David Villa está cumpliendo su segunda temporada en el Camp Nou. Llegó a tierras blaugranas después de un segundo intento por hacerse con su fichaje, y cuando éste ya parecía perdido. Sólo la total inadaptación del sueco Ibrahimovic al juego de conjunto propuesto por Pep, que obligó a una salida prematura de éste, posibilitó que el asturiano formara parte de este equipo.
Recuerdo que con su fichaje, los culés, desde la experiencia de mi entorno personal, creíamos que con su incorporación al ataque blaugrana, habíamos completado la delantera perfecta, y que utilizando un “argot” estrictamente futbolístico, el ex-valencianista se iba a hinchar a meter goles con la zamarra azulgrana.
Y es que la zona de vanguardia culé, es considerada el mayor paraíso, en teoría, para un delantero. Con una constante posesión del balón, con un continuo pisar el área contraria, y con unos asistentes como Xavi e Iniesta, cualquier delantero intuye que las oportunidades de gol por partido se triplicarán con respecto a las que disponía en su equipo de procedencia. Además, Villa, en contraposición del juego del díscolo jugador sueco, hace de la movilidad y la búsqueda del espacio su mejor característica, a la que une una gran velocidad en la conducción y un uno contra uno estimable. Pruebas tenía el Barça de su capacidad goleadora y Victor Valdés podría explicar como este pequeño jugador se había convertido en una de sus mayores pesadillas.
Con estos antecedentes, creo que puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que las expectativas no se han cumplido al cien por cien, y que si bien es cierto, que los registros de Villa no son del todo malos, e inclusive se podrían calificar como buenos ( finalizó la pasada campaña con un total de 23 goles en 52 partidos, con una media de 0,44 goles por partido), en el ambiente se vive una sensación de cierta decepción. Y es que ese registro esta lejos del concepto “hincharse a meter goles” que se esperaba.
Se esperaba algo más de movilidad, algo más en el desmarque, algo más en el regate, y en definitiva, algo más de gol. Y es que creo, que todavía la adaptación del jugador a los esquemas de ataque azulgranas no se ha consolidado. Todavía se le nota extraño en la banda, en una posición que requiere más regate y capacidad de profundidad que la que el posee. Se le nota extraño en ese continuo juego de toque y apoyo al que no acaba de acostumbrarse, al no disponer de la soltura de sus compañeros en esa arte del juego, de la que no olvidemos, muchos de ellos han crecido con ella. Se le nota extraño, también en ese juego de paciencia, esperando a que la defensa rival se descoloque, y en el que el juego de espaldas a la portería es una virtud más de la que ha de hacer gala el delantero. Y, aunque suene raro, se le nota extraño, y hasta a veces preocupado, al tener al lado una referencia como Messi que acapara gran parte del juego de ataque, y que en algunas fases del partido, convierte a sus compañeros de delantera en meros elementos de distracción para los defensas, para que el balón llegué en condiciones al astro argentino y éste se la juegue en increíbles unos contra dos, tres, y hasta cuatro defensas.
Se reproducen estos días unas declaraciones del asturiano en la que se deja entrever que ha sufrido bastante en ese intento de adaptación. Frases como:
- “Si no es por él (Guardiola), no creo que me hubiera adaptado .Con sus charlas en los entrenamientos me ha ayudado a situarme.
- “Ya le dije que Pedro me ayudó mucho. En la duda, le miraba. Cuando estaba un poco perdido en el campo, miraba a ver qué hacia Pedrito en el otro lado y me reconducía. Abi tiene más perspectiva y lleva más tiempo con los conceptos asimilados. Me coloca”,
- Estoy orgulloso de haberme acoplado y de disfrutar del fútbol desde una posición que hasta hace poco tiempo no era la mía. Soy más completo, diría yo”
Y si bien es cierto que todas estas frases se refieren al pasado, y se comentan desde un punto de vista según el cual el proceso de adaptación se ha realizado, creo que no es así.
Ahora Villa, se muestra más tranquilo y sosegado que en los inicios de temporada, en los que la llegada de Alexis Sánchez parecía amenazar su puesto de titular. La lesión del chileno, y la de Affelay, han reducido mucho las rotaciones en la delantera, y parece que no haya una apuesta distinta al del afamado MVP. Y desde esa tranquilidad, parece que sus registros esta temporada estén mejorando, y es que en los once partidos disputados lleva ya conseguidas seis dianas, con un promedio goleador de 0.55 goles por partido, superando, hasta ahora, su registro de la pasada campaña.
Decía Cruyff, que la consagración de un jugador a un equipo, se constataba en su segunda temporada, en la que, una vez recuperados sus rivales del efecto sorpresa que éste producía como elemento novedoso del juego, y adaptadas las tácticas defensivas a contrarrestar sus cualidades, éste se tenía que reinventar y aportar algo más a lo que ya había hecho el pasado año. Con los números en la mano, parece que el asturiano puede ir por el camino de conseguirlo. Pero, en mi opinión, deberá mostrar una mayor regularidad este año en cuanto a sus números y registros goleadores. No olvidemos que el año pasado, pasó por importantes sequías, que sólo la inexistencia de un compañero de auténtico nivel, le permitieron seguir siendo pieza indiscutible del once inicial.
Veremos como lleva este año la competencia del Aléxis, y si, como abogan los entendidos, en esa máxima competencia se mejora el rendimiento. Por su bien, y el del Barça, que va camino de romper récords, esperemos que a final de año estemos hablando de nuevas hazañas en sus cuentas realizadoras.
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