exasperación de todos sus trámites.

Y no seré el que pase a enjuiciar, al socio azulgrana, que ahora mismo ni recuerdo cómo se llama, ni tengo ganas de buscarlo en la nube digital. Ni sé los porqués de los males del contrato del brasileño. Ni sé si ha de pagar más o menos a Hacienda. Y la verdad, que ni me interesa. Ni me preocupa si la fiscalía o el juez han imputado a la institución en busca de todavía no sé qué defectos de forma, o malabarismos contables. No soy ni jurista, ni contable, ni empresario, ni pertenezco a ningún círculo profesional que me permitan dar un juicio de valor consistente. No soy diferente a la mayoría de los que estos días hablan y hablan, opinan y hacen ruido, maldicen y trasgiversan.

Pero en cambio, me encanta oírlos. Me encanta ver cómo se enervan, cómo alzan la voz, cómo claman por la justicia, cómo buscan el deterioro de una imagen, cómo intentan el hundimiento, cómo buscan el demérito. Y cuanto más gritan y más critican más disfruto. Ladren señores, ladren.

Nada de esto sucedería si el Barça, en lugar de estar instalado donde hoy está, vagara intrascendente en una competición anodina. Nada sucedería, si año tras año, un equipo al que se busca la fecha de caducidad se empeñará en demostrar al final de cada temporada que su lápida tendrá que esperar. Nada pasaría si  en estos últimos seis años nuestro currículum no fuera el que es, el cual no reproduciré por no alargar las líneas de este artículo de manera insulsa. No habría lugar al desprestigio y al demérito si en estas dos primeras décadas de este siglo, los azulgrana, tanto de forma colectiva como individual no se hubieran instalado en el trono mundial del planeta fútbol

Dejemos a la jauría ladrar, dejemos que se desfoguen, y mientras tanto, nosotros, sigamos paso a paso buscando aquello para lo que fuimos creados. Jugar al fútbol, y disfrutar con este deporte.


Decía Goehte, que “El perro, quisiera acompañarnos desde el establo; pero el eco de sus ladridos nos prueba que cabalgamos”. Y no dudéis que ahora, muchos de los que ladran hubieran dado lo que sea por acompañarnos en nuestra cabalgata hacía de éxito, o si más no, haber sido ellos los que la hubieran realizado.




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lunes, 24 de febrero de 2014

Una montaña rusa de sensaciones

Supongo que todos en alguna ocasión os habéis montado en una montaña rusa, y a su vez, experimentado el vaivén de sensaciones que, ahora arriba, ahora abajo,  producen los continuos cambios gravitatorios por los que se caracterizan este tipo de atracciones. A la placidez de la subida inicial, escuchando el traqueteo de las vagonetas, y el runrún del motor de arrastre, se une un cosquilleo en el estómago antes de la inminente bajada. La tranquilidad y el placer de un paisaje en el horizonte, dejará paso a la convulsión de un sinfín de bucles y maniobras, que hacen que a nuestro cerebro le sea difícil interpretar en que situación nos encontramos. A la euforia de observar la primera de las rampas, se le sucede el vértigo y la incertidumbre del que se enfrenta por primera vez a un trayecto vertiginoso y sin control. Arriba y abajo, euforia y vértigo, miedo y tensión se suceden sin apenas dar tiempo a la pausa entre cada una de estas sensaciones.

Y en eso estamos los culés, un día arriba, observándolo todo desde las alturas, Desde una posición de privilegio que nos permite observar a nuestros rivales desde la placidez del saber que todo está dominado. Líderes durante una sucesión récord de jornadas, pronosticaban un campeonato liguero sin apenas sobresaltos, esperando la llegada de las fuertes emociones que nos depararía la Champions. Y otros días abajo, en los que un revolcón por un giro inesperado, nos mete el miedo en el cuerpo, y hace que se tambaleen todos aquellos conceptos que apenas momentos atrás creíamos tan seguros.

Un día la euforia se instala en todos los medios y círculos culés, pensando que el equipo y su cuerpo técnico han dado con la tecla adecuada en la confección de un once de garantías, y una táctica de juego. Y al siguiente, unas rotaciones, que hasta el momento se habían constituido cómo la mejor de las apuestas, para garantizar llegar al tramo final de la temporada con todos los integrantes al máximo de su fuerzas, se convierten en un arma en contra a tenor del revolcón de nuestro último partido de Liga en Anoeta. Revolcón que se une a una fase ya general de desconcierto que hace que en este 2014 que apenas comienza el equipo se haya dejado por el camino la nada despreciable suma de diez puntos, y que en una hipotética Liga anual le colocaría en una tercera posición harto compartida, y alejado a una distancia casi insalvable de ocho puntos con el máximo rival, generando el vértigo usual que este tipo de situación nos provoca.

Hay momentos en el que el equipo es reconocible, y nos muestra su mejor versión apabullando al rival de turno. Pero hay otros en los que desaparece y muestra signos de debilidad que creíamos ya desterrados. Hay fases de la temporada en las que no hemos sentido imbatibles, y otros, como la actual, en la que parece que cualquier balón que ronda las inmediaciones de nuestra área es sinónimo de gol. Y si ese balón dibuja una estela en forma de centro, la sensación de vértigo se acrecienta, y ya casi es mejor cerrar los ojos a la espera del desenlace final de la jugada.

Aunque en mi opinión, un denominador común se extiende en cada una de las actuaciones del equipo, independientemente del resultado. Y es la falta de intensidad. Parecen los azulgrana todavía afectados por el rapapolvo alemán de finales de la temporada pasada, en las que un equipo fundido se las tuvo que ver con la mayor de las amenazas en esa fase del campeonato. No hará falta recordar aquí el resultado, pero parece, que en el subconsciente de cada uno de los integrantes de este plantel ha quedado grabado ese momento, y ya sea mediante la aplicación de la dosificación de esfuerzos en el once titular, ya sea mediante el ahorro de fuerzas en los mismos partidos, el equipo hoy por hoy no se encuentra del todo preparado para una confrontación física del máximo nivel.

Y así, con un equipo mucho más estirado de lo habitual, y con un centro del campo obligado a correr muchos más metros entre la separación que existe entre defensas y atacantes, los azulgrana sufren en cuanto el rival tiene el balón. Sufre en esa franja que oscila entre el treinta y treinta y cinco por ciento de porcentaje en la que hay que defender, en la que hay que presionar, en la que hay que ser solidario. Y parece que, proveyendo que lo mejor está por llegar, se rebaja el listón de exigencia en cada uno de los esfuerzos individuales. Se relajan las marcas, se rebaja el índice de presión, y se basa todo a los veinte o veinte cinco minutos en los que los jugadores se “ponen las pilas”, y deciden que ese es el momento del partido. Partidos de apenas media hora, diluyendo el resto en puro trámite.

Esperemos que el final de este trayecto de altos y bajos nos conduzca a un final, que al igual que en la famosa atracción, una vez puestos los pies en el suelo, y con la pausa de la parada, nos permita apreciar la realidad del momento, y que a pesar de los sinsabores sufridos, las sensaciones finales de emoción e incertidumbre nos dejen el recuerdo de que al a la postre, todo ha valido la pena.




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miércoles, 19 de febrero de 2014

Caminando en sentido contrario

Parece que casi, casi tenemos asegurado el pase a la siguiente fase de esta edición de la Champions. Parece que nuevamente, estaremos entre los mejores. Parece que por fin el equipo, después de los vaivenes de hace unas semanas ha establecido una línea de juego. Parece  que un “diez” tipo ya se ha implantado como el equipo titular que nos ha de llevar a un nuevo carrusel de conquistas (el undécimo integrante baila todavía entre las piernas de Pedro, Alexis y Neymar). Parece que el momento cumbre de la temporada, este año sí, llega con todos los integrantes a tope. Parece…

Y es que después de ver el partido de ayer, y leer y releer los comentarios de prensa especializada, queda la sensación que el Barça, se ha instalado en una rampa de lanzamiento y ha alcanzado una forma de juego óptima.  Y a mí, y todavía no sé muy bien la razón, sigue sin “ponerme” lo que veo. Y es que casi me da vergüenza llevar la contraria, ya que soy de los que piensa que si andando por una calle voy tropezando con lo que vienen de cara, el que está tomando el camino equivocada soy yo. ¿Me estará pasando lo mismo? ¿Me estaré volviendo demasiado exigente?

Transformar Messi el penalti después de encarar Demichelis el camino hacia los vestuarios, y pensar que el partido iba a convertirse en un acoso y derribo a la portería de Hart fue todo uno.  Y más después de constatar que los “blues”, olvidando las precauciones que hasta el momento habían tomado, intentaban adelantar sus líneas en busca de un gol que igualará la eliminatoria. Ahora sí, pensé, ahora con espacios la agarra Messi y adiós muy buenas City.

Y para mi sorpresa, los azulgrana pasaron más apuros en esa media hora final que en la hora precedente, en la que en un confrontación once para once, se definía un partido típico de cualquier equipo ante el nuestro.  
Esperaba que cualquier robo de balón diera lugar a pases verticales, a la búsqueda incansable de esas terroríficas arrancadas del diez argentino en busca de unos centrales que reculaban asustados a proteger a su portero. Esperaba más presión, más rapidez en la circulación de balón, más profundidad por ambas bandas, más ocasiones de gol.

Es cierto, que dispusimos de hasta cuatro o cinco, y que con una efectividad algo mayor tal vez algún otro tanto hubiera subido al marcador (que subió injustamente anulado), pero, me daba la sensación, que eran fruto de arranques puntuales de intensidad, y no de una constante del juego. La constante era otra, pasar el balón y no perderlo parecía la estrategia a definir. Pasar el balón en zonas insulsas del campo reteniendo en ocasiones las diagonales que tiraban un aislado Aléxis, y un por instantes desubicado Messi.

Y pasaban los minutos, y el marcador seguía bajo mínimos. Qué oportunidad estamos perdiendo, pensaba. Qué oportunidad de olvidarnos ya de esta eliminatoria. Acabemos hoy aquí, dejémosles sin aire para el regreso. Hagamos que piensen que la Champions ya es historia este año para ellos.  

Y mis nervios aumentaban cada vez que veía un pase atrás, o un pequeño rondo en el centro del campo. Ni la salida de Neymar me pareció que se imprimiera una marcha más al partido. Y se acercaba el minuto final, y sí, ganábamos, al igual que lo hacíamos en Anoeta no hace mucho. Y  marcó Alves. Y los brasileños bailaron en la banda. Y me relajé, y creí que ahora sí, que ya estaba hecho.  Y llegó el pitido final, justo en otro anodino rondo de toque y toque entre jugadores azulgrana.

Y nuevamente me entró esa sensación de que había presenciado un trabajo a medio hacer. Un trabajo satisfactorio, pero no excelente. Un trabajo que consigue un objetivo como un trámite más a cumplir.  Y después, he leído, he escuchado, he repasado las crónicas, y todo el mundo no puede estar equivocado, así que, probablemente allá cogido el sentido inverso de la calle y todo sea cuestión de volver al carril que corresponde. ¿Alguien más caminaba en mi misma dirección?




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