La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Mourinho. El último templario


Ha iniciado Mourinho su última cruzada, y esta vez su objetivo es la conquista del Balón de Oro por uno de sus pupilos, y a la vez compatriota. Hubiera sido el portugués un buen templario, amante de las cruzadas. Y así como aquellos sacerdotes guerreros iniciaros cruzada tras cruzada para la reconquista y protección de Jerusalén, él no se cansa a su vez, de iniciar las suyas en defensa de lo que considera algo exclusivo de su propiedad: el prestigio. Y así ataca a todo aquel que representa un obstáculo para su consecución: la cruzada del calendario contra los Estamentos, la cruzada contra el colectivo arbitral, la cruzada contra Guardiola, la cruzada contra el Barça, la cruzada contra su propia prensa afín, contra aquellos que en su propio club ponen en duda su valía o gestión, y ahora, la cruzada por la conquista del Balón de Oro. Hubiera tenido Saladino un buen rival.

Y a ese objetivo se ha lanzado, intentando primero dilapidar el prestigio del que él supone es el máximo oponente al galardón: Messi. Aboga Mourinho, que los cincuenta goles conseguidos por el argentino no han servido para nada, y que los de su compatriota Ronaldo han dado una Liga al Madrid. Creo que Mou se equivoca de premio. Los goles, dan otro trofeo a nivel europeo, y su denominación, aunque parecida al prestigioso balón es la de Bota de Oro.

Ironías a parte, habría que recordarle a Mou dos cosas. Una, que el prestigioso trofeo valora en primer lugar, no una temporada natural de agosto a mayo, sino un año natural de enero a diciembre. Y que ahora estamos en mayo. Por lo tanto, ahora, lo único que se puede decir de Cristiano es que está bien posicionado para el galardón, igual que lo están otros muchos, como lo pueden ser el propio Messi, Ribery, Robben, Silva, Casillas… Es como si en una carrera de Formula 1, el juez de carrera decidiera que en mitad de la misma, y en vista de la ventaja del ganador, ésta se diera por finalizada. O que un buen estudiante, pidiera matrícula de honor como valoración de un curso habiéndose cumplido sólo el primer trimestre. ¿Algo tendrás que hacer los dos restantes?, le contestaría su tutor. Pues en esa estamos. Él y otros van camino de la matricula de honor, pero aquí sólo se da una, y ésta es para el mejor.

Y este es el segundo aspecto. El Balón de Oro se otorga al mejor. No al que más títulos ha ganado, no al que más goles ha metido, no al que es más guapo, ni al que genera más simpatías. Se le da al mejor. Porqué siguiendo la teoría de Mou, y con una final de Champions todavía por disputarse, una Copa del Rey aun pendiente,  con una Eurocopa que ha de coronar al mejor once de Europa, y con un sinfín de partidos todavía por jugar, si de lo que se trata es de contar títulos y hazañas aún quedan unas cuantas por contemplar. ¿Y es que quien sería el guapo, que según estos criterios que quiere imponer Mou, le quitaría el galardón a  Ribery si se proclama campeón de Europa este fin de semana con su equipo, y a su vez lleva a la selección francesa a la conquista de la Champions? ¿O alguien dudaría que Silva, Casillas o Xabi Alonso, campeones de sus Ligas, entrarían en la pugna si es la selección española la que se corona campeona de Europa?. Es pronto Mou para hacer campaña, es pronto…

Pero estos interrogantes que planteo también se apartan de lo que para mi es el verdadero propósito de este premio. Coronar al Rey.  Todavía recuerdo la disputa que origino hace dos años, cuando Xavi, Iniesta y Messi se enfrentaron ante la incertidumbre de escuchar a Guardiola dar el nombre del ganador. Todo el mundo esperaba que en vista de los éxitos conseguidos por los centrocampistas azulgranas, campeones del mundo en Sudáfrica ese año, el premio estaba cantado y que uno de ellos haría el recorrido de su butaca al estrado. Y ante la sorpresa de todos, incluso la de Pep, fue el diez azulgrana el vencedor.

He de reconocer que a mi me habría hecho ilusión que el premio hubiera ido a parar a las manos de Xavi. Catalán, formado en la cantera del Barça, en una de sus últimas oportunidades por conseguirlo, ante un rival que tendría por edad y calidad muchas otras nominaciones, mis preferencias estaban con el de Terrassa. Pero también he de aceptar que la mención de Messi reconoció al que para mi, es hoy por hoy el mejor jugador del momento. Y según mi parecer, en cuanto a calidad y dominio del juego, la valoración del rosarino no ha variado. Sigue siendo el mejor, y lo demuestra día a día y partido a partido.

Y esto es algo que Mou no tiene en cuenta. Sigue anclado en esa concepción del premio que tenía en cuenta galardones colectivos para otorgar un premio individual. Y así con ese criterio, hemos visto esperpentos tales, como ver otorgar el preciado trofeo a Mattias Sammer, o a Owen, o a Cannavaro… Y parece que la FIFA y los votantes se han dado cuenta de este error, y se ha modificado la valoración en lo que se refiere a los méritos del ganador.

Pero Mou, cual templario obstinado, seguirá su cruzada. No tiene desperdicio su última frase. “Cristiano no ha podido conseguir el Pichichi, por lo que como compensación deberían otorgarle el Balón de Oro”. ¿Compensación?  Me apuntaré esta teoría, y en la próxima reunión en la que se hable de mi sueldo le diré algo parecido a mi jefe. “No he podido conseguir por poco los índices de producción que se me pidieron. Como compensación merezco un mayor porcentaje de los beneficios”. Es justo, no?


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domingo, 13 de mayo de 2012

Solos ante el peligro.


Finalizada la Liga, es hora de balances, recuento de registros, alegrías, dramas, y recogida de premios individuales. Los que más llaman la atención, son aquellos que se basan en datos puramente objetivos, como es el número de goles. Máximo goleador, el “Pichichi”, y mínimo goleado, el “Zamora”, son los galardones que dan esa gloria individual, que a veces resulta algo paradójica en un deporte tan colectivo como es el fútbol.

Y curiosamente, y a pesar de no haber conseguido el cuarto galardón consecutivo, el Barça ha copado estas dos clasificaciones. El primero, el de máximo goleador, ha sido para Messi, que con un registro estratosférico de 50 goles ha dejado unos registros para la historia, y que tardaran mucho, mucho tiempo en superarse. A no ser que el propio diez azulgrana se ponga como objetivo el próximo año añadir algunos dígitos más a esta gesta. Sólo en manos de un extraterrestre está la posibilidad de acercarse a los números del rosarino esta temporada.

Ha sido una temporada marcada por los récords. De una sola tacada ha superado a todos los mitos blaugrana que le miraban por encima en la tabla de máximos artilleros de la historia, y uno a uno, primero Kubala, y después Cesar, han sido superados. Hasta setenta y tres goles ha marcado el argentino, superando a su vez al mítico Torpedo Muller como máximo realizador en una temporada natural. Nunca nadie había marcado tantos goles.

Y a pesar de ello, el Barça ha adolecido de algo de gol. Ha estado solo, muy solo Messi en esa ardua tarea de batir al meta rival. Por las razones que sean, primero Villa, lesionado, luego Pedro, en continuo ir y venir del campo al fisioterapeuta, después Aléxis, una apuesta todavía por explotar, y por supuesto los emergentes Cuenca y Tello, a los que no se les puede pedir más de lo que han hecho, han dejado a Leo como el único responsable de cerrar los partidos. Y en esa responsabilidad única, el Barça ha salido perdiendo.

Ha sido en los partidos claves del año en los que se ha visto mas esa necesidad de tener más variantes en ataque. Messi llegó a ellos, con una falta de chispa alarmante, y fue maniatado por las defensas rivales. Y sin él, el equipo perdió ese instinto que te lleva a conquistar las más grandes metas. Todavía están en mi memoria las ocasiones de gol falladas en Standford Bridge, o los uno contra uno de Tello ante Casillas en el clásico que marcó el desenlace de este año. Ahora todos son conjeturas, pero casi podría asegurar que con Villa en el campo, algunas de esas ocasiones hubieran tenido un final muy diferente, y hoy podría estar escribiendo párrafos muy diferentes.

Por muy grande que sea Messi, por muchos goles que marque, por muchas asistencias que de, no puede tener él la única responsabilidad en el ataque. Y esto lo han de entender, tanto los responsables técnicos del equipo, como el propio jugador, que sabiéndose único, a veces peca de excesos, que bien regulados podrían haber hecho que asumiera este fin de temporada en un estado de frescura muy diferente al que lo ha hecho. Hay que repartir protagonismo y volver al famoso MVP con las siglas que le quieran poner.

Muy lejos del diez azulgrana en el campo, se encuentra el número uno, Valdés. Quinto Zamora, cuarto consecutivo que lo pone a la altura del mítico Ramallets. Y a pesar de ese galardón me queda la sensación de que no ha sido esta la mejor temporada del de L’Hospitalet.

Es la portería azulgrana un trabajo de alto riesgo que pocos pueden asumir. La lista de porteros consagrados que han intentado triunfar bajo los palos del Camp Nou es extensa, y nombres como Baia, Dutruel, Rustu, Lopetegui, por hablar de los más cercanos en la histora, han sufrido en sus carnes esa presión de saberse solos ante muchas de las acometidas rivales.

Y es que si se quiere triunfar en el Barça como portero, además de una fuerte personalidad, y una imponente presencia debes dominar como nadie el arte del uno contra uno. Son pocas las ocasiones en que el portero azulgrana debe intervenir en un partido. A veces, incluso da la sensación de que el equipo podría desenvolverse sin él. Pero cuando lo hace, en un tanto por ciento elevado de las veces, es de forma individual ante un delantero que llega en carrera y con el balón controlado. Y esa, se ha de sacar.

La confianza es clave en un puesto de especialistas. La confianza de saberse imbatible, de saberse el mejor. Esa seguridad que te permite hacerte grande ante el delantero que te encara. Esa seguridad que sabe que vas a pararla, que vas a salir triunfador en el duelo. Y en eso Valdés ha sido de los mejores, sino el mejor. Son muchos los partidos que se resumen en un ataque continuo azulgrana, y en una parada de Valdés en un una contra. Son mucho los títulos que se recuerdan con un final apoteósico de los azulgranas, y con un inicio con el uno como salvador.

Y ese año parece que no ha sido así. O al menos en este final de temporada esa ha sido la sensación. Repasando los últimos dos meses del cancerbero azulgrana, pocas imágenes, por no decir ninguna quedan en nuestra retina con lo que se denomina un paradón. Es llegar un delantero al área y…., acabar la jugada en gol. Sólo hace falta recordar las ocasiones en la que el Chelsea se acercó al área azulgrana en la malograda semifinal de Champions, o las veces en las que el Real Madrid puso a prueba a la defensa. Incluso el último partido ante el Betis puede servir de ejemplo. Casi deseó que Pinto se recuperé de su esguince y juegue la final de Copa del Rey. Ahora mismo parece que cualquiera puede batir al verdadero titular del puesto. Necesita un reset y volver con su índice de autoestima al máximo.

Y así, entre goles fallados, y paradas imposibles no realizadas me queda la sensación que, sin esos premios individuales, y tal vez con algo más reparto de responsabilidades, una temporada que se preveía histórica hubiera tenido el final que se merece. Deberemos esperar a la próxima. El deporte siempre da otra oportunidad.


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martes, 8 de mayo de 2012

La leyenda del segundo entrenador.


El mundo de fútbol, en el que la atención mediática ha crecido de forma exponencial en los últimos años,  los focos y los micrófonos se reservan para el número uno del cuerpo técnico, el primer entrenador. Son ello los que asumen la responsabilidad de los resultados, y a su vez asumen la gloria del triunfo y el fracaso de la derrota. Así funciona la superficialidad de lo público, pero todo cambia en la profundidad del vestuario y el trabajo diario. Un trabajo diario en el que la figura del segundo entrenador tiene un papel primordial.

Normalmente el segundo integrante del cuerpo técnico es aquel que está más próximo al jugador. Se hace responsable de aspectos más cotidianos. Se acerca y vive como un jugador mas, las tareas diarias. Diseña gran parte de los entrenamientos, y  es en numerosas ocasiones, el receptor de los sentimientos de los jugadores. Y de la misma forma que en cualquier actividad profesional, los altos cargos se rodean de una aureola de inaccesibilidad,  el fútbol no deja de ser diferente, y en muchas ocasiones el segundo de a bordo represente el nexo de unión entre plantilla y máximo responsable técnico.

A raíz de este papel más mundano, muchas son las veces en las que se genera la leyenda, que el verdadero artífice de los éxitos no es el que acapara toda la atención, sino que en el trabajo en la sombra del segundo de a bordo y del cuerpo técnico está la gestación del éxito.

Me viene ahora a la memoria la figura de Ten Cate, como segundo de Frank Rikjaard. Se decía de él que era el guardián del vestuario, que era la pieza clave del éxito logrado. Se decía que su marcha fue el primer paso para el fin precipitado de un ciclo que se preveía más lonjevo. La necesidad del ser humano por progresar en todos los ámbitos, y por hacerse visible en su desempeño profesional, hizo que abandonará el equipo buscando su propia gloria. Pero, alguien recuerda los éxitos del holandés fuera del Camp Nou?. Yo sinceramente, ahora mismo no sé ni que papel desempeña.

Bruins Slot, ayudante simpático y carismático de Cruyff, será recordado por su imagen con la manita al cielo después de que Iván Iglesias ejecutará ese resultado que tanto nos pone a los culés. También se decía de él que era la clave del éxito, que era el artífice del Dream Team. Qué sin él nada tendría sentido. Y después, razones personales al margen, su trayectoria quedó diluida en unos resultados anodinos.

Charly Rexach, refleja también ese papel de segundo perfecto. En un mundo en el que el mundo de las cámaras, las portadas, el protagonismo y el estar en primera línea de fuego propagan la figura de los técnicos de primer nivel a niveles equivalentes a muchos jefes de estado, se dice que el mejor segundo es aquel que no desea ser primero. Aquel que goza del anonimato y de su trabajo en el campo, y aquel que se siente al margen de todo lo que rodea a los noventa minutos del partido en sí. Charly ejecutaba este papel a la perfección. Hasta que Cruyff cayó fulminado. Y entonces, movido por el resorte de las ganas de probarse, asumió el rol de protagonista. Rol que por más que nos pesé, y por mucha figura emblemática que nos represente no dejó de ser decepcionante.

Ejemplos los hay a puñados. Carcelen a la sombra de Camacho puede ser uno de los más claros. Apenas tardó cuatro meses en ser cesado en su puesto al mando de un RCD Espanyol, que con el murciano al mando conoció sus páginas más gloriosas. La figura de Carlos Queiroz como ayudante del legendario Alex Ferguson en el Manchester United le abrió las puertas de un galáctico Real Madrid, y ya sabemos todos que esa decisión fue el principio del fin de esa era de estrellas en el firmamento blanco. O que decir, por ejemplo de Ángel Cappa, que creció a la sombra del éxito de Jorge Valdano, y ahí sigue. Viviendo de su lenguaje fluido y de un currículum pasado.

Y es que sentirse en el punto de mira no es fácil. No es lo mismo quedarse a oscuras en el fondo del vestuario que lidiar con la presión diaria. No es lo mismo ver tu nombre día tras otro en los medios, que ser únicamente una referencia ocasional. No es lo mismo…

Ahora, con el fin de la era de Guardiola como entrenador, el Barça y Tito Vilanova han dado el paso lógico. Uno, porqué confía que el segundo sea el mejor conocedor del modelo que nos ha hecho grandes. El otro, porqué  como todos los anteriores ejemplos desea probarse y ver si es capaz de asumir el reto. Y unos y otros deberán asumir, y se equivocarán sino lo hacen, que será muy difícil extraerse del camino recorrido estos cuatro años, y que las referencias a ellos serán continuas.

Sólo hay que ver los artículos de opinión, posts y comentarios que diariamente nos ofrece el mundo virtual e interactivo. Tito sí, está bien, pero… pocos son los artículos que no asocian su nombre al de Pep. El mío es un ejemplo. Y será esa comparación, innata, en la condición humana, la principal piedra que cuelgue del cuello del nuevo entrenador. Entrenador del que ya se dice que, al igual que Ten Cate en su día, es el ideario de muchas de las decisiones que Pep tomaba. Se deberá sentir fuerte, porqué el camino que le espera no será fácil. Ojala hayamos aprendido de épocas pasadas y dejemos que desarrolle sus ideas desde la calma. Veremos….


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lunes, 7 de mayo de 2012

Què tinguis sort, Pep


Después de la victoria por cuatro a cero en el último partido de esta temporada en el Camp Nou, se escenificó de forma perfecta la despedida del mejor entrenador de la historia azulgrana. Un entrenador diferente, fuera de los estereotipos que marcan habitualmente los ocupantes de un banquillo. Un entrenador que ha sabido transmitir el gusto por una profesión, y que ha llevado al equipo a unos niveles de juego y éxito como nunca nadie hubiera imaginado. Un entrenador, que en definitiva nos ha hecho vivir un largo sueño de cuatro años, y que ha transformado la manera de ver y sentir el fútbol de una afición.

Una afición a la que ha sabido conquistar a través del juego presentado, y a través de un discurso siempre coherente. Una afición que lo ha despedido con un sencillo e intimo homenaje, precisamente en la temporada en la que se han escapado los dos grandes objetivos a conquistar. Una afición que de forma unánime le ha lanzado un único mensaje: “Qué tinguis sort, Pep :que tengas suerte, Pep!!!”

Y así, mientras Guardiola se dirigía al centro del campo, sonaba por los altavoces una canción de Lluis Llach que transmitía de forma perfecta el mensaje que la afición de forma masiva le hacía llegar a Guardiola. 

Si em dius adéu                                    Si me dices adiós
Vull que el dia sigui net i clar          Quiero que el día sea limpio y claro,
Que cap ocell                                       Que ningún pájaro
Trenqui l'harmonia del seu cant      Rompa la armonía de su canto.
 
Y es que nunca en la hora del adiós se ha realizado de una forma tan clara y limpia. Es la profesión de técnico ingrata en las despedidas. Acostumbrados a la espada de Damocles de los resultados pocos son los ciclos que acaban con el “mister” en lo más alto. El final de cada etapa viene marcado por la decadencia y el despido. La historia de la profesión se alimenta del día a día, y el recuerdo y el trabajo pasado no vale. Por eso es de agradecer este final. Un final atípico que hace que el ciclo de Pep en el banquillo culé acaba en franca armonía.

I així pren, tot el fruit que et pugui donar          Y así toma todo el fruto que pueda dar
El camí que poc a poc escrius per demà             El camino que, poco a poco, escribes para mañana.
Que demà, mancarà el fruit de cada pas            Que mañana faltará el fruto de cada paso;
Per això malgrat la boira cal caminar               Por eso, a pesar de la niebla, debes caminar
 
Se ha ido Pep vacio, sn fuerzas, al límite de sus fuerzas, y sin ánimos para aguantar una nueva temporada. Esperemos que esta decisión le haga tomar un camino que le permita recuperarse y que poco a poco, paso a paso, a partir del día de mañana empiece a llenarse para escribir una nueva página de gloria. Mientras tanto, aquí, y a pesar de la niebla que ahora con su marcha parece envolverlo todo, debemos aprender a caminar sin él, y esperar que un nuevo ciclo triunfador se inicié. Esperemos que Tito Vilanova, desde su conocimiento, personalidad y saber hacer, sepa conservar, y porqué no, mejorar la herencia recibida.

Que tinguis sort                                    Que tengas suerte
I que trobis el que t'ha mancat en mi            Y que encuentres lo que te ha faltado en mi.
 
Y ahora en el final sólo queda despedirlo y desearle toda la suerte del mundo. Agradecerle todo lo que ha hecho por el equipo, y que encuentre fuera del Barça todo aquello que a lo mejor en este último año no ha podido encontrar aquí. Seguro que allí donde vaya, el año próximo, el siguiente o el otro, dejará también su huella imborrable.

Esperemos que a partir de ahora, lo vivido estos años nos sirva para haber crecido como institución. Sirva para hacernos ver que la creencia en una filosofía y forma de hacer es el mayor logro de un equipo de trabajo. Sirva para que, en le caso de que vayan mal dadas, no se pegue fuego a todo lo creado, y se eche por la borda el trabajo generado todos estos años.

Trabajo obra de todos, directivos, jugadores, técnicos y afición. Trabajo que con la marcha de su máximo responsable ha dejado unos pilares muy consistentes a partir de los cuales seguir creciendo. Esperemos que esa manía autodestructiva que siempre nos ha definido haya también desaparecido, y que sepamos vivir este nuevo ciclo que se inicia con naturalidad. Sólo así evitaremos caer en errores del pasado, y volver a épocas tenebrosas como la que propició el final de la época de Cruyff en el banquillo.

Y mientras tanto que Pep siga su camino, y a lo mejor, quien sabe, en esa trayectoria tan diferente que lo define, también rompe con otros estereotipos, y con su retorno también deje sin sentido aquel que dice que “segundas partes nunca fueron buenas”.

Bon viatge i feliç retorn, Pep. (Buen viaje y feliz regreso, Pep)


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viernes, 4 de mayo de 2012

¿Está satisfecho el madridismo?

Desde el otro lado de la barrera, y como aficionado culé, he de reconocer que estos días he evitado pasearme por los diferentes canales de televisión, a la vez que he intentado leer las menores publicaciones deportivas posibles. No creo que sea una excepción. La celebración del título blanco, me provoca sentimientos encontrados, no tanto por las imágenes de alegría del rival, sino por la imposibilidad de poderlas disfrutar en mis carnes. Eso, y los cánticos ofensivos al eterno rival, que siempre se dan en este tipo de celebraciones, seas del bando que seas, las cuales provocan cierto sentimiento de repulsa y revanchismo.

Y como el masoquismo no es una de mis adicciones, al igual que dejé de ver en su día ciertas tertulias y debates, he optado estos días por entretenerme con la lectura, otra de mis grandes pasiones. Bajar la cabeza cual avestruz, y dejar que el temporal pase ha sido mi elección. Perderme en los vericuetos del Renacimiento, y en las historias de Joan de LLafranc, protagonista de “Promet-me que seràs lliure (Prométeme que serás libre) de Jordi Molist ha sido la opción escogida.

Pero hay un no sé que escondido en mi cerebro que no me deja ausentarme del todo, y así, de forma casi clandestina, no vaya a ser que mi hijo me enganche, no he podido resistir la tentación, y en breves dosis he podido observar las celebraciones del título blanco. Y en éstas algo me ha llamado la atención.

En primer lugar, y es algo que ya vengo observando en mis amigos merengues desde hace unos días, es que el título ha sabido a poco. Normalmente estas celebraciones, dentro del buen rollo existente en un círculo de amistad, se suelen acompañar de mensajes, sms o whatsapp (mis hijos me obligan a estar a la última), con textos e imágenes de todo tipo. Algunas ofensivas, otras de carácter chistoso, que promulgan la hegemonía del campeón sobre el derrotado. Ya después de la derrota del Camp Nou, mi paciencia se fue armando para aguantar todo tipo de chanzas. Y por extraño que parezca, sólo uno de estos mensajes me llegó. Pensé que aprendiendo de años anteriores, y que posiblemente para no ser víctimas del refranero popular, según el cual “quien ríe el último ríe mejor”, los exabruptos quedaban guardados hasta la certificación del título. Y a día de hoy, he de decir que todavía espero.

A esto hay que añadir, artículos de opinión de las más conocidas firmas madridistas, que con Relaño a la cabeza, le recuerdan a Mourinho que lo hecho no tiene nada de extraordinario, y que sin ir mucho más allá en el tiempo, se pueden encontrar mejores prestaciones en otros entrenadores del equipo. La imagen del actual seleccionador español es puesta como ejemplo, y su currículum recordado. No sé si ha sido como respuesta a este mensaje periodístico, pero el portugués desde ayer no deja de recordar que esta es su séptima Liga.

Tampoco las celebraciones en Cibeles, si bien alegres y  con grandes expresiones de júbilo, me parecieron exultantes.  Recuerdo las nuestras de estos tres últimos años, con rúas que acercaron a las calles de Barcelona casi un millón de personas, y que obligaron a cerrar el estadio horas antes de la llegada del séquito de jugadores. Visto los pequeños flashes que mi indiscreción me permitió aguantar, las celebraciones del título blanco me parecieron bastante lejos de las aquí observadas estos últimos años.

Creo que el principal causante de esta retención ha sido la pérdida de la Champions. De la Décima. Ya dije en uno de mis anteriores artículos que este es uno de los principales impedimentos que tiene el Real Madrid por hacerse con tan preciado trofeo. No se trata de ganar sólo una edición de la Champions, se trata de una obsesión por la acumulación del palmarés, por ser el más grande, por ser el que más tiene. Y este hecho se refleja en todo lo que rodea al equipo merengue. O al menos yo lo veo así. Tendría que acudir ahora mismo a Google para saber las Ligas ganadas por mi equipo, no recuerdo exactamente el número (veintiuno o veintidós, creo), pero tengo clarísimo cual ha sido el número de Ligas conquistadas por nuestro máximo rival. Y es que el treinta y dos ha sido repetido de forma machacona durante estos dos días.

Las portadas de los principales diarios de Madrid, Casillas en su parlamento, y la opinión de mis más afines, no hablan casi de la Liga. Hablan de la Décima. El próximo año la conseguiremos. El próximo año será el definitivo. El próximo año….. Y así, pensando en el próximo año, en la grandeza venidera, en futuros títulos y galardones, parece que el actual ha sabido a poco.

No es muy diferente Mourinho, al que hoy le he podido leer que ya trabaja para conquistar su octava Liga. Me hace gracias ver el discurso del portugués, que independientemente del lugar en el que ejerza cuenta los títulos a partir de su persona, y no a partir del que representa. El discurso el válido allí donde vaya, y el próximo título sólo contará, según sus cálculos para aumentar su particular palmarés. Así, en mi opinión, también es difícil disfrutar de lo ocurrido.

Aquí, en Barcelona, ahora nos consolamos y nos lamemos las heridas observando los títulos de la era Guardiola y afilando las uñas para la conquista de la próxima Copa del Rey. Curioso fin, que pondrá broche de oro al ciclo de Pep en el banquillo, con la posibilidad de cerrar sus triunfos igual que empezaron: con una final de Copa ante el Atlhetic de Bilbao. ¿Cuántos títulos de Copa llevará el Barça?.. Ahora voy a Google a consultarlo…..


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jueves, 3 de mayo de 2012

Colorín colorado.

Con la contundente victoria de ayer en “La Catedral” el Real Madrid sella su trigésimo segundo título de campeón y pone fin a este cuento que empezó ya hace unos lejanos ocho meses. Con este triunfo el equipo merengue deja de lado ese estigma azulgrana que le atenazaba, y que le hacía verse inferior ante la superioridad en juego y títulos que su principal rival había demostrado en temporadas precedentes.

Ahora, destronados los azulgrana de ese pódium ganado por derecho, los blancos, que han vivido esta temporada sumidos en la confrontación continua y el estrés, puede que alcancen ese punto de tranquilidad que a veces les pierde. Ha sido una Liga tensa, muy tensa. Ha sido la Liga de la presión al colectivo arbitral, la Liga de la pegada, la Liga más bipolar que nunca se haya dado, la Liga de Mourinho, la Liga del fin de Guardiola, la Liga de los récords de Messi, la Liga de los silencios, la Liga de los récords blancos, la Liga de los penaltys, la Liga de las manos.

Desde el lado culé en el que me encuentro, da rabia la victoria blanca. No creo que ese sentimiento sea muy diferente al que siente cualquier aficionado por la victoria de su máximo rival. Tenía la sensación a principios de temporada que el título liguero era uno de los más seguros para los azulgrana. La superioridad del juego, y la hegemonía de estos jugadores en los años precedentes así me lo hacían ver. Y no pensaba que en la disputa de treinta y ocho jornadas nadie nos pudiera hacer sombra. Y no ha sido así.

No ha sido así por varios factores. Uno de ellos atribuible al mismo equipo azulgrana. Parecía que el campeonato se ponía a sus pies en las primeras diez jornadas, cuando aprovechando los tropiezos blancos contra el Levante y el Racing de Santander el equipo se encaramó a la primera posición dejando a su rival en una situación alarmante. La crispación se adueño del territorio blanco y parecía que el fin de Mourinho podía estar próximo a poco que las cosas fueran mal dadas. Pero no fue así, y entre tropiezos propios y aciertos ajenos los blancos se recuperaron y pusieron tierra de por medio. Y a mediados de febrero pusieron tanta que parecía imposible poder recuperarla.

El Barça este año no ha tenido el punto de frescura de temporadas precedentes. Le ha costado imponerse fuera de su estadio, y el empate ha sido cosecha común en sus visitas. Y en una Liga a la escocesa, en la que los rivales apenas tienen armas que oponer a los dos grandes, los resultados negativos se pagan. Y vaya como se pagan. En los últimos partidos, y ya con todo decidido parece que aquel equipo vivaz ha vuelto. Parece que las piernas hayan soltado lastre y se ha recuperado la rapidez en la transición y en la circulación del balón. Y aunque algo tarde, parece que el equipo llegará con fuerzas a la disputa del último título de la era Pep, haciendo posible un 14 de 18 antológico.

Decía que ha sido la Liga de la pegada. Para mi otro de los factores determinantes. Sin un juego tan elaborado ni preciosista como el azulgrana, los blancos necesitan muy pocas cosas para cerrar un partido. Un robo de balón, una salida fulgurante por el medio, apertura a las alas, centro y gol puede ser la reseña de un alto tanto por ciento de los goles conseguidos esta temporada. Goles que han superado todos los récords y que les han llevado a lo más alto. Un estilo de juego, si se quiere, lejos del arquetipo de los llamados equipos grandes. Un estilo de juego basado en las contras, y más asociado a equipos de un perfil más bajo. Pero un estilo de juego que les ha llevado a superar situaciones complejas con facilidad y contundencia. Allí donde los culés pensábamos que podía llegar un tropiezo blanco, más era la contundencia del resultado a favor de éstos. El último partido que certificó el alirón es una muestra.

Ha sido la Liga de los silencios. El de Mourinho, autoimpuesto por aun no sé muy bien porqué. En una confrontación contra todo y contra todos, parece empeñado el portugués en hacerse notar. Ahora hablo, ahora no hablo, en un constante duelo dialéctico con la prensa contraria, la afín, y hasta con la afición. Es la del técnico portugués una posición que no acierto a entender. Ese rictus de cabreo constante, esa manera de enfrentarse, ese constante recuerdo a su rival. Esa perenne manía de la queja. Ha sido volver a los micrófonos, y volver a acordarse de Messi, de Guardiola. Ha sido volver a la sala de prensa y volver a hablar de sus éxitos y victorias en un repaso sistemático de su currículum. Ha sido verse ganador y lanzar un toque de atención a su propia afición. No entiendo a Mourinho.

Y silencio de Guardiola tal y como él mismo reconoció ayer. Silencio que ha tapado desde la sala de prensa culé otro de los temas estrellas de esta temporada: la polémica arbitral. Polémica que viene heredada por la constante puesta en duda de los éxitos de los azulgrana en estos últimos años, y que ponen a Villar y Platini como a los verdaderos artífices de los triunfos culés. Villaratos y Platinatos han sido las palabras más repetidas en estos tres últimos años, y parece que la presión ha surtido el efecto esperado. Pocas han sido las referencias de Pep y su equipo a este tema, pero si que es cierto que existe entre la afición blaugrana y el equipo la sensación de que el trato por parte del estamento arbitral podría haber sido diferente. Errores puntuales en situaciones límites han puesto alguna que otra piedra en el camino culé. Y ante unos resultados más ajustados que en temporadas precedentes, alguna de ellas han dado lugar a tropiezos inesperados.

Ahora, con el fin de este cuento, que no ha tenido final feliz para las huestes azulgrana, sólo queda felicitar al rival, y esperar ganar el título que nos falta. Espero ya con ansia la continuación de esta historia, y que el capítulo vivido sólo sea un periodo de bajón del cual resurgir con más fuerza que antaño. El próximo cuento no tardará mucho en publicarse.


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miércoles, 2 de mayo de 2012

Un año en las redes sociales.

Fue justamente por estas fechas, cuando ahora hace un año me dio por abrir este espacio. Fue a raíz de un experimento empresarial, basado en el auge de la denominada Web 2.0. Las redes sociales, la identidad digital, la colaboración entre usuarios son factores predominantes en este nuevo estado de la evolución de los servicios on-line. Pensaba que sería bueno poder ver que resultados daba la creación de un blog, y como a partir de los contenidos y una programada virilización de los mismos, hacer crecer su identidad en el infinito mundo que a día de hoy ofrece Internet.

Las opciones eran varías, y en primer lugar pensé que lo mejor sería hablar precisamente de mis inquietudes en ese nuevo mundo del Web 2.0. Investigar, opinar, aconsejar, y generar contenidos atrayentes sobre las nuevas formas de relacionarse y comunicarse en la red fueron mi objetivo inicial. Pero al poco tiempo de empezar con mi proyecto, la lectura de un post me hizo recapacitar en mi decisión. Hablaba ese post, sobre los requisitos que debe cumplir un bloggero, y sobre los parámetros de un blog atrayente. Contenidos continuos, que se abran a la disputa y novedosos eran los condicionantes más repetidos. Pero uno me llamó la atención, y éste tenía que ver con el autor de cada uno de los artículos presentados. La pasión por escribir, la pasión por transmitir.

Era la época de los clásicos, eran las fechas del “puto amo”, eran los días del final de la temporada anterior. Días de disputas, artículos agresivos, confrontación y pasión. Y en vista del ambiente generado, creé mi primera entrada: Mourinho ya ha llevado el partido donde él quería.

Muchas otras se han añadido a esa primera aportación. Sin apenas darme cuenta ideas y artículos se fueron añadiendo. Nació la página de Facebook. Me di de alta en Twitter. Google Plus también me llamó la atención. Y así, poco a poco, lo que comenzó como un experimento sin apenas audiencia, fue ganando adeptos y lectores. Y así hasta hoy.

Me ha sorprendido en este año la vehemencia con la que algunos defienden sus argumentos. Me ha sorprendido el alto número de lectores aquí llegados. Y sobre todo, me han sorprendido el nivel de las aportaciones dejadas por todos vosotros. Es cierto que al principio los insultos llegaban de forma asidua (nunca he entendido esta manera anónima de faltar al respeto), pero poco a poco, con una correcta gestión de ellos y una moderación constante éstos han ido desapareciendo. Y así, a día de hoy son pocos, muy pocos los mensajes que tengo que hacer desaparecer. Por ello, sólo tengo que dar las gracias a cada uno de los lectores que aquí llegan, sin cuyas aportaciones y lecturas este espacio habría dejado de existir hace tiempo.

En este año, muchos han sido los artículos ofrecidos. Polémicos, didácticos, personales. Unos han recibido muchas lecturas. Otros no tantas. Unos han tenido buena aceptación. Otros han pasado sin pena ni gloria. Unos han generado un sinfín de comentarios. Otros apenas han tenido aportaciones. Pero cada uno de ellos ha servido para hacer crecer este espacio. Cada uno de ellos ha intentado reflejar un momento puntual de la semana futbolística.

Os dejo ahora, una relación de mi particular podium, mostrando los artículos más relevantes agrupados en tres categorías.

  • Los más leidos.
  1. Messi, camino del número uno.
  2. La profecía de Van Gaal.
  3. Aléxis Sánchez.
  • Los más personales
  1. Un central prometedor.
  2. El mejor portero nunca visto.
  3. El banquillo quema.
  4. Messi está de vuelta.
  • Los más valorados.
  1. Matando el fútbol.
  2. Juego de niños.
  3. Una realidad paralela.


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