Después de dos semanas sin Liga, en las que se ha hablado sin parar de una competición bipolar, en la que los dos grandes no encontrarían rival en sus respectivos enfrentamientos. Se ha continuado debatiendo mucho y mal, del reparto de los derechos de televisión, como el primer paso para no ya, acabar con esa bipolaridad, sino, al menos poder acortar distancias entre los otra hora llamados “outsiders”, y ahora, convertidos en comparsas. Se ha resaltado más los posibles problemas de los internacionales blancos y azulgranas en su relación, que el propio juego de la selección que representan.. Y por último se ha ensalzado la figura del entrenador azulgrana Pep Guardiola por su distinción en el Parlament de Catalunya, y se ha debatido su discurso, que ha pasado de ser ensalzado en algunos medios a vilipendiado en otros.
Pues bien, después de esas dos semanas, el Barça se presento en Anoeta, para disputar la segunda jornada del campeonato. Jornada, que por lo visto en estos últimos años no le sienta nada bien al equipo. Recordemos que el año pasado, en esa misma fecha, el Hércules, posteriormente descendido, “atracó” el Camp Nou, llevándose un botín de tres puntos, que dejaron atónitos, a expertos y afición.
Y nuevamente, antes del inicio del partido, al igual que pasó ante el Villarreal en la primera jornada, el misterio radicaba en saber cual era la idea de Guardiola con el once titular que saltó al terreno de juego. Y es que esta vez, las miradas no iban hacía los titulares de la formación azulgrana, sino que éstas se giraban al mirar a los ocupantes del banquillo. Iniesta, Messi, Puyol, Abidal y Villa estaban entre sus ocupantes. Y es que, en los años de Pep como entrenador, creo que nunca, se ha visto tal cantidad de efectivos de calidad, esperando la oportunidad de intervenir en un partido.
Partido, a la postre que se decidió en dos minutos. El primero de ellos, para los azulgrana, que entre el minuto diez y once de la confrontación, ya habían puesto tierra de por medio en el marcador, y parecía que habían sentenciado el choque, alejando los fantasmas del llamado “virus FIFA”, al que por fin, visto el fondo de armario de la actual plantilla, parece que el cuerpo técnico azulgrana ha puesto remedio. Fue una primera parte típica del juego azulgrana, en la que el toque y la posesión mostraban la superioridad habitual ante el rival. Ayudaba, además, la táctica del entrenador donostiarra, que con una defensa adelantada, y sin ningún tipo de presión al poseedor del balón, facilitaba que los medios azulgrana tuvieron tiempo para pensar, y enviar los pases allí donde fueran necesarios. Y ya se sabe, que si de le da tiempo a Xavi o Cesc para poder medir sus pases, éstos normalmente encuentran su objetivo.
Así discurrió la primera parte, y ya con el 0-2 instalado en el marcador, se denotaban signos de relajación en el equipo, intuyendo que éste sería un trámite más, del cual sólo había que esperar el transcurso de los minutos para finiquitarlo. Puede que a más de uno, las rayas blancas y azules de los jugadores de la Real, se le transformaran en negras y rojas, pensando ya en su próximo rival.
Pero en la segunda parte, el panorama pareció cambiar. No ya en el juego, del cual el Barcelona seguía siendo dueño, sino en la manera de interpretarlo por parte de los locales. Su línea defensiva se retrasó unos metros, y la segunda línea de cuatro centrocampistas, presionaba con más fuerza al poseedor del balón azulgrana. El balón ya no circulaba con tanta facilidad, y los cortes propiciaban alguna posibilidad de contraataque.
Y así llegó el segundo minuto del partido, éste a favor de los locales. Y es que en lo que va del minuto veintitrés al veinticuatro, los locales igualaron el marcador en dos jugadas, un tanto atípicas. El primero, demostró que si bien Busquets puede jugar de central, en los momentos que el equipo tiene el balón, no puede hacerlo en aquellos en los que se siente presionado, ya que es ahí donde se le nota la falta de automatismos y oficio en ese puesto. Con una facilidad insolente le ganaron la espalda en la jugada referida. Tampoco estuvo Valdés muy acertado en esa acción, al que se le vio algo falto de reflejos. Y sin tiempo para la recuperación anímica, Villa, que había entrado en la primera parte substituyendo a Alexis, lesionado para dos meses, se convirtió en el mejor asistente de los donostiarras, y puso un balón atrás desde su zona de ataque, habilitando a los atacantes locales, y favoreciendo un uno contra uno, que ésta vez Valdés no pudo evitar, a pesar de su buena salida.
Se le ve a Villa este inicio de temporada, algo abatido. En mi opinión, no le ha sentado nada bien la contratación de Alexis, y la competencia en su posición. Anda por el campo con cara de pocos amigos, como enfadado con el mundo, y con un juego muy precipitado e inconstante. Esperemos que se rehaga, ya que su aportación es necesaria, y su sequía goleadora, si sumamos la racha del final de la temporada pasada y el inicio de ésta empieza a ser preocupante. Aunque como digo, no es el gol mi máxima preocupación, sino esa sensación de disgusto que arrastra, que hace que parezca un elemento extraño en el fluido juego azulgrana. No se acaba de adaptar el asturiano al juego de toque de la delantera blaugrana. Parece añorado de ese juego vertical y de contragolpe, en el que él destaca.
Siguiendo con el partido, y después del lapsus de Villa, el banquillo azulgranaMessi, y más tarde, muy tarde Iniesta. Y entre que el primero, parecía todavía arrastrar las secuelas de su largo viaje, se le vio espeso, y el segundo no tuvo apenas tiempo de entrar en juego, se escaparon dos puntos, que viendo los compases iniciales del partido nadie imaginaba que se quedarían en San Sebastián.
No es trascendente este empate, ni tampoco preocupante, ya que el campeonato apenas tiene dos semanas de vida. Esperemos que las próximas jornadas, ya con las competiciones lanzadas, y el equipo a toda máquina, hagan recordar este resultado como una anécdota y un “mal día en la oficina”.
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