La maldición del nueve

Desde que Guardiola está en el banquillo cada uno de los portadores de este mítico número han abandonado el equipo. Será capaz Aléxis de romper con esta maldición?

Cesc Fábregas. Punto Final?

Después de tres años con noticias repetitivas sobre su contratación, parece que al final este año se dan las condiciones para su vuelta

La profecía de Van Gaal

Hace un tiempo, Van Gaal, hizo una profecía, queréis saber cual es?

Mourinho, una táctica diferente

Mourinho se caracteriza por explotar al máximo el entorno que rodea la disputa de un partdo.

Cruyff, dos inicios. Una historia.

La llegada de Cruyff al Barcelona supuso una revolución, tanto en su etapa como jugador, como en la de entrenador.

jueves, 12 de abril de 2012

Los ciclos de la historia

Alexandre Deulofeu i Torres (La Armentera-1903, Figueres-1977) fue un hombre polifacético, un sabio: profesor, farmacéutico, químico, político, filósofo y historiador. Él escribió sobre “La matemática de la historia”. Con este nombre planteó la teoría de que las civilizaciones siguen procesos biológicos con ciclos que se repiten. En pleno apogeo franquista él ya habló de la unificación de Alemania, de la caída del imperio soviético, de la evolución del imperio norteamericano.

“Vamos hacia la constitución de una gran federación europea dirigida por Alemania” – predijo Deulofeu hace más de 40 años. Pues no andaba muy equivocado el hombre.

El análisis de la Historia basada en la teoría cíclica nos dice que todos los imperios o manifestaciones de poder, tienen cuatro fases que son: nacimiento, crecimiento, madurez i declive.

Con esa misma sensación, ayer a las diez de la noche me instalé ante el televisor, y aplicando el refranero popular a la teoría de ciclos históricos, pensaba que “no hay mal que cien años duré”, y que ya tocaba que el ciclo de no victorias colchoneras llegará a su fin, desligándose así los del Manzanares del sometimiento al que desde ya once años les tienen sometidos sus vecinos ciudadanos. Tocaba declive de la hegemonía blanca en Madrid.

Yo, que no soy filosofo, ni historiador, ni químico, ni nada que se le parezca, no me he parado a estudiar si hay un caso similar en la historia del fútbol mundial en lo que a historia de derbis se refiere. Suman ya en estos, desde ayer, doce años, nueve técnicos y más de cien jugadores en nómina del Atlético de Madrid que no han conseguido llevarse la victoria en una confrontación ciudadana. Hay que retroceder tanto en el tiempo, que las imágenes muestran a un exultante Jordi Lardín celebrando uno de los goles del último derrocamiento blanco. Lardín, con el que ahora a veces disputo partidos benéficos en competiciones de veteranos!!!!.

Y eso que el encuentro en sí no dio más muestras de calidad que los obuses de Cristiano Ronaldo, y los comentarios de sus posteriores celebraciones. Qué facilidad tiene este jugador de pasar de la alabanza a la crítica. Es ver entrar el balón en la red con un ooooohhh!! onomatopéyico en la boca, y acordarte de “quien sabe qué” cuando le ves celebrar la efeméride. No quita eso valor a los dos primeros goles de ayer, en las que ejecutó un lanzamiento único, al que parece que los porteros no encuentran respuesta.

El resto del partido fue intensidad sin orden. Balón descontrolado, juego de despropósitos y arranques de furia y rabia. El Atlético, victima de su historia, una vez conseguido el empate, no se creyó ni por asomo que pudiera ganar, y deseando que la máquina que Robert Zemeckis diseñó en su famosa trilogía de “Regreso al futuro”, trasladará el partido del minuto sesenta y cinco al noventa, se encerró en su área esperando el pitido final del árbitro. Diez hombres atrincherados en los últimos veinte metros del campo y pelotazos sin ton ni son al cielo de Madrid fueron la táctica diseñada para llegar al final del partido.

Pero el colegiado pareció dejarse el archiconocido “condensador de fluzo” en casa, y los minutos lejos de acelerarse se hicieron eternos para los blanquirojos. Y así, no fue de extrañar que uno tras otro, los goles rivales fueran cayendo, destrozando así las esperanzas de atléticos y culés de que el tan manido ciclo de victorias merengues llegará a su fin. La fase de declive de dominio blanco deberá esperar.

Ahora los culés volveremos la mirada hacia Deulofeu, el historiador, que no el futbolista, y apoyándonos en su teoría, esperaremos que la frase que Guardiola se encarga de repetir en cada comparecencia, y según la cual “nunca nadie le ha recuperado diez puntos al Real Madrid” se le ponga fecha de caducidad. Miramos el calendario, y clásico a parte, buscamos tachuelas en el camino que hagan que los merengues pinchen. Qué si un Sporting con necesidades, qué si un Sevilla con un Michel con ganas de reivindicarse, qué si un Bilbao a todo trapo que eleve a Bielsa a los altares, qué sí….

Esperando que algunas de las esperanzas se cumplan los culés deseamos que así nuestro ciclo siga en plena madurez y muy, muy lejos de su declive. Decía Deulofeu que un imperio tiene una media de 550 años de duración a lo largo de la Historia. Podríamos alargar tanto nuestro dominio futbolístico?  Me pillará un poco mayor para constatarlo.
  
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martes, 10 de abril de 2012

Jugar con doce

Normalmente esta expresión es utilizada por aficiones y medios para justificar la derrota de un equipo frente al rival, abogando por el favoritismo arbitral que el vencedor ha recibido, y que hace del árbitro el duodécimo integrante de la alineación del equipo.

En el último partido de los azulgrana disputado en el Camp Nou, por suerte, no hubo lugar para la polémica, y por fin, después de un partido de los azulgrana la red social Twitter tuvo su descanso, y el hastag #roboalgetafe perdió su sentido. No, contra los madrileños los azulgranas no jugaron con doce por los favores arbitrables. Lo hicieron porqué además de formar con un once casi de gala, el equipo salió al campo con un integrante de más, intangible pero eficaz: la intimidación.

Ver Luis Garcia, el técnico visitante, la alineación azulgrana en la pizarra y dar por finiquitado el partido fue todo uno. La rueda de prensa dada por el entrenador rival fue uno de los máximos elogios recibidos por el equipo esta temporada. Y es que tal como reconoció, la presencia de los Xavi, Iniesta, Busquets y Messi le hizo ver la imposibilidad de sacar nada positivo en su visita a Barcelona. “Con esos once es imposible hacer nada”, “El ritmo del balón es infernal”, “No hemos llegado a dar ni patadas”, “Mis jugadores están extenuados de correr detrás de un balón que no paraba de moverse”, “Este once es imbatible”, “Al resto sólo nos queda la opción de no mojar el césped”…, fueron frases repetidas durante su comparecencia ante los medios, en la que puede ser la mayor loa de un entrenador rival esta temporada. “Con estos, no es lo mismo, no es lo mismo….”, no cesaba de repetir.

Y claro, con esa mentalidad, el equipo cerró filas ante su portero, y con una técnica más propia del balonmano que del fútbol, espero pacientemente a que la circulación del balón de los azulgranas no fuera lo fluida que acostumbra. Supongo que Guardiola habrá tenido alguna charla con Xavi Pascual, técnico de la sección de handball del equipo, ya que la táctica utilizada fue similar a las de ese deporte. Dos extremos abiertos, circulación de balón de lado a lado por fuera de los nueve hombres que se acumulaban en la parte central de área, abertura del campo y pases interiores a los “pivotes”.

Y así, uno tras otro, fueron generándose las ocasiones y los goles. Así, pacientemente el equipo puso una piedra de toque más en una remontada que hace poco a algunos, entre los que me incluyo, nos parecía una utopía, y que hoy, nos hará sentarnos delante de la televisión a ver el derby madrileño con una sonrisa en los labios. Así, con una exhibición de controles, fintas, pases, cortes, anticipación, desborde, regates, el equipo dio su particular homenaje a su número veintidós, que en ese momento estaba sometiéndose a su particular desafió. Así, se cerró un partido, con once jugadores, más ese intangible, que hace que verlos salir por el túnel de vestuarios, haga que los rivales piensen que los noventa minutos van a ser muy, pero que muy largos.

El Barça, además juega con doce, porqué tiene jugadores que aunque llevan un único dorsal en la espalda, parece que lleven dos.

Puyol, que igual que defiende, ataca. Igual que sella la banda, cierra el centro de la defensa en apoyo a su central. Qué corre igual en el minuto uno que en el noventa. Que le da lo mismo si el resultado es ajustado u holgado. Puyol, un lateral / central que abarca más campo el sólo que el resto de jugadores de su zona.

Busquets, que con la táctica del 3-4-3 actúa de perfecta ancla, y que se sitúa en esa zona indefinida entre la defensa y el centro del campo. Qué igual que organiza, destruye. Qué igual que dibuja pases milimétricos, es contundente en el repliegue. Qué igual que asiste, corta. Qué igual que dirige, corrige. Es un medio / central que acapara más minutos de posesión del balón, que el resto de los diez integrantes del equipo contrario.

Y Messi, que ante el Getafe no formó tripleta atacante. Jugó de…., lo que le dio la gana. Ahora entre líneas, buscando al último defensor en espera del último pase. Ahora retrasado, en ayuda de los tres centrocampistas azulgranas y como un elemento más en la distribución del balón. Ahora en banda, en la izquierda, en la derecha. Ahora asistente, ahora goleador…, y al final malabarista. Madre mía si entre el último intento de jugada del argentino. Debió ser el recuerdo de su gol estratosférico de hace cinco años, y la necesidad de superarlo. Messi, ese medio / delantero / extremo que requiere toda la atención de las líneas defensivas, y que condiciona cualquier estrategia de sus rivales. Messi, una leyenda de veinticuatro años a un paso de convertirse en el mayor goleador que una temporada ha dado. Müller está preparándose para bajar de ese trono.

Ahora quedan seis partidos, seis finales en las que sólo un resultado es posible. Ganar. No hay lugar para la especulación, no hay sitio para relajarse. Seis partidos a todo trapo, que en caso de conseguirse pondrán muy, muy cerca aquello que Guardiola, y la mayoría de aficionados culés,  hace más de un mes decíamos que era imposible. Pero jugando con doce es más fácil. Espero que nadie impugne por ese motivo los partidos de los blaugranas. Nos vamos a divertir!!!!
  
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Villarato a ratos

A siete partidos para el final de la Liga, y después de que el Real Madrid dilapide en las últimas cinco semanas el sesenta por ciento de su renta, el Barça se encuentra justamente en la situación que pedía su entrenador antes del enfrentamiento ante el Granada. Y es que Guardiola a parte de repetir por activa y pasiva el mensaje que daba por perdido el título, sólo tenía un deseo: que la Liga, al igual que había sucedido en años precedentes tuviera su partido decisivo en un clásico, que esta vez, y ya tocaba, se iba a disputar en el Camp Nou.

Pero hace justamente esas cinco semanas, y con el equipo según algunas emisoras nacionales casi a trece puntos y con sensación térmica de menos dieciséis, las apuestas rivales iban hacia otro lado. Ya no interesaba el clásico, ya no interesaba la consecución de un título que se daba por hecho, sino que dando un paso más allá, el objetivo era la humillación del rival, y veían como el partido del Camp Nou como la posibilidad de resarcirse de las últimas victorias en feudo merengue. Sólo se contemplaban dos posibilidades, el pasillo culé o la vuelta al ruedo celebrando la consecución de un envidiable trigésimo segundo campeonato.

Hace cinco semanas, el Villarato como tal había desaparecido. Los árbitros habían sentado la cabeza y los errores se humanizaban. Qué un jugador daba un codazo al un rival con saña, y alevosía.., el árbitro no lo puede ver todo, se argumentaba. Qué un jugador desviaba un balón con la mano dentro del área…. son cosas del fútbol, se defendía. Qué un jugador caía en el área y no se pitaba penalty…, el árbitro ha de decidir en décimas de segundo y era difícil de ver… se postulaba.

Hace cinco semanas, Mourinho y Karanka, no sólo daban ruedas de prensa, sino que se paseaban por los campos una vez finalizados los choques, abrazándose a todo el que por allí se moviera. Gestos, señas y mensajes de paz inundaban sus apariciones. No hace falta ir muy atrás para ver una rueda de prensa del portugués alabando a su rival y reconociendo la injusticia de su victoria. Betis y Rayo Vallecano habían puesto contra las cuerdas a los blancos, pero la diferencia estribaba en que la victoria había sonreído a su equipo. Medios afines y cuerpo técnico emitían mensajes de tranquilidad y buen rollo, durmiendo relajados en el cómodo colchón que esos diez puntos otorgaban.

Pero hace cinco semanas, a dos minutos del final, Cazorla engatilló un golazo por la escuadra, e hizo que los dos primeros puntos volaran del Santiago Bernabéu rumbo a Málaga. El primer recorte estaba hecho, y a partir de ahí, cual lunes de Resurrección, el Villarato resurgió y resucitó de la tumba en la había estado postrado los últimos meses. Rápidamente el término volvió a cobrar vigencia, y cada una de las actuaciones azulgrana se torno en un robo al contrario. No ha sido difícil recuperar un análisis de cada uno de los partidos de los azulgranas en este tiempo. Os dejo aquí algunos:

  • Contra el Granada, a pesar de haber recibido dos penaltys en contra, se habla de gol en fuera de juego de Messi, cuando las imágenes demuestran lo contrario. Se da por hecho que el Granada salió perjudicado del Camp Nou.
  • En el partido de Mallorca no recuerdo grandes polémicas, por lo que entiendo que esta vez sí la victoria se considera justa
  • En la eliminatoria contra el Milán, una única decisión arbitral promociona el hastag #roboalmilan. Una sola decisión, equivocada o no. El resto de decisiones no se tienen en cuenta.
  • Contra el Bilbao, el equipo azulgrana no da opción, y el argumento es el horario. Horario que por otra parte era el único posible, dados los condicionantes que la UEFA pone respecto a los descansos que ésta dicta antes de sus partidos. Expolio al Atlhetic al que se le obliga a jugar agotado. Esa fue la consecuencia de su derrota.
  • Contra el Zaragoza, y a pesar de que nuevamente el equipo fue castigado con un penalty, también se habla de robo, y se considera injusta la victoria azulgrana. El árbitro se ensañó con el equipo maño y sus decisiones perjudicaron claramente a los locales.
En resumen, si el señor Villarato se hubiera quedado en su sitio, y no hubiera resurgido, el Barça habría perdido entre cuatro y seis puntos, además de quedar eliminados del la actual edición del la Champions. En el mismo período de tiempo, el Real Madrid, no hubiera empatado en Villareal, ya que Casillas habría parado la falta ejecutada por Senna, o el equipo habría remontado en los escasos cuatro minutos de descuento si el árbitro no hubiera hecho caso de la histeria colectiva que se apoderó del banquillo y de algunos integrantes del equipo. También, los blancos hubieran vencido claramente al Valencia, con un contundente cuatro a cero, al ser ejecutados de forma contundente, los cuatro penaltys que el colegiado obvio a la delantera merengue.  En definitiva, cuatro puntos más para los blancos. Y así sí, con este escenario, el sueño del pasillo seguiría intacto, no sólo porqué la ventaja no se habría reducido, sino que incluso habría aumentado. Y si repasamos cada uno de los análisis hechos desde el inicio de temporada desde esa misma perspectiva, puede que el Barça en lugar de estar luchando por el título lo estuviera haciendo por el descenso. Y es que son muy, muy pocos los partidos en los que no se ha puesto en duda su resultado.

Pero siendo serios, sólo hace falta ver las estadísticas de los encuentros de los azulgranas, para ver, que si algún equipo merecía la victoria por dominio del juego ese es el culé. Un equipo que tiene, tal como dijo Guardiola en su día, de cada diez minutos, siete el balón en su poder, no hace más que generar juego, y dispara a puerta el doble, e incluso el triple de veces que su rival, no puede ser puesto constantemente en duda.  Y por otro, tampoco hace falta ser un analista muy perspicaz, para observar el estado de nervios en el que los blancos se instalan cada vez que el marcador no les sonríe de forma inmediata y el marcador se torna tenso. Ante el paso del los minutos, y la igualdad en el juego, los partidos del Madrid se aceleran y pierden precisión. Su último partido ante el Valencia es un claro ejemplo. Cualquiera de los dos podría haberse llevado los tres puntos al ser nulo el control del juego por ambos contendientes.  El Madrid encontró ante los “che” su muro particular, igual que les sucedió a los culés en la primera vuelta ante el Sevilla. Eso es fútbol, y el resto…., el resto no tengo ni idea de lo que es.
  
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jueves, 5 de abril de 2012

¿La final soñada?

Ya tenemos a los dos grandes representantes de la Liga BBVA en las semifinales de la máxima competición europea: La Champions. Bayern de Munich, rival del Real Madrid y Chelsea, del F.C. Barcelona, son los dos últimos obstáculos a sobrepasar para la final soñada por muchos. Un encuentro de altísima trascendencia que culminaría una edición de la competición algo sosa y descafeinada, en la que la falta de calidad, o la mala suerte, ha hecho que mucho de los grandes de Europa hayan caído antes de las fases más decisivas.

La resolución de los octavos de final de los azulgrana, en los que éstos apabullaron a los en otros tiempos siempre poderosos alemanes, o la manera como los blancos han dirimido su pase a semifinales, ante un equipo chipiotra con un nivel muy parejo al de cualquier de nuestra Segunda División B, han hecho que estas eliminatorias carecieran de casi interés. Ahora empieza la verdadera competición, y cuatro grandes equipos se van a disputar el trono de Europa.  

Ahora, parece que la exportación del clásico a Europa sea el deseo de muchos como la máxima expresión de lo que el fútbol significa. Los reconocidos por todos como los dos más grandes equipos europeos frente a frente en la disputa del título máximo. Dos equipos que tienen esta competición como una obsesión. Uno, los blancos,  por recuperar la gloria ya perdida hace más de una década, y que sueña con estampar los dos dígitos en su palmarés. El otro, los azulgranas, por alargar este ciclo triunfal y marcar época en las primeras décadas de este siglo en el que está mostrando una supremacía absoluta.

Pero a mi, si me preguntaran, les diría que mi sueño está muy, muy lejos de pensar en esa final. No deseo ver al Real Madrid en la final, y mi máximo deseo es que los teutones del Bayern eliminen a los blancos. Y son varias las razones.

Por un lado, el potencial del rival. Si bien es cierto que la final se disputa en Munich, y en el caso de una hipotética final contra ellos actuarían como locales, también lo es que la presión de hacerlo podría ser contraproducente. Sólo tenemos que acudir a nuestra historia y ver como aquella infausta final de Sevilla, y la condición de absoluto favorito bloqueó a los jugadores azulgranas. Pero, aunque no fuera así, siempre preferiría tener que disputarle el título a los alemanes que a los blancos. Creo que su calidad es menor y por lo tanto, las posibilidades de triunfo mayores. Y de lo que trata, al final, es de ganar. Sólo el nombre del ganador queda reflejado en el palmarés.

Se aúna a mi deseo el hecho de que como culé, y no creo ser una “rara avis”, siempre deseo la derrota de mi máximo rival. Y así, como Pepe el año pasado, ante la final ante el Manchester Unidted se posicionaba claramente al lado de los ingleses, a mi me pasa lo mismo, y disfruto sobremanera con cualquier derrota de los blancos. La rivalidad bien entendida hace que las derrotas ajenas se vivan como victorias propias, y en esto casi estamos unidas las dos aficiones.

Por otro lado, la creciente crispación que cada clásico genera desde la llegada de Mourinho y su clan portugués, haría insoportable el seguimiento de la final. Y es que el portugués es un maestro en ese arte, y ya ha comenzado a calentar el ambiente de la final. Fueron escasos los minutos transcurridos entre el final de la eliminatoria contra el Apoel y sus primeras declaraciones incendiarias. Y hay un mes de separación entre la disputa de las semifinales y la celebración de la final!!!. Ya me puedo imaginar el tipo de presiones y declaraciones que pueden surgir en todo ese tiempo. Tiempo, que además, si nada cambia tendrá a los dos equipos inmersos de lleno en la disputa de la Liga. Tiempo en el que un nuevo clásico habrá generado más disputas y polémicas. Tiempo en el que jugando sus armas, el luso se mostrará tal cual es. Tiempo de muchos debates, tertulias, foros de opinión, artículos y post. A mi, la verdad, es que soportarlo me da mucha, pero que mucha pereza.

Y por último, y aunque es cierto que el sabor de la victoria ante el máximo rival en la que siempre ha llamado “su” competición supondría un “subidón”, también lo es, que en caso de la derrota el efecto sería inversamente proporcional, y las consecuencias difíciles de sopesar. Un verano muy duro esperaría al equipo perdedor, y una huella indisoluble quedaría marcada en la historia de ambos contendientes, a la que se accedería siempre para recordar la humillación sufrida. Y no me apetece pasar por ello. No me apetece vivir la tensión de ese momento. No me apetece vivir en el alambre durante noventa minutos. El fútbol a veces me genera un estado de nervios que prefiero evitar.

Así, que en el caso de que la lógica se cumpla, y el cuadro generé la final soñada, un servidor probablemente escoja ese día para encerrarse en un cine, y comprobar al salir el estado de la calle. Y será momento después de disfrutarla en caso de resultado favorable. Estaré atento a la Cartelera.
  
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martes, 3 de abril de 2012

La noche de Guardiola

En el día posterior al hito de llegar a la disputa de la quinta semifinal consecutiva en Champions, los jugadores azulgranas coparán la mayoría de comentarios y calificativos. Se hablará de Messi, y de sus cincuenta y ocho goles en la temporada, se hablará de Xavi y Cesc, que aguantaron un centro del campo azulgrana después de un período de convalecencia, se hablará de Mascherano, pletórico, de Busquets, omnipresente y de Iniesta, otra vez talismán. Todos ellos, fueron protagonistas, pero para mí, esta vez, la persona más influyente en la eliminación de los italianos, no estaba en el césped vestida de corto. Se encontraba en la banda, y desde allí dirigió con maestría el destino del equipo: Pep Guardiola.

Y es que su discurso ya fue profético antes de iniciarse el choque, augurando un Milán más ofensivo del que se preveía, y la necesidad de salir con todo en ataque para contrarrestar el posible gol que los italianos pudieran marcar. Y tal como Pep debió imaginarse el partido en su pizarra, se desarrolló.

Son muchas las veces que se discute la influencia que tienen el entrenador en un partido. Se le suele cuestionar en la derrota y minimizar en la victoria. Incluso los mismos entrenadores, salvo excepciones, suelen admitir su culpa cuando un planteamiento no ha dado el resultado esperado. También los “misters”, salvo las mismas excepciones, ponen la cara de sus jugadores delante de la suya ante los éxitos conseguidos. Pues bien, ayer el planteamiento de Guardiola durante el partido, rayó la perfección, y pareció seguir unos parámetros claramente definidos.

Parámetros que pintaban un equipo abierto a las bandas, con Cuenca y Dani Alves como extremos, de forma que los laterales italianos debieran abrirse, y dejar huecos en los pasillos interiores por los que circulara el balón. Parámetros que definían un centro del campo lleno de jugadores tocadores, que posibilitaban la posesión del esférico ante la acumulación de jugadores milanistas en esa zona. Parámetros que configuraban una línea defensiva de tres, dando a entender al equipo, que esa noche la consigna era sólo una: atacar.

Y así fue de inició, porqué en menos tiempo del que se tarda en contarlo, Messi, que como siempre acaparaba la totalidad del juego de ataque, tuvo dos claras ocasiones de gol antes de que en el minuto 10, él también, robará el balón por dos veces y se generará el primer penalty de la noche.

Tan bien iban las cosas, que aplicando el popular dicho que insta a no tocar aquello que funciona, Pep, que ya había roto el partido con esa salida en tromba, decidió seguir con la misma línea de actuación, esperando que un segundo gol sellara casi definitivamente la eliminatoria. Sin embargo, no sucedió de esa forma, y el Milan, que atesora una gran calidad en sus jugadores de vanguardia, supo sacudirse la presión azulgrana y empezó a generar peligro. Cada robo del balón ponía el “ay” en la defensa azulgrana, que veía como sus oponentes llegaban en superioridad numérica a los límites del área. Sólo en buen hacer y la agresividad de la línea defensiva azulgrana, posibilitaba que el último de los pases no tuviera su efecto. Y no lo tuvo, hasta que rayando la media hora de juego, Ibra conectará con Nocerino dejando al Barça por momentos fuera de Europa.

Pero si de algo debemos sentirnos orgullosos los culés, es de seguir a un equipo que nunca baja los brazos. Y así, sabiéndose con una hora de juego por delante se volvió a la carga para poner las cosas en el sitio que la calidad y situación del partido merecían.

Fue ponerse el Barça por delante, y esta vez, sí, esta vez Pep concluyó que ya bastaba de alegrías ofensivas. Recuperar la línea de cuatro defensas, y volver al esquema básico del equipo dio la sensación de seguridad que durante veinte minutos de juego se había perdido.

La segunda parte fue algo más pausada, con más toque y posesión, y con menos idas y venidas alocadas de campo a campo. Busquets fue clave en ese período, ya que a medida que transcurrían los minutos fue quedándose como el mariscal del centro del campo. También gestionó Guardiola de forma perfecta los cambios de los centrocampistas de creación azulgrana, dando a medida que pasaban los minutos más empaque y fuerza física a la línea de tres del centro del campo azulgrana.

Y casi sin darnos cuenta, Iniesta, otra vez él, certificó el pase a unas semifinales que esperan el regreso a Standford Bridge del manchego, esperando poner al equipo en la rampa de lanzamiento de lo que supondría un hito histórico en la competición: repetir título.

Y como apunte final, me gustaría darle, por una vez, y sin que sirva de precedente  la razón a Mourinho. Porqué si en una eliminatoria en la que el Barcelona supera los treinta chutes a portería, por los menos de diez de su rival, alcanza casi el setenta por ciento de la posesión en su totalidad., juega las tres cuartas partes del tiempo total de juego en terreno contrario, convierte a Abbiati, para más señas portero rival, en uno de sus jugadores más destacados y falla hasta tres unos contra unos cantados, el hecho más comentado es que en la red social Twitter el trending topic de la noche fuera #roboalmilan, es que tal como dijo el año pasado el portugués, dedicarse a veces a vivir de este mundillo debe dar un poco de asco.

 
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El mejor once de la historia.

Hoy ante el Milán, Puyol, en el caso de jugar el partido, que lo jugará, va a igualar a Miguelí como segundo jugador que más veces ha vestido la camiseta azulgrana. Sólo verá en lo más alto a Xavi, que ya dio ese paso hace algún tiempo. Las edades de ambos, y sus trayectorias, hacen intuir que el podium quedará de esta forma durante un largo período de tiempo, al menos, en los que se refiere a los dos primeros escalafones.

Con esta excusa, y ya que he nombrado a tres míticos jugadores, que para mi tendrían un puesto fijo en el mejor once de la historia azulgrana, os propongo un juego. Configurar el mejor once la historia azulgrana. Yo lo he intentado, y me han salido múltiples combinaciones, y en cada una de ellas el número de jugadores míticos que he dejado fuera me hacían replantearme la solución. ¿Es lícito no nombrar a Kubala?. ¿Puede Luis Suárez quedar fuera de un once histórico? ¿O lo puede hacer Ramallets? ¿Cruyff tendría sitio en ese once? ¿Ronaldo, a pesar de estar una sola temporada, debería ocupar la plaza de delantero centro por el rendimiento estratosférico que ofreció? ¿Basora es el mejor extremo que ha tenido el Barça? ¿O acaso lo fue Rexach?. ¿Maradona puede ser nombrado a tenor de su rendimiento en el Camp Nou? ¿Y Schuster, que pesará más, su juego o su díscolo comportamiento?

Es un ejercicio caótico en el que por más vueltas que se le den tienes la certeza de obviar a grandes figuras que han vestido la camiseta azulgrana. Al final, y después de dibujar, tachar, volver a dibujar, volver a tachar, poner, quitar, elegir y dudar, me he quedado con este once, en el que he de reconocer pesa más la historia reciente que la pasada, y en el que me nubla mi visión de estos últimos veinte años.

Así, en un esquema configurado en un 4-3-3,  mi elección queda de la siguiente forma:

-         Portero: Zubizarreta: Tuvo unos inicios muy complicados en el Camp Nou como substituto de un mito, Urruti. No le fue fácil hacerse con el puesto, ya que su sobriedad hacía de él un portero poco espectacular. Apenas se le recuerdan fallos, y su marcha dejo un vacío en ese puesto del cual el equipo no se recuperó hasta la llegada del actual meta, Victor Valdes, que de seguir con su trayectoria, dentro de unos años será el indiscutible número 1.

-         Lateral derecho: Puyol. En una carambola típica de este deporte, pasó de ser casi una pieza de cambio con destino Málaga a convertirse en el gran líder de este Barça histórico. Entrega, sacrificio, intimidación y saber estar son sus valores. Con Puyol en el campo ningún delantero rival controla tranquilo un balón.

-         Central: Migueli. Ha cambiado mucho la concepción de este puesto con el paso del tiempo. Ahora el central ha de ser el primer constructor del juego, y ha de ofrecer una excelente salida de balón. Pero para mi, la principal virtud de un central es hacerse valer. Saber que por su puesto va a ser difícil entrar. Y ahí Migueli, todo fuerza y sentimiento era insuperable.

-         Libre: Koeman. El minuto 111 de Wembley 92 cambió nuestra historia. Dejamos de ser perdedores, y supimos que a partir de entonces todo podía ser posible. El minuto 111 Gianluca Pagliuca vio como un obús entraba en su portería sin remisión. En el minuto 111, Ronald Koeman lanzaba la falta de su vida. Falta que le hace inmortal en nuestra historia y que le coloca como el complemento ideal en el eje de la defensa.

-         Lateral izquierdo: Sergi: La elección más difícil, no por falta de calidad, sino por mi desconocimiento de jugadores que hayan brillado en esa posición.

-         Centrocampista organizador: Schuster. Seguro que hay diferentes opciones para este puesto, pero la elegancia desplazamiento, visión de juego y capacidad de liderazgo en ese zona del campo, hacían del teutón un referente. Lástima que su carácter, que todavía le persigue hiciera que su final no fuera el que se merecía.

-         Centrocampista derecho: Xavi. Es la inteligencia personificada, es el entrenador en el campo. Asegura la posesión, el control del tiempo del partido, y la transición defensa y ataque. Es la normalidad hecha fútbol. Es el mejor centrocampista del mundo.

-         Centrocampista izquierdo: Ronaldinho. El primer Ronaldinho, aquel que llego de París, aquel que arrancaba desde la banda izquierda en el centro del campo, aquel que generaba juego y asistía desde esa posición merece un lugar en mi once. Su forma de entender el fútbol y la vida cambió nuestra historia reciente y sacó a la institución de las tinieblas en las que estaba inmersa. Su forma de entender la vida y el éxito le sacaron del equipo.

-         Extremo izquierdo: Stoichkov: La llegada de un enrabietado jugador búlgaro, apenas conocido, con un hambre de triunfo infinita, dinamitó a la delantera azulgrana en una de sus etapas más gloriosas. El Dream Team llevaba su corazón y coraje. Se partía la cara con todo aquel que le impedía su máxima obsesión: el gol.

-         Delantero centro: Messi: Sin palabras. Es leyenda azulgrana. EL MEJOR.

-         Extremo derecho: Kubala. No le he visto jugar, pero como dijo en su día Pep, es un “tio que tiene una estatua en la puerta del estadio”. Estadio que por otro lado se construyo para verle jugar. Mérito más que suficiente para tener un puesto fijo en la delantera azulgrana.

Esta es mi apuesta, que si reviso seguro que cambio. No veo a Laudrup, un sacrilegio por mi parte, no veo a Cesar, hasta ahora un referente en la lista de goleadores, no veo a Basora, según mi padre, un jugadorazo. He obviado a Maradona, y a Cruyff!!!! (Messi se ha comido a todos los delanteros centros de la historia del club) ¿Podría jugar Neeskens como centrocampista de recuperación? No veo a tantos jugadores.. Pero sólo pueden jugar once. ¿Cuál sería vuestra elección? ¿Jugáis?

 
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viernes, 30 de marzo de 2012

Matando el fútbol

“Entre todos lo mataron y el sólo se murió”, podría ser un uso del refranero popular muy adecuado para lo que estamos viviendo últimamente respecto al trato que se le da al deporte rey.

Estamos asistiendo los culés, en estos últimos años a las páginas más gloriosas de nuestra historia, no ya sólo en títulos, sino en espectáculo y reconocimiento. Pocos son los partidos disputados en el Camp Nou en los que el juego ofrecido no valga el precio de la entrada. Pocas son las semanas en las que las exhibiciones dadas por el equipo no sean portadas en Europa, e incluso en los medios informativos del máximo rival. En un ejercicio de memoria histórica a veces recreó una escena de finales del siglo XIX, cuando en un bar londinense se marcaron las reglas básicas de este deporte. Si ahora sus creadores vieran la propuesta  ofrecida por el Barça, creo que llegarían a al conclusión que precisamente esa era su idea de juego aquel día.

Hace pocos días que la estrella azulgrana Leo Messi se convirtió en el recordman azulgrana en cuanto a goles conseguidos. Con motivo de dicha efeméride, televisiones y radios rescataron imágenes de archivo, y el ya fallecido Cesar recibió un merecido póstumo homenaje. En algunas de sus entrevistas se le hacía ver el gran valor de su gesta, y él, haciendo gala de una humildad que todos sus compañeros corroboraban decía que el mérito estaba en los actuales goleadores y no en él. ¿La razón?. Lo resumía en una sola frase: “En mi época se jugaba a ganar, ahora se juega a no perder”.

Y es que después del infausto Mundial 90, en el que el espectáculo se resintió, y la mayoría de los encuentros podrían clasificarse como auténticos bodrios, parecía que los órganos dirigentes tomaron conciencia del pírrico interés que muchos de los partidos tomaron para el aficionado. Un Mundial en la que la mayoría de los encuentros apenas mostraban acciones de ataque y que alzó un monumento al juego defensivo y de presión. ¿Alguien puede recordar un solo encuentro digno de mención en esa edición mundialista? Mi memoria no ha guardado ningún dato de esa edición. Bueno, uno sí, Schilacchi fue su estrella y máximo goleador. Este también puede ser un dato significativo de vulgaridad, no?

Pues bien, parece que aquello fue la espoleta necesaria que despertó la necesidad de que algo debería de cambiar, y que el camino que estaba tomando el juego se alejaba de su concepción original. La búsqueda del gol. Y poco a poco, técnicos y jugadores, organismos e instituciones variaron estrategias y reglas en aras a favorecer un juego más dinámico. El objetivo máximo era incrementar el tiempo de juego real que en ocasiones quedaba por debajo de los veinte minutos por parte. Y se consiguió, y poco a poco el juego volvió a ser protagonista.

Ahora, un nuevo fenómeno aparece en escena, justo cuando la propuesta futbolística es la más atrayente. Un nuevo fenómeno que trata de contrarrestar el dominio azulgrana con armas, que se alejan del auténtico protagonista de este deporte: el balón. (qué me permita Lobo Carrasco robarle su principal teoría)

Ruedas de prensa, polémicas, tácticas ultradefensivas y campos en deplorable estado son las armas que ahora se plantean para destronar a los Messi, Xavi, Iniesta y compañía. Jugadores que episodios puntuales a parte, únicamente tienen un propósito una vez fuera del túnel de vestuarios. Jugar, jugar y jugar. Y si puede ser marcar un gol tras otro que haga que el aficionado, que no olvidemos que es el gran sustento de todo este circo, salga del campo o desconecte el televisor satisfecho con el espectáculo ofrecido.

Cada vez son mas las visitas azulgranas en las que el terreno de juego no ha sido tratado como debe. Hasta ahora, el no regar la hierba o el dejarla crecer de forma concienzuda eran las tácticas más utilizadas. Ahora, en una vuelta más a la tuerca, parece ser como ocurrió en Mallorca y Milán que el terreno es tratado de forma “concienzuda” para que ofrezca el peor de los estados.

Y es precisamente en la época en la que el juego de mi equipo más me enamora, cuando se ponen más impedimentos para su práctica. Pero si hasta en las competiciones de Veteranos que todavía disputo el primer ruego de los dos equipos es pedir el riego del campo. La circulación rápida del balón es la máxima expresión de este juego, y el principal propósito de unos jugadores ya pasados los cuarenta.  ¿Porqué no ha de serlo entonces de los verdaderos profesionales?

Mucho se habla estos días de árbitros, de adulteración de la competición, de polémicas y disputas. Para mi, la auténtica adulteración de un partido está en el control del único elemento en el que realmente el factor humano puede tener incidencia: el césped.  Si existe reglamentación en cuanto a medidas máximas y mínimas del campo, peso y material del balón, aforo de los estadios, publicidad a presentar, indumentaria…, ¿porqué no existen normas mínimas en cuanto al estado del terreno de juego?.
 
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